Andreas Malm

Crítica del libro: Jordi Roca Jusmet*

  • Año: 2020
  • Editorial: Errata Naturae
  • ISBN: 978-84-17800-68-0
  • Páginas: 256

Palabras clave: COVID-19, cambio climático, marxismo ecológico

Keywords: COVID-19, climate change, ecological marxism

 

 

Este libro es una excelente traducción del original en inglés titulado Corona, Climate, Chronic Emergency, escrito por el investigador y activista sueco Andreas Malm poco después del inicio de la pandemia del COVID-19. El libro empieza señalándonos el agudo contraste entre las reacciones frente al COVID-19 y frente a la crisis climática. En el primer caso, diversos países tomaron drásticas decisiones para reducir los contactos sociales, incluida la práctica desaparición del tráfico aéreo, la paralización de muchas actividades económicas y confinamientos domiciliarios. En contraste, el cambio climático, a pesar de haberse declarado como una emergencia, nunca ha llevado a reacciones de una magnitud similar, sino a tibios compromisos políticos, que institucionalmente se han planteado siempre como compatibles con el crecimiento económico.

¿Por qué este contraste?, se pregunta el autor. La respuesta no puede estar en la gravedad de cada una de las dos crisis ni en el diferente conocimiento sobre sus posibles soluciones. En realidad, se sabe bien lo que debe hacerse frente al cambio climático: disminuir las emisiones de gases de efecto invernadero. En cambio, cómo luchar contra la propagación y la evolución del virus era un terreno poco conocido. La diferente reacción se explicaría sobre todo por las características temporales y espaciales de cada una de las crisis. Por lo que se refiere al tiempo, las consecuencias de no llevar a cabo acciones contra la propagación del COVID-19 se manifiestan en pocas semanas, al agravar la mortalidad y desbordar los sistemas sanitarios. En contraste, la inacción actual frente al cambio climático tiene costes sobre todo a medio y a largo plazo. Por lo que se refiere al aspecto espacial, ambos problemas son globales, pero de características diferentes. La pandemia es global, pero las medidas de un país que confina a la población y cierra fronteras tienen impacto (al menos a corto plazo) sobre el propio país y, por tanto, se prestan más a respuestas nacionalistas. En cambio, las medidas de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero benefician por igual a los que las llevan a cabo y a los que no hacen esfuerzos de reducción, y en este sentido el problema es más genuinamente global.

La importante y rápida reacción frente a la pandemia se explica también, según Malm, debido a que primero se transmitió en los países ricos de Europa y América del Norte; ello no es extraño dado que el virus viajó rápidamente en avión y la población que viaja en avión es en su mayoría rica. Sin embargo, según los datos registrados en el momento de escribir estas líneas,[1] el país con una tasa mayor de defunciones acumuladas debidas al COVID-19 en relación con la población es Perú y la región más afectada es América Latina. Si a ello añadimos el gran infrarregistro de la enfermedad en los países pobres, podemos concluir que, como en otros problemas ambientales, los más afectados acaban siendo las poblaciones pobres, que viven en condiciones de mayor hacinamiento, con trabajos precarios y sin acceso a sistemas sanitarios eficientes ni a vacunas.

De forma brillante, el autor, después de hacernos reflexionar sobre los puntos anteriores, adopta un cambio de perspectiva para indicar que en realidad las dos crisis, la climática y la del COVID-19, no son tan distintas. El calentamiento global y el aumento de los fenómenos climáticos extremos tienen sus raíces en causas socioeconómicas. El COVID-19 es un caso de zoonosis, que es como se conoce al salto directo o indirecto de un patógeno de otro animal a los humanos. La probabilidad de este tipo de fenómenos también aumenta debido a causas socioeconómicas, sobre todo las relacionadas con la deforestación y la pérdida de biodiversidad asociada. Estos cambios en los usos del territorio y la comercialización de animales salvajes explicarían la proliferación de este tipo de epidemias. Han existido muchos casos anteriores de zoonosis, como el VIH-sida, el Nipah, el SARS, el MERS, el ébola o el Zika. Como ilustra el libro, muchos trabajos científicos advertían que se habían creado las condiciones que hacen mucho más probable este tipo de epidemias. En este contexto, el autor señala como especialmente relevante la deforestación de zonas tropicales:

En el nuevo milenio, lo que devora las selvas tropicales es la obtención de productos básicos, que daña la diversidad en todos los frentes. Apenas cuatro productos —la carne de res, la soja, el aceite de palma y los productos derivados de la madera— fueron responsables de la drástica y fulgurante deforestación tropical entre 2000 y 2011, repartida entre siete países del Sudeste Asiático y Latinoamérica (pp. 63-64).

Según una expresión común en la ecología política, los efectos de estas actividades orientadas sobre todo a las exportaciones se caracterizan como casos de «intercambio ecológicamente desigual y patológico» (p. 69).

Visto desde esta perspectiva, lo que pasa con la proliferación de zoonosis no sería tan diferente de lo que ocurre con la crisis climática, ya que no hay acciones efectivas para combatir sus causas socioeconómicas. Es más, en el caso de la deforestación como precursora de zoonosis, la conciencia pública es mucho menor que la actual sobre el cambio climático y no existe ningún organismo internacional comparable al Panel Intergubernamental del Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés) que informe del problema. Utilizando el lenguaje habitual sobre las políticas de cambio climático (que el autor no emplea), podríamos decir que falta una política de mitigación de los factores que favorecen las zoonosis, y lo único que hay son políticas de adaptación. Algunas de estas políticas (los confinamientos) son las mismas usadas desde hace siglos en Europa;[2] otras son muy nuevas, y de gran impacto, como la obtención y difusión de las vacunas. Este es, sin duda, un éxito de la investigación científica, pero, de momento, y escandalosamente, se están acumulando en los países ricos mientras apenas llegan a los pobres.

El autor se considera a sí mismo dentro de la tradición del marxismo ecológico (e incluso se define, quizás buscando la provocación, como «leninista ecológico») y utiliza el marco teórico de James O’Connor, economista fallecido hace pocos años y creador de la importante revista Capitalism Nature Socialism. O’Connor (1991) teorizó sobre la segunda contradicción del capitalismo, según la cual este tendería a destruir sus propias «condiciones de producción», ya que la degradación ambiental conllevaría un aumento de costes y una situación de crisis. Sin embargo, Malm destaca que O’Connor no profundizó en cómo el deterioro de las condiciones de producción afectaba a los costes de producción, un punto que quedó abierto. La explicación que encontramos en el libro es la siguiente:

El mecanismo que convirtió la COVID-19 en una crisis capitalista —y que jamás se ha activado para el cambio climático— fue la intervención del Estado capitalista en un momento de autonomía relativa: los Estados ordenaron el confinamiento. Los Estados velaron por que se detuvieran la producción y el consumo «no esencial». Así, pues, parece que el Estado puso en marcha la segunda contradicción al proteger unas condiciones de fondo en riesgo; en este caso, la integridad física de productores y consumidores (pp.164-165, cursivas en el original).

Y añade que lo que O’Connor no había previsto es que la segunda contradicción podía también poner en marcha la primera al colapsar la demanda.

En definitiva, un libro escrito al calor del inicio de la pandemia, pero aun así muy recomendable.

 

Referencias

Defoe, D., 1983 (1772). Diario del año de la peste. Barcelona, Bruguera.

O’Connor, J., 1991. «Las condiciones de producción. Por un marxismo ecológico». Ecología Política, 1, pp. 113-130.

*Universidad de Barcelona. E-mail: jordiroca@ub.edu.

[1]. Véase: https://ourworldindata.org, consultado el 8 de noviembre de 2011.

[2]. Véase la descripción de la peste bubónica de Londres en 1665 en Daniel Defoe, Diario del año de la peste.

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