doi.org/10.53368/EP69AYRr03
Felipe Milanez*
Resumen: Este artículo analiza, desde la perspectiva de la ecología política latinoamericana, las alianzas entre movimientos socioterritoriales en Brasil, destacando la Aliança dos Povos da Floresta (década de 1980, Amazonía) y la Teia dos Povos (década de 2010, Bahía). El estudio examina cómo indígenas, quilombolas, campesinos y seringueiros construyeron coaliciones contra la colonialidad, el racismo y el capitalismo, articulando luchas por territorio, soberanía y justicia ambiental. Metodológicamente, el texto se basa en escritos de intelectuales orgánicos como Ailton Krenak, Chico Mendes y Joelson Ferreira, que revelan cómo estas alianzas superaron conflictos históricos a través de una política de lo común. La Aliança surgió de la resistencia contra los patrones seringalistas, para promover la florestania como alternativa a la ciudadanía occidental. Por su parte, la Teia propone una lucha interseccional contra el capitalismo, el racismo, el patriarcado y el neoliberalismo, y enfatiza el autogobierno y las soberanías múltiples (alimentaria, hídrica, pedagógica). Se concluye que estos movimientos representan una ecología política desde Abya Yala, que subvierte epistemologías eurocéntricas y reimagina la política con ontologías indígenas y tradiciones silenciadas.
Palabras clave: ecologismo popular, ontología política, colonialidad y racismo, territorios y territorialidades, agroecologismo político militante
Abstract: This article analyzes, from the perspective of Latin American political ecology, the alliances between socio-territorial movements in Brazil, highlighting the Aliança dos Povos da Floresta (1980s, Amazon) and the Teia dos Povos (2010s, Bahia). The study examines how Indigenous peoples, quilombolas, peasants, and rubber tappers built coalitions against coloniality, racism, and capitalism, articulating struggles for territory, sovereignty, and environmental justice. Methodologically, the text draws on writings by organic intellectuals such as Ailton Krenak, Chico Mendes, and Joelson Ferreira, revealing how these alliances overcame historical conflicts through a “politics of the commons.” The Alliance emerged from resistance against seringalista patterns, promoting “florestania” as an alternative to Western citizenship. Meanwhile, the Teia proposes an intersectional struggle against capitalism, racism, patriarchy, and neoliberalism, emphasizing self-governance and multiple sovereignties (food, water, pedagogical). It concludes that these movements represent a political ecology “from Abya Yala,” subverting Eurocentric epistemologies and reimagining politics from Indigenous ontologies and silenced traditions.
Keywords: popular environmentalism, political ontology, coloniality and racism, territories and territorialities, militant political agroecology
Introducción
Los caminos teóricos y prácticos que conectan la ecología política latinoamericana, con herencia en el pensamiento crítico del marxismo latinoamericano, con las ecologías políticas de Abya Yala, que emergen desde los pueblos en sus territorios y distintas matrices y tradiciones de saberes, permiten reimaginar trayectorias que emergen de las luchas de los movimientos socioterritoriales. En el último artículo que escribió Héctor Alimonda antes de morir, reflexionaba sobre la dimensión ontológica de las existencias latinoamericanas, que buscaba en la ecología política en «clave Sur» (Alimonda, 2025). En esta perspectiva residía la relación antropofágica con los centros metropolitanos. Alimonda concebía la ecología política como una elaboración político-intelectual de vanguardia.
Con el objetivo de contribuir a este enfoque, propongo una revisión con una mirada histórica para comprender la fuerza contemporánea y los nuevos aportes teóricos y epistémicos que emergen de las luchas. Este artículo presenta un análisis, desde la ecología política, de dos casos emblemáticos de alianzas «desde abajo» entre pueblos indígenas, campesinos, seringueiros, quilombolas y poblaciones tradicionales: la Aliança dos Povos da Floresta (Alianza de los Pueblos de los Bosques), formalizada a finales de los años ochenta en la Amazonía, y Teia dos Povos (Tela de los Pueblos), articulada a principios de la década de 2010, en Bahía, en el noreste de Brasil. Esta revisión de los movimientos se fundamenta en dos ejes de análisis: los contextos históricos de sus épocas con la formación de las comunidades y pueblos que los integran, y cómo sus líderes y lideresas formulan sus aportes teóricos y estratégicos desde las praxis de lucha, con un enfoque en los escritos de Ailton Krenak, Chico Mendes y Osmarino Amâncio, de la Alianza, y de Joelson Ferreira, de la Tela.
Herencias y ancestralidades
En sus primeros escritos, como el libro biográfico sobre Mariátegui publicado en Brasil em 1983, Héctor Alimonda busca llaves de alianzas entre campesinos, pueblos indígenas y clase trabajadora urbana, como constituyentes de una necesaria unidad para promocionar un cambio estructural en América Latina frente a una subyugación en el sistema mundo y —como agregó años más tarde— la permanente colonización de la naturaleza. Con su mirada puesta en los escritos de Mariátegui, especialmente los Siete ensayos, Alimonda reflexiona:
La reivindicación de lo indígena y campesino debe ser hecha en articulación con su fusión en un movimiento social y político que reconozca e integre los aportes de las fuerzas sociales nacidas de la modernización, como la clase obrera, los sectores populares urbanos, los intelectuales de vanguardia (Alimonda 2025: 243).
Y repite a Mariátegui al afirmar: «La sierra no se salvará sin Lima».
Esta es la manera en que Alimonda lee a Mariátegui: alguien capaz, en su tiempo, de transitar por las diferencias de una sociedad heterogénea, pero también de extraer propuestas unificadoras. Ser vanguardista y nacionalista, también en el sentido propio de un «proceso en formación» (Alimonda, 2025: 242). Los indígenas no son los autóctonos de un pasado, sino aquellas comunidades presentes que sobrevivieron y representan el futuro. Con su origen anterior a la conquista, pueden representar una continuidad histórica nacional y popular. Mariátegui demuestra cómo la instauración de la República y el período posindependentista también reprodujeron patrones coloniales, siempre con la clase dominante apropiándose de las tierras de los indígenas. Esto se revela aún más complejo a partir de una mirada que enfoca la relación especial del indígena con la tierra.
Alimonda ve en Mariátegui a alguien que busca la fusión, la «confluencia» (Alimonda, 2025: 258) entre las diferencias que marcan la sociedad peruana. El autor de los Siete ensayos es situado en un lugar «fronterizo» (Alimonda, 2025: 264) que busca una racionalidad alternativa, siguiendo los preceptos que acercan la ecología política a la modernidad/colonialidad. Esta racionalidad alternativa se identifica como aquella que se rebela contra la subalternización del conocimiento de la modernidad y rompe con el eurocentrismo, una «subversión epistémica y teórica», según Aníbal Quijano, citado por Alimonda.
Estos presupuestos que la lectura de Alimonda ofrece sobre los escritos de Mariátegui pueden ayudar a comprender la emergencia de las ecologías políticas que llamamos «desde Abya Yala» en las luchas de los movimientos sociales, especialmente en la organización de alianzas y redes de luchas en unidades de movimientos. Es importante resaltar el énfasis en la política de las luchas socioambientales, pues la política se revela aquí también en formulaciones que van mucho más allá de la tradición occidental grecorromana que surge en la polis. Es la política que se manifiesta desde presupuestos de otras tradiciones silenciadas por la colonialidad, de la selva, de los ríos, de los territorios.
Por eso propongo un breve análisis de dos redes de movimientos: la Alianza de los Pueblos del Bosque, surgida en la década de 1980 en la Amazonía, y la Tela de los Pueblos, que emerge en la década de 2010 en Bahía, como vanguardias que surgen de las luchas de los territorios y que expresan formulaciones políticas en los discursos y reflexiones de sus intelectuales orgánicos. Por esta razón, metodológicamente, me centraré en algunos escritos de los principales líderes de estos movimientos y en una ecología política de sus reflexiones y propuestas políticas de unidad en medio de las diferencias.
Alianza de los Pueblos del Bosque
La Alianza se consolidó formalmente en marzo de 1989, en Río Blanco, Acre, durante el II Encuentro Nacional de los Seringueiros y el I Encuentro de los Pueblos del Bosque, cuatro años después del I Encuentro Nacional de los Seringueiros, realizado en Brasilia el 17 de octubre de 1985, y un año después de la proclamación de la nueva Constitución Federal, en 1988. Chico Mendes, en un testimonio de la época, narra que la Alianza surgió de encuentros presenciales, en asambleas y debates, entre indígenas y seringueiros, como el primer encuentro de los seringueiros que fundó el CNS (Consejo Nacional de los Seringueiros) en Brasilia en 1985, y un segundo encuentro ese mismo año en la Pontificia Universidad Católica de Goiás, que reunió a indígenas xavantes con personalidades como Ailton Krenak y Chico Mendes, entre otros. Brasil vivía un momento de gran fuerza de las bases y creatividad de los movimientos que luchaban contra la dictadura, y en este período de la Constituyente, con sueños de creación de un nuevo país y una nueva sociedad.
Chico Mendes describe que la propuesta de alianza surgió de los principales liderazgos indígenas, y así se proyectó una aproximación entre el CNS y la UNI (Unión de las Naciones Indígenas) (Mendes, 2004). A través del líder indígena Ailton Krenak, con quien Chico Mendes ya venía construyendo una cercanía de ideas, conoció a Biraci Brasil, cacique del pueblo yawanawá, quien logró la primera demarcación de una tierra indígena en Acre y la expulsión de los patrones seringalistas entre los años 1981 y 1983. Chico reflexiona acerca de que en esos encuentros se construyeron acercamientos de luchas y «se comienzan a descubrir otras lideranzas que vivían aisladas» (Mendes, 2004: 80).
En muy poco tiempo, la alianza ya reunía a Ailton Krenak; el líder del pueblo kayapó Paulinho Paiakã; líderes de los pueblos suruí y arara; diversos seringueiros, además de Chico Mendes, como Osmarino Amâncio; el líder indígena también de Acre Biraci Yawanawa; Siã Kaxinawá, y el chamán y líder yanomami Davi Kopenawa, entre muchos otros. Una gran diversidad de pueblos que, pocos años antes, estaban en conflicto en la selva, como los seringueiros contra los indígenas. En una entrevista realizada en aquel momento (originalmente de 1989, reeditada en 2015), Ailton Krenak y Osmarino Amâncio reflexionaron sobre esta alianza de diferencias, con especial atención a la unidad en defensa de la floresta y a la cooperación política y económica a escala regional.
Primero, Krenak ironiza, de cierta manera, acerca de la posibilidad de las alianzas frente al historial de conflictos, utilizando la expresión «enemigo tradicional» al cual los pueblos indígenas buscan «preservar»: el seringueiro, que vive en la floresta, ya sería como un «enemigo tradicional», algo diferente en la lectura de la alteridad indígena, pero con una cierta posibilidad de convivencia. El problema común sería el patrón y el sistema capitalista, que pretende derribar la floresta para beneficiar el ganado, lo que representaría no una enemistad, sino un proyecto de exterminio. Fue en la lucha concreta de los pueblos indígenas contra la explotación de los seringales, especialmente contra los señores (patrões) y las deudas (con una economía basada en la esclavitud a través del sistema de aviamiento), que los indígenas lograron la posesión colectiva de la tierra. En muchos casos, se liberaron de la explotación laboral y, al mismo tiempo, liberaron a los seringueiros también esclavizados.
El ejemplo concreto que te doy de por qué esta alianza pudo surgir en el Acre es porque el pueblo indígena de esa región, en los últimos veinte años, hizo una lucha muy grande contra los patrones, una lucha por la recuperación de sus territorios y el control de sus áreas. Cuando estas comunidades indígenas recuperaron el control de sus áreas y, en algunos casos, lograron forzar la retirada de los patrones de esa región, les mostraron a los seringueiros que ellos estaban del otro lado del río, que entre los seringueiros y los indígenas estaba el patrón. Cuando los indígenas lograron suprimir al señor, se encontraron con los seringueiros. El encuentro entre los indígenas y los seringueiros en el Acre se dio por la supresión del patrón (Krenak, 2015: 57).
La Alianza nació, por lo tanto, de la búsqueda por la igualdad, uniendo colectivos con diferencias históricas y culturales. Tenía un carácter de clase marcado al identificar al señor como un enemigo común, así como, tal como yo escribí junto a Stefania Barca, una conciencia del trabajo no alienado como fundamental para la preservación de la Amazonía (Barca y Milanez, 2021). Además, la Alianza, en las formulaciones de Krenak, Chico Mendes, Osmarino Amâncio y otros intelectuales de base, aborda temas centrales de la ecología política, como la protección de los bienes comunes y la lucha contra su alienación. Esta defensa de lo común, tal como argumento junto a Barca, es una forma de conservación organizada a través del trabajo: una conservación alternativa y contrahegemónica. Lo común es la propuesta de la reserva extractivista, las Resex, un área de uso colectivo, sin la división por lotes que era la práctica determinada por el Gobierno brasileño y que favorecía la deforestación y la ganadería.
Esto generaría también otra noción de ciudadanía, que es la florestania, un término que se convirtió en bandera de los movimientos sociales de la Amazonía. La florestania no es solo una expresión, sino un campo de reivindicación de derechos colectivos y de enfrentamiento al neoliberalismo. Sobre el tema, Krenak dijo en 2015:
Es una lucha constante para ampliar el espacio del ejercicio de la ciudadanía, pero una que pueda alcanzar la idea inventiva de los pueblos de la floresta que dijeron que tienen florestania, para contraponerse a esa cosa bruta de la ciudad, donde la idea de ciudadano es calle asfaltada, agua canalizada, saneamiento, cuadraditos, condominios, conjuntos habitacionales, propiedades privatizadas, servicios, seguridad, policía, salud, hospital. Ellos miran todo eso y dicen: «Pero nosotros no somos eso» (Krenak, 2015: 1)
En una revisión más reciente de estos conceptos, Ailton Krenak menciona la propuesta de «alianzas afectivas» que habrían promovido este acercamiento, o, en sus palabras:
Un contagio positivo del pensamiento, de la cultura, una reflexión sobre lo común, en la que los seringueiros que crearon las reservas extractivistas equipararon el estatus de estas unidades de conservación de uso directo con el de las tierras indígenas. […] Los pueblos originarios tienen otras contribuciones al debate, tanto sobre la polis como sobre las ideas de naturaleza, ecología y cultura. Si somos capaces de abrirnos a toda esta riqueza, la actividad política será más una dimensión de la existencia, y no una ocupación predatoria (Krenak, 2022: 89-90).
Tela de los Pueblos
La Tela de los Pueblos es una red de movimientos, una alianza entre comunidades indígenas, quilombolas, sin tierra, campesinos, pequeños agricultores e instituciones que luchan por una sociedad justa, por la agroecología y por la reforma agraria, ubicada principalmente en el estado de Bahía, en el noreste de Brasil. Surgió de debates continuos y articulaciones de pueblos y comunidades, y se formalizó después de la I Jornada de Agroecología de Bahía, en 2012, en el Asentamiento Terra Vista, del MST (Movimiento de los Trabajadores Rurales Sin Tierra), con el papel de trazar la agenda de acciones anuales que ayudan en el desarrollo, empoderamiento y emancipación de las comunidades que la integran. Una nueva alianza de pueblos que conviven con la floresta y que surge en una región diferente del país, pero con demandas similares y una continuidad de referencias comunes. Con el lema de la lucha por la tierra y el territorio, la Tela avanza sobre lo que fue creado inicialmente por los seringueiros y posteriormente expandido al conjunto de las poblaciones tradicionales reconocidas después de la Constitución de 1988.
Joelson Ferreira, un hombre negro y campesino, es uno de los principales intelectuales y fundadores de la Tela de los Pueblos. En su libro Por terra e território, expresa lo que sería la «gran jornada» de la Tela: «Nuestra gran lucha es contra el racismo, el capitalismo y el patriarcado» (Ferreira y Felício, 2021, p. 30). Es un movimiento que entiende el racismo como un estructurador, junto con el capitalismo, de una sociedad colonial, y está marcado por el objetivo de «derrotar la blanquitud colonial». La organización de las estrategias y tácticas de la Tela se basa en la «jornada», entendida como el gran proyecto, así como en «caminos», que son etapas necesarias, y en «pasos», que son las tareas inmediatas. Esto significa un movimiento con un objetivo amplio y antisistémico, pero arraigado en las bases y atento a las necesidades urgentes de los pueblos que luchan contra el hambre. Por eso dice que «no es posible guerrear sin armas, como también es imposible vivir en la tierra sin agua». Si bien es fundamental construir un horizonte a largo plazo, no se deben descuidar los proyectos a corto y mediano plazo, ya que, para Joelson, la primera tarea es saciar el hambre (Ferreira y Felício, 2021: 25). Esto es lo que él llama organicidad, una forma de oponerse a la experiencia de los partidos políticos o de los movimientos sociales organizados por intelectuales, pero sin pueblo. Esto se reflejó en proyectos que, según Joelson Ferreira, «cambiaban lo real y lo histórico por un ideal de unidad que jamás vimos ocurrir en estas tierras» (Ferreira y Felício, 2021: 33). Esta es una observación fantástica para reimaginar la idealización de la lucha, tal como lo hicieron Mariátegui en la década de 1920, su reinterpretación por Alimonda y su práctica directa en los movimientos sociales.
La unidad es una necesidad para enfrentar el desafío histórico. De esta manera, Joelson entiende la Tela como una articulación. La unidad es la de la acción: «Es en la acción concreta donde surge la unidad» (Ferreira y Felício, 2021: 34). La Tela está organizada en una estructura compuesta por núcleos de base, que son los territorios organizados. Pero las «personas desterritorializadas», entre las que se incluyen, por ejemplo, los intelectuales urbanos, son llamados Elos, y a ellos les corresponde la tarea fundamental de convertirse en territorios organizados: «El liderazgo debe ser de los pueblos que se autogobiernan y no de los intelectuales» (Ferreira y Felício, 2021: 35).
En una lectura de la proximidad de las ideas de autogobierno y autonomía de la Tela, inspiradas también en el zapatismo, Joelson expresa la necesidad de retomar la «construcción de una amplia solidaridad entre los pueblos», en un proyecto de humanidad y unidad de la lucha. Su propuesta, en una red de telas, es conectar las experiencias autónomas que se desarrollan en diferentes partes del mundo. La idea de autonomía está relacionada con el autogobierno y presupone una lista de soberanías necesarias que deben buscarse en la larga caminata de la lucha: soberanía hídrica, soberanía alimentaria, soberanía pedagógica, soberanía energética, así como trabajo, ingresos y autocuidado. Este caminar sigue un horizonte de una alianza negra, indígena y popular de los pueblos.
Conclusiones: confluencias
La Alianza de los Pueblos del Bosque y la Tela de los Pueblos convergen en movimientos que representan una larga tradición intelectual crítica en América Latina, que puede rastrearse desde Mariátegui y que hoy conforma uno de los temas centrales de las ecologías políticas. Convergen en los objetivos de aproximar alternativas, recrear la política, unir las diferencias y fortalecer luchas comunes. Son temporalidades de los movimientos expresadas en otras gramáticas y en historias no contadas en el canon occidental. «Buscamos construir una lucha que nunca olvide que necesitamos convocar, junto a nosotros, a nuestros encantados, orixás y mikisis», expresa Joelson Ferreira (Ferrerira y Felício, 2021: 12). Se trata de prestar más atención a lo que llama entidad que a las identidades individuales, y de verse en un proceso de lucha largo e histórico contra la conquista y el colonialismo.
Referencias
Alimonda, H., 2025. «Descolonizar la naturaleza. Por una ecología política latinoamericana. Textos reunidos de Héctor Alimonda, 1982-2017. En: F. Martín, G. Merlinsky y F. Milanez (comps.), Héctor Alimonda. Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Clacso.
Barca, S., y F. Milanez, 2021. «Labouring the Commons: Amazonia’s “Extractive Reserves” and the Legacy of Chico Mendes». En: N. Räthzel, D. Stevis y D. Uzzell (eds.), The Palgrave Handbook of Environmental Labour Studies. Londres, Palgrave Macmillan.
Ferreira, J., y E. Felício, 2021. Por terra e território: caminhos da revolução dos povos no Brasil. Arataca, Teia dos Povos.
Krenak, A., 2015. Encontros. Río de Janeiro, Azougue.
Krenak, A., 2022. Futuro ancestral. São Paulo, Cia das Letras.
Mendes, C., 2004. Chico Mendes por ele mesmo. São Paulo, Martin Claret.
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* Integrante del GT Ecologías Políticas desde el Sur/Abya Yala, profesor de la Universidade Federal da Bahia. E.mail: felipemilanez@ufba.br.
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