Esteban Gómez Becerra* y Marlene Gómez Becerra**

 

Resumen: El estrés hídrico que vive la Ciudad de México agudizó las condiciones en las que sus habitantes enfrentan la crisis sanitaria del COVID-19. El llamado a extremar la limpieza y a tratar a los enfermos en el hogar se convirtió en un reto para la ciudadanía que sufre constantes cortes en el suministro de agua. Tanto el estrés hídrico como el surgimiento de la pandemia nos informan de un desbalance en las relaciones que componen la red sociedad-naturaleza y reafirman que la crisis ecológica es una crisis de la civilización. Este escrito de opinión muestra un panorama general de las desigualdades hídricas que se viven en la Ciudad de México con relación al incremento de infecciones y decesos provocados por la pandemia del COVID-19.

Palabras clave: agua, COVID-19, desigualdades

Abstract: The water stress in Mexico City reinforced the conditions in which the inhabitants of this city faced the COVID-19 crisis. The call for extreme cleanliness and treating the sick at home became a challenge for the inhabitants who constantly suffer from water supply cuts. Both water stress and the emergence of the pandemic show us an imbalance in the relationships that make up the society-nature network and reaffirm that the ecological crisis is a crisis of civilization. This opinion piece provides an overview of the water inequalities experienced in Mexico City in relation to the increase in infections and deaths caused by the COVID-19 pandemic.

Keywords: water, COVID-19, inequalities

 

Introducción

México permaneció durante un año entero entre los primeros cinco países con mayor número de contagios en el mundo (Forbes, 2020) y en la actualidad se encuentra entre los diez con más alta mortalidad ocasionada por el COVID-19 (Valadez, 2021). Desde el inicio de la crisis sanitaria el presidente López Obrador se pronunció crítico con las medidas coercitivas de movilidad y el uso de cubrebocas, y pidió que solo se quedaran en casa quienes tuvieran la posibilidad de hacerlo. Aquellos que no la tenían debían mantener la «sana distancia». Un programa que entró en vigor a nivel nacional en marzo de 2020 y que invitó a mantener un metro y medio de distancia entre las personas. Las cifras de infecciones y fallecimientos en México no son muy claras debido a un escándalo en el manejo de los datos por parte del Gobierno central (Sánchez-Talanquer et al., 2020). Sin embargo, se tiene registro de que, en septiembre de 2021, la Ciudad de México (CDMX) encabezaba el número de contagios en el país, con 928.000 personas infectadas y 38.459 decesos (COVID-19 México, 2021).

Los altos índices de infecciones en la ciudad se establecieron en tres de las dieciséis alcaldías que la componen. Estas fueron Iztapalapa, Gustavo A. Madero y Tlalpan, alcaldías que no solo comparten un elevado número de contagios, sino también la recurrente falta de agua. En este contexto, la jefa de Gobierno de CDMX, Claudia Sheinbaum, tomó medidas más restrictivas para los 8,92 millones de habitantes de la ciudad y en marzo de 2020 realizó un llamado general al confinamiento. Este plan no contempló ningún incentivo monetario o suministro de alimentos para la ciudadanía y tampoco cuestionó las condiciones en las que las personas debían quedarse en casa.

 

Sin agua para enfrentar la pandemia

Aunque es difícil realizar una correlación entre el momento y las causas por las que se originan las infecciones, la Organización Mundial de la Salud menciona que cuanto mayores son las condiciones de limpieza , menor es el riesgo de contagio. Así, el agua se convirtió en un instrumento de combate contra el virus y su propagación. Sin embargo, la accesibilidad al agua, así como a su uso, no se replanteó de acuerdo a las necesidades coyunturales. Lavarse las manos con agua y jabón con frecuencia y mantener superficies desinfectadas fue y sigue siendo una de las principales necesidades que dejó al descubierto profundas desigualdades, no solo en México, sino a nivel mundial. En la capital mexicana, el 73,3 por ciento de los hogares cuenta con servicio de agua entubada, aunque no todas las viviendas disponen de agua corriente las veinticuatro horas del día (Inegi, 2018). Esto se debe al estrés hídrico de las fuentes de agua que abastecen a la CDMX y a un mal manejo del suministro de agua (Sacmex, 2019). El acuífero de la zona metropolitana de la Ciudad de México, fuente principal de agua de la ciudad, se encuentra en estrés hídrico desde hace más de veinte años y mantiene una disminución en su recarga gradual aproximadamente de un metro por año (Sacmex, 2019), como consecuencia del constante crecimiento de la mancha urbana, la pérdida de agua por fugas propias de una infraestructura obsoleta y la falta de una gestión integral del uso de los recursos hídricos (Jiménez et al., 2011).

Junto con el acuífero, existen otras tres fuentes secundarias de agua en la CDMX: los ríos Magdalena, Cutzamala y Lerma, que junto con los manantiales y los pozos de la ciudad y alrededores, también se encuentran en una situación de estrés hídrico alarmante. Todo esto en su conjunto provoca desabastecimiento y recortes continuos en el suministro y deja a miles de capitalinos sin acceso al vital líquido.

Durante la pandemia, la dificultad de lavarse las manos con agua y jabón se acentuó para gran parte de la ciudadanía y de la población flotante de la capital. Según la gaceta oficial de la CDMX, al inicio de la pandemia, en abril de 2020, del total de colonias que componen la CDMX en diferentes alcaldías, 277 contaban con un régimen de tandeo. Las alcaldías más afectadas por los recortes de suministro de agua fueron Tlalpan con noventa y una colonias, seguida de Iztapalapa con sesenta y siete, Magdalena Contreras con cincuenta y una y Gustavo A. Madero con veintitrés. Según el registro oficial de personas infectadas en la Ciudad de México, en septiembre de 2021, estas alcaldías, Iztapalapa con 146 592, Gustavo A. Madero con 105 381 y Tlalpan con 89 920, encabezaban el número de contagios por COVID-19.

El desabastecimiento de agua ha sido constante durante el desarrollo de la pandemia. Del 28 de noviembre a marzo de 2021, mientras la CDMX vivía la tercera ola de contagios después de las fiestas navideñas, se realizó otro importante recorte de agua. Según informes del periódico El Universal (2020), durante este período se registró una baja en el sistema Cutzamala que afectó directamente a más de 587 786 personas de ocho alcaldías diferentes. En algunos casos el agua no llegó a los hogares por más de una semana, mientras que en otros solo llegaba un par de horas al día. En marzo de 2021 se anunció un corte en el suministro de agua debido a la falta de lluvias y a la baja recarga de los ríos y del acuífero de la CDMX . En esta ocasión la ciudad sufría uno de sus picos más álgidos de la pandemia y, al mismo tiempo, una de las sequías más agudas en la CDMX, con el menor suministro de agua desde 2013 en doce alcaldías (Navarrete, 2021).

Sin ninguna duda, el estrés hídrico que aqueja a la CDMX antecede a la pandemia. Sin embargo, esta ha profundizado las desigualdades que se viven en torno a la falta de agua. Tanto la crisis hídrica como la actual crisis sanitaria nos hablan de un problema mayor que se acuña en una crisis civilizatoria que pone en riesgo la vida. El llamado a quedarse en casa para controlar los contagios y cuidar de la salud en caso de estar infectado significó un deslinde total del Estado con respecto al apoyo al trabajo de cuidado. Alrededor del 8,6 por ciento de las personas infectadas fallecieron en sus hogares sin ninguna atención médica (Sánchez-Talanquer et al., 2020). Esto es muestra de cómo se responsabilizó al individuo de su propia salud y se le recluyó en un espacio privado para controlar un problema público y social. Lavarse las manos y mantener la distancia fueron y siguen siendo prácticas que no todos pueden llevar a cabo debido a condiciones de precariedad y falta de servicios básicos. A esto se debe sumar que no se garantizaron los ambientes necesarios para poder quedarse en casa. Por el contrario, el aislamiento significó para muchos perder el empleo, afrontar situaciones de estrés y violencia en el hogar o lidiar con incertidumbres a las que nunca se habían enfrentado antes. Todo esto en su conjunto reafirma el carácter político de la pandemia y deja al descubierto las relaciones de dominación, explotación y conflicto que vivimos en lo más íntimo de la vida cotidiana, el cuerpo y el hogar.

Paradójicamente, pese al desabastecimiento, durante el primer año de la pandemia se registró un aumento de alrededor del 20 por ciento en el consumo anual de agua, tanto en los hogares como en los lugares de trabajo (Aneas, 2020). Asimismo, se incrementaron el consumo de agua embotellada y el precio de los servicios de entrega a domicilio. En esta ciudad el agua es una mercancía. El que puede pagarla tiene acceso a ella, y en momentos de escasez es posible obtenerla comprando garrafones o agua embotellada. En este sentido, no solo los habitantes han sido puestos en cuarentena, el agua también lo ha estado y lo está. Y esto en una situación en que el cauce y su flujo natural quedan limitados por la infraestructura de abastecimiento. La CDMX se encuentra en una cuenca endorreica por lo que el agua que entra no tiene salida fluvial de manera natural. En cambio, el suelo poroso de la ciudad permite que el agua se infiltre en el subsuelo y se recargue el acuífero. Debido al desecamiento de los lagos durante la época de la conquista española, más los cambios de uso de suelo y la continua expansión de la mancha urbana, el curso del agua se ha modificado. Esto impide el flujo de la recarga del acuífero y la CDMX, al no poder aprovechar su fuente natural de agua, se ve forzada a explotar otras externas. Interrumpido su propio flujo de infiltración, el agua ha permanecido aislada, sin poder seguir. Esta es la causa del gran déficit hídrico en la ciudad. Esta forma de vinculación que mantenemos con el agua está basada en relaciones de explotación y dominación: el agua es sometida a las necesidades de expansión de la mancha urbana y no a hay una relación equilibrada entre sujetos con necesidades. Los habitantes tienen derecho a habitar en la creciente mancha urbana, pero el agua necesita de un ecosistema ideal para mantener su flujo e infiltrarse en el acuífero.

La actual crisis sanitaria es una crisis multidimensional. Hablar sobre la problemática del agua y su intersección con los trabajos de cuidado (limpieza y sana distancia) para contener la pandemia es apenas una muestra de las desigualdades que se viven cotidianamente. Las alcaldías más afectadas por infecciones y decesos en la Ciudad de México, Iztapalapa, Tlalpan y Gustavo A. Madero, son también las alcaldías con mayores índices de pobreza en la ciudad, mayor densidad poblacional y mayor número de espacios rurales. Estos son síntomas que nos informan que la pandemia no afecta de igual manera a toda la población, sino que sus efectos se incrementan cuando se entrelazan con desigualdades de clase, educación, etnia o riqueza. Quedarse en casa y lavarse las manos con agua y jabón no son medidas suficientes para contener los contagios y tampoco son medidas a las que todos pueden acceder. La pandemia nos deja claro que las soluciones deben tomarse de manera integral y que deben generarse las condiciones necesarias y suficientes para poder llevarlas a cabo.

 

Conclusiones

Hay algo que debemos aprender de esta pandemia: los humanos no podemos controlar la naturaleza. El estrés hídrico que se vive en la CDMX es quizá el principio de uno de los primeros escenarios catastróficos de los muchos que posiblemente vivirán las grandes metrópolis en el futuro. Por lo tanto, debemos entender que la naturaleza no es un objeto que se puede controlar o sobre el que es posible influir. Esta pandemia ha dejado claro que un simple virus puede jugar como agente histórico, dada su capacidad de transformar todas las actividades sociales e influir en la vida cotidiana al limitar su cabal realización (Gómez-Becerra y Muneri-Wangari, 2020). Pensar en el virus como agente histórico significa aceptar que la especie humana no es la única que gobierna la organización de la vida, sino que la naturaleza también lo hace, y el virus también. El COVID-19 nos ha recordado los riesgos a los que nos exponemos en nuestro día a día y nos ha mostrado las vulnerabilidades de la vida en general. Al ser el virus un organismo incapaz de ser percibido por el ojo humano, actúa como agente incluso sin estar presente. Si podemos, nos lavamos las manos, nos quedamos en casa y usamos cubrebocas aún sin saber si el virus habita el mismo espacio en el que estamos. Esta crisis sanitaria es un llamado a repensar las formas en que nos relacionamos con la naturaleza y a repensar la interconectividad de la red socionatural que habitamos. Tanto el manejo del agua con una ética del cuidado como su manejo integral son necesarios para garantizar una vida digna, no solo en este momento crítico, sino en otros futuros posibles.

 

Referencias

Aneas – Asociación Nacional de Empresas de Agua y Saneamiento de México, 2020. «Agua y COVID-19». Agua y Saneamiento (27 de abril). Disponible en: https://aneas.com.mx/wp-content/uploads/2020/07/AyS87fin.pdf, consultado el 26 de diciembre de 2021.

El Universal, 2020, «Anuncian reducción de agua en 8 alcaldías de la CDMX y 13 municipios del Edomex» (3 de octubre). Disponible en: https://www.eluniversal.com.mx/metropoli/anuncian-reduccion-de-agua-en-8-alcaldias-de-la-cdmx-y-13-municipios-del-edomex, consultado el 26 de diciembre de 2021.

Forbes, 2020. «México, entre los 5 países con más casos de COVID-19 en las últimas 24 horas» (8 de octubre). Disponible en: https://www.forbes.com.mx/noticias-mexico-paises-mas-casos-covid-19-ultimas-24-horas-oms/, consultado el 26 de diciembre de 2021.

Gómez-Becerra, M., y E. Muneri-Wangari, 2020. «Practices of Care in Times of COVID-19». Frontiers Journal (17 de junio). Disponible en: https://doi.org/10.3389/fhumd.2021.648464, consultado el 26 de diciembre de 2021.

Inegi – Instituto Nacional de Geografía y Estadística, 2018. «En México hay 34,1 millones de hogares; 28,5 % con jefatura femenina: encuesta nacional de hogares 2017». Comunicado de prensa, 251/18 (28 de mayo). Disponible en: https://www.google.com/url?sa=t&rct=j&q=&esrc=s&source=web&cd=&ved=2ahUKEwjV6_Cc4rPzAhVJSPEDHRNbCBEQFnoECAIQAQ&url=https%3A%2F%2Fwww.inegi.org.mx%2Fcontenidos%2Fsaladeprensa%2Fboletines%2F2018%2FEstSociodemo%2Fenh2018_05.pdf&usg=AOvVaw3ULnyq_d9pCtFRTFxdjb75, consultado el 26 de diciembre de 2021.

Jiménez, B., R. Gutiérrez y B. Marañón, 2011. Evaluación de la política de acceso al agua potable en el Distrito Federal. Ciudad de México, UNAM-PUEC.

COVID-19 México, 2021 (3 de octubre). Disponible en: https://datos.covid-19.conacyt.mx/, consultado el 27 de diciembre de 2021.

Navarrete, S., 2021. «El Valle de México tendrá recorte de agua por sequía a partir del 16 de mayo». Expansión Política (17 de marzo). Disponible en: https://politica.expansion.mx/cdmx/2021/03/17/valle-de-mexico-tendra-recorte-de-agua-por-sequia-en-cutzamala, consultado el 27 de diciembre de 2021.

Sacmex – Sistema de Aguas de la Ciudad de México, 2019. «Cumbre de Fondos de Agua. No hay agua que perder» (18 y 19 de julio). Disponible en: https://www.fondosdeagua.org/content/dam/tnc/nature/en/documents/latin-america/aguas.pdf, consultado el 27 de diciembre de 2021.

Sánchez-Talanquer, M., E. González-Pier, J. Sepúlveda et al., 2020. La respuesta de México al COVID-19: estudio de caso. Institute For Global Health Sciences.

Valadez, B., 2021. «México, entre los 10 países con mayor mortalidad por COVID: Cepal». Milenio (14 de octubre). Disponible en: https://www.milenio.com/politica/mexico-10-paises-mortalidad-covid-cepal, consultado el 27 de diciembre de 2021.

* Doctorando en Urbanismo en la Universidad Nacional Autónoma de México. Licenciado en Ciencia Política y Administración Pública y maestro en Urbanismo.

** Doctoranda en Ciencia Política y Género en la Universidad Libre de Berlín. Fellow researcher en la Innovative Training Network WEGO auspiciada por la Unión Europea. E-mail: marlene.gomez@fu-berlin.de.

 

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