Editorial

Diego Andreucci, Marien González Hidalgo, Santiago Gorostiza, Geovanna Lasso y Christos Zografos

Equipo editorial del número 59 de Ecología Política

 

A mediados de febrero de 2020, cuando terminaba el plazo para el envío de propuestas para este número de Ecología Política, se publicaban las primeras noticias sobre casos de COVID-19 en el norte de Italia. Apenas cuatro meses después, mientras escribimos este editorial, la pandemia ha dejado cerca de ciento noventa mil muertos en Europa y golpea duramente América Latina, en medio de un horizonte de incertidumbre sobre una segunda oleada. En cuestión de meses, la pandemia ha mostrado la descarnada realidad de las actuaciones de los estados en alarma, la priorización del crecimiento económico sobre la vida y las desigualdades entre las poblaciones que afrontan la crisis.

Porque, en contra de las opiniones de las élites privilegiadas que afirman que el virus no discrimina, su impacto está siendo dramáticamente desigual. Es innegable que la pandemia ha golpeado más a los países del Sur y, a escala global, a las clases populares, poblaciones indígenas o afrodescendientes. América Latina es una de las regiones más afectadas y, dentro de ella, en particular las poblaciones indígenas de la región panamazónica, en donde se vienen registrando un alto nivel de contagios y muertes, exacerbados por sus condiciones de exclusión y aislamiento (Del Pino y Camacho, 2020), y una muy limitada atención estatal. En Nueva York, la ciudad más afectada en Estados Unidos hasta el momento, el COVID-19 ha causado el doble de muertes entre las poblaciones afroamericanas e hispanas que entre las blancas (NYC Health, 2020). Mientras tanto, en ese mismo país, la población con ingresos más altos tiene proporcionalmente un acceso al teletrabajo mucho mayor que los sectores con menores ingresos, algo con claras implicaciones sobre la capacidad de ejercer «distancia social» y protegerse del virus (PEW Research Center, 2020). De forma similar, en la zona euro, los hogares de rentas altas disponen en promedio de casi dos veces más de espacio de vivienda disponible que los hogares de ingresos más bajos. A todo eso hay que añadir la cantidad desigual de mujeres, muchas de ellas migrantes, que en el Norte global trabajan en los sectores más afectados y expuestos a la pandemia, como el de cuidados (OECD, 2019).

En este contexto, impensable a finales de diciembre de 2019, parece lícito preguntarse por qué creemos más necesario que nunca dedicar un número de la revista a las ecologías políticas de la extrema derecha.

Las respuestas son múltiples, pero tal vez sea ilustrativo empezar señalando el resurgimiento durante la pandemia de los discursos malthusianos propios del ambientalismo reaccionario al estilo de Garrett Hardin (véase la entrevista con Walden Bello en este número). Cuando el confinamiento y la ralentización del tráfico rodado y de la actividad económica propiciaron una efímera mejora de la calidad del aire en algunas ciudades, y las imágenes de diversas especies animales en las calles vacías coparon redes sociales y telediarios, se abrió paso rápidamente el lema «Los humanos somos el virus».

Entre estas concepciones de la «humanidad» como virus y las que señalan el crecimiento poblacional como la principal causa de degradación ambiental hay apenas un paso. Como recuerda Francisco Serratos en este número, el supremacista blanco que en agosto de 2019 asesinó a tiros a veintidós personas de origen mexicano en El Paso, Texas, justificó su matanza como necesaria para proteger el medioambiente y los derechos de las generaciones futuras, frente a la amenaza de sobrepoblación (agravada, según él, por personas migrantes). No podemos simplemente desviar la mirada de estos discursos, que basan su rápida difusión en la captura de mensajes afectivos y emocionales. Es necesario desmenuzarlos y derruirlos a partir de un análisis crítico al que la ecología política tiene mucho que aportar.

Antes de que la pandemia añadiera incertidumbre al panorama actual, hemos sido testigos de las importantes implicaciones socioambientales del crecimiento de la extrema derecha por todo el mundo. La llegada al poder de una derecha ultraconservadora y negacionista del cambio climático en Estados Unidos y en muchos países de Europa (Polonia, Hungría, Turquía) y Asia (Filipinas o India) ha traído una nueva oleada de violencias, desregulación y destrucción ambiental, redoblada durante estos meses de pandemia. A la vez, en América Latina, un «neoliberalismo autoritario», militarista y fundamentalista, liderado por Bolsonaro en Brasil, cierra (por ahora) un ciclo de Gobiernos progresistas (con sus contradicciones) e instaura una nueva fase de antiambientalismo abiertamente violento y racista.

Pero también hay que destacar que, cada vez más, movimientos y partidos de extrema derecha se apropian de argumentos y causas ambientalistas, e integran estos argumentos en sus programas y discursos neofascistas, supremacistas, colonialistas y machistas. Tal y como apuntaba Naomi Klein, «la única cosa más siniestra que un movimiento racista de extrema derecha que niegue la realidad del cambio climático es otro que no la niegue» (Democracy Now!, 2020). En algún caso esta apropiación puede ser coyuntural y oportunista (como demuestra la infiltración de la extrema derecha boliviana en movilizaciones en defensa de la Amazonía, que contribuyeron a derribar el Gobierno de Evo Morales el pasado otoño). Sin embargo, la apropiación neofascista del ambientalismo va más allá del oportunismo y, de nuevo, requiere un análisis crítico desde la perspectiva de la ecología política. En algunos lugares, como en Europa, la extrema derecha busca capturar de forma estratégica ciertos discursos ambientalistas, combinando, por ejemplo, la reivindicación del localismo con las ideas xenofóbicas, o la protección del medioambiente con una reivindicación de las fronteras políticas y la homogeneidad étnico-cultural.

La multiplicidad de realidades en la confluencia entre ecología y extrema derecha muestra que conceptos como ecofascismo no bastan para un análisis crítico (Lubarda, 2020). Una crítica de la ecología política a la extrema derecha tiene que ir más allá de limitarse a señalar que el ecologismo puede ser apropiado por proyectos neofascistas y autoritarios. Un tema importante que emerge de los artículos de este número es la continuidad entre extrema derecha y (neo)liberalismo en lo ambiental. Por un lado, si el fascismo histórico fue un movimiento que a menudo hizo gala de un discurso anti libre mercado, en la coyuntura presente domina un autoritarismo ultraliberal, que facilita la neoliberalización de la naturaleza. Por otro lado, las críticas liberales a las vinculaciones entre «las comunidades políticas y su tierra», dirigidas a la extrema derecha, obvian que numerosos movimientos ambientales, especialmente indígenas y campesinos, movilizan estas vinculaciones con la tierra para defender sus territorios y medios de vida. En este contexto, el concepto de soberanía puede y debe resignificarse desde la ecología política como parte de una transformación emancipatoria, como demuestra el éxito de paradigmas como el de la soberanía alimentaria. Como argumentan Chantal Mouffe en el caso de Europa y Nancy Fraser en relación con la emergencia del «trumpismo» en Estados Unidos, la reducción de la esfera política a un consenso pospolítico operada por los liberalismos centristas y progresistas retroalimenta a la extrema derecha al dejarle el monopolio de hablar en nombre del «pueblo», de la soberanía nacional y local frente a la globalización e incluso de los intereses de las clases trabajadoras (blancas, por supuesto) (Fraser, 2017; Mouffe, 2005).

La estructura de este número de Ecología Política está organizada en distintas secciones. En primer lugar, en la sección de artículos de opinión, Diana Vela Almeida expone el vínculo entre la industria extractiva y la extrema derecha en el debate ambiental global. A continuación, Felipe Milanez señala al Brasil de Bolsonaro como un laboratorio del neoliberalismo y el autoritarismo, a la vez que reivindica a los pueblos indígenas frente a la violencia extractivista y racista. Su historia, apunta Milanez, ha demostrado que fueron enterrando a los que profetizaron su destrucción. En tercer lugar, Alberto Martín expone las dos respuestas al cambio climático que están desarrollando los partidos nacionalistas de corte autoritario. Mientras que algunas de estas formaciones incorporan la retórica populista a los argumentos negacionistas del cambio climático, otras han empezado a desarrollar un discurso que afronta la crisis climática con una postura abiertamente xenófoba. Finalmente, Marcello Avanzini examina el reforzamiento de las fronteras externas e internas de la Fortaleza Europa en el contexto de la crisis climática, y los retos que este contexto implica para el proyecto europeo y para los Gobiernos progresistas y de izquierdas en el continente.

La sección «En Profundidad» incluye cuatro artículos. En primer lugar, Melissa Moreano critica el ambientalismo burgués con una perspectiva feminista; señala su carácter conservador, conectado al capitalismo, y apunta el peligro de que derive en posiciones ecofascistas. Por su parte, Lise Benoist se basa en un detallado análisis de medios digitales e impresos de distintos grupos de la extrema derecha francesa para describir el papel de la ecología en la metapolítica de la extrema derecha en Francia, una de las incubadoras de la narrativa nacionalista verde. A continuación, Flávio Marques Prol, Gabriela de Oliveira Junqueira, Marta Inez Medeiros Marques y Tomaso Ferrando examinan el modo en que el Gobierno de Bolsonaro en Brasil está desarrollando instrumentos de financiarización verde a la vez que desmantela el sistema regulatorio de protección ambiental y así redefine la vinculación entre discursos ambientales y neoliberalismo autoritario. Finalmente, Pablo Saralegui discute el proyecto de la extrema derecha en España de aglutinar apoyos en el medio rural, y señala la necesidad de articular alternativas desde la agroecología política.

La sección «Breves» cuenta con un total de siete artículos. Candela de la Vega y María Alejandra Ciuffolini interpretan la escalada en la violencia contra personas defensoras de los bienes comunes y de la naturaleza en Latinoamérica como una manifestación más de la imposición de las políticas neoliberales sobre territorios y poblaciones. Francisco Serratos adopta una perspectiva histórica para mostrar que la construcción de la frontera entre México y Estados Unidos se constituye como un proyecto ecofascista. Scott W. Schwartz, por su parte, atiende a la temporalidad del proyecto ecofascista de la extrema derecha, que condena el presente de estas generaciones para mantener su acumulación para el futuro ad infinitum. En el contexto europeo, Noémi Gonda examina el caso del régimen populista autoritario del primer ministro Orbán, en Hungría, y destaca la importancia en sus victorias electorales de las regiones rurales y del progresivo acaparamiento de tierras agrícolas por y para los oligarcas nacionales. Martin Hultman examina el caso del Partido de los Demócratas de Suecia, tercera fuerza política del país, y la incorporación del negacionismo climático en su discurso. Con la atención puesta en los discursos en torno a la producción alimentaria durante el Brexit, Anoushka Zoob Carter explora cómo, a pesar de la retórica nacionalista verde explotada por el Gobierno conservador en Reino Unido, el futuro de la agricultura parece orientarse hacia la revitalización del capitalismo neoliberal. Por último, Felix Wilmsen analiza el caso de Alemania, donde distintos grupos neonazis y de la nueva derecha intentan apropiarse de las ideas del movimiento poscrecimiento y de las críticas a las políticas basadas en el crecimiento, y los usan para defender sus postulados racistas. En lugar de ignorar o minimizar estos intentos, Wilmsen sostiene que el movimiento poscrecimiento en Alemania precisa de un consenso antifascista que permita trazar una clara línea de separación con la extrema derecha.

En la sección «Redes de Resistencia», Matos Todt presenta la red contra la megaminería en el estado de Rio Grande do Sul (Brasil), donde cerca de ciento veinte entidades se han unido para plantar cara a la agresiva expansión minera impulsada por el Gobierno de Bolsonaro. A continuación, Tereza Cristina de Oliveira e Oliveira y David Gallar Hernández demuestran, a partir del caso de la cooperativa Tosepan y la producción de miel en la sierra nororiental de Puebla (México), que los alimentos subalternos pueden ser la base para una resistencia exitosa contra megaproyectos liberales a partir del empoderamiento en torno a la producción alimentaria tradicional y agroecológica. Finalmente, Jaume Franquesa y Natalia Mamonova exponen la formación y las actividades de la Iniciativa para una Política Rural Emancipadora en Europa (ERPI), una comunidad académico-activista que busca comprender y enfrentar el auge del populismo de extrema derecha, especialmente acusado en la Europa rural.

A continuación, entrevistamos a Walden Bello, profesor de Sociología y activista político de larga trayectoria internacional, con motivo de la publicación del libro Counterrevolution: The Global Rise of the Far Right (Practical Action, 2019). A esta entrevista le sigue una nutrida sección de reseñas de libros, informes y películas que cierra este número de Ecología Política. Marc Gavaldà reseña el libro Ecofascismo, de Janet Biehl y Peter Staudenmaier, traducido recientemente al castellano. Unai Gómez Hernández analiza el informe Convenient Truths, impulsado por el think tank Adelphi, que analiza las distintas estrategias climáticas de los partidos populistas de derecha en Europa. Gert Van Hecken y Vijay Kolinjivadi discuten el controvertido documental Planet of the Humans (dirigido por Jeff Gibbs y producido por Michael Moore). Por último, Jorge Riechmann analiza a fondo el reciente ensayo de Pierre Charbonnier, dedicado a la historia ambiental de las ideas políticas y titulado Abondance et liberté.

En la elaboración de este número de Ecología Política, marcada por la pandemia de COVID-19, se han hecho patentes las mayores cargas de cuidados soportadas por los autores y autoras, así como por el equipo editorial y de coordinación de la revista. Estas cargas tienen una clara dimensión de género, como demuestra el hecho de que la casi totalidad de los artículos que finalmente no pudieron contribuir al presente número en papel fueron propuestos por mujeres. Esperamos poder publicar estos artículos en la web de Ecología Política durante los siguientes meses.

Al cierre de la revista, el total de casos de COVID-19 declarados a diario en todo el mundo alcanza nuevos máximos, mientras las consecuencias económicas de la crisis se empiezan a poner de manifiesto y amenazan con redoblar y legitimar la presión y la violencia extractivista. Este horizonte de incertidumbre y crisis económica puede ser un terreno abonado para el desarrollo de las conexiones entre la extrema derecha y el neoliberalismo; pero también un nuevo escenario para articular alternativas y resistencias. A pesar del cierre autoritario en Latinoamérica, no hay que olvidar las grandes movilizaciones en Chile, Ecuador o Colombia entre 2019 y 2020, con protagonismo de actores indígenas-campesinos y luchas ecoterritoriales. La capacidad de estas para generar a medio plazo articulaciones más amplias y sostenidas está por verse. La posibilidad de articulación más amplia ya era un reto para una organización social que venía fraccionada y se encontraba en un proceso de restauración. Sin embargo, la limitación de la movilización social impuesta por el contexto de pandemia, pero sobre todo su penalización y la legalización de medidas de represión violentas e incluso letales viabilizadas por regímenes autoritarios que aprovechan la crisis, como en el caso de Ecuador, imprime un reto aún mayor. Frente a esto, la habilidad y creatividad de los actores sociales para inventar nuevas formas de resistencia y establecer alianzas orientadas a una reconfiguración política que contemple la posibilidad de cambio es no solo deseable, sino urgente. Así, el 24 de junio de 2020 se ha presentado el gran Pacto Ecosocial del Sur, con la voz de Maristella Svampa, Arturo Escobar y miles de activistas de toda Abya Yala.[1] En Estados Unidos, las protestas antirracistas y anticolonialistas por la muerte de George Floyd en Minneapolis han prendido con inusitada energía, se han propagado rápidamente por distintas partes del mundo y han demostrado que la capacidad de movilización sigue más viva que nunca en plena pandemia.

La portada de este número de Ecología Política muestra los restos de la intervención artística de Ana Teresa Fernández en la frontera entre México y Estados Unidos.[2] Al pintar de azul uno de sus tramos, el muro parece desvanecerse, borrar la frontera. ¿Es posible acaso difuminar el impacto de los muros que la extrema derecha y el neoliberalismo autoritario amenazan con seguir levantando? ¿Podemos desactivar las narrativas nacionalistas verdes y las apropiaciones de los discursos ecologistas por parte de la extrema derecha, que amenazan con usar la ecología para reforzar las fronteras y la xenofobia? Esta lucha está en marcha, y difícilmente tendremos éxito en ella si nos limitamos a apartar la mirada de estas prácticas y las minusvaloramos. Es necesario que las denunciemos y desarticulemos, que marquemos una clara línea del lado de las prácticas transformadoras, emancipatorias y antirracistas.

 

 

Referencias

Del Pino, S., y A. Camacho, 2020. «Consideraciones relativas a los pueblos indígenas, afrodescendientes y otros grupos étnicos durante la pandemia de Covid-19», Organización Panamericana de Salud (OPS). Disponible en: https://reliefweb.int/report/world/consideraciones-relativas-los-pueblos-ind-genas-afrodescendientes-y-otros-grupos-tnicos, consultado el 25 de junio de 2020.

Democracy Now!, 2020. «Ecofascism: Naomi Klein Warns the Far Right’s Embrace of White Supremacy Is Tied to Climate Crisis». Disponible en: https://www.democracynow.org/2019/9/17/naomi_klein_eco_fascism, consultado el 10 de junio de 2020.

Fraser, N., 2017. «Against Progressive Neoliberalism, a New Progressive Populism». Dissent Magazine (28 de enero). Disponible en: https://www.dissentmagazine.org/online_articles/nancy-fraser-against-progressive-neoliberalism-progressive-populism, consultado el 15 de junio de 2020.

Lubarda, B., 2020. «Beyond Ecofascism? Far-Right Ecologism (FRE) as a Framework for Future Inquiries». Environmental Values, 29 (3). Disponible en: https://doi.org/10.3197/096327120X15752810323922, consultado el 15 de junio de 2020.

Mouffe, C., 2005. «The “End of Politics” and the Challenge of Right-Wing Populism». En: F. Panizza (ed.), Populism and the Mirror of Democracy. Londres, Verso, pp. 50-71.

NYC Health, 2020. «Age Adjusted Rate of Fatal Lab Confirmed COVID-19 Cases per 100,000 by Race/Ethnicity Group, as of April 6, 2020». Disponible en: https://www1.nyc.gov/assets/doh/downloads/pdf/imm/covid-19-deaths-race-ethnicity-04082020-1.pdf, consultado el 15 de junio de 2020.

OECD, 2019. «Women are well-represented in health and long-term care professions, but often in jobs with poor working conditions». Disponible en: http://www.oecd.org/gender/data/women-are-well-represented-in-health-and-long-term-care-professions-but-often-in-jobs-with-poor-working-conditions.htm, consultado 3 julio 2020

PEW Research Center, 2020. «Not Many Americans Can Work Remotely, and Those Who Can Tend to Be the Highest Paid». Disponible en: https://www.pewresearch.org/fact-tank/2020/03/20/before-the-coronavirus-telework-was-an-optional-benefit-mostly-for-the-affluent-few/ft_20-03-18_telework_1/, consultado el 15 de junio de 2020.

[1] Véase https://pactoecosocialdelsur.com , consultado el 27 de junio de 2020.

[2] Véase https://anateresafernandez.com/borrando-la-barda-tijuana-mexico/, consultado el 15 de junio de 2020.

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