Ana Paula Massadar Morel*

 

Resumen: El movimiento zapatista es conocido por la construcción de una existencia autónoma que atraviesa las diferentes esferas de la vida. Este artículo pone el foco en las concepciones de ecología política y tierra desde los términos propios de las y los zapatistas a partir de un estudio etnográfico realizado en Los Altos de Chiapas. En el momento en que se hace explícita la relación entre el surgimiento de epidemias y la deforestación, la mirada zapatista decolonial se torna aún más importante. Según esta mirada, la humanidad no es un ente aislado del medioambiente, sino que la k’usil balumil (tierra) es una gran red de relaciones formada por seres humanos y no humanos. Para que el planeta tenga salud, es necesario respetar a los yajval (dioses).

Palabras clave: movimiento zapatista, tierra, ecología política, k’usil balumil

 

Abstract: The zapatista movement is known for the construction of an autonomous existence that crosses the different spheres of their lives. In this article, based on fieldwork carried out in Los Altos de Chiapas, we propose to focus on the conceptions of political ecology and land in the own zapatista’s terms. When the relationship between the emergence of epidemics and deforestationis made explicit, the decolonial zapatista thinking becomes even more important. According to this perespective, humanity is not an entity isolated from the environment, but the k’usil balumil (earth) is a great network of relationships formed by human and non-human beings. For the planet to be healthy, it is necessary to respect the yajval (gods).

Keywords: zapatista movement, land, political ecology; k’usil balumlil

 

 

Introducción

El movimiento zapatista está integrado por las comunidades indígenas tzeltal, ch’ol, tzotzil y tojolabal del estado de Chiapas, en el sureste de México. Los zapatistas se levantaron en armas el 1 de enero de 1994 en un contexto de racismo, explotación y neoliberalismo, reclamando el fin del latifundio y la dignidad para los pueblos indígenas y pobres. Tales demandas se fueron materializando progresivamente en la práctica de una vida colectiva autogestionada e independiente del Estado mexicano y las instituciones privadas: la autonomía zapatista. La autonomía está presente en las diferentes esferas de la vida —educación, justicia, gobierno, trabajo, comunicación y salud— y se desarrolla a través de una poderosa lucha ecoterritorial. En ese artículo nos enfocaremos en las concepciones de ecología política y tierra desde los términos propios de las y los zapatistas.

Esta discusión se desarrollará a partir de un trabajo etnográfico realizado entre 2013 y 2019 en Chiapas.[1] Tal experiencia estuvo marcada por la participación de la autora como estudiante de tzotzil en el Centro de Lenguas Mayas Rebelde Autónomo Zapatista (CELMRAZ) ubicado en Los Altos de Chiapas.[2] Es importante que este estudio tenga como punto de partida un escrupuloso respeto por la «imaginación conceptual»[3] de las y los interlocutores: ¿qué piensan los zapatistas indígenas sobre la ecología política? Para realizar el presente estudio, la autora tuvo la oportunidad de tratar de manera cercana a promotores de educación autónoma[4] en el CELMRAZ. El contacto con estas personas ha sido clave para descubrir la poderosa «imaginación conceptual» anticapitalista y decolonial de que está imbuida la propia noción zapatista de tierra.

Para situar la vida cotidiana de los pueblos indígenas en el movimiento, es importante tener en cuenta que, a diferencia de la idea, muy común fuera de México, de que existen grandes territorios completamente controlados por los zapatistas, de hecho, lo que sucede es que gran parte de los territorios están impregnados por una doble organización zapatista y estatal que coexisten y están en tensión. Las y los zapatistas viven en comunidades que, en general, se dividen entre partidistas y bases de apoyo del EZLN. Las y los zapatistas autoorganizan sus vidas a partir del movimiento y las y los partidistas son los que aceptan los programas del gobierno y, en general, apoyan a algún partido político. Algunos partidistas forman grupos paramilitares, a menudo financiados por el Estado y políticos de derecha, que realizan con frecuencia ataques contra los zapatistas, ya sea por disputas de tierras u otras razones.

Para hacer que la autonomía funcione, los zapatistas tienen, en general, un doble trabajo: la labor en la milpa familiar, de donde proviene una parte fundamental de sus alimentos, y el trabajo colectivo. Este último puede darse en una plantación colectiva (generalmente, hay una en cada comunidad), ya sea en la promoción de la educación o la salud o en el ejercicio de la autoridad autónoma. El trabajo colectivo es uno de los principales fundamentos de la vida zapatista y de la propia educación y salud autónomas. Este trabajo colectivo solo es posible a través de la relación con la tierra.

Imagen 1: Zapatistas en el Caracol de Oventic. Autora: Ana Paula Massadar Morel

La tierra

La tierra es fundamental para las y los zapatistas, pero tierra puede tener un significado muy diferente del acostumbrado en la concepción capitalista occidental. Muchos pueblos indígenas de América Latina advierten que la tierra no es un mero recurso vacío. El chamán yanomami Davi Kopenawa (2015), importante pensador indígena de Brasil, afirma que la tierra está viva, compuesta de una red de espíritus, humanos y no humanos, y profundamente amenazada por la acción de los blancos, llamados por el apelativo de «pueblo de la mercancía». Ailton Krenak (2019) señala las consecuencias nocivas de la separación operada por la civilización occidental entre los seres humanos y su relación inmanente con el organismo vivo que es la tierra. Igualmente, para las y los promotores autónomos zapatistas, la tierra es una gran red de relaciones formadas por humanos, no humanos y dioses. Una de las traducciones presentadas por los promotores en tzotzil es k’usil balumil: «Tierra-mundo, tierra-planeta, quiere decir que todo está conectado. Tierra para nosotros es cuando hay metik, que significa “nuestra madre”, un principio; m’e… es un principio u origen, pero viene de “madre”, significa también “madre”».

La tierra es una madre, porque es el principio de lo que existe. Somos hijas e hijos de la tierra, dice el promotor Emiliano. No se dice «mi madre tierra», sino j’me’tik balumil, que significa «nuestra madre tierra»; nuestra quiere decir que concierne a todos los seres vivos.

Y si la tierra es la madre de todos, significa que todos deben poder disfrutarla, según los promotores. El problema es cuando se usa la tierra como negocio; entonces la espiritualidad de la gente se pierde, la gente se siente sola e impotente. Tal y como explican los promotores zapatistas, sin la tierra nos convertimos en individuos.

Acercarse a la defensa de la tierra es, para ellos, abordar aspectos amplios: ocuparse de la comida, la historia, el idioma, las personas, la memoria, los dioses y la salud. Por lo tanto, verse obligado a abandonar una tierra no es una cosa simple. La promotora Lupita explica: «Cuando el gobierno nos habla para salir de una tierra, es como arrancarnos una raíz muy fuerte». 

La tierra también significa autonomía, porque la tierra puede dar respiro, libertad, la posibilidad de ser dueño de tu tiempo. Al tener raíces en una tierra, nadie del exterior puede decidir cuánto debes trabajar en ella.

Otra traducción posible para tierra es lum. Lum significa «pueblo» y «tierra» en la misma palabra. Esta palabra inscribe el concepto de que un pueblo no puede vivir sin una tierra. Un pueblo no está en el aire, está en el suelo, dice un promotor. La tierra tampoco es un sustrato inerte, sino que está habitada por dioses (yajval), con los que otros seres deben negociar para existir. Hay dioses de las montañas y de los ríos, pero los más importantes son los dioses de la tierra (yajval balumil). Para plantar en una tierra, es necesario negociar, hacer ofrendas al dios, dueño de esa tierra.

La centralidad de la tierra está vinculada a los aspectos más profundos de la vida zapatista: es lo que hace posible el a’mtel (trabajo verdadero), un pilar fundamental de la construcción de la autonomía. Para la promotora Laura, el trabajo verdadero depende casi exclusivamente de la tierra: «Sólo fue posible la comunidad por causa de la tierra. Y si ahora podemos decir que no somos más víctimas directas del capitalismo es porque tenemos tierra».

La tierra como un lugar al que pertenece la gente, que permite el trabajo, el contacto con los yajval (dioses), la relación de respeto mutuo con los diversos seres vivos, es, para las y los zapatistas, fundamental para el lekil kuxlejal (buen vivir).  Sin el vínculo con la tierra, los pueblos indígenas se ven debilitados y sufren diferentes enfermedades.

Para que el planeta no se enferme, es necesario respetar esos yajval, dueños de los lugares importantes del mundo, de los bosques, animales, ríos, montañas. Los daños causados por el capitalismo y el colonialismo están influyendo en la relación de los yajval con la k’usil balumil. Si no respetamos a los yajval, ellos reaccionarán de alguna manera.

Imagen 2: Mural pintado en el Balneario Zapatista de Agua Clara. Autora: Ana Paula Massadar Morel

Estas cuestiones son aún más importantes en el momento en que científicos y pensadores indígenas señalan la relación entre el surgimiento de la pandemia de coronavirus y la deforestación.[5] El avance de los seres humanos en áreas de bosque donde animales huéspedes de virus y bacterias vivían antes en equilibrio se apunta como una de las grandes causas de este tipo de epidemias. Como vimos, la noción de tierra de los zapatistas muestra justamente que la humanidad no es un ente aislado del medioambiente, sino que la tierra (k’usil balumil) es una gran red de relaciones formada por seres humanos y no humanos. Esa condición sistémica es la causa última de lo que estamos viviendo, pero también la única forma posible de afrontar la COVID-19 y otras tantas epidemias que pueden venir. Para que el planeta tenga salud, de acuerdo con la autonomía zapatista, es necesario abandonar la lógica del «pueblo de mercaderes», comprendiendo que las leyes del capital no son las de la naturaleza. Es necesario respetar a los yajval (dioses), pues si no dialogamos con ellos, pueden volverse en contra nuestra. Es preciso, dice el zapatismo, escuchar a los seres de la tierra, recuperar ese vínculo, parar urgentemente la destrucción provocada por una parte de la humanidad pero que afecta a toda la tierra.

 

Referencias

Albert, B., 1997. «Situation ethnographique et mouvements ethniques: réflexions sur le terrain post-malinowskien». En: Augé M. (pref.) Anthropologues en dangers: l’engagement sur le terrain. París, Jean-Michel Place, pp. 75-88.

Kopenawa, D. y B. Albert, 2015. A queda do céu: palavras de um xamã yanomami. São Paulo, Companhia das Letras.

Krenak, A., 2019. Ideias para adiar o fim do mundo. São Paulo, Companhia das Letras.

Lagrou, E., 2020. Nisun: A vingança do povo morcego e o que ele pode nos ensinar sobre o novo coronavírus. Río de Janeiro: Biblioteca Virtual do Pensamento Social (BVPS), UFRJ, 15/04/2020, 9 p. Disponible en: https://blogbvps.wordpress.com/2020/04/13/nisun-a-vinganca-do-povo-morcegoe-o-que-ele-pode-nos-ensinar-sobre-o-novo-corona-virus-por-els» https://blogbvps.wordpress.com/2020/04/13/nisun-a-vinganca-do-povo-morcegoe-o-que-ele-pode-nos-ensinar-sobre-o-novo-corona-virus-por-els, consultado el 02/10/2020.

Morel, A., 2018. Terra, autonomia e «ch’ulel»: aprendizados na educação zapatista. Doctorado en Antropologia Social, Museu Nacional/Universidade Federal do Rio de Janeiro, 2018.

Viveiros de Castro, E., 2015. «O recado da mata». Prefacio en: D. Kopenawa y B. Albert, A queda do céu: palavras de um xamã yanomami. Companhia das Letras.

* Profesora de la Facultad de Educación de la Universidade Federal Fluminense (UFF), Brasil. E-mail: anamorel@id.uff.br

** Agradezco al movimiento zapatista por su lucha. Agradezco a Eduardo Viveiros de Castro todo el apoyo durante la investigación. Agradezco a Francisco Javier Ullan de la Rosa por las contribuciones fundamentales a la traducción al español

[1] Este trabajo etnográfico fue parte de mi investigación doctoral (Morel, 2018).

[2] El CELMRAZ es un curso de tzotzil y castellano dirigido a los apoyadores del zapatismo que ocurre en el Caracol de Oventik.

[3] En relación con ese debate, recordamos los tres imperativos básicos del pacto etnográfico apuntados por Bruce Albert (1997), que afirma que el antropólogo debe, en primer lugar, hacer justicia a la imaginación conceptual de sus interlocutores, tener en cuenta después el contexto sociopolítico en el que se insertan y, por último, arrojar una mirada crítica sobre el cuadro de la investigación etnográfica. Sobre esos tres puntos, Eduardo Viveiros de Castro (2015) apunta que no es accidental que Albert coloque como primer punto el respeto escrupuloso a la «imaginación conceptual». Con ello, estaría expresando una determinada concepción de la antropología y alejándose de la vertiente antropológica que reduce la sociedad del nativo a su «contexto sociopolítico». Buscaremos, entonces, seguir este mismo camino, haciendo un experimento con los conceptos zapatistas. Se apuntarán algunas referencias al contexto sociopolítico como forma de situar cuestiones, pero no para explicar lo que está «por detrás» de lo que los zapatistas dicen y piensan.

[4] De acuerdo con la voluntad de los promotores, todos los nombres que se citan aquí son ficticios.

[5] Como, por ejemplo, la entrevista de Andrew Cunningham, profesor de la Zoological Society de Londres, dada a la CNN (20/03/2020), y titulada «The bats are not to blame» (los murciélagos no son los culpables), citada en el interesante artículo de Els Lagrou (2020), donde la antropóloga aborda el saber del pueblo huni kuin sobre el potencial patogénico de los animales.

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