María de los Ángeles Cruz Rosel*

 

Resumen: La pandemia del COVID-19 ha generado que las mujeres asuman el cuidado de otras personas y del agua debido al aumento de su uso por el lavado constante y la temporada de sequía en México. Los cuidados de las mujeres hacia la naturaleza se han analizado, por un lado, desde la noción apolítica de la ecomaternidad y, por otro, a partir de construcciones de género y de poder, como la división sexual del trabajo. El objetivo del artículo es aproximarse al cuidado y la gestión del agua en el hogar como labor sostenida por la ecomaternidad. Se argumenta que se refuerzan al invisibilizarlos en cifras y a través de medidas en apariencia neutras, y se sostiene que es necesario visibilizarlo como trabajo ambiental en el espacio doméstico.

Palabras clave: agua, ecomaternidad, trabajo ambiental en el espacio doméstico

Abstract: The COVID-19 pandemic has increased the care burden of human beings and of water due to constant washing and droughts in Mexico. Women’s carework towards nature has been analyzed, on one hand from an essentialist notion such as ecomaternity, and on the other, from gender and power constructions such as the sexual division of labor. The objective of this article is to approach carework and management of water as a feminized labor sustained by ecomaternity. It is argued that it is reinforced by making care invisible in data and by allegedly neutral policies. The intention is to argue the need to recognize it as environmental labour in the domestic space.

Keywords: water, ecomaternity, environmental work in the domestic space

 

Introducción

Durante la pandemia del COVID-19 los hogares se erigieron como los espacios donde se satisfacen las necesidades de las familias y se protege de los contagios a través de medidas de cuidado como el lavado de manos y la distancia social. Sin embargo, los hogares no son sitios neutrales, ya que están condicionados por relaciones sociohistóricas de género en las que los cuidados son femeninos. El objetivo de este artículo es aproximarse al cuidado y la gestión del agua frente a las medidas de higiene frecuente en el hogar en México en el contexto de la pandemia del COVID-19 desde dos perspectivas opuestas: por un lado, la ecomaternidad, que asocia el cuidado ambiental a las mujeres debido a los mandatos de género; por el otro, el concepto de trabajo ambiental en el espacio doméstico. La intención será analizar el cuidado del agua como trabajo cotidiano, intensivo y relevante.

Acuño el concepto de cuidado de la naturaleza para referirme a conductas en el espacio doméstico cuya finalidad e impacto sea la preservación medioambiental. Se trata de prácticas como la gestión de desechos a partir del reciclaje, el uso racional y la reutilización del agua y la energía o, en el ámbito del consumo, la reutilización y la reparación de objetos, entre otras.

Dentro de las articulaciones entre feminismo y ecología es posible identificar dos narrativas que analizan los cuidados de las mujeres destinados a la naturaleza. La primera, la del ecofeminismo cultural, alude a una conexión natural entre las mujeres y el medioambiente y tiende a feminizar la responsabilidad del cuidado (Sturgeon, 1997). Ello es consonante con la noción de ecomaternidad (MacGregor, 2011), una retórica que establece vínculos explícitos entre la maternidad y la disposición de proteger a la naturaleza. Sandilands (1993) señala que estos discursos responsabilizan a las mujeres del cuidado del medioambiente a partir del de sus familias y hogares. Debido a que la degradación o contaminación supone una amenaza para sus hijos e hijas, el sacrificio de las mujeres es necesario.

Por otro lado, la segunda postura proviene del ecofeminismo crítico; las mujeres asumen el cuidado de la naturaleza debido a las construcciones simbólicas y de poder en torno al género, como la división sexual del trabajo. Para politizarlo, Carrasco (2014) parte del enfoque de sostenibilidad de la vida y propone que al cuidado de la naturaleza y en particular del agua en el hogar se lo llame trabajo ambiental en el espacio doméstico.[1] Es trabajo porque supone labores intensivas y cotidianas en las que se invierte esfuerzo y tiempo, porque incluye conductas de cuidado y gestión del medioambiente en el hogar y porque, de un modo similar al trabajo doméstico y de cuidados, genera valor al satisfacer necesidades y procurar el bienestar humano y de la naturaleza.

 

Los discursos de la ecomaternidad

Las declaraciones internacionales sobre Desarrollo Sustentable[2] colocaron el espacio doméstico como portador de responsabilidades frente a la crisis ecológica mundial; se erigió como el espacio donde se recicla, se racionalizan la electricidad, el agua y el gas, y se preserva la vida de las generaciones presentes y futuras. Sin embargo, las críticas feministas (Sexsmith, 2012) señalan que las declaraciones internacionales, al colocar la responsabilidad individual de consumo sustentable como medida principal, generaron que la preservación ambiental recayera en las mujeres, ya que el trabajo de cuidados se encuentra ligado al consumo.

Ello favoreció que la ecomaternidad (MacGregor, 2011) se insertara en narrativas y políticas ambientales en un principio no dirigidas a las mujeres, pero que apelan a la satisfacción de necesidades y la preservación de la vida para implementar medidas de cuidado ambiental en el hogar. Por ejemplo, Bryson et al. (2001) observaron el aumento de trabajo femenino en los poblados de Port Pirie y Bolaroo debido a la contaminación de plomo. El Gobierno había implementado medidas de higiene en hogares y escuelas para proteger a la niñez. Las autoras observaron cómo las medidas estatales frente a la contaminación, aunque se dirigían a la comunidad en general, recayeron sobre todo en las mujeres ya que apelaron en gran medida a sus papeles de cuidadoras. Es posible identificar la retórica de la ecomaternidad en las medidas de lavado constante y cuidado del agua impulsadas durante la pandemia del COVID-19. En este escenario, el agua tomó un papel protagónico; el lavado de manos, la higiene personal, la limpieza en los hogares, la desinfección de las compras y la esterilización de espacios fueron y son medidas que la OMS (2020) instó a acrecentar en los hogares y los países. Las narrativas de la ecomaternidad se construyeron fundamentalmente porque se instó al cuidado del agua como una cuestión de vida o muerte, ya que asegurar su disponibilidad permitiría continuar con las medidas de limpieza.

 

México en pandemia: ecomaternidad y trabajo ambiental en el espacio doméstico

En México se conoce que las mujeres destinan más horas a la ejecución de trabajo de cuidados: 42,6 horas a la semana ellas y 16,6 horas los hombres (Cepal, 2019), pero no hay datos que refieran quién ejerce el cuidado ambiental en el hogar. La Encuesta de Módulo de Hogares y Medio Ambiente 2017 generó información sobre las acciones de cuidado y gestión ambiental en los hogares. No obstante, los únicos apartados en los que se pregunta el género de quien realiza dichas prácticas son los de acarreo de agua y recolección de leña. En el acarreo de agua, según esa encuesta, los hombres destinaron 4,9 horas a la semana en promedio y las mujeres 8,2 horas. Si se toma en consideración que las mujeres dedican más horas de su día en los cuidados, se puede inferir que el acarreo de agua impacta de forma distinta en la vida de hombres y mujeres, y deja menos tiempo disponible para ellas.

En el contexto del COVID-19, según información de la Comisión Nacional del Agua, en 2020 la pandemia generó una demanda adicional de agua del 30 por ciento, sobre todo en las regiones con grandes concentraciones poblacionales. Según el director general de Inversión y Gestión de la Comisión del Agua del Estado de México, solo el lavado de manos durante veinte segundos ha aumentado doce veces la demanda de agua (Toche, 2021). A ello se le sumó el déficit de lluvias registradas a nivel nacional, con la consiguiente merma del almacenamiento de las presas más importantes del país. Algunas acciones de Gobiernos estatales frente al desabasto de agua en la pandemia, como el de Nuevo León, han consistido en fomentar la limpieza frecuente para evitar el contagio y al mismo tiempo invitar al uso racional del agua, con medidas como el uso del agua residual del lavado, la recolección del agua de lluvia, el uso de dispositivos ahorradores, de escobas para limpiar en vez del trapeado o el lavado de ropa a mano. También se han puesto multas.

Los discursos de la ecomaternidad se construyeron al promover dichas acciones de cuidado para garantizar las medidas de higiene y consecuentemente la supervivencia de las personas cuidadas. Pero se ignoró que, debido a los mandatos de género, en los hogares son las mujeres quienes procuran el bienestar de las personas. Debido a que estas acciones en apariencia son neutrales, no existen datos oficiales sobre el tiempo que requiere su ejecución, la diferencia por género o cómo interactúan con otras labores de cuidado. Por ejemplo, una pregunta relevante sería si la limpieza frecuente del hogar a partir de la recolección de agua de lluvia implica más esfuerzo o alarga la jornada de trabajo en casa, como sucede con el acarreo de agua. Otra pregunta sería cómo su ejecución repercute en la salud mental o las emociones de las mujeres, al producir estrés o miedo. Para visibilizar el cuidado ambiental y del agua en el hogar como una labor feminizada, es necesario mirarlo como una actividad que, como los otros cuidados, requiere tiempo, esfuerzo, genera valor e impactos específicos en sus vidas; es decir, observarlo como trabajo ambiental en la esfera doméstica.

Brenda Rodríguez (Salazar et al., 2012) ha indicado que, en la Ciudad de México, en algunos casos las mujeres invierten treinta horas de trabajo no remunerado a la semana en la gestión, almacenamiento y mejoramiento de la calidad del agua en sus hogares. Otra aproximación es el estudio realizado por Kennedy y Kmec (2018) a partir de un análisis de cifras globales de cuidado ambiental en hogares,[3] que incluye la reutilización del agua. Este estudio evidenció que las mujeres tienden a ejecutar más de estas prácticas que los hombres y esto incide en su estatus laboral. Un mayor número de hombres que de mujeres accede al trabajo remunerado. En hogares donde ambos desempeñan empleo remunerado, ellas se encargan más del cuidado ambiental.

Fotos 1 y 2: El director de Servicios de Agua y Drenaje de Monterrey en una de las presas vacías durante la pandemia. Fuente: Gobierno de Nuevo León, México.

 

Conclusiones

Toda medida de cuidado o gestión del agua a realizarse en los hogares —aunque en apariencia sea neutral— debe partir de la premisa de que los mandatos de género y la división sexual del trabajo influyen en la interacción entre las mujeres y el agua. Sobre todo si se apela a la ecomaternidad y se recure a la narrativa del cuidado de la naturaleza como medida para garantizar la vida de quienes se protege. Aunado a ello, frente al contexto de pandemia en el que el trabajo de cuidados ha aumentado, la gestión del agua puede constituir una carga doble o triple de trabajo. Sin embargo, como sucede con el cuidado en general, el del agua está invisibilizado y no se considera trabajo. Por ello, para desvincular el cuidado y la gestión del agua de la ecomaternidad, considero que son imperativos dos supuestos: 1) visibilizar el cuidado ambiental y del agua en datos oficiales que permitan ver quién ejecuta dichas labores en el hogar y el tiempo que destina; 2) considerarlo trabajo; no solo apelar al papel de la mujer como cuidadora, sino vincularlo a otros miembros de la familia y a los Gobiernos.

 

Referencias

Bryson, L., K. McPhillips y K. Robinson, 2001. «Turning Public Issues into Private Troubles: Lead Contamination, Domestic Labor, and the Exploitation of Women’s Unpaid Labor in Australia». Gender & Society, 15 (5), pp. 754-772.

Carrasco, C., 2009. «Mujeres, sostenibilidad y deuda social». Revista de Educación, 1, pp. 169-191.

Cepal, 2019. «Tiempo total de trabajo». Observatorio de Igualdad de Género de América Latina y el Caribe. Disponible en: https://oig.cepal.org/es/indicadores/tiempo-total-trabajo, consultado el 4 de enero de 2022.

Conagua – Comisión Nacional del Agua, 2021. «Llama Conagua a fortalecer un uso responsable del agua para enfrentar la sequía que afecta al país». Disponible en: https://www.gob.mx/conagua/prensa/llama-conagua-a-fortalecer-un-uso-responsable-del-agua-para-enfrentar-la-sequia-que-afecta-al-pais?idiom=es, consultado el 4 de enero de 2022.

Instituto Nacional de Estadística y Geografía, 2017. Módulo de Hogares y Medio Ambiente 2017. Ciudad de México.

Kennedy, E. H., y J. Kmec, 2018. «Reinterpreting the Gender Gap in Household Pro-Environmental Behaviour». Environmental Sociology, 4 (3), pp. 299-310.

MacGregor, S., 2011. Beyond Mothering Earth: Ecological Citizenship and the Politics of Vare. Vancouver, The University of British Columbia.

Salazar, R., H. Salazar, B. Rodríguez et al., 2012. Agenda de género y agua en Iztapalapa: Acciones para el disfrute del derecho humano al agua. Ciudad de México, Mujer y Medio Ambiente A. C.

Sandilands, C., 1993. «On “Green Consumerism”: Environmental Privatization and “Family Values”». Canadian Women’s Studies / Les Cahiers de la Femme, 13 (3), pp. 45-47.

Sexsmith, K., 2012. «Towards Gender Equality in Global Sustainable Consumption and Production Agreements». En: W. Harcourt (ed.), Women Reclaiming Sustainable Livelihoods. Londres, Palgrave Macmillan, pp. 42-61.

Sturgeon, N., 1997. Ecofeminist Natures: Race, Gender, Political Action, and Feminist Theory. Nueva York y Londres, Routledge.

Toche, N., 2021. «La pandemia cambió los hábitos de consumo de agua: El grave problema que viene». El Economista (15 de febrero). Disponible en: https://www.eleconomista.com.mx/arteseideas/La-pandemia-cambio-los-habitos-de-consumo-de-agua-el-grave-problema-que-viene-20210215-0144.html, consultado el 4 de enero de 2021.

*Abogada, estudiante de la Maestría en Ciencias Sociales con Enfoque en Desarrollo Sustentable del Instituto de Investigaciones Sociales, Universidad Autónoma de Nuevo León. E-mail: angelescruzrosel@gmail.com.

[1]. Expresión propuesta por la autora.

[2]. Declaración de Río de 1992.

[3]. Se basaron en el 2010 International Social Survey Program: Environment III, en el que se aplicó un cuestionario sobre prácticas de cuidado ambiental en cuatro rubros: agua, energía, consumo y desechos. Abarcó treinta y siete países, incluido México.

 

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