Felipe Milanez,* Simone Alves da Cruz,** Daniela Lima*** y Damoran Muzunguê (Djey Teixeira)****

 

Resumen: «Mujeres de las aguas» es la forma en que se autoidentifican las marisqueras de la Bahía de Todos los Santos (Brasil), mujeres pertenecientes a comunidades pesqueras y quilombolas que organizan su vida según los ritmos de las mareas y mantienen una relación de reciprocidad con los manglares. Desde hace décadas denuncian la contaminación del complejo agua-cuerpo-territorio causada por la industria petroquímica. A partir de la trayectoria de la lideresa Eliete Paraguassu, este artículo analiza la lucha contra el racismo ambiental y los llamados «asesinos invisibles»: sustancias tóxicas que convierten la región en una zona de sacrificio. El texto propone una lectura desde los hidrofeminismos latinoamericanos y el concepto de cuerpo-territorio para comprender la defensa del manglar como una lucha por la justicia hídrica y por la permanencia en el territorio.

Palabras clave: quilombo, racismo ambiental, contaminación, agua-cuerpo-territorio, justicia ambiental

 

Abstract: «Women of the waters» is how the shellfish gatherers of the Bay of All Saints (Brazil) identify themselves. These women belong to fishing and Quilombola communities that organize their lives according to the rhythms of the tides and maintain a reciprocal relationship with the mangroves. For decades, they have denounced the contamination of the water-body-territory complex caused by the petrochemical industry. Drawing on the trajectory of the leader Eliete Paraguassu, this article analyzes the struggle against environmental racism and the so-called «invisible killers»: toxic substances that have turned the region into a sacrifice zone. The text proposes a reading from Latin American hydrofeminisms and the concept of body-territory in order to understand the defense of the mangrove as a struggle for water justice and for permanence in the territory.

Keywords: quilombo, environmental racism, pollution, water-body-territory, environmental justice

 

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Introducción: luchar con la marea por el cuerpo-agua

En este artículo proponemos documentar la lucha ambiental protagonizada por mujeres pescadoras y marisqueras de comunidades quilombolas de Ilha de Maré, situada en la Bahía de Todos los Santos, en la ciudad de Salvador (Bahía, Brasil), y reflexionar sobre ella. El texto se basa en una serie de entrevistas a la lideresa quilombola Eliete Paraguassu realizadas en el marco de un trabajo colectivo del Grupo de Ecologías Políticas de la Universidad Federal de Bahía para la elaboración del documento «Memorial mujer de las aguas», presentado para el reconocimiento del «notorio saber» aprobado en diciembre 2025 por el Posgrado en Cultura y Sociedad, de la UFBA.

A través de su narrativa autobiográfica, analizamos su pensamiento y su trayectoria como una pedagogía contracolonial que se construye en diálogo con las aguas, el manglar, la ancestralidad y las luchas territoriales. La experiencia de las marisqueras revela una defensa de la vida frente a la contaminación química producida por las industrias petroquímicas instaladas en la bahía.

La defensa de la Bahía de Todos los Santos se presenta como la protección de un paisaje natural, pero no bajo la forma de un «culto a la vida silvestre» (Martínez-Alier, 2004), sino como una lucha del ecologismo popular contra la contaminación, la destrucción de los manglares y el racismo ambiental. Desde las voces de Eliete Paraguassu y de las marisqueras emerge una disputa por el control de los territorios y de los flujos hídricos frente a la expansión del capital extractivista.

Esta perspectiva dialoga con debates de la ecología política latinoamericana sobre las relaciones entre cuerpo, territorio y agua. Partiendo del concepto de cuerpo-territorio desarrollado por los feminismos comunitarios de Abya Yala, Sofía Zaragocín (2024) propone ampliarlo hacia los espacios acuáticos a través de la noción de agua-cuerpo-territorio. Desde esta mirada, ríos, mares y manglares no son únicamente ecosistemas, sino territorios atravesados por relaciones de poder y conflictos por la reproducción de la vida.

Como plantea Lorena Cabnal (2010), el cuerpo es el primer territorio de defensa. Las agresiones contra la naturaleza y contra los cuerpos de las mujeres forman parte de un mismo sistema de dominación que articula racismo, colonialismo, patriarcado y capitalismo. En este sentido, la lucha de las marisqueras puede comprenderse también como una resistencia frente a procesos de feminicidio territorial, entendidos como formas de violencia que destruyen simultáneamente los territorios y las condiciones de vida de las mujeres que los habitan.

La experiencia de Eliete Paraguassu permite comprender estas formulaciones de manera concreta. En la Bahía de Todos los Santos, la contaminación de las aguas por metales pesados provenientes de la industria petroquímica no afecta únicamente al ecosistema, sino que se materializa directamente en los cuerpos de las mujeres y de los niños de la comunidad. Cuando Eliete afirma que su «cuerpo es agua», expresa una concepción del mundo en la que el territorio, el cuerpo y las aguas forman parte de una misma trama de vida.

 

El territorio como zona de sacrificio y la guerra silenciosa en el agua

La raza constituye una categoría fundamental para comprender este caso de injusticia ambiental. Ilha de Maré es uno de los territorios más negros de Salvador, con cerca del 93 por ciento de población afrodescendiente y uno de los índices de desarrollo humano más bajos de la ciudad. Esta geografía de la precariedad no es accidental, sino el resultado de procesos históricos de racismo ambiental.

Desde la década de 1950, la expansión de la industria petroquímica ha rodeado los manglares con refinerías, terminales portuarias y ductos de petróleo. Eliete describe este proceso como una guerra silenciosa. A diferencia de los conflictos armados visibles, esta guerra se manifiesta a través de la contaminación química.

En 2009, estudios científicos identificaron la presencia de metales pesados —plomo, cadmio y mercurio— en la sangre de niños y niñas de la comunidad. Estos resultados evidenciaron una situación de necropolítica ambiental (Zagatto y Sousa, 2020), en la que determinadas poblaciones son expuestas sistemáticamente a condiciones de enfermedad y muerte.

Definir la justicia hídrica para Ilha de Maré implica reconocer que el derecho al agua es también el derecho a permanecer en el territorio. Significa interrumpir el ciclo mediante el cual las aguas de la bahía funcionan como desagüe del desarrollo industrial mientras las fuentes comunitarias son contaminadas o privatizadas.

A diferencia de los contextos urbanos, la justicia hídrica para el pueblo de las aguas incluye el derecho a pescar y recolectar mariscos en aguas saludables. En este sentido, la lucha por la justicia hídrica se articula con los movimientos sociales quilombolas y con la recuperación de las memorias de resistencia afrobrasileñas.

La historiadora Beatriz Nascimento (Ratts y Nascimento, 2021) definió el quilombo de Palmares como una referencia histórica para la lucha antirracista en Brasil. Para ella, el mar, la travesía atlántica y el quilombo constituyen elementos fundamentales para comprender las formas de resistencia de las poblaciones afrodescendientes y el protagonismo de las mujeres negras en la defensa del territorio.

Los habitantes de Palmares tenían como principal referencia de libertad la conciencia de sus derechos y la comprensión de que sus cuerpos no debían someterse a la explotación de los colonizadores. Este sería el punto de referencia fundacional para los descendientes de africanos en el Brasil contemporáneo: una historia que se resume en resistencia, lucha y coraje. Nascimento consideraba el mar, la travesía atlántica, el banzo[1] y el quilombo como pilares fundamentales para comprender lo que podría ser una sociedad libre, destacando el papel de la mujer negra como referencia central en el territorio, alimentada por la ancestralidad a través del Orí[2]: «El mar como comienzo. Un espacio de identidad y memoria para la mujer atlántica».

En las memorias de Beatriz Nascimento, cada uno de estos elementos —el mar, la travesía, el banzo y el quilombo— permite pensar la proyección del papel de la mujer negra como liderazgo en la primera línea de defensa del territorio y de sus relaciones con el mundo del trabajo en la actualidad. El silenciamiento de las narrativas de resistencia de las mujeres negras quilombolas en Brasil revela una distorsión de la historia, producida por la negligencia y la omisión del Estado brasileño en la garantía de políticas de promoción de la igualdad. Este proceso contrasta con una larga trayectoria de lucha y resistencia de las mujeres negras, cuya presencia en la historiografía suele quedar restringida al contexto de la esclavitud y a la explotación de sus cuerpos.

 

Luchar contra los asesinos invisibles

En Ilha de Maré, pescadoras y marisqueras llevan décadas denunciando los impactos de los contaminantes industriales sobre la salud de la población local. Estas denuncias se fortalecieron cuando investigaciones científicas comenzaron a evidenciar la gravedad de la situación. Eliete Paraguassu relata que el descubrimiento de que su propia hija estaba contaminada por metales pesados marcó un punto de inflexión en su trayectoria de lucha: «El lugar donde vivo tiene veintiún pozos de petróleo. Vivimos en Ilha de Maré, en una guerra silenciosa. En una guerra se ven disparos y sangre; aquí la guerra ocurre en silencio, porque la contaminación química es una guerra silenciosa» (Paraguassu, 2000).

Las investigaciones realizadas en 2009 por un equipo de la Universidad Federal de Bahía en la región revelaron la presencia de cadmio, plomo y mercurio en la sangre de niños de entre cuatro y seis años. Estas investigaciones fueron conducidas por la metodología del diálogo de saberes sobre los problemas de la contaminación ambiental (Carvalho, 2014). Durante muchos años, las enfermedades y dificultades de aprendizaje que afectaban a los niños fueron tratadas como situaciones aisladas o incluso eran motivo de burla.

La toma de conciencia sobre la gravedad de esta contaminación fue un proceso complejo. Durante décadas, enfatiza Eliete, la presencia de Petrobras fue percibida por algunas familias como sinónimo de progreso y empleo. Sin embargo, con el paso del tiempo muchas personas comenzaron a percibir los efectos negativos de esta actividad. Como afirma Eliete: «Dicen que el petróleo trae desarrollo. Yo digo que aquí ha traído miseria y hambre».

 

En defensa de la vida

Las luchas protagonizadas por las marisqueras se inscriben en un conjunto más amplio de feminismos territoriales en América Latina. Estos movimientos sitúan en el centro la defensa de la vida, del cuerpo-territorio y de la naturaleza frente a las dinámicas del extractivismo. En palabras de Eliete: «Todo el cuidado del territorio parte de la actuación de las mujeres. Somos nosotras quienes organizamos el territorio, quienes pensamos en la salud colectiva y quienes defendemos los manglares y las aguas».[3]

La relación con el agua constituye un elemento central en el pensamiento de Eliete Paraguassu. En una de sus intervenciones públicas afirma: «Todo lo que rodea mi vida tiene que ver con las aguas. Vivo en una isla, pesco en las aguas y me alimento de su fuerza para sobrevivir a todas las formas de racismo que se imponen sobre nuestro pueblo» (Paraguassu, 2021).

Estas palabras expresan una concepción del mundo en la que el agua no es simplemente un recurso natural, sino una dimensión fundamental de la vida social, espiritual y política de la comunidad.

La lucha de las mujeres de las aguas muestra que la defensa de los manglares, de la salud comunitaria y de la justicia hídrica es también una defensa del futuro. En un contexto de crisis ecológica global, las experiencias de resistencia de territorios como Ilha de Maré nos invitan a repensar las relaciones entre sociedad, naturaleza y justicia.

 

Conclusiones: aquilombar y buscar el encuentro de los pueblos

La lucha de las mujeres de las aguas no acontece de forma aislada. Se teje en red, en alianza, en lo que los pueblos afroindígenas nombran como aquilombar la vida. Frente a la expansión del extractivismo petrolero y la transformación de los manglares en zonas de sacrificio, las marisqueras comprenden que la defensa del agua no es una simple reivindicación sectorial, sino una lucha civilizatoria que convoca a todas las comunidades situadas en los bordes del modelo hegemónico de desarrollo.

La noción de complejo agua-cuerpo-territorio, central en las denuncias de Ilha de Maré, encuentra resonancia en otras experiencias contracoloniales de Abya Yala que comprenden el territorio no como recurso, sino como cuerpo vivo. El veneno vertido en los ríos alcanza también los cuerpos racializados y feminizados que históricamente han sido convertidos en zonas de sacrificio por el racismo ambiental.

Las marisqueras enseñan que la sobrevivencia no es un hecho biológico aislado, sino una práctica colectiva sostenida por relaciones de reciprocidad. Así como los manglares dependen del encuentro entre agua dulce y salada, la resistencia depende del encuentro entre pueblos.

 

Referencias

Cabnal, L., 2010. «Acercamiento a la construcción de la propuesta de pensamiento epistémico de las mujeres indígenas feministas comunitarias de Abya Yala». En: Feminismos diversos. El feminismo comunitario. Las Segovias, ACSUR, pp. 10-25.

Carvalho, I. G. S., R. C. F. Rêgo, C. Larrea-Killinge, et al., 2014. «Por um diálogo de saberes entre pescadores artesanais e marisqueiras sobre o direito a um meio ambiente de trabalho saudável». Ciência & Saúde Coletiva, 19 (10), pp. 4035-4048. Disponible en: https://doi.org/10.1590/1413-812320141910.09432014, consultado el 26 de mayo de 2026.

Martínez-Alier, J. El ecologismo de los pobres. Conflictos ambientales y lenguaje de valoración. Barcelona, Icaria.

Paraguassu, E., 2000. «Racismo ambiental por Eliete Paraguassu, marisqueira e quilombola da Ilha de Maré, Salvador, Bahia». YouTube. Disponible en: https://www.youtube.com/watch?v=EFqY8a4l5qc, consultado el 26 de mayo de 2026.

Paraguassu, E., 2021. «A vida nos quilombos». YouTube. Disponible en: https://www.youtube.com/watch?v=sSYB0rFhuiA, consultado el 26 de mayo de 2026.

Ratts, A., y B. Nascimento, 2021. Eu sou Atlântica. Sobre a trajetória de vida de Beatriz Nascimento. São Paulo, Imprensa Oficial.

Zagatto, B. P., y L. E. V. Souza, 2020. «A necropolítica ambiental nos quilombos de Ilha de Maré». Amazônica, Revista de Antropologia, 12 (1), pp. 253-276.

Zaragocín, S., 2024. «Agua-cuerpo-territorio/Water-body-territory». Political Geography, 115, 103230.

 

*Grupo de Ecologías Políticas, Universidad Federal de Bahía. E-mail: felipemilanez@ufba.br.

**Grupo de Ecologías Políticas, Universidad Federal de Bahía. E-mail: monisaa.alves@gmail.com.

*** Grupo de Ecologías Políticas, Universidad Federal de Bahía. E-mail: danieladlima14@gmail.com.

**** Grupo de Ecologías Políticas, Universidad Federal de Bahía. E-mail: djeyteixeira@ufba.br.

[1] Para Beatriz Nascimento, el banzo puede entenderse como el dolor, la nostalgia y la melancolía experimentados por los pueblos negros arrancados de sus territorios y culturas; una expresión de la experiencia de la diáspora, del exilio forzado, de la violencia colonial y de la pérdida.

[2] «Orí», palabra yoruba que significa «cabeza» o «conciencia», y que en el Candomblé de Bahía puede entenderse como el destino, la esencia y la individualidad de una persona. Para Beatriz Nascimento, Ori representaba la posibilidad de recomponer la memoria; simbolizaba la construcción de la conciencia negra, la autoafirmación y la recuperación de la identidad y la subjetividad del pueblo negro, cuya humanidad fue históricamente negada. En este sentido, Ori aparece como una forma de renacimiento, una reconexión con la ancestralidad y una afirmación de la existencia frente a las violencias de la diáspora y del colonialismo

[3] Entrevista para el grupo de Ecología Política de la Universidad Federal de Bahía (2025).

 

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