doi.org/10.53368/EP69AYEP04

Freddy Díaz Díaz* y Laura Camelo Alvira**

Resumen: El concepto de arquitectura decolonial se plantea como un enfoque crítico que cuestiona las prácticas coloniales hegemónicas que han determinado los modos de concebir el espacio desde miradas deslocalizadas. Esta nueva manera de comprender la arquitectura desde las epistemologías del Sur se basa en la recuperación de los saberes locales y la comprensión del ser como fundamento de las prácticas de diseño arquitectónico. Este artículo presenta una conceptualización de la arquitectura decolonial desde los enfoques epistemológicos del Sur Global y discute la posibilidad intrínseca de contribuir a la superación de las crisis ecológicas y sociales del mundo. Su alcance permite evidenciar el potencial de contribuir a la transición hacia sociedades más autónomas, solidarias y armónicas como alternativa a los modelos desarrollistas occidentales vinculados a las causas estructurales de la crisis civilizatoria global.

Palabras clave: arquitectura decolonial, transición, Sur Global, colonialidad, Latinoamérica

 

Abstract: The concept of decolonial architecture is proposed as a critical approach that questions hegemonic colonial practices that have determined the ways of conceiving space from decentralized perspectives. This novel understanding of architecture from the epistemologies of the Global South is grounded in the recovery of local knowledge and an understanding of being as the foundation of architectural design practices. This article presents a conceptualization of decolonial architecture from the epistemological perspectives of the Global South and discusses its intrinsic potential to contribute to overcoming the ecological and social crises of the world. Its scope allows for highlighting the potential to transition towards more autonomous, solidarity-based, and harmonious societies as an alternative to Western developmentalist models linked to the structural causes of the global civilizational crisis. 

Keywords: decolonial architecture, transition, global south, coloniality, Latin America

 

Introducción

La arquitectura decolonial es un enfoque crítico emergente que surge en contraposición a los paradigmas de configuración del espacio presentes en las prácticas coloniales históricas que han atravesado los países del Sur Global. En este enfoque, se privilegian la comprensión de lo local, la diversidad, la apreciación de la naturaleza y la contrahegemonía. Por otro lado, el planeta está viviendo un proceso de transición que se caracteriza por una serie de reacciones frente a la crisis social y ecológica causada por la industrialización, la visión colonialista de la naturaleza como un recurso, la modernidad y los modelos desarrollistas. Este artículo busca establecer una relación entre los dos fenómenos en la cual las visiones decoloniales de las arquitecturas del Sur pueden aportar a la transición propia de estos territorios y superar las prácticas hegemónicas que han determinado los modos de concebir el espacio desde miradas deslocalizadas.

Para eso, se presenta primero una contextualización del fenómeno colonizador en los países del Sur Global, particularmente en Latinoamérica, y sus consecuencias en la arquitectura basada en estilos eurocéntricos que aún hoy influyen en la sociedad contemporánea. De esa manera se pone en evidencia la necesidad de una arquitectura decolonial, promotora de soluciones locales que respeten la diversidad y conexión entre hábitat y habitante. Posteriormente, se revisa la postura de las epistemologías del Sur frente a la transición global y los cambios estructurales que esta implica, para reducir impactos sociales y ecológicos. Estas epistemologías se basan en el posdesarrollo y el buen vivir y desafían modelos occidentales, con énfasis en la valoración de saberes ancestrales como alternativa sostenible y decolonial. Por último, se presenta la arquitectura decolonial como un dispositivo útil para superar estas crisis. Para esto, las arquitecturas del Sur deben ser localizadas, diversas y contrahegemónicas. Esta propuesta epistemológica para la arquitectura decolonial puede facilitar la transición hacia sociedades más autónomas, solidarias y armónicas en el Sur Global.

La colonialidad en las arquitecturas del Sur

En los países del Sur Global la colonización por parte de países europeos dejó estilos y tipologías arquitectónicas basados en monoesteticismos como única fórmula válida procedente de la visión eurocéntrica de Occidente más avanzada y teorizada (Acha, 1996). Las ciudades construidas durante los períodos coloniales componen ahora el patrimonio histórico y arquitectónico de los países latinoamericanos. La incidencia directa de estos períodos se evidencia en las formas y modos de pensamiento, fundamentados en epistemologías occidentales que no responden a las realidades locales (Hernández, 2021). La colonización no solo dejó marcas en la conformación físico-espacial de los territorios del Sur, sino también principios y estructuras en la sociedad contemporánea. El sociólogo peruano Aníbal Quijano asocia el término colonialidad del poder a estos principios y estructuras imperceptibles, incrustados en las jerarquías raciales, políticas y sociales impuestas por los europeos durante la colonización (Hernández, 2021). De esta manera, la colonización es una estructura de pensamiento reforzada a través de la subalternidad y la estética, pero la colonialidad tiene la intención de revelar una incrustada lógica que impone el control, la dominación y la explotación disfrazada en el lenguaje de la salvación, el progreso, la modernización y lo bueno para todos (Mignolo, 2003).

La construcción del espacio también ha sido una forma de producir poder:

Desde las reformas recomendadas por Juan de Matienzo y (parcialmente), ejecutadas por el virrey Francisco de Toledo, la intención de fundar pueblos de indios, cuadriculados y centrados por iglesias, pretendía no solamente reflejar el nuevo orden social colonial, sino generarlo (Wernke, 2016).

Esto se identifica aún hoy cuando se estudian territorios colonizados que parecen paralizados en el tiempo a razón de su arquitectura, y que excluyen la representación de las comunidades que habitan o habitaron estos espacios. Actualmente presenciamos un proceso relacionado con dinámicas socioculturales en las que están inmersos los nuevos movimientos del mercado, la producción y el desarrollo de tecnologías. Es un proyecto vigente de colonización cultural que afecta directamente al habitante, ya que constantemente se habitan espacios que están pensados desde lógicas que imprimen valores como la jerarquía, la violencia y el poder, los cuales estructuran el acto colonizador (Camelo Alvira, 2023).

En esa medida, la producción arquitectónica latinoamericana había ido desarrollándose como resultado de la interacción entre las tendencias internacionales y las circunstancias locales, ya fueran históricas, técnicas, económicas, políticas, urbanas, etc. (Zambrano Torres, 2015). Sin embargo, la colonialidad en las arquitecturas del Sur se manifiesta en la visión hegemónica que identifica un mundo dual entre el salvaje y el civilizado en el que la naturaleza es un elemento a dominar para dar paso a la modernidad. Difícilmente se han reconocido otras propuestas basadas en las culturas ancestrales y la diversidad de razas e identidades que caracterizan los pueblos del Sur del continente. No obstante, consideramos que es allí, en esas partes subalternizadas de las geografías del pensamiento y el territorio, donde acontecen numerosos modos de asumir formas éticas del diseño (Gutiérrez Borrero, 2015).

Afirmar que la arquitectura latinoamericana no puede ser estéticamente parecida a las occidentales es también una idea colonialista. La estética es una variable de la arquitectura que siempre la ha precedido, pero la forma debe superar la expectativa estética colectiva y fundamentar el valor de la arquitectura local en las diferencias. Aldo Rossi definía el tipo como «la idea misma de la arquitectura», «lo que está más cerca de su esencia» (Waisman, 1985). Así, los modelos prototípicos y repetitivos invisibilizan las características propias de territorios únicos de Latinoamérica y los demás territorios del Sur. «Hay sur cultural en todos los pueblos y comunidades tornadas invisibles dentro del ordenamiento territorial en el globo» (Gutiérrez Borrero, 2015: 749). Por eso es urgente avanzar hacia una arquitectura decolonial, porque hay mucho que aprender de las configuraciones únicas, así como de las complejas características históricas y socioeconómicas de las ciudades del Sur (Hernández, 2021).

La colonialidad en las arquitecturas del Sur en consecuencia presenta un escenario de relación hegemónica que permea las prácticas de diseño y construcción del espacio en relaciones verticales de poder en donde los paradigmas de la modernidad y la globalización se han impuesto sobre los valores y saberes propios de la población habitante. En ese sentido, se deben trazar caminos hacia la búsqueda de soluciones locales pensadas para los problemas locales, que permitan superar el pensamiento colonialista reconociendo que varios de sus principios han fallado en la intención de producir modelos sostenibles y armónicos con el entorno. Las arquitecturas del Sur deben cuestionar los paradigmas de la arquitectura colonial y colonialista y sus tipologías desarrolladas con una mirada deslocalizada que ha invisibilizado la diversidad y ha homogenizado la aproximación a los espacios en detrimento de la conexión entre hábitat y habitante.

La transición en el Sur y las crisis colonialistas

La transición se entiende desde una mirada global como los procesos de transformación integral soportados en un cambio estructural como sociedad que pueda reducir el impacto de los modelos establecidos hasta ahora, reconociendo su responsabilidad en las crisis sociales y ecológicas del mundo. Frente a este proceso planetario, las epistemologías del Sur presentan posturas endémicas basadas en búsquedas socioeconómicas que las hacen diferentes de algunas posibilidades de las del Norte. Algunas de estas incluyen ideas como el posdesarrollo, que propone alternativas al desarrollo para lograr el buen vivir mientras se convive con modelos extractivistas (Gudynas y Acosta, 2011). Esta posición se preocupa no solo por la ecología, sino por la justicia social, la autonomía local y el cuestionamiento del capitalismo y el liberalismo (Escobar, 2019), pero reconoce que en Latinoamérica está lejos el escenario en el cual se logrará omitir la dependencia de los hidrocarburos y la minería y se reemplazarán por economías basadas en alternativas locales como la agricultura o el ecoturismo (Díaz Díaz, 2022). En los pueblos del Sur, el principal objetivo de la transición es reducir la brecha social que existe y que quedó instalada desde tiempos coloniales. La equidad social y la búsqueda de una distribución justa de los beneficios económicos y ambientales, tanto dentro de los países como entre ellos, son necesarias para la transición hacia una sociedad sostenible (Speth, 1992).

El reconocimiento progresivo de la crisis de los modelos desarrollistas y colonialistas de los últimos dos siglos conlleva voltear la mirada hacia prácticas y saberes ancestrales de las comunidades indígenas y campesinas y entenderlas como aportes a una transición consciente de la finitud de los recursos naturales. Esta alternativa es la base del buen vivir, otra búsqueda recurrente en el Sur Global frente a las concepciones de desarrollo occidentocéntricas consideradas insustentables (Sousa Santos, 2011). Eduardo Gudynas y Alberto Acosta (2011) presentan el buen vivir como una alternativa al desarrollo y una reacción contra el desarrollismo convencional, como una apuesta por una alternativa sustancial que se aparta de las ideas occidentales convencionales del progreso e incluye una especial atención a la naturaleza (Gudynas y Acosta, 2011). En otras palabras, un enfoque decolonialista que sugiere un camino para las sociedades contemporáneas y futuras desde las enseñanzas de nuestros antepasados que vivían mejor y con menos.

El pensamiento decolonial implica entonces desarrollar una valoración de lo vernacular como alternativa a la modernidad, como en su momento lo afirmó Bernard Rudofsky en su obra Arquitectura sin arquitectos. Breve introducción a la arquitectura sin pedigrí, donde cuestionó la contribución del arquitecto como autor en la configuración de nuestro entorno construido (Loren-Mendez, 2018). De esta manera se pone en evidencia la necesidad de valorar las prácticas tradicionales de diseño en ausencia del arquitecto realizando un aporte conceptual a la construcción de la arquitectura decolonial desde lo vernacular. Para avanzar hacia la transición desde formas de diseño y arquitectura decolonial se deben replantear los paradigmas convencionales que ubican al experto como único poseedor del conocimiento y que configuran una relación hegemónica en donde la práctica de diseño también es una forma de colonizar. Una transición hacia sociedades más equitativas y armónicas supone proponer sistemas operacionales que permitan la colaboración entre figuras expertas y no expertas en una relación horizontal. Esta práctica ubica entonces al diseñador como facilitador y mediador más que como experto (Escobar, 2019), promoviendo la interdisciplinariedad y el intercambio de saberes en pro de un objetivo común. La interacción activa de habitantes, técnicos y profesionales permite comprender las condiciones físicas, espaciales y ambientales del lugar y las prácticas de habitar (García-Reyes y Anzellini, 2019).

La comprensión de la diferencia es fundamental en una visión decolonialista y ontológica que pretenda centrar el diseño en el reconocimiento de la existencia de diferentes mundos que se componen de sistemas interconectados entre sí: el pluriverso (Willis, 2006). Arturo Escobar (2019) propone el diseño ontológico como un medio para pensar en, y contribuir a, la transición de la hegemonía de la ontología moderna de un solo mundo a un pluriverso de configuraciones socionaturales. Este enfoque del diseño incluye también la interacción de la población usuaria o habitante con el espacio: «El diseño con conocimiento del funcionamiento de las cosas será cualitativamente diferente de cualquier tipo de diseño que no lo conozca» (Willis, 2006). Así, el diseño ontológico se convierte en una práctica que contribuye de manera eficiente en procesos locales.

La arquitectura decolonial puede promover sistemas de hábitat locales y comunitarios en contraposición a los impuestos por las constructoras de proyectos masivos industrializados. La participación comunitaria, la autonomía, la autogestión y la propiedad colectiva derivan en procesos de producción social del hábitat que pueden resultar útiles para superar el déficit de vivienda en el Sur Global. Estos procesos constituyen una alternativa, a veces la única, para convertir en realidad el acceso a un derecho social fundamental, la vivienda adecuada ( HIC-AL/Grupo de Trabajo de PSH, 2017). La producción social del hábitat es, en consecuencia, una de las disciplinas llamadas a formular herramientas aplicables para superar la desigualdad física y social del territorio (Sepúlveda, 2012).

El aporte de las prácticas de diseño para la transición en la arquitectura del Sur Global se evidencia en el sentido de apropiación por parte del usuario o la comunidad que habitará el espacio diseñado. En esa medida, la arquitectura podrá, con una mirada decolonial, contribuir a una transformación social basada en la autonomía y la visión de futuro. Se convierte, así, en un potencial dispositivo de transformación social cuando se basa en prácticas de diseño comunitarias y surgidas de los saberes y las tradiciones locales. La arquitectura de este tipo puede desencadenar procesos de cambio capaces de romper con los modelos hegemónicos occidentales, que a menudo se adoptan de manera mecánica y acrítica y no se ajustan a las necesidades de los países del Sur (Cigarini, 2017).

Propuesta epistemológica para las arquitecturas del Sur

La arquitectura decolonial es un concepto emergente y en constante construcción epistemológica que puede contribuir a los procesos propios de la transición hacia sociedades más armónicas, solidarias y equitativas en los países del Sur Global. Refiriéndose a la arquitectura colombiana como ejemplo de los problemas del Sur, Felipe Hernández (2021) insiste en que desvincular nuestras arquitecturas de las narrativas euroamericanas dominantes, en especial las que se centran principalmente en generar forma, permitiría a los arquitectos y arquitectas del Sur Global responder a los retos que presentan nuestras ciudades y encontrar soluciones a muchos de sus problemas (Hernández, 2021). Para eso, se deben replantear los paradigmas colonialistas en los que la arquitectura se ha basado históricamente para la producción de espacios y avanzar hacia una arquitectura localizada, diversa y emancipadora.

En primer lugar, una arquitectura localizada requiere integrar los determinantes y condicionantes que se encuentran en un lugar y que pertenecen solo a él, que no se pueden estandarizar. Esto implica incorporar la cosmovisión de los usuarios, los saberes, materiales y tradiciones locales, los modos de habitar, en fin, la comprensión del entorno. Al reconocerse las complejidades y contradicciones reales inherentes a un lugar, se negocian continuamente el significado y la posición, incluido el lugar en el que nos situamos como expertos (Schneekloth y Shibley, 2000). Asimismo, una práctica de diseño localizada permanece, evoluciona y se gestiona con autonomía una vez que el experto se retira del proceso. El diseño localizado requiere necesariamente dinámicas surgidas desde adentro, pero debe siempre permitir el encuentro de los conocimientos y experiencias previas puestos al servicio de la construcción colaborativa. De esta manera la ordenación del mundo procede según una lógica de lo local a lo global (Paba, 1994). Esto incluye la búsqueda de un orden ecosistémico, es decir, reconocer que la arquitectura es un organismo que debe ser concebido como parte armónica de un ecosistema en una relación simbiótica.

En segundo lugar, pensar en una arquitectura diversa implica concebir la diferencia como un recurso valioso del territorio latinoamericano derivado de las diferentes razas y culturas que han poblado el territorio. En ese pensamiento, los sujetos, colectivos y grupos sociales que viven en los márgenes producen conocimientos que pueden transferirse de un lugar a otro, constituyendo una exterioridad a la modernidad (Campli, 2021)     . Este pensamiento también favorece el reconocimiento de las diferencias y cuestiona las relaciones de dominación, las desigualdades y los conflictos socioespaciales para transformarlos (Campli, 2021)     . De esta forma, el lugar hace referencia a un contexto social más amplio, la dinámica local, y se asigna un sentido relevante al territorio y la cultura en cuanto elementos políticos para desafiar, asociarse o distanciarse de los discursos hegemónicos provenientes de la modernidad (Garzón, 2008).

Por último, la arquitectura decolonial debe ser contrahegemónica y construida también con un pensamiento emancipador de las epistemologías del Norte, partiendo de la idea de la imposibilidad de una teoría general (Gutiérrez Borrero, 2015). Cuestionar los paradigmas eurocéntricos de la arquitectura desde un punto de vista decolonial implica evaluar el imaginario modernista y desarrollista. Walter Mignolo (2003) aborda la importancia de descolonizar la epistemología, es decir, impugnar la hegemonía del conocimiento occidental para el cual nuestros edificios son «transgresiones, desviaciones y devaluaciones de la arquitectura moderna» (Hernández, 2021). Al invertir el sistema de valores de la modernidad colonial, los proyectos descolonizadores restauran la agencia histórica y el derecho de los marginados mientras exponen la corrupción de la supuesta virtud del poder (Lissovoy, 2019).

El proceso de transición en el Sur Global implica reconocer los daños causados por la industrialización y el consumismo y reivindicar alternativas que también se evidencian en las prácticas de diseño. Para eso, se requieren dispositivos de actuación cotidiana que permitan los cambios estructurales desde adentro. En ese sentido, la arquitectura decolonial basada en prácticas localizadas, locales, colectivas y emancipadoras responde a las condiciones únicas y particulares de cada entorno socioeconómico como alternativa a visiones universalizantes y contribuye a construir estilos de vida sostenibles, armónicos y convivales necesarios para superar la crisis civilizatoria de orden social y ecológico de los países del Sur.

Conclusiones

Los países del Sur Global han vivido las consecuencias de ser colonias de los países del Norte durante varios siglos. Después de los procesos de independencia que generaron nuevas repúblicas en Latinoamérica, nuevos procesos de colonización cultural han continuado condicionando la manera como se configura el espacio en diferentes escalas. Por un lado, el modo en que se organiza el territorio para generar orden y control, con grandes centros urbanos que concentran riqueza y vastas periferias rurales de poblaciones campesinas, afrodescendientes e indígenas. Por otro lado, la forma en que la arquitectura retoma paradigmas eurocéntricos y privilegia soluciones formales, espaciales y técnicas insertadas, exhibidas como la manera correcta de construir viviendas y equipamientos.

Frente a esa problemática, se debe avanzar hacia una arquitectura decolonial que pueda hacer frente a esas dinámicas hegemónicas instaladas en las prácticas de generación de espacios para vivir, trabajar y encontrarse. Este es un llamado para que, desde el ejercicio profesional, la academia y las comunidades locales, se busquen arquitecturas del Sur que aporten a la transición hacia estilos de vida diferentes a los que han causado las crisis. Estas arquitecturas deben ser localizadas, creadas desde adentro, desde los valores locales de los territorios y sus pobladores. Deben ser arquitecturas diversas que incluyan esas enormes periferias consideradas minorías y que son portadoras de riqueza cultural ancestral. Y deben ser arquitecturas emancipadoras que planteen alternativas autogestionadas, representen la identidad y aporten a la solución de los problemas particulares de cada territorio del Sur Global.

Referencias

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*Profesor Asociado en la Universidad de La Salle, Bogotá, Colombia. E-mail: frdiaz@unisalle.edu.co.

**Arquitecta. Universidad de La Salle, Bogotá, Colombia. E-mail: lcamelo53@unisalle.edu.co.

 

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