Freno al colapso inminente: el movimiento por la justicia climática, los revolucionarios de Walter Benjamin

João Camargo*

Traducido por Pablo Cubillo

 

Resumen: A lo largo de los últimos años, el movimiento por la justicia climática ha sido testigo de una intensificación incomparable. Los componentes más relevantes de este movimiento se encuentran en Blockadia, Extinction Rebellion y los luchadores de Youth Climate (Fridays for Future). Dichos movimientos comparten, con su llamada a la desobediencia civil y la insurgencia, la actuación desde una perspectiva política que responda a la necesidad de reducir a la mitad la emisión de gases de efecto invernadero (GHG) para 2030, así como de aumentar la justicia social. Radical Green New Deals y campañas como Climate Jobs se postulan para crear un programa a favor de una revolución social muy en la línea de Walter Benjamin, quien propone una visión revolucionaria alternativa: no se trata de un proceso inevitable ni del resultado natural de la contradicción entre las fuerzas y las relaciones productivas, sino de una interrupción de la evolución histórica que nos conduce a una catástrofe. El movimiento por la justicia climática es un freno revolucionario de emergencia ante la crisis climática.

Palabras clave: justicia climática, Walter Benjamin, Blockadia, Fridays for Future, Extinction Rebellion

 

Abstract: Over the last years the movement for climate justice has seen an unparalleled intensification. The most relevant components of this movement are Blockadia, the ‘traditional’ climate justice movement’s more radical wing, Extinction Rebellion and Youth Climate strikers (Fridays for Future). They are combining in a global call for civil disobedience and insurgency on political lines that respond to the calls for a 50% greenhouse gas global cut by 2030, and the rise of social justice. Radical Green New Deals’ versions, and campaigns such as Climate Jobs may create the political program for a social revolution in line with Walter Benjamin, who proposed an alternative view for revolution: it is not inevitable or a natural result of the contradiction between productive forces and productive relations, but rather an interruption of a historical evolution that is leading to catastrophe. The climate justice movement is a revolutionary emergency brake against climate collapse.

Keywords: climate justice; Walter Benjamin; Blockadia; Fridays for Future; Extinction Rebellion

 

 

Introducción

Ha pasado un año desde la publicación del informe Intergovernmental Panel on Climate Change 1,5º (IPCC, 2018), que, por primera vez, estipuló una fecha límite para evitar el aumento en un grado centígrado y medio de la temperatura global para el año 2020 y propuso:

 

…caminos modélicos con ningún o escaso excedente de 1,5 grados, el descenso de, aproximadamente, el 45 por ciento de emisiones globales de CO2 antropogénico desde 2010 hasta 2030 (rango intercuartil del 40-60 por ciento) y la consecución del cero absoluto cerca de 2050 (rango intercuartil 2045-2050).

La increíble brecha entre diagnosticar un problema y atacarlo, entre políticas climáticas nacionales y reducción de emisiones, no se está cerrando; 2018 fue el año con la mayor cantidad de emisiones de GHG registrada hasta la fecha.

El fracaso de las acciones institucionales en medidas concretas para luchar contra la crisis climática que experimenta nuestra civilización ha provocado un cambio en los movimientos sociales directamente conectados con el cambio climático. Por el momento existen tres representantes mayoritarios del movimiento por la justicia climática que va más allá del ecologismo y el ambientalismo: Blockadia, Youth Climate Strikes (Fridays for Future, FFF) y Extinction Rebellion (XR). Más que utilizar las tácticas de los movimientos medioambientales tradicionales, añaden elementos fundamentales de justicia social, la necesidad de cambiar políticas inmersas en el capitalismo y la adhesión de la cultura del cuidado junto con el reconocimiento de los propios límites del planeta Tierra.

A finales de los años veinte, Walter Benjamin denunció la degradación medioambiental como uno de los principales problemas del sistema productivo capitalista. En contra del criterio de la mayoría de sus contemporáneos, Benjamin, un ecléctico pensador marxista, denunció la dominación de la naturaleza como auténtico imperialismo y criticó los peligros que entrañaban el progreso y el desarrollo tecnológico si estos eran liderados por el capital. No concebía la revolución como un proceso inevitable resultante de la contradicción entre las fuerzas productivas y las relaciones de producción, sino como una interrupción de la evolución histórica que nos conduce a una catástrofe, un freno de emergencia (Benjamin, 1980).

En su Tesis en historia de la filosofía, Benjamin (1977) reivindica que los puntos de inflexión o rupturas crean una narrativa del colapso y liberan a los individuos de las verdades aceptadas por anteriores metanarrativas. Benjamin propuso una alternativa radical al desastre inminente: una revolución que abriera el camino para conseguir la armonía entre la sociedad y el medio ambiente. El movimiento por la justicia climática asume muchas de las críticas y proposiciones de Walter Benjamin, y así se constituye en un agente social y político en oposición a la crisis climática.

 

Blockladia

El movimiento para la lucha contra el cambio climático tradicional ha basado la mayor parte de sus acciones en la presión ligada a las negociaciones anuales de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (en inglés United Nations Framework Convention on Climate Change, UNFCCC). La participación en el establecimiento de los acuerdos climáticos ha sido un punto central para el desarrollo de la identidad inicial del movimiento por la justicia climática. Pero la negociación con los Gobiernos y las empresas privadas los han condicionado y han diluido la mayoría de sus propuestas. Los fracasos institucionales han sido sucesivos; el Protocolo de Kyoto o la Conferencia de las Partes (COP) de Copenhague abrieron una brecha entre las organizaciones institucionalizadas que impulsan el proceso de negociación (WWF, Réseau Action Climat, Legambiente, Oxfam, Royal Society for the Protection of Birds —RSPB—, Climate Action Network), por un lado, y los grupos de acción directa que, especialmente desde 2015, han establecido metas estratégicas alejadas de los acuerdos propios de las instituciones (The Climate Justice Action Platform, 350.org, Ende Gelaende, entre otros). Algunos grupos se han quedado en tierra de nadie.

Blockadia es un término acuñado por Naomi Klein (Klein, 2014) basado en movimientos populares y ciudadanos, comunidades rurales, indígenas y una red solidaria que actúa en nombre del movimiento por la justicia climática tradicional, siempre involucrado de forma directa en la lucha contra el fracking alrededor del globo, en el liderazgo de la oposición a la explotación de las arenas alquitranadas, en la lucha contra la construcción de oleoductos de gas y combustible y en la resistencia sostenida contra los proyectos del carbón. Es, sin duda, la vanguardia del movimiento por la justicia climática. Sus herramientas políticas y sus acciones son diversas, pero la desobediencia civil y la resistencia no violenta se encuentran siempre en el centro de sus propuestas.

En Europa, Ende Gelaende es un magnífico ejemplo de Blockadia. Organiza protestas de desobediencia civil masiva, así como acciones más directas para lograr el cierre de minas de carbón. Se autodefine como una «extensa alianza de personas provenientes de movimientos antinucleares y anticarbón tales como los de las cumbres climáticas de Renania y Lusacia, la campaña anticarbón Hambacher, los grupos de base por la acción climática, organizaciones medioambientales y grupos políticos de izquierda». Su acción es capaz de movilizar a miles de personas a lo largo y ancho de Europa, que convergen en movilizaciones masivas anuales de desobediencia civil, con efectos tales como la ocupación de minas o plantas de carbón, así como de otras infraestructuras industriales destinadas a su extracción y su uso, hasta el punto de frustrar la indiferencia característica de los gigantes corporativos hacia el planeta.

La Blockadia europea By 2020 We Rise Up es una plataforma de justicia climática compuesta por asociaciones ciudadanas y otras plataformas enfocadas en la escalada a corto plazo de las confrontaciones que afectan a la acción por el clima y en el avance en la coordinación estratégica para la rebelión. Incluye grupos y plataformas como Ende Gelaende, Stay Grounded, Gastivists, Climáximo (Portugal), Ecologistas en Acción (España), System Change not Climate Change (Austria), BreakFree Suisse o Fossil Free Agriculture, entre otros. Parte de la llamada «Turning the Tide 2020 – Streaming Towards Climate Justice» y trata de emular la acción de desobediencia civil masiva de Ende Gaelaende en diferentes zonas de Europa, siempre en defensa de una escalada a largo plazo de la actuación por la justicia climática y un cambio en nuestro sistema. Es una autodeclarada revolución masiva contra «el modelo económico que tanto destruye los mismísimos cimientos de los que depende la vida en la Tierra».

 

Imagen 1. Activistas de toda Europa en el cierre de minas de carbón en Alemania. Autor: João Camargo.

Imagen 2. Una acción directa de masas consigue ocupar un campo de prospección de gas en el centro de Portugal. Fuente: Camp-in-Gás.

 

Extinction Rebellion (XR)

El movimiento británico Extinction Rebellion (XR) nació en octubre de 2018 con una declaración a la rebelión en la que llamaba a la insurgencia pacífica contra la inacción climática. Como resultado, se bloquearon los principales puentes en Londres, sedes de Gobierno, el Palacio de Buckingham y otros espacios públicos. Las fundaciones XR y sus tácticas provienen del análisis de la falta de dialéctica en el movimiento por la justicia climática, y pretenden presionar por medio de una feroz escalada que permita afrontar la crisis climática. XR defiende la desobediencia civil despojada de violencia para alcanzar una ruptura económica, «sacudir el actual sistema político y despertar la conciencia ciudadana».

Esta organización buscar cierto balance entre la reacción rápida y el cambio de la situación actual a la par que se compromete en el aumento del conocimiento que la sociedad necesita para afrontar un conflicto que requiere múltiples perspectivas. Focaliza sus actividades en tres demandas clave. En primer lugar, los Gobiernos deben decir la verdad y declarar una emergencia climática y ecológica. En segundo término, los Gobiernos deben actuar sin demora para detener la pérdida de biodiversidad y reducir la emisión de GHG al cero absoluto para 2025. Por último, deben crear una asamblea liderada por la decisión ciudadana y enfocada en la justicia ecológica y climática.

XR raramente menciona la palabra capitalismo, pero la apelación a un cambio de sistema no es para nada vaga ni incierta. No se basa en conflictos locales como puede hacer Blockadia. Es una organización que se apoya en la inercia social y se basa en las campañas de desobediencia civil de Gandhi o Martin Luther King, diseñadas para encender la desobediencia civil y mantenerla durante periodos sostenidos a través de una bien planeada y disciplinada formación de grupos que se multipliquen de manera anónima y que persistan en una resistencia capaz de hacer cambiar estructuras de poder aparentemente inmóviles. Blockadia sigue un enfoque tecnocrático sobre qué se debe hacer para desbancar al poder, con la necesaria cifra de un 3,5 por ciento de la población de cualquier nación que acometa esta tarea (cifra basada en un estudio publicado por Chenoweth y Stephan, 2012).

Resulta enigmática la propuesta de crear asambleas ciudadanas de forma aleatoria cuyas decisiones deberían guiar la acción gubernamental en relación con el cambio climático, y también el uso de expresiones como «por encima de la política» o «apolítico». Parece existir un interés genuino en la formación de estas asambleas compuestas por ciudadanos anónimos cuyas decisiones, tras la consulta de expertos en la materia, serían implementadas por el Gobierno, además de supervisadas por nuevas asambleas ciudadanas. Se trata de una crítica a la democracia parlamentaria y los ciclos electorales, pero se apoya en una aproximación tecnocrática a la política y la ideología que contradice su enfoque en la acción gubernamental. Puedo percibir sus tres demandas como instrumentales para la construcción del movimiento. La declaración de una emergencia climática es una manera «fácil» de obtener la victoria. La segunda demanda, la reducción de las emisiones de efecto invernadero al cero absoluto para 2025, es prácticamente imposible en una sociedad capitalista. La tercera, establecer asambleas ciudadanas, parece apuntar a las viejas tácticas revolucionarias de redoblar el poder para vaciar de dicho poder a las actuales estructuras dirigentes.

XR ha atraído ciertas críticas por las tácticas que propone, normalmente dirigidas hacia los grupos sociales privilegiados que pueden dedicarse a jornada completa a este tipo de activismo, que pueden permitirse ser arrestados, lo que excluye la participación de gente más pobre, inmigrantes, comunidades negras o mujeres con hijos. Los principios básicos de XR se refieren a esta problemática, pero no queda claro su manera efectiva de enfocarla, excepto por su intención de «regenerar la cultura». Otra de las críticas hace referencia a la extrapolación directa a nuestra experiencia de acciones de desobediencia civil en masa que tuvieron éxito en contextos autoritarios y fueron lideradas por estratos sociales oprimidos.

 

Youth Climate Strikes / Fridays for Future (FFF)

Climate Strikes nació de la mano de jóvenes estudiantes, que organizaron las dos primeras huelgas estudiantiles en marzo y abril de 2019, después de que la joven sueca de quince años Greta Thunberg obtuviera notoriedad por sus protestas cada viernes frente al Parlamento de Estocolmo. Estos dos eventos globales a escala masiva, con millones de participantes en más de cien países en todo el mundo, se han convertido en las más importantes protestas por la justicia climática de la historia. Las mayores movilizaciones y acciones se concentraron en países ricos, pero algunos países al Sur del mundo también han colaborado con expresivas protestas.

Es este un movimiento descentralizado, con diferentes tácticas basadas en la movilización y la huelga ciudadana. Cuenta con una plataforma política que se ajusta al contexto local y nacional, además de participar en demandas más concretas en marcos más pequeños, pero con una petición global conectada con el Tratado de París y el Informe 1,5º (COP), como la de Keep It In The Ground (proyectos  contra los combustibles fósiles), la reducción a la mitad de la emisión de GHG para 2030 y la reivindicación de una mayor justicia social mientras se persiguen estos propósitos.

Los grupos FFF provenientes de treinta y ocho países europeos se reunieron en Suiza y proclamaron la Declaración Climática de Lausana, basada en los principios de no violencia y transparencia, horizontalidad en la toma de decisiones, confrontación con todo tipo de discriminación o fascismo y preparación ante los discursos de odio. Sostienen que «la justicia social es un valor muy importante para nuestro movimiento y la justicia social no conoce fronteras. Para combatir la crisis climática, debemos apoyar a los más vulnerables» (Fridays for Future, 2019).

El movimiento llamó a una huelga global por el clima en septiembre. Como un avance estratégico, FFF llamó a las uniones de trabajadores a participar y se encargó de concienciar a los adultos para que intervinieran en las protestas masivas por el clima, especialmente a los movimientos laboristas, para dejar de lado a los indecisos y adoptar así la forma más efectiva de apoyo a los objetivos: la huelga política general. El apoyo de los trabajadores no fue muy manifiesto, pero la huelga global por el clima ha representado una importante alianza con Blockladia, y del 20 al 27 de septiembre, entre siete y ocho millones de personas en ciento ochenta y cinco países (350.org) tomaron parte en el movimiento por la justicia climática con más participación de la historia.

El movimiento por la justicia climática conduce a sus expresiones políticas, la mayoría de ellas externas. Las más conocidas son las declaraciones de emergencias climáticas. El Green New Deal y la campaña Climate Jobs son, en estos momentos, sus dos expresiones más relevantes. Estos pueden ser importantes programas políticos que colaboren con la justicia climática siempre que se focalicen en la movilización masiva, reforzada por figuras políticas, y el rechazo hacia la cultura del crecimiento económico en países industrializados, además de aportar contribuciones económicas y culturales que apoyen esta transición en las naciones más pobres.

 

¿Los revolucionarios de Walter Benjamin?

Existe un núcleo de crítica política y social que se desarrolla en el centro de la lucha climática formada por decenas de miles de organizaciones. Poner freno al capitalismo dependiente de combustibles fósiles es una característica común a este movimiento, además de representar una llamada constante a la ruptura social y la reparación histórica intergeneracional. En la dinámica actual generada a lo largo del año pasado, todavía no se ha establecido como un movimiento revolucionario. Pero la tendencia parece indicar un desarrollo favorable a ello, al confrontar la inacción del poder capitalista ante un clima global que se desmorona.

Otros grupos empujan el movimiento hacia un capitalismo verde a través de impuestos al carbón. Pero la llamada a «escuchar a los científicos» va directamente en la dirección de reducir a la mitad la emisión de GHG para el año 2030. Ante un posible shock sistémico, se presiona para la adopción de una senda revolucionaria que nos aleje del capitalismo de los combustibles fósiles. XR, y en cierta medida FFF, es un fenómeno occidental, mientras que Blockadia mantiene un enfoque más internacional. Esto es relevante ya que en el futuro será determinante romper la barrera de acciones masivas en Asia, África y América del Sur.

La alegoría de Benjamin de un tren de humanidad que se dirige hacia un precipicio y nuestra colaboración para desvelar esta catástrofe parecen representar la última oportunidad de salvar al ser humano. Reducir la emisión de GHG a una escala sin precedentes históricos y asegurar la justicia social en el proceso será necesariamente una actuación a escala masiva, para salvar la civilización y reinventar nuestra humanidad. Esta es la tarea a la que debe encomendarse el movimiento por la justicia climática: utilizar el freno de emergencia y presionar hacia un empuje humanista y radical a favor de la vida humana y del medio ambiente en el mismo momento en el que el monstruo de los reaccionarios negacionistas climáticos se siente al frente de los poderes que lideran el mundo.

 

Referencias

Benjamin, W., 1977. «Theses on the Philosophy of History». En: H. Arendt (ed.), Water Benjamin, Illuminations. Essays and Reflections. Nueva York, York, Schocken, pp. 253-264.

Benjamin, W., 1980. Gesammelte Schriften. Fráncfort, Suhrkamp.

Chenoweth, E., y M. Stephan, 1992. Why Civil Resistance Works: The Strategic Logic of

Nonviolent Conflict. Nueva York, Columbia University Press.

Fridays for Future, 2019. Lausanne Climate Declaration. Disponible en:

https://drive.google.com/file/d/1Nu8i3BoX7jrdZVeKPQShRycI8j6hvwC0/view, consultado en 12 noviembre 2019.

IPCC, 2018. Global Warming of 1.5 °C. Disponible en: https://www.ipcc.ch/sr15/, consultado el 10 noviembre 2019.

Klein, N., 2014. Esto lo cambia todo. El capitalismo contra el clima. Barcelona, Paidós Ibérica.

* Organización para la justicia climática Climáximo. E-mail: joao.camargo.342@gmail.com.

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