¿Quo vadis, ecología política española?

Florent Marcellesi*

 

Resumen: En las elecciones europeas de 2019, Los Verdes han cosechado un resultado histórico y con ello han convertido el clima en prioridad política a nivel continental. Pero esta ola verde centrada en el noroeste europeo sigue sin penetrar en el sur. Esto es un obstáculo para que Los Verdes en el futuro también puedan disputar la hegemonía institucional a los grupos conservadores, socialdemócratas y liberales europeos. España es, por tanto, una prioridad de crecimiento para Los Verdes Europeos. Pero sigue siendo un agujero negro de la ecología política, cuyo espacio —todavía débil hoy, pero con gran perspectiva de futuro— está en disputa entre diferentes actores políticos.

En primer lugar, este artículo repasa lo ocurrido desde la Transición democrática hasta el 15-M para encontrar las razones de esta situación de debilidad. En segundo término, analiza los posibles escenarios futuros del espacio verde en España y las condiciones necesarias para su eclosión como actor central de la política española y, por tanto, europea.

Palabras clave: ecología política, Los Verdes, política española, política europea, hegemonía verde

 

Abstract: In the European elections of 2019, The Greens have reaped a historic result, making the climate a political priority at the continental level. But this green wave centered in the northern-western Europe still doesn’t penetrate the south of Europe. This is an obstacle so that the Greens may also in the future dispute the institutional hegemony to European conservative, social democrats and liberal groups. Spain is therefore a growth priority for European Greens. But it remains a black hole for political ecology whose space, still weak today but with great perspectives in the future, is in dispute between different political actors.

First, this article reviews the reasons for understanding this situation of weakness from the democratic transition to the «Indignados» movement. Second, it analyzes the possible future scenarios of the Green space in Spain and the necessary conditions for its emergence as a central actor in Spanish and therefore European politics.

Keywords: political ecology, The Greens, Spanish politics, European politics, green hegemony

 

 

Introducción

En las elecciones europeas de mayo de 2019, Los Verdes han cosechado un resultado histórico: cuarto grupo en la eurocámara, con más de setenta eurodiputados; segunda fuerza en Alemania y tercera en Francia; han tenido la capacidad de marcar la agenda de la nueva Comisión Europea y de convertir el clima y la transición ecológica en prioridades políticas e institucionales a nivel continental.

Pero, al mismo tiempo, esta ola verde —centrada principalmente en el noroeste europeo— sigue sin penetrar en el sur y en el este de Europa. A medio y largo plazo, esto es un obstáculo estructural para que Los Verdes, más allá de marcar la agenda comunitaria, puedan también disputar la hegemonía política a los grupos conservadores, socialdemócratas y liberales, y así pasar a liderar directamente la política europea.

 

En este contexto, España —uno de los pesos pesados de la Unión Europea y, por tanto, una prioridad política de crecimiento para Los Verdes— sigue siendo un punto débil del ecologismo político en el mapa europeo. Sin embargo, más que nunca el espacio verde está allí en disputa entre distintos actores políticos, ya sean socialdemócratas, provenientes del llamado «espacio del cambio» o, simplemente, verdes.

Para entender esta situación, repasamos primero las razones estructurales así como los condicionantes del ciclo político que se abrió con el 15-M, con el fin de explicar esta presencia débil y sectorial de la ecología política española. A partir de ahí, nos interrogamos sobre el futuro del espacio verde en España.

 

El papel marginal de la ecología en la Transición española y el 15-M

La marginalidad hasta bien entrado el siglo xxi, ante todo, corresponde a factores históricos. Por un lado, mientras el movimiento ecologista nacía en Europa al calor del ciclo sociopolítico abierto por las revueltas de 1968, en España un desarrollo simultáneo resultó imposible por la llegada tardía de la democracia, a finales de 1970. Por otro lado, la Transición española se estructuró en torno a la cuestión de la vuelta a la democracia; la ecología quedó en un plano marginal y se cedió el protagonismo en el espacio político progresista a los partidos provenientes de la lucha antifranquista, totalmente alejados en aquel momento de las consideraciones ecologistas como paradigma holístico transformador. Estos factores desembocaron en una debilidad orgánica del movimiento verde, reforzada al mismo tiempo por las tensiones territoriales inherentes a España, una fuerte división interna en el propio movimiento verde y la dificultad de representar la correa de transmisión política del movimiento social ecologista (Marcellesi, 2008). 

Sin embargo, debido al debilitamiento del espacio progresista emergido de la Transición y la no respuesta de dichos partidos a la crisis ecológica, el movimiento verde volvió a dar un paso adelante: se unificó y se refundó con EQUO en 2011. Si bien esta dinámica creó de nuevo una oportunidad para la presencia del ecologismo como actor autónomo en la política, los acontecimientos sociales, con el movimiento de los indignados, cambiaron de nuevo el rumbo de la historia verde. Asimismo, a partir de 2011, el 15-M abrió un ciclo social y político cuyas coordenadas estructurantes fueron la democracia —los de abajo frente a los de arriba— y la desigualdad frente a la enorme crisis económica de 2008. Luego el partido Podemos canalizó esta hegemonía cultural en la política. 

En todo este proceso, la ecología no dejó de ser secundaria: en ningún caso fue un eje estructural de las protestas sociales en las plazas y de su posterior canalización en la arena política. Asumida de forma sectorial por el «espacio del cambio» y a menudo relegada detrás de otras prioridades,[1] no se supo articular un discurso que uniera las crisis democráticas y sociales con la crisis ecológica. La ecología no desapareció y sí supo encontrar un sitio relevante en muchas ciudades del cambio como Madrid o Valencia,[2] pero no se sistematizó una visión holística para que el espacio del cambio fuera también el del cambio ecosocial. Como en la época de la Transición, el espacio verde volvió a ser un apéndice de un gran hermano progresista y sus ideas, un apartado más de un programa de izquierdas. Además, el ciclo político del procés català ha supuesto una involución para la agenda conquistada por el 15-M, y de rebote también para las cuestiones ecológicas. La sobredimensión de las reivindicaciones territoriales en España se ha sobrepuesto a las cuestiones sociales y a las nacientes cuestiones ecológicas.[3] 

Sin embargo, la ecología ha vuelto al centro de la atención social y mediática. El fenómeno de las huelgas juveniles lideradas por Greta Thunberg se asimila a nivel mundial a un «15-M climático» (Marcellesi, 2019). En otras palabras, si el 15-M de 2011 la ciudadanía marcó el futuro de España con un «no nos representan» que impugnaba la inacción política ante la crisis democrática, la indignación climática ha impugnado la inacción política ante la emergencia climática. Con ello, también en España, donde el cambio climático es una de las mayores inquietudes de la ciudadanía (Lázaro Touza et al., 2019), existe una tendencia de fondo que obliga a redefinir las prioridades políticas y sociales para dar una respuesta a la juventud y a cada vez más sectores preocupados por la ecología de forma prioritaria y transversal. Estamos asistiendo en directo al nacimiento de una hegemonía verde en el plano cultural. Ahora bien, falta saber quién será capaz de trasladarla y representarla a nivel político.

 

El futuro del espacio verde en España

Sobre la base de este contexto sociohistórico, analicemos ahora los posibles escenarios futuros del espacio verde en España y las condiciones necesarias para su eclosión como actor central de la política española y, por tanto, europea.

Es evidente que el nuevo contexto sociopolítico español ha vuelto a dejar el espacio verde difuso y en disputa. Por un lado, la presencia cada vez más relevante de los partidos verdes en Europa actúa como espejo en España. El éxito de los verdes en Alemania, Francia, Bélgica, Suiza, etc., crea un efecto llamada en un contexto de creciente europeización de la política. Por otro lado, el movimiento juvenil por el clima está propiciando la visualización de nuevos sujetos y mayorías sociales con orientación nítidamente verde. 

A diferencia de otros países europeos, donde el espacio verde lo ocupa de facto el partido ecologista nacional, en España la batalla todavía es feroz y abierta, como bien se ha podido constatar en las elecciones generales de noviembre de 2019. A día de hoy, existen principalmente tres opciones para disputar este espacio verde, las tres provenientes del ámbito progresista:[4] la opción socialdemócrata, la poscomunista y la verde.

La opción socialdemócrata, en la línea del vicepresidente de la Comisión Europea Frans Timmermans, y representada por el PSOE en España, lucha por la integración de las cuestiones de transición ecológica dentro de su matriz histórica: una socialdemocracia reverdecida y orientada hacia la gestión del Gobierno y las instituciones.[5] La segunda opción es integrar lo verde en el espacio poscomunista. En la senda de Izquierda Unida en los años ochenta y noventa, y hoy representada por Unidas Podemos, se trata de canalizar lo verde en una crítica anticapitalista del sistema y anclarlo en la «izquierda unitaria europea» (Asuar Gallego, 2019).

Por su parte, la tercera opción reivindica la construcción de un espacio verde propio y autónomo al igual que en países de la Europa noroccidental, con la transición ecológica con justicia social como eje estructurante del programa y con un único referente continental, Los Verdes Europeos. Esta última opción tiene varias ventajas. Primero, como se ha constatado en otros países europeos, solo es posible empujar al resto de los partidos del arco político hacia la ecología cuando existe un partido verde fuerte en el tablero. Segundo, el electorado verde es claramente transversal a las grandes ideologías preexistentes a la ecología política y no se deja encerrar en los espacios clásicos de izquierdas (sean socialdemócratas o poscomunistas). Por último, a nivel teórico, puesto que la ecología política es una crítica principalmente no marxista de una superideología productivista —en la que el eje productivista/antiproductivista es el nuevo eje estructurante y determinante—, no es reductible al socialismo, sea cual sea su versión (Marcellesi, 2008).

Imagen 1.  Manifestación durante la COP25 en Madrid Fuente: European Greens

Eso sí, para que pueda funcionar, esta opción necesita varios ingredientes. Por un lado, el espacio verde no puede ser un partido ecologista que solo se dirija a un nicho ecologista. Como dice Pepe Escrig (2019):

La ecología política española tiene el reto de pasar del esencialismo al constructivismo, del nicho a la transversalidad, de la protesta a la propuesta y del catastrofismo a la esperanza. Es decir, aprovechar la oportunidad de dejar de ser la resistencia ecologista para estar en condiciones de liderar la nueva hegemonía verde.

 

 En este sentido, tiene que ser transversal y hablar a mayorías más amplias. Ya sea a través de una estrategia parecida a la de Los Verdes Europeos, o con aportes del «populismo verde» —como han sugerido Errejón, Santiago y Tejero (Santiago y Tejero, 2019) —, o con una estrategia híbrida entre las dos primeras de ecología popular. El objetivo es claro: ser capaces de canalizar primero al electorado verde potencial (principalmente clases medias, urbanas, formadas, jóvenes y mujeres), todavía disperso en España, y, por otro lado, aspirar a sumar también franjas de las clases populares. Para ello, es fundamental que ecología y justicia social vayan asociadas como dos términos gemelos e inseparables. Dicho de otro modo, como probó la crisis de los chalecos amarillos, la transición ecológica será justa o no será (Marcellesi y Ralle, 2018).

En segundo lugar, tampoco se puede poner por delante la unidad de la izquierda como fetiche. Gran parte del electorado verde no se reconoce en una identidad de izquierda y espera más bien fórmulas más innovadoras y abiertas. De hecho, se trata de construir nuevas identidades e imaginarios colectivos. En ellos, por ejemplo, el Estado —que sin duda hay que repensar a la luz de la crisis ecológica (Marcellesi, 2013)— podría seguir siendo importante, pero no omnipresente, y dejaría espacio y liderazgo a lo no gubernamental. O no se rechazaría por sistema el mercado, sino que se abriría a la innovación y el emprendimiento de las pymes verdes. Lo público, lo privado y lo cooperativo juntos podrían crear círculos virtuosos. La seguridad y el orden se podrían conjugar con la transición ecológica. Europa sería un marco de juego en positivo y plenamente compatible con las escalas nacionales y locales. La gestión de la interdependencia y de la complejidad estaría por encima de los viejos marcos de soberanía exclusiva y de simplificación a ultranza de quiénes son los buenos y los malos. 

Por último, por lo que respecta a la europeización del espacio político y el auge de los partidos verdes en nuestro continente, el espacio verde español necesita tener claro que su referencia a nivel europeo son Los Verdes Europeos. Por ejemplo, seguir en el espacio poscomunista a nivel estatal y europeo debilita el espacio verde europeo, lo cual imposibilita a medio plazo el sorpasso de Los Verdes Europeos a la socialdemocracia, los conservadores y los liberales. A su vez, por un efecto búmeran clásico en sistemas interdependientes, impide el crecimiento de una opción verde en España. Puesto que España es uno de los países más grandes de la Unión Europea (y, por tanto, en el plano electoral, uno de los que más eurodiputados aporta), el futuro de ambos está íntimamente ligado.

En estos tiempos de incertidumbre global y política, con la crisis ecológica como telón de fondo, la opción verde aporta respuestas a la altura de los retos del siglo xxi. No sería comprensible, por tanto, que España siguiera al margen de esta dinámica. Más bien al contrario, existen todos los ingredientes necesarios para que el espacio verde pueda madurar y jugar el papel histórico que le corresponde.

 

Referencias

Asuar Gallego, B., 2019. «Podemos se desmarca del Green New Deal para abordar el origen de la crisis climática». Público (11 de noviembre). Disponible en: https://www.publico.es/politica/elecciones-10-n-separa-green-new-deal-abordar-origen-crisis-climatica-cree-green-new-deal-no-suficiente-enfrentar-crisis-climatica.html?utm_source=telegram&utm_medium=social&utm_campaign=web, consultado el 29 de noviembre.

Escrig, P., 2019. «De la resistencia a la hegemonía verde en España». Green European Journal (septiembre). Disponible en: https://www.greeneuropeanjournal.eu/de-la-resistencia-ecologista-a-la-hegemonia-verde-en-espana/, consultado el 20 de noviembre.

Lázaro Touza, L., C. González Enríquez y G. Escribano Francés, 2019. Los españoles ante el cambio climático. Real Instituto Elcano. Disponible en: http://www.realinstitutoelcano.org/wps/wcm/connect/1c5a8ff2-2533-44bf-b2d6-a0c8053b231a/Informe-Espanoles-ante-cambio-climatico-sept-2019.pdf?MOD=AJPERES&CACHEID=1c5a8ff2-2533-44bf-b2d6-a0c8053b231a, consultado el 30 de noviembre.

Marcellesi, F., 2008. «Ecología política: génesis, teoría y praxis de la ideología verde». Bakeaz, 85, pp. 1-14

Marcellesi, F., 2013. «¿Más allá del Estado?». Ecología Política, 45, pp.7-12

Marcellesi, F., 2017. «Nueve tesis a favor de la interdependencia». CTXT (12 de noviembre). Disponible en: https://ctxt.es/es/20171108/Firmas/16103/interdependencia-nacionalismos-UE-Florent-Marcellesi.htm, consultado el 20 de noviembre de 2019.

Marcellesi, F., 2019. «Se avecina un 15M climático». Disponible en: http://florentmarcellesi.eu/2019/02/22/se-avecina-un-15m-climatico, consultado el 22 de febrero de 2019.

Marcellesi, F., y F. Ralle, 2018. «Chalecos amarillos: la transición ecológica será justa o no será». Eldiario.es (4 de diciembre). Disponible en: https://www.eldiario.es/euroblog/Chalecos-amarillos-transicion-ecologica-justa_6_842775754.html, consultado el 1 de noviembre de 2019.

Timones, T., y L. Quiroga, 2019. «Consenso medioambiental: ¿y dónde está la derecha?». El Confidencial (27 de agosto). Disponible en: https://blogs.elconfidencial.com/espana/tribuna/2019-08-27/consenso-medioambiental-derecha_2194431/, consultado el 30 de noviembre.

Santiago, E., y H. Tejero, 2019. ¿Qué hacer en caso de incendios? Manifiesto por un Green New Deal. Madrid, Capitán Swing.

 

* Exeurodiputado de EQUO. E-mail: florent@florentmarcellesi.eu.

[1]. Como en el caso de la defensa de los trabajadores del carbón, que se priorizó al carácter altamente nocivo y contaminante de su sector.

[2]. Véase el caso de Madrid Central de la mano de Inés Sabanés (Ahora Madrid/Equo) y las políticas de movilidad sostenible en Valencia de la mano de Giuseppe Grezzi (Compromís/Equo).

[3]. Para una visión ecologista del conflicto territorial catalán, véase Marcellesi (2017). 

[4]. A diferencia de otros países, donde la derecha y el centro derecha sí disputan la ecología a la izquierda, la ausencia de la derecha en esta batalla en España es clamorosa (Timones y Quiroga, 2019).

[5]. El PSOE ha creado el primer Ministerio de Transición Ecológica en España (con el caso francés como ejemplo) e intenta liderar en Europa la ambición climática. La organización de la COP25 en España va en esta línea.

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