Testimonio de la épica lucha por el Narmada

Ann Kathrin Schneider*

 

Consideramos que los proyectos de Sardar Sarovar presentan defectos y que, en las actuales circunstancias, es imposible el reasentamiento y reinserción de todos aquellos desplazados por esos proyectos…

Del informe independiente sobre los Proyectos de Sardar Sarovar, realizado por la Comisión Morse y financiado por el Banco Mundial (1992)

El lugar del centro de Delhi elegido para realizar las protestas del Narmada Bachao Andolan (NBA) parecía un escenario. Se veían cámaras y micrófonos por todas partes. Los equipos de televisión y un buen número de elegantes periodistas se movían morosamente por los alrededores, a la espera de que «algo sucediese». Una simple valla callejera y un par de finas cuerdas establecían la línea divisoria entre los medios de comunicación y los manifestantes. Cada día, diversas personalidades como la escritora Arundhati Roy, estrellas de Bollywood y expertos en derechos humanos de NN UU cruzaban la valla y declaraban su solidaridad con los manifestantes.

El NBA protestaba contra la propuesta de aumentar la altura de la presa de Sardar Sarovar. En marzo de este año, la Autoridad de Control del Narmada había concedido el visto bueno para que se reiniciasen los trabajos de construcción de las presas mayores en el valle del Narmada. El aumento de la altura de la presa de 110 a 122 metros sumergirá las tierras de otras 35.000 familias del valle, sumándose a las decenas de miles que ya han padecido por causa de este proyecto faraónico. Esa decisión viola otra, tomada por la Corte Suprema de la India en 2000, que estipulaba que cualquier aumento en la altura de la presa de Sardar Sarovar debía estar precedida de medidas que asegurasen el reasentamiento y la reinserción de los afectados.

Durante más de dos semanas en abril de 2006, las protestas del NBA fueron noticia de primera página en los medios de comunicación indios. Durante esas dos semanas, pareció que los apuros de 35.000 familias que podían ser desalojadas de sus tierras no pasarían inadvertidos para la élite política y el público en general. Parecía que el gobierno no podría mantener su criterio de sacrificar a «un puñado de familias» para lograr «un mayor bienestar para todos».

Los manifestantes, protegidos del intenso sol de Delhi bajo un arco iris de coloridas telas rústicas, parecían exhaustos y alertas al mismo tiempo. No eran un grupo homogé- neo, pero podía percibirse la intensa conexión que había entre ellos. Algunos eran miembros de las familias afectadas, que llegaban en grupo al lugar de las protestas, ataviados con saris rústicos y coloridos y cargando pequeñas bolsas que contenían todo lo necesario para un viaje de varios días desde sus aldeas hasta Delhi. Otros manifestantes, con aspecto de urbanitas de clase media y de izquierdas, vestían con una moderna combinación de prendas occidentales e indias, siempre pendientes de sus teléfonos móviles y constantemente en movimiento. Quien no estaba allí era Medha Patkar, la veterana líder del NBA. Un enorme cartel en medio del sitio de la concentración les recordaba a todos los asistentes la cantidad de días que llevaba ayunando. Había iniciado una huelga de hambre indefinida hacía más de dos semanas y, dos días atrás, la policía la había trasladado por la fuerza al hospital. El gobierno indio no puede permitirse una mártir en esta batalla por el desarrollo.

Tan sólo considerando la actual altura de la presa, la reintegración adecuada de los miles de afectados no ha ido más allá de los papeles. El proceso de reasentamiento se ha caracterizado por la corrupción y la intimidación, y las autoridades se valen de todo tipo de artimañas para reducir las cifras de personas afectadas. Los campesinos sin tierra no son contabilizados como afectados, tampoco aquellos que serán desplazados por la construcción de canales previstos en el proyecto; aun muchos de los que sí son reconocidos como afectados se ven privados de su derecho legal a obtener otras tierras como compensación y están siendo intimidados para que acepten dinero en efectivo, una limosna, por supuesto.

La construcción de la presa de Sardar Sarovar comenzó en 1988. En esa época, una joven científica social llamada Medha Patkar recorría las aldeas que quedarían sumergidas e interrogaba a los pobladores sobre sus expectativas. Casi veinte años después, las grandes contiendas por las presas y, de modo más general, por ciertos modelos de desarrollo continúan girando en torno a la cuestión del desplazamiento y del reasentamiento.

En general, el actual debate en India se centra en si las personas afectadas están siendo adecuadamente reasentadas y compensadas. Es un debate superfluo, como demuestran los hechos: las comisiones ministeriales coinciden con el NBA en que el reasentamiento y la reintegración son inadecuados. Aun así, el gobierno designa una comisión tras otra, convoca un encuentro tras otro, con la única finalidad de ganar tiempo mientras la construcción continúa. La presa alcanzará los 122 metros de altura antes de la próxima reunión decisiva, en la que el gobierno podría decidir suspender las actividades de construcción. Medha Patkar lo define como un «fait accompli».

La lucha de Sardar Sarovar es un síntoma claro de la colisión entre dos criterios totalmente diferentes de desarrollo que hoy afectan a India; el choque entre los recursos y la justicia. La premisa de uno de esos modelos es que los pobres pueden tener que sacrificarse para beneficio del bien común. El otro modelo reivindica que los recursos pertenecen a los pobladores de esas tierras y que, por lo tanto, tienen derecho a decidir su propio futuro. Se trata de la pobreza y la representación, de quienes se benefician del desarrollo y quienes pagan por él.

Los defensores del proyecto declaran que las aguas embalsadas beneficiarán a las zonas de Gujarat propicias a la sequía y a los pobres que allí habitan. En realidad, gran parte del agua está siendo conducida hacia las ciudades y beneficiando a la agricultura comercial, las industrias y la producción de cultivos para la exportación que requieren mucho riego, como el trigo y la caña de azúcar. Menos del 15% del agua canalizada de Sardar Sarovar beneficiará a los habitantes pobres de las zonas áridas de Gujarat.

El Banco Mundial advierte que «el éxito económico de India no beneficia a los sectores pobres del país». Los adivasis y los dalits, es decir, los pueblos indígenas y las castas inferiores de India no están saliendo de la pobreza pese a las actuales tasas de crecimiento económico; de hecho, los desplazamientos en nombre del desarrollo cada vez los sumen más en la pobreza. En una entrevista reciente, Arundhati Roy afirmó: «El desplazamiento está convirtiéndose en una cuestión crucial para millones de personas, tanto de las aldeas como de las ciudades. La situación está fuera de control. En cualquier proyecto de desarrollo, sea en el Parque de Tecnologías de la Información de Bangalore, una planta siderúrgica en Kalinganagar o la presa de Pollavaram, la primera acción consiste en arrebatarle a los pobres sus tierras. Esa gente está siendo desplazada a punta de fusil. Ciudades como Delhi y Bombay se están convirtiendo en territorios de excavadoras y policías».

El gran interés despertado por el aumento de altura de la presa puede no resultar ventajoso para los activistas del NBA. Las cámaras y los micrófonos, las personalidades y las noticias de primera página han hecho que el gobierno comprendiese lo mucho que tiene por perder en esta extremadamente simbólica batalla de Sardar Sarovar; los grandes intereses que hay detrás del proyecto están dispuestos a hacer lo que sea para salir airosos. Al mismo tiempo, los movimientos de afectados por estos proyectos están creciendo día a día. El sufrimiento de 35.000 familias no puede seguir siendo ignorado por quienes detentan el poder; los debates en torno a Sardar Sarovar y el consiguiente proceso de toma de decisiones demuestran que cada vez es más difícil justificar el desplazamiento de miles de personas basándose en el interés de la nación.

Medha Patkar, después de suspender su ayuno, declaró que esos treinta días de protestas habían hecho treinta veces más fuerte al NBA. Esa nueva fortaleza les será necesaria cuando regresen al Narmada, para continuar luchando por una mejor reinserción y el adecuado reasentamiento de los cientos de miles de personas que serán desplazadas por las presas proyectadas en el valle

* International Rivers Networks.

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