doi.org/10.53368/EP69AYCdL01
Nuquí y el ritual sonoro de la vida**
Ana María Lozano*
Palabras clave: alumbramientos, comunidad, ballenas jorobadas, escucha subacuática
Keywords: delivery, community, humpback whales, underwater listening
Este artículo se ocupa del proyecto «Auscultar un territorio de alumbramientos» del artista sonoro y experto en escucha Leonel Vásquez. El proyecto fue llevado a cabo en Nuquí, municipio del Pacífico colombiano, marcado por conflictos ambientales y económicos.
Ante las costas de Nuquí pasan las ballenas jorobadas que, en su peregrinación desde la Antártida, viajan para aparearse y dar a luz. Mientras, en las costas, las mujeres se apoyan en parteras para alumbrar.
Desarrollando talleres sonoros y de escucha subacuática, Leonel Vásquez invita a la comunidad a escuchar y a reconocer el territorio que acompaña su vecindario hídrico. Así, asocia esta comunidad de nacimientos y de vidas, de cantos y de nados, articulando mamíferos humanos y cetáceos. Su preocupación es por la convivencia de ambos, amenazados por las ansias capitalistas, por la crisis ambiental, por el trato del territorio como recurso.
Leonel Vásquez es un artista y activista sonoro que por muchos años ha recorrido territorios colombianos, escuchando y registrando diversos cuerpos de agua. Uno de sus intereses ha sido comprender la profunda interconectividad entre las aguas de montañas, valles, ríos y océanos. Asimismo, se ha interesado por conocer de primera mano regiones con ecosistemas únicos, muchas veces olvidadas por la nación, pero objeto de la codicia y los intereses extractivistas de entes nacionales e internacionales.
Así se fue interesando por conocer la costa pacífica colombiana. En primeras aproximaciones, estuvo junto con su esposa Esmeralda en Bahía Málaga colaborando con colectivos de cantadoras; participando en una estrategia en la que el arte aporta a la generación de conocimiento, sensibilidad y afectos, y creando eventos, especialmente de escucha subacuática. Durante sus estancias en la región, sintió la necesidad de conocer, más al norte, el golfo de Tribugá, considerado uno de los lugares más prístinos del planeta y objeto de polémicos proyectos para la construcción de un puerto de aguas profundas.
Por entonces, Leonel tuvo la oportunidad de viajar a Europa y realizar actividades de escucha subacuática en el Mediterráneo. En una de estas ocasiones, percibió por primera vez el canto de una ballena. Este acontecimiento lo atravesó. Entendió con claridad que en este mundo, que es también el de la agencia sónica y de las potencias de la escucha, escuchar el canto de una ballena es un llamado al encuentro de similitudes y de sensibilidades comunes. Escuchar el canto implica que un humano puede escuchar lo mismo que otra ballena y estar expuesto a esa sonoridad. Es importante entender la palabra sonoridad como una forma de afección traducida en sonido, una afección, en este caso, de carácter cosmopolítico.
Después de ese acontecimiento, ya en el año 2019, Leonel pudo realizar una residencia en Nuquí, municipio de población mayoritariamente afrocolombiana, ubicado en el golfo de Tribugá. Enfrente, el maritorio recibe cada año miles de ballenas yubartas en su camino desde la Antártida, para aparearse y dar a luz. En este lugar único realizó Leonel un taller de escucha atenta y subacuática abierto a la comunidad. Participaron personas muy diversas y de distintas edades. Entre ellas, un grupo de parteras, personas dedicadas al buceo turístico, al ecoturismo, a la biología, activistas y líderes de la comunidad. En el marco del taller se llevó a cabo un trabajo de mapeo sonoro, en el que se exploraron los sonidos de los riscales, del golfo de Tribugá, del mangle, del mar. Igualmente se escucharon y registraron los cantos de las parteras, las historias, las anécdotas.
Imagen 1: Laboratorio de exploración de la escucha subacuática. Autor: Leonel Vásquez, 2019.

Los participantes del taller se entregaron al ritual sonoro de la vida, participando de baños sonoros subacuáticos. Se sumergieron en los cantos de las ballenas, flotando y escuchando mientras las lanchas pasaban cerca. En ese vaivén del mar, prestaban atención a lo que sonaba alrededor. Estos sonidos ayudaron a conectar la noción del cuerpo humano como un cuerpo de agua, un fluido entre el mundo interior y el exterior.
Al cierre de la residencia, se construyó una pieza sonora que incluía cantos de ballenas, de parteras, sonidos de los manglares y otros. Luego se organizó una presentación en el parque principal, donde se colocó una canoa de madera tallada realizada por un carpintero de ribera y Leonel. La canoa estaba llena de agua dulce, a la que se agregó la decocción de plantas medicinales. Se emplearon hidroparlantes para amplificar los sonidos: los cantos de las ballenas, las melodías de las parteras, los ecos del mangle, los rumores del mar y los riscales, fusionando los sonidos de la naturaleza y de las prácticas locales. Y todo eso fue articulado por una práctica ancestral: el baño serenado.[1]
Imagen 2: Sumergir la escucha. Autor: Leonel Vásquez, 2019.

Este acto, cargado de múltiples significados y que conecta lo físico, lo cultural y lo natural, se convirtió en una de las piezas centrales del proyecto. Fue una forma de entender las interacciones entre los cuerpos, el agua, los sonidos y el cuidado ancestral, todo esto dentro de un ambiente sonoro que permitió estar activamente en el presente.
Acceder al mundo subacuático no solo hace testigo de lo que ocurre a quien escucha, sino que también invita a reflexionar sobre nuestra responsabilidad como humanos. Obliga a estar conscientes de las señales que requieren acción. Pero también brinda bienestar, ya que esas sonoridades afectan positivamente a quien percibe. La escucha, por otra parte, se convierte en un acto profundo de conexión con la identidad cultural, que tiene implicaciones en cómo las comunidades entienden y gestionan su territorio y sus recursos.
Imagen 3: Sumergir la escucha. Autor: Leonel Vásquez, 2019.

—
* PhD en Arte y Arquitectura de la Universidad Nacional de Colombia. Curadora independiente y profesora de las universidades Javeriana y Nacional, Bogotá, Colombia. E-mail: amlozanoroc@unal.edu.co.
** Este artículo es producto de conversaciones con Leonel Vásquez sostenidas a lo largo de varios años y de dos comunicaciones personales, el 26 de marzo y el 3 de abril de 2025.
[1] Para quitar la fiebre se sumerge a la persona en una canoa llena de agua recogida durante la noche.
—
[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row]





