doi.org/10.53368/EP69AYBr05

Rubén Alfonso Vergara Crespo*

 

Resumen: Los debates y aportaciones descoloniales en el marco de la globalización vienen ampliándose en los últimos años y han pasado de un conocimiento disciplinar a diálogos inter y transdisciplinares. En este escenario se acogen tanto perspectivas pluralistas como formas de pensamiento crítico de carácter situado y de naturaleza relacional. Al revisar esta agenda de investigación en el plano latinoamericano sobresalen las contribuciones sobre pensamiento campesino y diálogo de saberes, las cuales promueven la articulación entre el conocimiento científico y el popular. Una revisión de dicho trabajo plantea una agenda de investigación que responde plenamente a los desafíos de comunidades presentes en el Sur Global.

Palabras clave: ecología política latinoamericana, diálogo de saberes, pensamiento crítico descolonial, América Latina

 

Abstract: Debates and decolonial contributions within the framework of Globalization have been expanding in recent years, moving from disciplinary knowledge to inter- and transdisciplinary dialogues. In this context, both pluralist perspectives and forms of critical thinking that are situated and relational in nature are embraced. When reviewing this research agenda in the Latin American context, notable contributions emerge regarding peasant thought and the dialogue of knowledges, which promote the articulation between scientific and popular knowledge. A review of this work outlines a research agenda that fully addresses the challenges faced by communities in the Global South.

Keywords: Latin American political ecology, dialogue of knowledges, decolonial critical thinking, Latin America

 

Introducción

En el contexto de la crisis global actual —con la destrucción de hábitats y ecosistemas, la contaminación atmosférica e hídrica, la degradación y el deterioro paulatino de bosques y selvas, sumados al incumplimiento de los compromisos adquiridos en las conferencias internaciones sobre diversidad biológica, desarrollo sostenible y cambio climático—, se viene discutiendo la necesidad de repensar o de revertir el actual modelo de desarrollo, dependiente de recursos naturales (Arellano-Yanguas y Bernal-Gómez, 2024) y basado en procesos de acumulación neoextractivistas (Svampa, 2019). También de adoptar otros enfoques, con participación real de las comunidades, justicia y responsabilidad ambiental, para responder a estos desafíos globales de manera colaborativa.

Según el «Informe de riesgos ambientales» del Foro Económico Mundial (2025), las principales amenazas para la sociedad internacional actual son la dinamización e intensificación de conflictos sociales, ambientales y geopolíticos. Entre estos, sobresalen los conflictos armados de naturaleza estatal (guerras), la inequidad, la desinformación y el deterioro de los derechos y libertades civiles, como situaciones que restan calidad de vida y oportunidades a poblaciones históricamente excluidas.

Surgen así desde el Sur Global formas de pensamiento crítico de carácter colaborativo que se erigen como alter-nativas a este modelo de desarrollo extractivista, las cuales se sustentan principalmente en un abordaje descolonial con las siguientes características:[1] a) combatir las formas históricas coloniales de acumulación y exclusión en términos multidimensionales (Dussel, 2015; Quijano, 2000); b) entender la importancia de formas de pensamiento propio en términos emancipatorios (Santos, 2009; Mignolo, 2000) ; c) redimensionar la forma en que se relacionan los seres humanos con la naturaleza (Cadena, 2018), y d) reivindicar el pensamiento local o situado, entendido relacionalmente. Se incluyen en este caso formas de existencia múltiples o diseños que perviven a nivel territorial (Escobar, 2016).

El punto de partida para la producción de conocimiento desde una perspectiva descolonial es la matriz del pensamiento moderno colonial (MMC), que, con una mirada universal, reconoce la importancia de la otredad como instrumento histórico de dominación (Quijano, 2000). Pero esta mirada crítica, que involucra la categoría «Sur Global» en términos epistemológicos (Santos, 2009), cuestiona las estructuras de poder, de saber y de ser, y la creación de jerarquías entre razas, conocimiento(s), culturas y géneros. Ello genera un proceso de exclusión y marginalización social, cultural y política que toma diversas formas, las cuales se mantienen en el presente. Es el caso, por ejemplo, de las comunidades raizales, rom, afros, de mujeres o LGTBIQ+, que desde la interseccionalidad cuestionan las miradas universalistas de la realidad como realidades concretas (Viveros, 2016). Estas aportaciones acogen a los pueblos originarios de la región andina en su versión relacional, con sus principios ancestrales del buen vivir (Vergara y Nova, 2020), y para ello se han incorporado cambios constitucionales en América Latina desde mediados de 1980.

El pensamiento descolonial, de importancia creciente en las últimas décadas, acoge miradas pluralistas, inter y transdisciplinares, de carácter dialógico y relacional, que vinculan la importancia de comunidades y territorios, y generan respuestas distintas de los modelos de sostenibilidad planteados por los centros de decisión mundial. Propuestas como la necesidad de reivindicar a los pueblos originarios y campesinos en su relación con la naturaleza, de eliminar los patrones de acumulación coloniales que permean las relaciones sociales, económicas y políticas, de promover la construcción y dinamización de la relación de las comunidades con la sociedad para repensar de manera distinta los conflictos generados por la globalización en el presente.

Sobresale una propuesta histórico-empírica que ha servido de ejemplo para entender estos conflictos socioeconómicos y ambientales a escala global. Conocida como pensamiento campesino y diálogo de saberes, esta iniciativa se enmarca en la denominada investigación-acción participativa (IAP) promovida por el sociólogo colombiano Orlando Fals Borda, y analiza formas históricas y convergentes de pensamiento y de acción que han contribuido desde el estructuralismo marxista al análisis y resolución de conflictos socioeconómicos y culturales. Por ejemplo, aquellos relacionados con la tenencia de la tierra, la región, la autonomía y la utopía. De este modo se vinculan iniciativas populares y comunitarias con formas de movilización y de acción colectivas de carácter disruptivo.

 

Pensamiento propio. Origen

Es la década de 1950 el período en el que se inició una lectura transformadora acerca de las posibilidades de la política y de la cuestión agraria y se revisaron las formas institucionales de la tenencia de la tierra —resguardos, haciendas, parcelas, latifundios— en Colombia y en toda América Latina. A partir de allí, Fals Borda reconoció primero la diversidad cultural de la población andina y luego de la caribeña, y reivindicó la importancia de la producción de pensamiento propio entendido en términos locales, ancestrales y campesinos.

Este trabajo empírico histórico —que toma como eje, primero, el municipio de Saucio en Chocontá Cundinamarca, y luego, en el valle del Sinú, San Jorge y Mompox, en el Caribe colombiano— permitió analizar durante más de treinta años oportunidades de cooperación y relacionamiento entre comunidades (vecindarios), así como implementar procesos emancipatorios vía reforma agraria. Fals Borda plantea las metáforas históricas de culturas anfibias, del hombre caimán y del hombre hicotea (‘tortuga’) para analizar de manera sistemática, en primer lugar, cómo los cuerpos o sistemas hídricos que conviven con las comunidades palanqueras y afrodescendientes de la costa norte de Colombia promueven sistemas complejos de relaciones que buscan fortalecer este recurso natural en el tiempo (Fals Borda, 1979).[2] En segundo término, al hombre caimán se erige como una crítica a la relación objeto-sujeto en el proceso de investigación, esto es, la falta de compromiso del investigador en los procesos de cambio y transformación social que analiza en su cotidianidad. En tercer lugar, el hombre hicotea sugiere la labor constante y sistemática que el investigador debe realizar, vinculándose de manera activa a las comunidades a partir de una relación armónica entre teoría y práctica.

Orlando Fals Borda, por tanto, como pionero del trabajo militante, con y para las comunidades, contribuye desde el Sur Global a un análisis estructuralista acerca del papel de la tierra en comunidades y regiones, diseñando una teoría y una metodología que permiten repensar en términos emancipatorios las formas de vida de pueblos y vecindarios y su accionar en favor de la transformación, la justicia social y la autonomía. Como resultado, se observa la importancia histórica de las poblaciones campesinas a través de un pensamiento crítico denominado pensamiento campesino, que, a partir de su convivencia y el relacionamiento directos con el investigador, en un abordaje etnográfico denominado diálogo de saberes, analiza la producción de conocimientos —en plural— para entender la realidad de esas comunidades desde su propia experiencia de vida.

Este abordaje tiene plena vigencia en las discusiones propias de la sociología, la ecología política y los estudios del desarrollo. Articula, por ejemplo, las aportaciones de Paulo Freire sobre educación rural y saberes diversos, y las de Enrique Leff (Leff, 2014) sobre una ética de la otredad, en la que la diversidad y la diferencia involucran la idea de vivir bien desde cosmovisiones, prácticas, saberes y formas de vida autónomos.

 

Pensamiento campesino. Conocimiento popular

Con la idea de promover el estudio empírico de la realidad acerca de los campesinos del altiplano cundiboyacense en las décadas de 1950 (Fals Borda, 2010a), y luego en la costa caribe colombiana (Fals Borda, 1979), este sociólogo analiza el sentido de las transformaciones de esa realidad desde un conocimiento denominado popular, el cual, en términos amplios, ofrece posibilidades de análisis articulando la investigación social militante con el conocimiento científico. Para ello plantea la necesidad de estudiar las luchas por la tierra y la subversión del orden social de campesinos e indígenas en Colombia, lo cual incidirá posteriormente en América Latina. De acuerdo con esto, Fals Borda expresa: «La cultura popular como respuesta a condiciones ecológicas y humanas del trópico guarda cierta tendencia de creación autónoma que parte de los tiempos precolombinos y que hoy constituye una reserva cultural y técnica de primer orden» (Fals Borda, 2010b).

Para realizar dicha acción promueve el concepto sentipensante, una categoría utilizada por pescadores caribeños, quienes en su cotidianidad conectan la razón con la emoción involucrando las tradiciones culturales e históricas del lugar que habitan. Dicha postura se distancia de las miradas dicotómicas propias de la modernidad occidental, para entender que la realidad presente en esos lugares dista mucho de las vivencias producidas en esta región. Se plantea con ello la necesidad de conocer y actuar en sus propias realidades, aquellas que entienden al ser humano en comunidad, y de analizar las relaciones sociales, culturales y de producción en términos históricos.

Su interés en dichas comunidades plantea un abordaje vivencial que pasa por la investigación in situ, acogiendo múltiples técnicas de investigación.[3] Analiza el cambio en los procesos de acumulación de la tierra visualizando dinámicas de dominación que se mantienen actualmente. De acuerdo con esto, investiga el trabajo indígena y luego el campesino, la vida de las comunidades chibchas en resguardos indígenas, los procesos de apropiación y usurpación de su tierra por instituciones tales como resguardos, haciendas y latifundios. Después observa la segmentación progresiva de la unidad territorial en parcelas y vecindades —estas última son una categoría importante utilizada por el autor—. En este último caso, el vecindario, entendido como asentamiento disperso y propiedad delimitada, es explicado puntualmente a través de una mirada colonial (Fals Borda, 2010a). Por esto son las tradiciones monárquicas, y luego, las republicanas las que mantienen la subordinación de campesinos e indígenas en pequeñas unidades agrícolas —minifundios—, en favor de los grandes terratenientes —principalmente con legado colonial—, quienes mantienen el usufructo de mano de la obra en detrimento de la población raizal o criolla.

Para entender el pensamiento campesino, Fals Borda busca comprender la cosmovisión de los saucitas (campesinos de los Andes). Los identifica como personas pasivas —ethos—, dada su herencia de opresión histórica por parte de las instituciones monárquicas. Más tarde estudia las distintas formas en que los campesinos luchan por la emancipación y el cambio social. En dicha travesía plantea los modos de subvertir el orden colonial heredado buscando como premisa identificar la finalidad del cambio social en un sentido disruptivo o insurgente (Fals Borda, 1967).

En este período —finales de la década de 1960 e inicios de 1970—, los problemas sobre la dependencia, la autonomía, el papel de la investigación militante en términos marxistas y la tenencia de la tierra son el centro de la discusión. Allí surgen debates interdisciplinares sobre el desarrollo, sobre las formas de colonialismo (Fals Borda, 2010b) y, sobre todo, la necesidad de abordar el análisis de los problemas latinoamericanos en sus propios términos. Ello sugiere al investigador la obligación de conocer la realidad para transformarla, en lo que Borda denomina sociología de la liberación. En este punto, debe haber un compromiso ideológico por la acción que vincule el proceso científico —empírico e histórico— con el trabajo militante realizado a nivel territorial. Esto sugiere que las aportaciones de Fals Borda se adelantan a las de Aníbal Quijano respecto a la identificación de formas de colonialidad y de problemáticas asociadas a los conflictos por la tenencia de la tierra, al promover en la praxis y su relación con lo teórico lo que será su propuesta de investigación-acción participativa, desarrollada posteriormente.

La relación entre el pensamiento campesino —eje de su investigación en ese período— y la cultura popular pasa por comprender que se deben articular y reconocer los conocimientos olvidados de los pueblos campesinos, indígenas y mestizos o criollos que habitan estos lugares, para promover respuestas científicas —de carácter empírico— a las necesidades de esta región. Es ciencia popular (Fals Borda, 2010b) lo que realiza el investigador militante, con el marxismo como método de análisis de una realidad social conflictiva. Este tipo de investigación plantea nuevas dinámicas e interpretaciones, resultantes de la inserción del investigador en la lucha social de los movimientos campesinos. Así, el saber popular como ciencia propia sugiere investigar las clases sociales y el conflicto social para transformar la realidad social de manera interdisciplinar.

 

Diálogo de saberes. Entre el conocimiento campesino popular y el conocimiento científico

A partir de 1970, Fals Borda se adentra de lleno en el análisis de la acción colectiva como proceso emancipatorio, en las dinámicas culturales, socioeconómicas y políticas presentes en la costa del Caribe colombiano. Ello marca un cuestionamiento respecto al objetivo y los fines de la producción de conocimiento. La historia cumple un papel prioritario al comprender la importancia de dar voz a los protagonistas principales de los acontecimientos, reinterpretando su quehacer y dialogando sobre el alcance de su participación para dar un sentido distinto a la comprensión general de la realidad. Son las voces de los campesinos, indígenas y trabajadores —en convergencia con los investigadores comprometidos— las que muestran una realidad social más amplia. De ello derivan distintos escenarios de interpretación y de acción para transformar los conflictos presentes en comunidades, vecindarios y regiones.

En dicho proceso, Fals Borda promueve la horizontalidad del conocimiento con un tipo de pensamiento crítico que, con autonomía científica, abierta a distintas versiones, vincula la identidad de los pueblos y de los territorios con la suya propia, de tal manera que se puedan cambiar las condiciones de posibilidad de estas comunidades y vecindarios frente a la colonialidad institucional y epistémica ejercida históricamente. Así lo hace, por ejemplo, al estudiar el legado colonial presente en la costa de Caribe —ethos costeño—. Tal como hizo en la región andina, analiza la manera en que se promueve la cuestión agraria y las relaciones sociales, culturales y de producción de los trabajadores en los vecindarios. Así se produce un ejercicio democrático del conocimiento, en el que metodologías tradicionales, científicas, convergen con formas propias del conocimiento popular, involucrando activamente la voz de los campesinos. Este proceso circular, denominado investigación-acción participativa (IAP), redimensiona las formas de abordar la realidad y genera paralelamente un equilibrio frente a los modos de producción de conocimiento, entendido este concepto en términos plurales.

Conclusiones

La propuesta de diálogo de saberes, entendida desde el conocimiento campesino-popular, y la IAP promueven formas de democracia participativa y deliberativa que en las organizaciones populares y comunitarias reivindican la reordenación de la cuestión agraria y la transformación de las comunidades en sus propios términos. Para este autor el proceso colonial de carácter histórico asociado a indígenas, campesinos, negros y mestizos a través de instituciones históricas debe replantear la producción de conocimiento y las formas del ser en términos más amplios. Por tanto, la agenda de investigación en la que convergen el conocimiento popular y el diálogo de saberes, elaborada en la década de 1950 por Orlando Fals Borda, responde plenamente a los desafíos de comunidades del Sur Global en el presente. Desde el pluralismo y el diálogo intercultural, reconoce la necesidad de involucrar a los distintos actores y comunidades de actores para que participen de los procesos de cambio económico y transformación social que requieren. No hacerlo es divagar entre aportaciones teóricas sin un compromiso axiológico definido.

 

Referencias

Arellano-Yanguas, J., y M. Bernal-Gómez, 2024. Recursos naturales y dependencia. Revisión de conceptos y enfoques en América Latina. Lima, Natural Resource Governance.

Cadena, M., H. Risør y J. Feldman, 2018. «Aperturas onto-epistémicas. Conversaciones con Marisol de la Cadena». Antípoda. Revista de Antropología y Arqueología, 32, pp. 159-177. Disponible en: http://www.scielo.org.co/pdf/antpo/n32/1900-5407-antpo-32-00159.pdf, consultado el 26 de junio de 2025.

Dussel, E., 2015. Filosofías del Sur. Descolonización y transmodernidad. Madrid, Ikal.

Escobar, A., 2016. Autonomía y diseño. La realización de lo comunal. Popayán, Universidad del Cauca.

Fals Borda, O., 1967. «La subversión en Colombia. El cambio social en la historia». Monografías Sociológicas, 24.

Fals Borda, O., 1979. «Mompox y Loba». En: Historia doble de la costa, vol. 1. Bogotá, Carlos Valencia.

Fals Borda, O., 2010a. «El problema de la tierra visto a través de los linderos de un resguardo indígena». En: Antología. Orlando Fals Borda. Bogotá, Universidad Nacional de Colombia, pp. 37-47.

Fals Borda, O., 2010b. «El problema de la autonomía científica y cultural en Colombia». Antología. Orlando Fals Borda. Bogotá, Universidad Nacional de Colombia, pp. 123-139.

Foro Económico Mundial, 2025. «Informe de riesgos ambientales». Disponible en: https://reports.weforum.org/docs/WEF_Global_Risks_Report_Press_Release_2025_ESP.pdf, consultado el 26 de junio de 2025.

Leff, E., 2014. «Diálogo de saberes, saberes locales y racionalidad ambiental en la construcción social de la sustentabilidad». En: A. Argueta Villamar, E. Corona y P. Hersch (eds.), Saberes colectivos y diálogo de saberes en México. México D. F., UNAM-CRIM, pp. 379-391.

Mignolo, W., 2000. La colonialidad a lo largo y a lo ancho. El hemisferio occidental en el horizonte colonial de la modernidad. Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Clacso.

Quijano, A., 2000. «Colonialidad del poder, eurocentrismo y América Latina». En: E. Lander (comp.), Colonialidad del saber y eurocentrismo. Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Unesco-Clacso, pp. 201-246.

Santos, B., 2009. Una epistemología del Sur. La reinvención del conocimiento y la emancipación social. México D. F., Clacso.

Svampa, M., 2019. Neo-extractivism in Latin America. Socio-environmental Conflicts, the Territorial Turn, and New Political Narratives. Elements in Politics and Society in Latin America. Cambridge, Cambridge University Press.

Urrea, D., 2013. Manejo público-comunitario del agua. Recuperación social del horizonte común en el contexto colombiano. Bogotá, Censat Agua Viva, Amigos de la Tierra.

Vergara, R., y M. Nova, 2020. «Relacionalidad en la región andina. La importancia de lo comunitario en la transformación del territorio». En: G. Correa Assmus (ed.), Ecología y sociedad, Bogotá, Universidad de La Salle, pp. 25-34.

Viveros, M., 2016. La interseccionalidad. Una aproximación situada a la dominación. Ciudad de México, Universidad Nacional Autónoma de México.

* PhD. Universidad del País Vasco (UPV-EHU). Profesor asociado en la Universidad de La Salle, Bogotá. Este artículo se vincula al proyecto de investigación «Utopía: memoria y paz», Rubén Alfonso Vergara-Crespo (0000-0002-3411-5442) – ORCID. E-mail: ravergara@unisalle.edu.co.

[1] Por « pensamiento descolonial» se entiende el proceso histórico que critica la deshumanización del poder colonial propia de la modernidad occidental basada en términos de raza, clase y acumulación. En los últimos años incorpora debates y un diálogo intercultural e interseccional, como alternativas al tradicional modelo de desarrollo.

[2] Esto es lo que actualmente la ecología política denomina gobernanza del agua (Urrea, 2013).

[3] Experiencia personal del investigador a partir del reconocimiento directo de las áreas afectadas por la violencia, entrevistas a jefes guerrilleros, a exiliados de la violencia, investigación histórica y de archivos, estudio de ensayos, novelas sobre violencia, análisis estadístico, cartografía, documentación pictórica, entre otros (Fals Borda, 2010a).

 

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