Entrevista a Ecologistas en Acción. Veinte años de ecologismo social y ecología política

Iñaki Bárcena Hinojal* y Andere Ormazabal Gastón**

 

Palabras clave: Ecologismo social, confederación, ecofeminismo, alianza climática

Keywords: Social ecology, confederation, ecofeminism, climate alliances

 

A los editores y editoras de este número nos pareció interesante entrevistar a activistas de Ecologistas en Acción para intentar hacer un balance de los veinte años de andadura de esta organización ecologista singular. Con este fin, conversamos con Quim Pérez de Cataluña, Carlos Alonso de Euskal Herria, Lola Yllescas de Andalucía y Yayo Herrero de Madrid.

 

En los veinte años de recorrido desde su nacimiento en 1999 de la Confederación de Ecologistas en Acción, ¿cuáles son los aspectos positivos y cuáles los retos y ausencias que remarcaríais? ¿Se acierta en el modelo de organización ecologista a construir? ¿Cuáles son las luces y sombras de estas dos décadas de trabajo en común?

Lola: Como aspecto positivo, destaco su doble organización: territorial y temática. Desde un principio se diseñó una organización territorial sobre la base de grupos locales coordinados en federaciones provinciales, y estas en federaciones territoriales o autonómicas. Por ejemplo, el grupo de El Puerto Santa María se coordina con otros en la Federación Provincial Gaditana; esta, en la Federación Andaluza, que, a su vez, participa en la Confederación Estatal de Ecologistas en Acción (EeA). Pero también se diseñó una organización por áreas de trabajo, en las que participan personas de cualquier grupo o territorio, como las áreas de urbanismo, conservación de la naturaleza, energía, etc.

 

Esta doble estructura organizativa ha resultado magnífica: nos permite estar anclados en el territorio y, a la vez, conectados por temas y asuntos comunes y transversales.

La sombra de este modelo creo que radica en la falta de equilibrio o proporcionalidad entre los distintos territorios del Estado; así vemos que la Federación Andaluza siempre fue numerosa y organizada, pero en territorios como el de Galicia se acaban de formar los dos primeros grupos este año. Cada persona de EeA trabaja en su territorio de manera autónoma, coordinada con integrantes de otros grupos cuando lo necesita, pero también puede implicarse en las temáticas que más le interesen o preocupen.

Quim: A mi entender, el balance de estos veinte años de Ecologistas en Acción es realmente positivo. Hemos conseguido tejer un espacio que vincula a centenares de grupos por todas las cuencas hidrográficas de la Península y de la mayor parte de las islas, y crear así una herramienta enormemente útil y fundamental para extender el ecologismo social por todos los rincones, incluso más allá del Estado. Hay que destacar la gran versatilidad que requiere crear un discurso y una acción propios y a la vez interactuar con organizaciones y movimientos sociales muy diversos preocupados por la justicia social y ambiental.

Sin duda, no es nada fácil compatibilizar una gran actividad de creación de discurso temático y transversal, de comunicación interna y externa, de incidencia en aspectos clave muy generales, mientras se actúa en centenares de casos particulares muy concretos y singulares. Ecologistas en Acción, con sus limitaciones y errores, lo está consiguiendo. El gran reto, para mí, es perseverar y mejorar. No va a ser nada fácil, pero estamos obligados ante este futuro próximo tan preocupante.

Imagen 1: contraportada de la revista «El Ecologista» en su veinte aniversario. Fuente: https://www.ecologistasenaccion.org/

¿Ha funcionado este modelo confederal? ¿Dónde residen sus fortalezas y sus debilidades? ¿Cuáles han sido, a vuestro juicio, los conflictos más importantes y cómo se han resuelto?

Lola: Creo que este modelo ha funcionado aceptablemente y es el que se mantiene sin cuestionamientos importantes. A pesar de que cada Federación es soberana en sus decisiones, no ha habido conflictos importantes entre territorios y las áreas han ido funcionando, aunque con fluctuaciones inevitablemente relacionadas con las personas implicadas en ellas.

Esto no quiere decir que seamos una organización políticamente monolítica. Muy al contrario. Pero generalmente hemos cumplido con el acuerdo que alcanzamos sobre nuestra independencia de los partidos políticos y ninguna persona con responsabilidades en EeA las ha tenido también en ningún partido.

Las divergencias o los problemas internos más importantes, en mi opinión, están relacionados con la interpretación de la organización del Estado, claramente con los movimientos e ideas independentistas o soberanistas. Pero estas diferencias se han ido resolviendo y se ha evitado el pronunciamiento y la significación de EeA sobre los temas citados, aunque hay que reconocer que algún debate nos ha llevado al alejamiento de activistas de la organización.

Quim: Estoy convencido de que el modelo confederal es adecuado. Permite pensar, decidir y actuar a escala internacional, estatal, nacional, autonómica y local, y respetar a la vez al máximo la proximidad. Creo que funciona. Lo estamos haciendo bien. Percibo que todas las personas de EeA, actuemos en el ámbito que actuemos, lo damos todo para que salga bien y mejorar. No es nada fácil; toda mi admiración a todas mis compañeras y compañeros. ¡Felicidades! Y sí, sería absurdo no pensar que cometemos muchos errores, pero solo quien actúa se equivoca, y no paramos de actuar, siempre con el máximo rigor en múltiples escalas. Podemos mejorar; mejor dicho, estoy seguro de que vamos a mejorar mucho durante los próximos veinte años. Estoy convencido de ello. Por una sencilla razón: la juventud, que se está implicando más, lo va a hacer aún mejor. Está muy preparada, motivada, sabe escuchar y tomar las mejores decisiones. Lo va a hacer mejor, seguro.

La verdad es que no detecto graves conflictos. Muchos menos de los que podrían existir en una confederación de las dimensiones de Ecologistas en Acción, dada su gran pluralidad, sus numerosas formas de hacer y de ser, las diferencias de carácter, de edad, de prioridades y de enfoques dentro del mismo ecologismo social que nos une. La verdad es que tenemos que estar muy satisfechos. Solo hay que pensar en cómo ir mejorando.

 

¿Cómo valoráis las relaciones con el resto de las organizaciones y campañas ecologistas y con los otros tipos de ecologismo diferentes al ecosocial?

Lola: Creo que las relaciones con las otras organizaciones ecologistas son buenas; conocemos y aceptamos lo que nos une y lo que nos diferencia. Coloquialmente llamamos G5 a la reunión de las cinco grandes organizaciones ecologistas españolas; el G5 nos es útil y funciona para mostrarnos ante los poderes públicos, los medios e incluso ante otras organizaciones; frente a los poderes económicos la coordinación no siempre es posible.

Carlos: Me parece que las relaciones, en general, son positivas. A nivel estatal, me da la sensación de que la consolidación de Ecologistas en Acción como el principal (yo diría el único) referente del ecologismo social y global de ese ámbito territorial ha facilitado la relación, la coordinación y el trabajo conjunto con otras organizaciones a través del G5.

Por otra parte, la estructura abierta y confederal facilita establecer relaciones muy variadas con otras organizaciones de distinto ámbito territorial, desde grupos o coordinadoras de carácter nacional o autonómico hasta pequeños grupos locales que siguen activos en el variopinto mundillo del ecologismo. Incluyo las relaciones con plataformas vecinales —en muchas de las cuales participamos de forma activa— contra proyectos concretos, ya sean de ámbito local —refinerías, incineradoras, térmicas, proyectos mineros…— o de mayor alcance territorial — macrogranjas, redes de alta tensión, ríos…—. Creo que la existencia y el trabajo de Ecologistas en Acción muchas veces han contribuido a facilitar el conocimiento y el intercambio entre plataformas y coordinadoras que se enfrentan a proyectos iguales o similares.

La Ecomarcha, por ejemplo, es una buena muestra y un termómetro de ese mosaico y esa riqueza de relaciones, sin las cuales la propia Ecomarcha tendría poco sentido. Me da la sensación de que es uno de los mejores intentos de entretejer redes y articular lo local con lo global.

En Euskal Herria, la lucha contra el tren de alta velocidad ha sido el espacio donde mejor se han reflejado esas relaciones con otros grupos y plataformas. Abundan los ejemplos en otras luchas puntuales: centrales térmicas, el puerto exterior de Pasaia, las incineradoras de Zabalgarbi y Zubieta, etc. Aunque también es cierto que desaparecieron otros espacios de relación y debate más estables como los encuentros ecologistas o la campaña «Haz algo por la ecología» de Erreka.

Lo que sí creo destacable es la superación de viejas sensaciones y actitudes como la competitividad entre grupos, la adoración de la sigla propia e incluso, a veces, la división casi fratricida entre grupos ecologistas.

Quim: Del admirado Ramón Fernández Durán, tenemos que aprender mucho. Si hay algo de sus pensamientos que destaco y comparto al cien por cien, es su hincapié en resaltar la importancia de construir redes. Estas son fundamentales para resistir, incidir y alcanzar así los cambios deseados. Tenemos que relacionarnos y entendernos con cuantas más organizaciones y personas mejor. Evidentemente, corremos el riesgo de ceder en nuestros posicionamientos, pero pienso que no es nada habitual. Las propuestas que hemos creado (o, aún mejor, elaborado de raíz con otros colectivos) son aceptadas por otros grupos e incorporadas a sus propios idearios en muy gran medida. Se puede constatar que cada vez un mayor número de organizaciones de perfil muy variado se unen para elaborar colectivamente nuevos postulados por un mundo mejor y más justo. Siempre he pensado que los retos en apariencia inalcanzables tienen muchas posibilidades de realizarse cuando conseguimos sumar organizaciones más allá de las que a mí me gusta considerar como «hermanas». En Cataluña, por ejemplo, por su rigor, activismo y capacidad de incidencia, destaco, aun con riesgo a dejarme alguna, Enginyeria sense Fronteres, Observatori del Deute en la Globalització, Entrepobles, Observatori dels Drets Humans, Federació d’Associacions de Veïns i Veïnes de Barcelona… De la mano de ellas, y de algunas otras, ayudamos a numerosos movimientos a beber del ecologismo social.

 

Valoremos ahora las relaciones de Ecologistas en Acción con las instituciones políticas, los partidos, los sindicatos y  con el resto de los movimientos sociales (feminismo, solidaridad internacional, antirracismo). ¿Qué balance hacéis de estas relaciones?

Lola: Las relaciones de EeA con los partidos políticos son inexistentes; lógicamente esto no impide que las personas de la organización podamos pertenecer a determinados partidos, votarlos o sentir simpatías por ellos. Lo que sí hacemos es pronunciarnos en nuestras peticiones y exigencias a los partidos, tanto en el ámbito local como en el autonómico y estatal. Con los sindicatos tradicionales, casi no nos relacionamos.

Por el contrario, nuestras relaciones con otros movimientos sociales son amplias, intensas y continuas. Muchas personas de EeA militan en otros movimientos y la organización de EeA participa en muy diversas plataformas y movimientos en todos los ámbitos y lugares.

Carlos: En Euskal Herria, la relación con otros movimientos sociales alternativos que luchan por un mundo mejor ha sido siempre muy estrecha y fluida. En particular, con los movimientos feminista, antimilitarista y de solidaridad internacional. Hemos compartido luchas, espacios ideológicos y hasta físicos. Y eso desde los tiempos de los comités antinucleares, embriones primarios del movimiento ecologista. Ese impulso de compartir continúa hoy, aunque quizás mediatizado por el reflujo del propio activismo social, con excepción de la pujanza más reciente del feminismo.

Respecto a las instituciones, cada vez soy más escéptico y me siento más desilusionado. Sigo observando mucha palabrería, poco compromiso y escasísima acción positiva. Parece haber una mayor apertura a la participación, que coincide con un discurso generalizado de consenso y corresponsabilidad con el medio ambiente. Sin embargo, siguen siendo muy precarios y limitados los cauces abiertos, demasiado formales y con escasas posibilidades de convertirse en verdaderos foros de debate. Por no hablar de la nula capacidad de participar activamente en la toma de decisiones sobre proyectos concretos, que se aprueban en otros foros (políticos, económicos o empresariales) antes de plantearse a debate.

 

Ahora te toca a ti, Yayo. ¿Cómo valoras el ecofeminismo como nueva expresión de ecologismo político y social? ¿Cuál es el rol del feminismo en el activismo ambiental y cuáles las relaciones entre feminismo, ecologismo y animalismo?

Yayo: Los ecofeminismos enriquecen y dan mayor potencia al movimiento ecologista. En los últimos años, esta corriente de pensamiento se ha ido introduciendo con mucha fuerza. Por una parte, dentro del movimiento ecologista ha desencadenado la incorporación de mujeres jóvenes —y no solo de mujeres— que ya no pueden concebir ambos movimientos por separado. Pero, por otro lado, las miradas de los ecofeminismos anticapitalistas están impregnando los análisis y las prácticas de muchos otros movimientos sociales: de solidaridad con personas migrantes y refugiadas, luchas urbanas por el derecho a la ciudad, luchas agroecológicas en el campo y en la ciudad, movimientos de cristianos de base, algunas actividades sindicales…

Los ecofeminismos han permeado los feminismos. Tienen una presencia importante en la agenda feminista. Igualmente, están influyendo en el movimiento ecologista y, aunque todavía habrá que vencer resistencias, sobre todo de las personas mayores, especialmente de los hombres, creo que va entrando de forma imparable.

Esta influencia impugna las formas de relación tradicionales dentro de los movimientos y empuja para crear organizaciones que se preocupan por la forma de establecer los vínculos, por la mediación y la resolución de los conflictos, por los liderazgos colectivos, etc. Son cuestiones básicas, si queremos que los movimientos duren.

Esta relación con otros movimientos está provocando que los propios ecofeminismos se tengan que repensar a sí mismos. Yo me he sentido muy interpelada por las luchas de las feministas afrodescendientes, las gitanas y las personas trans. Me han obligado a revisar mis propios privilegios, tan instalados que ya ni los veía.

También son importantes el auge y el crecimiento de los movimientos antiespecistas, mayoritariamente integrados por mujeres. Las relaciones entre animalismo y ecologismos no han sido —no son— armónicas. Los ecofeminismos pueden ayudar a crear el puente. Como ecologista, durante mucho tiempo estuve distante del movimiento animalista. El ecofeminismo me ha ayudado a acercarme y ahora me siento ecologista y también antiespecista; no lo puedo separar. La lucha es por la reversión del dominio de algunos sectores de privilegio sobre todo lo vivo. Quiero que desaparezcan las fiestas y las alimentaciones basadas en el sufrimiento atroz de los animales, pero también las dietas que se sostienen sobre el sufrimiento brutal de otros pueblos y otros animales (me refiero a los consumos disparatados de aguacate, quinua u otros productos que constituyen nuevos nichos de mercado). Esto implica pensar la alimentación políticamente, mirando todas las dimensiones.

 

Estos temas plantean nuevos retos conceptuales y políticos para la economía ecológica en la era de la globalización neoliberal. De forma breve y telegráfica, ¿cómo veis el retorno de los comunes frente a la eficiencia del mercado; la expropiación de saberes comunes en el sistema global; las estrategias de adaptación tecnocrática frente a alternativas radicales al extractivismo, o el decrecimiento económico y su compatibilidad con el modelo democrático actual?

Yayo: Con la biocapacidad del planeta translimitada desde los años ochenta, el declive de las energías fósiles y de los minerales y el cambio climático, el decrecimiento de la esfera material de la economía no es un deseo o una propuesta política, sino un dato. Los estallidos recientes que estamos viviendo (en el Líbano, Irak, Francia, Chile, Ecuador…) muestran un mundo en crisis estructural.

La clave es cómo se va a gestionar. Puede abordarse con lo lógica actual, es decir, conduciendo a una polarización entre sectores privilegiados decrecientes que se blindan a través del poder económico, político y militar, o con la lógica de los comunes.

La gran tensión se plasma en la emergencia fuerte de neofascismos xenófobos, misóginos y antiecologistas —aunque no es descartable que aparezcan neofascismos que tengan un discurso «verde»—; la presencia de sectores de la socialdemocracia que mantienen un discurso progresista pero políticas no tan distantes de las que defiende la ultraderecha, y la aparición de movimientos —aún débiles, pero claramente emergentes— que hacen de la justicia, la equidad, la democracia radical y la sostenibilidad de la vida el eje estructural de su propuesta. La organización política en torno a la defensa de los comunes es absolutamente clave.

 

En los últimos años están emergiendo nuevas formas de activismo ecologista (Fridays for Future, Extinction Rebellion, alianzas climáticas…). ¿Cómo se sitúa EeA ante esta nueva ola de movilizaciones?

Carlos: Hay que contemplarlas con esperanza y una cierta ilusión. Pueden ser como el Mayo del 68, la Transición del franquismo, la campaña del 0,7 por ciento o el 15-M… el despertar de una nueva generación que se incorpora a las luchas sociales, en este caso a través del ecologismo. Pero habrá que ver el poso que van dejando.

Creo que nuestra actitud debe ser de apoyo e incluso de participación activa. Pero sin ningún tipo de afán de dirigir ni de asumir un rol de vanguardia ideológica. Apoyo total con medios materiales, instrumentos, experiencias… Pero sin «dar lecciones» ni tratar de vampirizar los movimientos. Ya irán encontrado su propio camino, que sin duda confluirá en gran medida con el nuestro.

Lola: Nos situamos entre la participación, la observación y el respeto; son nuevos activismos que nos motivan y que, en gran parte, acompañamos.

 

* Catedrático de Ciencia Politica en UPV-EHU. Investigador del grupo EKOPOL. Activista de EKOLOGISTAK MARTXAN. Colabordora en el proyecto TRADENER. E-mail: inaki.barcena@ehu.eus

** Profesora de Ciencia Política en la UPV-EHU. Iinvestigadora del grupo PARTE HARTUZ. Parte de JOSEMI ZUMALABE FUNDAZIOA. E-mail: andere.ormazabal@ehu.eus.

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