Juan Francisco Bejarano Bella* y Adolfo Torres Rodríguez**

 

Resumen: La heterogeneidad del campo andaluz nos invita a repensar el diverso calado de la agroecología en su territorio. Desde los años ochenta, numerosos movimientos sociales —fundamentalmente sindicales y ecologistas— contribuyeron en Andalucía a la formación del enfoque científico-práctico de la agroecología, con especial impacto en su dimensión política (González de Molina, 2016). Hoy, sin olvidar las exitosas conquistas agroecológicas en la región, la transformación social de la mano de esta potente herramienta sigue siendo una ilusión en buena parte del territorio andaluz. Un ejemplo paradigmático lo encontramos en el modelo agroindustrial que pervive en espacios naturales protegidos. Nuestras investigaciones en Doñana nos alertan sobre la tímida presencia de la agroecología en el discurso ecologista (pues estos colectivos se encuentran inmersos en mil batallas), la errática utilización del concepto por parte de las Administraciones públicas y la anecdótica presencia de esta disciplina en el imaginario del sector agrícola y de buena parte de la ciudadanía. Por todo ello, analizamos las posibilidades y dificultades de la agroecología en este emblemático espacio protegido, y apuntamos la necesidad de una transición agroecológica ante un complejo horizonte de cambio climático.

Palabras clave: agroecología, Doñana, transición agroecológica, movimiento ecologista, políticas públicas

 

Abstract: The heterogeneity of the Andalusian countryside invites us to rethink the diverse depth of agroecology in the region. From the 1980s, numerous social movements —fundamentally trade unions and environmentalists— contributed in Andalusia to the formation of the scientific-practical approach of agroecology, with a special impact on its political dimension (González de Molina, 2016). Today, without forgetting agroecological success stories in the region, the social transformation triggered by this powerful tool is still a dream in much of Andalusia, with a paradigmatic example found in the agro-industrial model that survives in protected natural areas. Our research in Doñana underlined the timid presence of agroecology in environmental discourse (these groups are engaged «in a thousand battles»), the erratic use of the concept by public authorities and the anecdotal presence of this discipline in the imaginaction of the agricultural industry and/or a great deal of citizens. Therefore, we analyse the possibilities and difficulties that agroecology comes across in this iconic protected area, and we point out the need for an agroecological transition given the complex panorama of climate change.

Keywords: agroecology, Doñana, agro-ecological transition, environmental movement, public policies

 

 

Doñana y sus amenazas socioambientales sistémicas

Situado entre las provincias de Huelva, Sevilla y Cádiz, Doñana constituye un emblemático espacio natural que cuenta con numerosas figuras de protección (Parque Nacional en 1969 y Parque Natural en 1989-1997), así como con un amplio reconocimiento internacional. Desde 1994 lo atestigua la Unesco, al declararla Patrimonio de la Humanidad. Una catalogación que ha corrido serio peligro en los últimos años, debido a las diferentes amenazas que acechan a este espacio natural. El movimiento ecologista (Fondo Mundial para la Naturaleza, WWF por sus siglas en inglés, y Ecologistas en Acción) y el ámbito académico han sido contundentes en la denuncia de estas amenazas. En 2015, científicos como Scheffer, Barrett, Carpenter y Folke (2015), entre otros, presionaron a las Administraciones y a la sociedad española para reducir las amenazas locales ejercidas sobre este icónico ecosistema, ya que, dado su importante papel para mantener la biodiversidad global, su colapso podría significar la extinción de muchas especies. Para estos autores, poner una valla en el perímetro del Parque Nacional de Doñana ya no es suficiente para protegerlo de amenazas, de ahí la necesidad de una gestión local mucho más eficiente, en especial la dirigida a frenar la contaminación del agua y su extracción ilegal para la agroindustria, dos cuestiones clave para aumentar la resistencia de este humedal ante el cambio climático. El catálogo de las amenazas que pesan sobre Doñana es variado: industria turística, dragado del Guadalquivir (al parecer desestimado), minería (reapertura de la mina de Aznalcóllar), carretera Huelva-Cádiz (se desempolva esta histórica polémica), etc. Pero en este trabajo nos centraremos en el papel de la agricultura y en la idoneidad de la agroecología para aliviar la presión antrópica sobre el espacio.

 

Miguel Delibes de Castro (actual presidente del Consejo de Participación de Doñana[1] y director de la Estación Biológica de Doñana durante doce años) insiste en asegurar que «Doñana no está enferma ni moribunda… pero es frágil y siempre tiene que estar defendiéndose» (Lasida, 2019). Así que ni las amenazas ni el intento de solucionarlas o de paliarlas son novedades para Doñana. En la década de 1990 la necesidad de dar soluciones a estos problemas sistémicos y una fuerte contestación social a iniciativas urbanísticas especulativas motivaron el surgimiento de innovadoras políticas de desarrollo sostenible. Un instrumento de gestión que soñó con reconciliar al Parque Nacional con su gente y salvar las diferencias entre la conservación y el desarrollo (Bejarano, 2017). Doñana se convirtió así en el primer espacio natural español con un plan de desarrollo sostenible. Se trazó una hoja de ruta que estuvo vigente casi tres lustros; funcionó como instrumento de contención del rechazo social hacia la institución, y rebajó los niveles de conflicto social entre la ciudadanía y el espacio natural (Bejarano y Torres, 2017). Sin embargo, la falta de continuidad, la verticalidad de las políticas, la perversión del concepto, la escasa participación ciudadana en sus diseños y la interrupción de los fondos públicos (motivada por la crisis económica) la llevaron a su descomposición, incluso al olvido (Bejarano y Torres, 2016). A pesar de esa ausencia, perviven las amenazas sistémicas, entre ellas la sobreexplotación ilegal del acuífero por una parte de la agroindustria de frutos rojos, ahora incluso con mayor protagonismo porque, durante los años de la gran recesión, el sector sirvió de soporte vital para la población de la zona.

Imagen 1. El agua en Doñana. Vistas de sus marismas. Autora: Manuela Díaz Bejarano.

 

Recalcular la ruta: la agroecología como posibilidad

De acuerdo con esta vieja tradición de pensar imposibles para Doñana, proponemos un nuevo espacio de reflexión (al menos en su paisaje agrícola) basado en la agroecología. Un nuevo marco político para la gestión de un territorio que se enfrenta a profundos cambios e incertidumbres (cambio climático, restricciones hídricas, desigualdad social, mercados y legislación más exigentes…). La agroecología ha desarrollado un conjunto de soluciones técnicas que permiten diseñar sistemas sustentables. Según González de Molina y Caporal (2013), se sostiene en cinco atributos: la productividad (ligada con el cierre del ciclo de la energía); la estabilidad económica de las explotaciones agrarias; la resiliencia, que permita a los agroecosistemas adaptarse con mayor facilidad a los cambios; la equidad social, con el acceso a los recursos y la distribución de la renta agraria organizados por las instituciones (un debate que en Doñana merece ser tratado en profundidad), y la autonomía de los agricultores, que les permita contar con capacidad interna de suministros y materiales para producir sin la actual dependencia de insumos externos. Una tarea nada sencilla, pues actualmente la transformación social basada en esta potente herramienta sigue siendo una ilusión en buena parte de Europa y, como no, del territorio andaluz, aunque desde los años ochenta numerosos movimientos sociales —fundamentalmente sindicales y ecologistas— contribuyeron en Andalucía a formar el enfoque científico-práctico de la agroecología, con especial impacto en su dimensión política (González de Molina, 2016). Fue precisamente el profesor González de Molina (2012) quien reivindicó la pertinencia de estrategias agroecológicas para lograr la sustentabilidad agraria en Europa, pues se trata de una fórmula eficaz para diseñar un decrecimiento realmente sostenible, que reduzca la intensidad del metabolismo agrario sin alterar la calidad de vida de todos los actores involucrados en el proceso (productores, distribuidores, consumidores, etc.).

Ante las oportunidades y dificultades que presenta esta disciplina, nos preguntamos: ¿es la agroecología la herramienta más idónea para reconvertir en cómplices a Doñana y «su» agricultura?, ¿qué papel tendría el movimiento ecologista en este proceso?, ¿se dan las condiciones necesarias para que la agroecología tenga alguna posibilidad de éxito en Doñana?

 

¿Nada en el horizonte?

Nuestras investigaciones sobre este espacio protegido, centradas en la evaluación de políticas sostenibles y la inclusión ciudadana en el diseño de políticas públicas,[2] arrojan resultados que nos pueden ayudar con estas preguntas. Entre los planes de desarrollo sostenible planteados a partir de 1990, son numerosos los intentos de ordenar el paisaje agrícola del espacio natural, y se ha señalado como su principal obstáculo histórico la indefinición de los límites territoriales de Doñana, ya que cuenta con trece municipios, entre las provincias de Huelva y Sevilla. En 2003 se redactaron las «Bases estratégicas para una agricultura sostenible en Doñana», en que se dibujan dos bloques agrarios diferenciados: el de la agricultura tradicional (cereal, vid, olivos de secano) y el de la nueva agricultura (arroz, frutos rojos, cítricos, etc.). Este documento se inspiró en el «espíritu ambientalista» de la reforma agraria comunitaria, conocida como la Agenda 2000. La agricultura en la comarca supone el sector productivo más importante junto al turismo para la dinamización socioeconómica de su área de influencia. Según datos del año 2014 de la Oficina Comarcal Agraria Entorno de Doñana, las explotaciones de «hortalizas en invernadero» (frutos rojos) generaban el 66,4 por ciento del empleo total en la actividad agraria. Frente a la tendencia al alza de la producción ecológica en Andalucía, la agricultura ecológica en Doñana sigue siendo testimonial; en las ocho mil[3] hectáreas de cultivo bajo invernadero que rodean al espacio protegido, apenas existen dos empresas significativas que producen fruta ecológica. Parte de ellas están enclavadas en terrenos públicos y son fruto de una experiencia piloto bosquejada en los planes de sostenibilidad. Actualmente son empresas muy consolidadas en el sector y resulta paradójico que el modelo no se haya replicado.

Cuando ahondamos sobre las causas de esta situación en las entrevistas, destacan dos ideas: la primera, que la mayoría de los empresarios cultivan de forma integrada, pues esa es la única exigencia del mercado europeo y resulta más que suficiente para cumplir con la seguridad alimentaria. En segundo lugar, con una postura algo más crítica, se acusa a los planes de desarrollo sostenible de ser políticas «cosméticas», que no dan respuesta a la ordenación del sector. Los planes de desarrollo sostenible fracasaron en el plano socioeconómico, especialmente en la ordenación del paisaje agrícola de Doñana. Así lo expone un miembro del Comité Andaluz de Agricultura Ecológica:

¿Cuánta superficie de arroz tiene que cultivarse? ¿Cuál es la planificación de la fresa, del arándano? Es decir, un plan de verdad de actuación. ¿Cuáles son los terrenos idóneos para una actividad u otra? Eso no lo he visto; teoría y esas cosas sí, pero cuáles son las prioridades no lo he visto… No he visto una visión global, en absoluto.

Es generalizada la acusación a la Administración por la dejadez en el cumplimiento de sus funciones al no regular la actividad durante años. Para una mayoría, nunca existió un debate sobre el sistema de producción agrícola en torno a Doñana. Por otro lado, el movimiento ecologista es rechazado por buena parte del sector agrícola. El personal técnico agrícola municipal, el sector agrario, los representantes públicos y otros colectivos sociales amparan un discurso excesivamente receloso sobre el movimiento ecologista. Esta cita literal de un miembro del personal técnico agrícola municipal lo muestra con claridad:

La agricultura en Doñana está demonizada como consecuencia de las campañas de difamación sobre el conjunto del sector por parte del movimiento ecologista. Parece que vale más la voz del ecologista que la del agricultor, que es el único sector que está contribuyendo a combatir la crisis.

El movimiento ecologista, como casi siempre en estos casos, no cuenta con apenas base social en la zona y tiende a estar desbordado. Centra su actividad principal en denunciar (de ahí los recelos locales) la situación de sobreexplotación del acuífero por la presión de la agroindustria, en especial por las explotaciones ilegales. Estas podrían ser las razones por las que el movimiento ecologista no alberga entre sus prioridades la conversión de las ocho mil hectáreas bajo plástico en alguna modalidad ecológica. A este respecto, el WWF tiene varias publicaciones recientes. En dos de ellas, particularmente, vemos que recurre a dos estrategias diferentes: en una (WWF, 2014) utiliza una táctica de persuasión amable con el sector para conseguir una conversión a cultivos más orgánicos, sin exigencias, mientras que en la segunda (WWF, 2019) la ruptura es total y el tono, de absoluta denuncia. En la actualidad, la relación entre estos sectores es de confrontación.

Al margen del movimiento ecologista, no hemos encontrado en el entorno agrícola de Doñana un movimiento social significativo próximo a postulados agroecológicos, y mucho menos sindicales. Doñana padece de esta orfandad, aun cuando el discurso mayoritario en la zona tiene claro que la agricultura no puede ser sostenible sin respetar los derechos laborales. Según un responsable municipal de medio ambiente:

Es absurdo que se te venga abajo la campaña de fresa en los mercados europeos porque no tiene el certificado ecológico, y, sin embargo, nadie se preocupe de que los miles de trabajadores que están allí no tengan garantizados los derechos laborales.

 

Algunas certezas

Aunque no ofrecemos respuestas, a modo de reflexión final, concluimos que Doñana configura un agroecosistema en el que tiene y debe tener cabida el campo de la agroecología. La sobreexplotación del acuífero,[4] agravada por la emergencia climática, una inaudita normalización de la precariedad laboral en parte del sector y el exponencial incremento de los hábitos de consumo ecológico en los países de destino, perfila un escenario que reclama una nueva hoja de ruta.

Los escasos pero exitosos modelos de producción ecológica, las casi cinco mil hectáreas de producción integrada,[5] el músculo y a la vez la inseguridad del sector ante los reproches de la opinión pública son ingredientes favorables para enfrentar una transición hacia un modelo más sostenible. Por su importancia, el movimiento ecologista es un actor clave en este deseable panorama, pero no cabe duda de que son necesarias respuestas de la política. La responsabilidad de los gestores públicos en la conservación de un espacio protegido no termina en su frontera natural, sino que abarca la económica y la social.

La Investigación-Acción participativa en agroecología puede ayudar a reconvertir este sistema agrario y configurar la agroecología de Doñana, porque como dicen Rosset y Altieri (2018:20):

Las principales universidades, los centros de investigación, la empresa privada, los Gobiernos y las instituciones multilaterales han [descubierto] la agroecología como una posible fuente de soluciones a los problemas acuciantes del sistema alimentario global, desde las emisiones de gases de efecto invernadero y el cambio climático hasta la erosión de los suelos y la caída de la producción […] una versión de la agroecología […] que suele diferir claramente de la agroecología propuesta por sus defensores iniciales (Carrol; Vandermeer; Rosset, 1990; Altieri, 1995; Gliessman, 1998, y muchos otros) tanto en el contenido técnico como en el político, lo que origina controversia y debate sobre lo que es de verdad la agroecología.

 

Referencias

Bejarano, J. F., 2017. «Más investigación social y mejor democracia, ingredientes imprescindibles en el futuro de Doñana». Cartapacio de Ciencias, 1, pp. 15-16.

Bejarano, J. F., y A. Torres, 2016. «Evolución y futuro de la participación ciudadana en la conservación y desarrollo del Espacio Natural Doñana. Un diagnóstico desde la sociología». En: M. Ferrer, Doñana: 50 años de investigaciones científicas. Madrid, CSIC.

Bejarano, J. F., y A. Torres, 2017. «50 Years of Preservation in Doñana (Spain). Public Involvement as the Present Challenge and Management Strategy to Face Future Challenges (Case Study)». International Journal of Conservation Science, 2 (8) pp. 227-236.

González de Molina, M., 2012. «Agroecología y políticas públicas en Europa». Agroecología, 6, pp. 75-88.

González de Molina, M., 2016. «Los orígenes andaluces de la agroecología en España y su contribución a la formación del pensamiento agroecológico». Agroecología, 11, pp. 105-116.

González de Molina, M, y F. Caporal, 2013. «Agroecología y política. ¿Cómo conseguir la sustentabilidad? Sobre la necesidad de una agroecología política». Agroecología, 8 (2), pp. 35-43.

Lasida, M., 2019. «Doñana no está enfermo ni moribundo». Diario de Sevilla (3 de marzo). Disponible en: https://www.diariodesevilla.es/entrevistas/miguel-delibes-castro-donana-enfermo_0_1332767104.html, consultado el 26 de noviembre.

Rosset, P., y M. Altieri, 2018. Agroecología. Ciencia y política. Barcelona, Icaria.

Scheffer, S., S. Barrett, C. Carpenter et al., 2015. «Creating a Safe Operating Space for the World’s Iconic Ecosystems». Science, 347 (6228), pp. 1317-1319.

WWF, 2014. Juntos por Doñana. Buenas prácticas agrícolas para la conservación de los recursos naturales. Disponible en: https://www.wwf.es/?31241/Juntos-por-Doana-Buenas-prcticas-agrcolas, consultado el 26 de noviembre de 2019.

WWF, 2019. Doñana bajo plástico: avanza la invasión de los frutos rojos. Disponible en: https://d80g3k8vowjyp.cloudfront.net/downloads/donana_bajo_plastico.pdf, consultado el 26 de noviembre de 2019.

 

* Profesor de Sociología de la Universidad de Granada. E-mail: jbejarano@ugr.es.

** Profesor de Sociología de la Universidad de Granada.

[1]. El Consejo de Participación de Doñana es el órgano colegiado de representación de los distintos intereses de Doñana y su entorno social. Este órgano es fruto de la fusión del antiguo Patronato del Parque Nacional y de la Junta Rectora del Parque Natural.

[2]. Investigaciones de carácter socioambiental desarrolladas entre 2009 y 2017. Hemos utilizado la entrevista semiestructurada como técnica fundamental de recogida de datos y el análisis de contenido sobre numerosos documentos publicados por los agentes implicados en la conservación y el desarrollo de la comarca. Se entrevistó a casi setenta actores sociales de la comarca de Doñana, entre los que se encuentran representados el movimiento ecologista, los sectores agrícola y empresarial, las Administraciones, etc.

[3]. Dato de 2019 ofrecido por el WWF. De las ocho mil hectáreas, el 20,7 por ciento está fuera «de los suelos agrícolas regables» y por ello en situación irregular, según la misma fuente.

[4]. El 21 de febrero de 2019 el Gobierno inició los trámites para declarar el acuífero de Doñana sobreexplotado. Esto abre la vía para cerrar hasta dos mil hectáreas de regadío irregular.

[5]. Oficina Comarcal Agraria Entorno de Doñana.

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