¿Acumulación por Desposesión Hídrica? Crecimiento Inmobiliario, Neoliberalismo Minero y Mercantilización del Agua en Copiapó, Chile

¿Acumulación por Desposesión Hídrica? Crecimiento Inmobiliario, Neoliberalismo Minero y Mercantilización del Agua en Copiapó, Chile

Francisco Astudillo Pizarro[1]

 

Introducción

La ciudad de Copiapó, de larga tradición minera, está enclavada entre los pliegues del valle que corta el llamado desierto de Atacama. Este artículo aborda las relaciones entre la ciudad y el medioambiente a través de la coyuntura neoliberal, que ha reconfigurado la economía regional desde la dictadura militar de Pinochet en la década de los ochenta. Esta reconfiguración, que continúa hasta épocas recientes, ha implicado una creciente apertura a las grandes explotaciones mineras y a la inversión transnacional.

El presente de Copiapó, como ciudad minera pujante y un estandarte del progreso en base a la extracción de recursos, tiene quizás uno de sus aspectos más explícitos en su marcado crecimiento inmobiliario durante las últimas décadas. El paisaje urbano en constante transformación, en particular el espacio habitacional objeto del mercado inmobiliario, se muestra como prueba del progreso de la ciudad y la provincia. En este caso, para analizar la actuación de la industria inmobiliaria utilizamos la noción de producción del espacio (Lefebvre, 1991a). Siguiendo a Lefebvre, consideramos que existe una forma capitalista de producción que hace que nuestro análisis transite desde la producción en el espacio a la producción del espacio (1991b:186).

La industria inmobiliaria está directamente vinculada a dos fenómenos interrelacionados, por una parte a la economía minera, sus inversiones y las posibilidades económicas y laborales[2]; y por otra, al crecimiento demográfico derivado de la minería en la medida que, esta última, tiene como condición estructurante la de atraer continuamente contingentes de trabajadores de otras latitudes, situación que articula a su vez las posibilidades mercantiles de la oferta inmobiliaria.

En el siguiente artículo analizamos tanto el crecimiento inmobiliario y la transformación urbanas como los procesos económicos y políticos involucrados, entendidos como nodos en una misma red procesual (Latour, 2005; Law 2007). Este análisis entiende como indisociables del progreso inmobiliario y minero sus consecuencias ambientales, sean directas o indirectas. Así, la crisis hídrica y la mercantilización del agua son a la vez producidas, disputadas y capitalizadas por diversos actores en un campo social y espacial tensionado. En ese marco interrogamos al finalizar la posibilidad heurística de la noción de acumulación por desposesión (Harvey, 2004),  contemporánea forma de acumulación que tiene en la privatización su principal instrumento, además de procesos de desplazamientos forzados y de desaparición de producción alternativa. En estos fenómenos, una sobreacumulación externa puede capitalizar los nuevos activos antes desvalorizados por la desposesión y llevarlos a una rentabilidad inmediata. Buscamos visibilizar el lugar procesual del medioambiente en el progreso económico y urbano local, en particular, en relación a las transformaciones que el mercado inmobiliario representa en el contexto de una pujante economía extractiva.

BREVES FRANCISCO 2.lecho seco del río sector periurbano

Producción del espacio y mercado inmobiliario

El crecimiento urbano de la ciudad de Copiapó deriva del rol articulador que la ciudad desempeña en la región del valle del mismo nombre y sus inmediaciones en el desierto de Atacama. De esta forma, la construcción de la regionalidad económica (minera y agroindustrial) reconfigurada a partir de los años ochenta ha repercutido en el crecimiento urbano y demográfico de la ciudad. Lo anterior puede ser observado en las estadísticas de población regional en los censos de población y vivienda (1982, 1992, 2002 y 2012)[3]. En esa línea,  desagregada por provincias y por comunas, puede verse que tanto la provincia como la ciudad de Copiapó crecen significativamente a partir de 1982, mientras que las restantes provincias y comunas en la región mantienen su población o incluso decrecen.

La espectacularidad del crecimiento inmobiliario y su industria no solo ha sido complementario, sino que ha sabido capitalizar los vaivenes de la economía minera en más de un aspecto, lo que ha llevado a que la industria de la construcción se haya convertido en uno de los sectores más dinámicos de la economía regional, destacando incluso a nivel nacional. Este dinamismo económico puede ser observado mediante el análisis de la tasa de variación promedio del Producto Interno Bruto (PIB) para el sector económico de la construcción entre 1986-2005, el que constituye el periodo de consolidación neoliberal, y cuyas estadísticas muestran que la tasa de variación promedio del PIB de la construcción en la región de Atacama fue de un 9.08%, mientras que el mismo indicador para el resto de país fue de un 6,62% (Carrasco, 2009). La industria inmobiliaria ha seguido de forma complementaria al crecimiento de la economía regional encadenada a la economía minera, respondiendo a los estímulos demográficos asociados al mercado laboral, dirigiendo de esta forma buena parte de su oferta más tardía a la llamada población flotante o transitoria, lo que se materializa espacialmente en el crecimiento de la construcción de edificios en altura durante los últimos años[4].

Crisis hídrica y progreso urbano

BREVES FRANCISCO 4.panorámica Ciudad y Sequedad

El reverso del progreso urbano e inmobiliario asociado a la minería está íntimamente ligado al medioambiente y a la regionalización de éste en el espacio urbano.  La crisis hídrica actual, producida escalarmente por el incremento del consumo industrial de agua por parte de las grandes industrias locales, es un conector invisibilizado entre distintos procesos del progreso. La minería y agroindustria consumen en conjunto cerca del 80% de los recursos hídricos del acuífero. La mercantilización del agua fue iniciada legalmente en 1981, como parte de aquellas modificaciones económicas y jurídicas neoliberales que han causado la concentración de los derechos de agua por parte de las ramas industriales antes mencionadas (GOLDER, 2006; Burt, 2008; CONAMA/DGA, 2009; y DICTUC, 2010). Estas dinámicas también han acentuado un desequilibrio entre los derechos vendidos y el agua disponible (Burt, 2008), situaciones que  han sido ampliamente consignadas, tanto a nivel local como nacional[5]. El código de aguas de 1981 creó el mercado de aguas y transformó el agua anteriormente considerada como bien público en un bien de consumo liberado a la oferta y la demanda. Desde entonces, y en particular desde los años 90, el crecimiento en las explotaciones mineras y de los proyectos agroindustriales han sobreexplotado los recursos hídricos de la cuenca. Actualmente, según datos del Ministerio de Obras Públicas (MOP), la disponibilidad real del acuífero es de 3.800 litros por segundo, mientras que el  consumo actual es de 6.400 litros por segundo (Diario Atacama, 23/03/2012).

La espacialización regional a través del valle permite observar la desigual distribución de los recursos hídricos. El consumo real de agua por parte de las grandes industrias se produce en los sectores altos del valle, lo que ha hecho que el agua escasee en los sectores medios del mismo, secando al río Copiapó y afectando al tramo urbano del valle. A consecuencia de lo anterior, en 2004 el río Copiapó desapareció de los tramos medios y bajos del valle, dejando una huella de sequedad que atraviesa el costado sur de la ciudad, y que ha sido durante algunos años como una ausencia fantasmal ante la indiferencia y el olvido colectivo.

Por otra parte, los agricultores no industrializados de los sectores rurales cercanos a la ciudad se han visto despojados de agua superficial, y paulatinamente también del agua subterránea debido a la baja en los niveles de las napas (depósitos subterráneos de aguas)[6].  Al no poder competir en el mercado de aguas con las explotaciones mineras y la agroindustria, han tenido que reducir progresivamente las hectáreas cultivadas durante los últimos años. La escasez de agua ha empujado en dichos sectores a un cambio en los usos del suelo, porque desprovistos progresivamente de agua para regadíos, los agricultores han visto caer la rentabilidad de sus emprendimientos agrícolas, en particular en el sector periurbano tradicionalmente llamado “el Pueblo de San Fernando”. Esto ha llevado a un incremento significativo en sus costos de producción, algo que ya había sido anticipado en su agudización por estudios hidrogeológicos previos (Burt, 2008).

El proceso de crisis hídrica también ha visto nacer a una serie de organizaciones que han intentado poner de relieve el problema en el espacio público, acompañando un incipiente proceso de politización del espacio y de otros aspectos antes no considerados como políticos. De esta manera, el medioambiente ha tomado lentamente un lugar local como discurso reivindicador, también como motor de diversas actividades asociativas llevadas adelante por diversas coordinadoras, mesas sociales y heterogéneas agrupaciones[7] que han focalizado su acción reivindicativa en la cuestión medioambiental y en particular en el agua. Sin embargo, esto se da en un contexto en el que aún existe una marcada indiferencia social respecto al tema.

BREVES FRANCISCO 2.lecho seco del río sector periurbano

En marzo de 2012, un grupo de agricultores del sector periurbano hicieron pública su intención de vender sus terrenos debido a la crisis hídrica, solicitando al municipio la modificación del plan regulador para facilitar la venta a la industria inmobiliaria. En aquella oportunidad, uno de sus voceros se refería al problema en los siguientes términos: “el pueblo de San Fernando -el área agrícola periurbana- ya desapareció. En un año más yo creo que con suerte llegará agua al río, porque no se puede hacer agricultura sin agua. Es cosa de darse una vuelta y recorrer el pueblo para darse cuenta que estamos encerrados en verdaderas islas, estamos rodeados de villas, casas y terrenos, muchos de éstos botados porque no tienen agua, aparte hacer agricultura entre medio de casas es imposible” (Diario Atacama, 23/03/2012). Esto muestra que la crisis hídrica y la desvalorización de la agricultura suelo están conectados de forma dinámica a los modos de producción que transforman el medioambiente y que producen el espacio. Aunque los agricultores opten en forma voluntaria por vender, en realidad puede deducirse que se ven dentro de condiciones coactivas que los llevan a dicha “opción”. Desprovistos de agua no les es posible continuar con su actividad.

La expansión del mercado inmobiliario sobre tierras agrícolas se ha hecho cada vez más clara. Actualmente, según datos de la Cámara Chilena de la Construcción, el sector periurbano de tierras agrícolas en Copiapó concentra el 46% de los proyectos inmobiliarios en ejecución. Además, los proyectos asentados en este sector han incrementado sistemáticamente su valor en relación a los proyectos de otras zonas de la ciudad (CCHC 2014). Como resultado, las inmobiliarias ven con especial interés este sector de la ciudad, porque allí pueden producir un espacio de consumo de alto valor y maximizar así su rentabilidad.

Conclusión

A diferencia de lo planteado en el modelo teórico de la acumulación por desposesión (Harvey, 2004), en este caso concreto no se observa una dialéctica dual entre el capital y formas alternativas de producción, sino una articulación múltiple y en distintas escalas. La agricultura no industrial no es directamente desplazada por los flujos de capital que la desposeen de agua (minería y agroindustria), sino por la sobreacumulación de la industria inmobiliaria que capitaliza la desvalorización agrícola en la pugna por el agua con las industrias regionales.

Se articulan distintas formas de especulación espacializada, por una parte la del subsuelo minero, por otra el del agua y por último la del suelo. Las tres representan la mercantilización múltiple del espacio regional, que a su vez expresa las contradicciones y asimetrías del progreso urbano.

El progreso que muestra sus escenarios visibles en las transformaciones espaciales inmobiliarias cuenta también con sus patios traseros de sequedad. El río Copiapó y su lecho seco[8] aparecen como un fantasma al que la ciudad ha dado la espalda, representando aquella asimetría, la que muestra que lejos de formar un espacio autónomo y separado de la ciudad, es parte encarnada del desarrollo local y del progreso urbano de la ciudad y la región[9]. El río seco, en las sombras del progreso, materializa las múltiples especulaciones tejidas entre la economía regional, el crecimiento urbano y las transformaciones neoliberales durante las últimas décadas, así como también el desplazamiento de la agricultura en función del mercado inmobiliario.

Referencias

BURT, C. (2008), Copiapó Valley Groundwater Overdraft Report, Copiapó.
CARRASCO, P. (2009), Crecimiento Urbano de Copiapó. Causales, Patrones y Perspectivas, Copiapó, Nodo Tecnológico.
CCHC. (2014), Catastro 1° trimestre, Copiapó: Área de Estudios CchC.
CONAMA/DGA. (2009), Plan de Gestión para la Cuenca del Río Copiapó, Copiapó.
DIARIO ATACAMA, (23/03/2012), http://www.diarioatacama.cl/impresa/2012/03/23/full/6/.
DIARIO ATACAMA, (25/03/2012),   http://www.diarioatacama.cl/impresa/2014/02/25/full/4/.
DICTUC, (2010), Análisis Integrado de Gestión en Cuenca del Río Copiapó, Santiago.
GOLDER ASSOCIATES, (2006), Diagnóstico de los Recursos Hídricos de la Cuenca del Río Copiapó y Proposición de un Modelo de Explotación Sustentable, Copiapó.
HARVEY, D. (2004), El Nuevo Imperialismo, Madrid, Akal.
LATOUR, B. (2005), Reassembling the Social: an introduction to actor-network theory, Oxford, Oxford University Press.
LEFEBVRE, H (1991a), The Production of Space, Oxford, Blackwell.
LEFEBVRE, H (1991b), State, Space, World, Minneapolis: University of Minnesota Press.
LAW, J. (2007), Actor-red theory and material semiotics, Ant.5.doc, april 25.
LORCA. M. (2010), Identidades en Diálogo. Estudio de Fortalecimiento de la Identidad Regional de Atacama, Copiapó: Gobierno Regional de Atacama.


[1] Investigador Asociado Museo Regional de Atacama (franciscoastudillo.59@gmail.com)
[2] http://diario.latercera.com/2012/02/04/01/contenido/pais/31-99437-9-auge-minero-anticipa-explosivo-crecimiento-de-antofagasta-calama-y-copiapo.shtml
[3] http://www.ine.cl/canales/usuarios/censos_digitalizados.php
[4] http://www.cchc.cl/2013/06/crecimiento-y-desarrollo-de-la-ciudad-de-copiapo/
[5] http://ciperchile.cl/2014/04/09/experto-en-manejo-de-aguas-%E2%80%9Calguien-tiene-que-tener-autoridad-y-poder-para-regular%E2%80%9D/
[6] http://www.hydring.cl/index.php/temas/napas
[7] http://www.olca.cl/oca/chile/region03/mineras017.htm
[8] http://ciperchile.cl/2009/07/09/se-muere-el-rio-copiapo-i-consumo-humano-agricola-y-minero-estan-en-riesgo/
[9] http://www.franciscoastudillop.blogspot.com/2013/04/destruccion-del-espacio-y-abstraccion.html

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2 comentarios sobre “¿Acumulación por Desposesión Hídrica? Crecimiento Inmobiliario, Neoliberalismo Minero y Mercantilización del Agua en Copiapó, Chile

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  • el octubre 6, 2016 a las 23:06
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    Buen análisis, agregaría que si hablamos desde Lefevbre o derechamente desde la escuela marxista francesa, considerando que ésta propone un análisis de la realidad social de carácter holístico, en el cual es posible identificar los resultados de una práctica sociopolítica que giran en torno a la matriz de análisis marxista: los modos de producción, en los que es posible identificar niveles económicos, políticos e ideológicos; junto con el desarrollo de las fuerzas productivas, caracterizadas por el incremento y la división del trabajo, sería necesario hacer una indagación histórica más acabada sobre los modos de producción que al parecer no estuvieron nunca en pugna dialéctica, llámese economía tradicional agrícola (campo) vs minería extractiva a gran escala (modelo postindustrial primer mundista). Esto puede deberse a que la implantación del modelo neoliberal y la consecuente urbanización anuló las condiciones de clase bajo el régimen militar, mediada por la fuerza totalizadora de la violencia. Así que la transformación de el espacio urbano como se menciona en el artículo tiene estrecha relación con las políticas estatales de organización económicas y esto extrapola el fenómeno a redes de dependencia productiva que exceden el fenómeno local, tráigase al escenario el modelo de centro y satélites de Manuel Castells: la minería como instrumento económico para las políticas administrativas de Santiago y pequeños grupos oligárquicos extraregionales e incluso transnacionales mas recientemente.
    Reiterando más hondamente en este punto, Henri Lefebvre reconoce la diferencia entre las prácticas urbanas y la ideología urbana, estableciendo una relación dialéctica en la medida de que esta última expresa la forma en que debe producirse la urbanización. En este contexto, el espacio urbano toma un valor de mercancía, cuya valorización se produce como una mecánica a tres niveles: primero, se vincula el valor a las representaciones de poder; segundo, el valor es producido por los habitantes trasmitiéndose como símbolos en imaginarios colectivos; tercero, el espacio es producido por los modos cotidianos de habitar.
    Los valores que ideológicamente pertenecían a las formas tradicionales se desplazan por la ideología neoliberal, dejando a su merced cualquier expansionismo económico sin contraposición y sin una manifestación tangible en la materialidad de la distribución urbana, olvidando la dimensión de las relaciones sociales que ésta tenía antes de la inundación del mercado. En pocas palabras antes la gente y el entorno natural determinaban los espacios, ahora ellos se han vuelto agentes pasivos y lo hace el mercado.
    En el periodo postindustrial de la ciudad, como espacio urbanizador predominante de las prácticas rurales que le preceden, predomina una transición muy importante según Lefebvre: del valor de uso en los espacios, por el de valor de cambio en la ciudad. Es decir que lo que tradicionalmente se entendía por espacio de confluencia entre sujetos aglomerados no tenía necesariamente un valor de mercancía o productivo y su finalidad era la relación social, como es el caso de plazas, parques, calles, etc. La ciudad es entonces sustento de intercambio productivo en la cual existe infraestructura material real, tangible, de la cual emanan dimensiones «virtuales» de relaciones sociales. Estas relaciones sociales que Lefebvre denomina abstracciones -He aquí la dimensión dialéctica de esta escuela nuevamente- modifican la cotidianidad, concibiendo el espacio como relación social.

    Con todo esto, hay que preguntarse una posibilidad fuera del marco sociológico, en términos de práxis: ¿Qué elementos culturales persisten en la memoria local que pueden reactivar e incentivar formas (re)elaboradas de construir relaciones sociales? Me lo pregunto porque el aislamiento nucléico sobre los individuos que supone la ciudad es palpable en el marco de los conjuntos habitacionales inmobiliarios, que de por cierto producen una determinación espacial y distribución social de vitrina, adquirible y no busca ni el buen vivir, ni el convivir reconociéndose como parte de un colectivo social, sino el vivir sin que el vecino moleste ni que el flaite robe, perpetuando el aislamiento que el mismo mercado cubre en sistemas de vigilancia y seguridad cada vez más exigentes y a mayor costo.

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