doi.org/10.53368/EP69AYEP05
Veridiana Emília Godoy,* Marina Rago Moreira,** Vanessa Lucena Empinotti***
Resumen: En el actual contexto de agravamiento de los cambios climáticos, los territorios periféricos urbanos son severamente afectados por la escasez de agua, pues se intensifica la inseguridad hídrica ya presente debido a la distribución desigual de las infraestructuras urbanas. Una vía para pensar formas de enfrentar esta injusticia socioambiental es a través de la ecología política feminista, una perspectiva emergente en América Latina con una fuerte presencia de los feminismos decoloniales y los ecofeminismos, pero aún poco explorada en estudios de casos urbanos. Sus trabajos actuales investigan cómo subjetividades, ideologías e identidades de género son producidas, empleadas y contestadas en el contexto del acceso a los bienes ambientales, con un enfoque en las escalas del hogar y el cuerpo y sus interrelaciones con escalas mayores, construyendo nuevas epistemologías, metodologías y estrategias de superación. En este sentido, este trabajo se propone abordar las contribuciones de la ecología política feminista latinoamericana para la comprensión de la inseguridad hídrica en territorios periféricos urbanos.
Palabras clave: ecología política feminista latinoamericana, inseguridad hídrica, luchas urbanas
Abstract: In the current context of worsening climate change, peripheral urban territories are severely affected by water scarcity, intensifying the already present water insecurity due to the unequal distribution of urban infrastructure. One way to think about how to address this socio-environmental injustice is through the lens of feminist political ecology, an emerging perspective in Latin America with a strong presence of decolonial feminisms and ecofeminisms, which are still underexplored in urban case studies. Current works in this field explore how subjectivities, ideologies, and gender identities are produced, employed, and contested within access to environmental goods, focusing on the scales of the home and the body and their interconnections with larger scales, building new epistemologies, methodologies, and strategies for overcoming these issues. In this sense, this paper aims to address the contributions of Latin American Feminist Political Ecology to the understanding of water insecurity in peripheral urban territories.
Keywords: latin american feminist political ecology, water insecurity, urban struggles
Introducción
En los últimos años, además de la crisis sanitaria de la pandemia del COVID-19, Brasil, al igual que varios países del Sur Global, ha enfrentado una crisis económica, social y política que ha agravado las desigualdades estructurales del capitalismo, con la consecuencia del aumento del número de familias que viven en las periferias urbanas, principalmente en las grandes metrópolis. En el contexto brasileño, esta crisis económica obligó a las poblaciones más pobres a elegir entre pagar el alquiler y comer, y para evitar el desalojo, encontraron en las áreas de expansión urbana la posibilidad de concretar el sueño de la casa propia, aunque irregular, en un intento desesperado por lograr estabilidad financiera, aunque esos territorios presenten déficits de infraestructura urbana. Estas desigualdades urbanas, sociales y ambientales son consecuencia de los procesos de urbanización, históricamente estructurados en América Latina dentro de la lógica capitalista y colonial, con una visible segregación entre quienes pueden y quienes no pueden acceder a los derechos al agua, la vivienda, la salud, la educación y el ocio.
Las periferias urbanas de Brasil son territorios cuya población está compuesta mayoritariamente por personas negras, con ingresos familiares insuficientes, que presentan bajos niveles educativos y están en situaciones de trabajo precario. Son estos territorios los que más se ven afectados por los impactos del cambio climático, como olas de calor seguidas por caídas bruscas de temperatura, lluvias intensas que causan inundaciones y deslizamientos de tierra, y escasez de agua, entre otras situaciones agravadas en este contexto. Sin áreas verdes para la infiltración del agua de lluvia ni vegetación para mitigar el calor, con problemas en el abastecimiento de agua y el acceso restringido a la red de alcantarillado y limpieza urbana, las familias periféricas tienen la salud, la seguridad y el bienestar directamente impactados por el colapso ambiental.
En el campo de la ecología política, vemos un conjunto de teorías y prácticas que surgen de un esfuerzo colectivo para comprender, debatir y visibilizar estas injusticias socioambientales y pensar en formas de superación. Entre ellas se encuentran los ecofeminismos y las ecologías políticas feministas, con temas emergentes en América Latina a partir de las luchas de las mujeres indígenas y rurales, pero aún poco explorados en lo relativo a las experiencias de las luchas urbanas. En el actual contexto de agravamiento de los cambios climáticos, es urgente fortalecer las luchas de los territorios periféricos urbanos desde perspectivas que amplifiquen sus voces y visibilicen sus resistencias cotidianas, como la batalla diaria para conseguir agua en momentos de escasez, que intensifica la inseguridad hídrica ya presente debido a la distribución desigual de las infraestructuras urbanas.
En este sentido, este texto presenta brevemente las contribuciones de la ecología política feminista latinoamericana (EPFLA) para la comprensión de la inseguridad hídrica en territorios periféricos urbanos, con el fin de afirmar esta perspectiva como un camino posible para enfrentar las injusticias socioambientales presentes en las ciudades de América Latina. Primero, el trabajo trae los aportes de estas agendas feministas y latinoamericanas a la ecología política, con conceptos basados en los movimientos de luchas territoriales, ecofeminismos y feminismos decoloniales. Posteriormente, se presenta cómo estas perspectivas contribuyen a la comprensión de las luchas urbanas por recursos naturales, con foco en la inseguridad hídrica vivida por las poblaciones de territorios periféricos urbanos. Finalmente, se concluye que los estudios de la EPFLA implican un compromiso con el cambio de la realidad de la población más afectada por los cambios climáticos, visibilizando sus problemas cotidianos, sentimientos, corporalidades y epistemologías.
La construcción de agendas feministas latinoamericanas en la ecología política
En América Latina, la literatura de la ecología política feminista (EPF) ha influido en los debates sobre feminismos y ecología, pero estos debates también se basan en tradiciones críticas regionales, como la teología de la liberación, la teoría de la dependencia, la educación popular y la investigación-acción participativa. Además, los feminismos decoloniales y territoriales (Ulloa, 2016) han ganado relevancia en las últimas décadas, contribuyendo a la formación de una ecología política feminista latinoamericana (EPFLA) que dialoga con las realidades locales y globales.
Desde los años 2000, la Red Género, Sociedad y Medio Ambiente (Red GESMA) ha traducido y divulgado textos fundamentales de las ecologías feministas, como los de Rocheleau et al. (1996), Mies y Shiva (2021) y Bina Agarwal, entre otros. Estos trabajos han animado el debate sobre género y ambiente[1] en la región, evidenciando un diálogo entre la literatura global y las perspectivas latinoamericanas. Recientemente, ha habido una producción creciente que se reconoce como parte de la EPFLA (Arriagada Oyarzún y Zambra Álvarez, 2019; Ulloa, 2020), destacándose la recopilación Feminismo socioambiental (Velázquez et al., 2020), en la cual Astrid Ulloa define la EPFLA como tendencias analíticas que combinan herramientas conceptuales de la EPF con procesos históricos y territoriales situados. No se trata de un campo nuevo, sino de un enfoque que reconoce la diversidad de realidades y contextos en América Latina. Ulloa (2020) argumenta que es necesario mirar las trayectorias y propuestas de la EPFLA considerando procesos históricos, temas y conflictos socioambientales específicos de la región. Esto incluye entender la diversidad de ser, sentir, conocer y pensar realidades situadas, donde el no humano también es reconocido como un actor político.
Las ecologías políticas en América Latina emergen de los territorios, comprometidas con las luchas locales y con la producción de un pensamiento crítico que refleja la singularidad del ambiente y los sujetos que lo habitan. La literatura anglófona ha comenzado a incorporar cuestiones planteadas por las ecologías feministas del Sur, marcadas por las perspectivas decoloniales que surgieron en las décadas de 1990 y 2000[2] (Elmhirst, 2017). Reconocer las voces y los saberes situados es esencial para construir un debate verdaderamente emancipador, como destacan Ojeda et al. (2022), quienes enfatizan la reinvención de conceptos como territorio y ecología en espacios cotidianos, como cocinas, centros comunitarios y bosques.
La EPFLA desafía la jerarquización de los saberes, reconociendo la importancia de conocimientos empíricos y milenarios, a menudo marginados por la academia. Este enfoque es central para los feminismos decoloniales, que buscan romper con las distinciones entre teoría y práctica, pensamiento y acción, como destacan Halvorsen y Zaragocin (2021). La EPFLA se compromete con un proceso de descolonización que se construye colectivamente y de forma heterogénea, reflejando la diversidad de las luchas territoriales.
En los debates de la EPLA, Zaragocin Carvajal et al. (2018) destacan la defensa de los territorios frente al neoextractivismo,[3] señalando que en esos lugares emergen alternativas al modelo de desarrollo extractivista. Estas geógrafas identifican tres pilares centrales en los debates feministas sobre territorio en la región:
- El cuerpo y el territorio: Aproximando teoría y praxis, la EPFLA enfatiza la defensa de los territorios desde una «teoría encarnada» que posiciona el cuerpo-tierra-territorio como locus privilegiado de resistencias feministas.
- La repatriarcalización de los territorios: El extractivismo no solo degrada el ambiente, sino que también incrementa la violencia de género y transforma las relaciones económicas y sociales de las poblaciones afectadas.
- Cartografías críticas: Nuevas metodologías desarrolladas por colectivos de geografía crítica y feministas, como los colectivos Geografía Crítica del Ecuador y Miradas Críticas al Territorio, visibilizan las luchas territoriales y las resistencias locales.
El concepto de cuerpo-territorio, que proviene de la lucha de las mujeres indígenas, campesinas y curanderas en defensa de sus territorios y su autonomía, aporta esta reflexión política sobre un mismo sistema que violenta la naturaleza y a las mujeres. Lorena Cabnal (2010) traduce las elaboraciones de las mujeres indígenas feministas comunitarias de Abya Yala. Cabnal propone el lema «¡Recuperación y defensa de nuestro territorio cuerpo-tierra!», que emerge de las luchas contra la minería y las violencias de género en las comunidades maya xincas. La propuesta reconoce la interconexión entre el cuerpo, la tierra y el territorio, y afirma que la defensa del territorio también es la defensa del propio cuerpo. Así, desafía la dominación biopolítica, proponiendo que las prácticas cotidianas pueden ser revolucionarias al contradecir el modelo capitalista.
Esta noción dialoga también con las ideas de interdependencia y ecodependencia desarrolladas por las ecofeministas (Herrero, 2013) al destacar la reconexión con la naturaleza y entre los seres vivos, que la racionalidad moderna y androcéntrica trató de borrar. En este caso, la minería afecta también la salud de los cuerpos, humanos y no humanos, una parte de tierra específica y las aguas que fluyen allí. También contamina su recorrido e indirectamente tendrá algún impacto en la biosfera. Pero ellas también visibilizan que el proceso de la minería ha generado el aumento de la violencia contra las mujeres en los territorios. Este tema será discutido a partir de los feminismos comunitarios y de la ecología política feminista como una (re)patriarcalización de los territorios (Colectivo Miradas, 2017a). Las metodologías de cartografías del cuerpo-territorio también relacionan la salud de las mujeres con el estado de los territorios. Al mapear las percepciones del cuerpo sobre los impactos ambientales, se argumenta que el enfermamiento de las mujeres refleja el enfermamiento de la tierra (Colectivo Miradas, 2017b).
En síntesis, la EPFLA representa una contribución vital para los debates globales sobre ecología y feminismo pues aporta perspectivas situadas y comprometidas con la justicia socioambiental y la descolonización del pensamiento y de los territorios. Al reconocer la diversidad de saberes y experiencias, enriquece el pensamiento crítico y ofrece herramientas para enfrentar los desafíos contemporáneos, como los neoextractivismos, la violencia de género y la crisis ambiental. Vemos un enfoque mayor de estos debates sobre los contextos rurales, pero se trata de una perspectiva que también puede abordar los ambientes urbanos, ya que explicita las interdependencias entre los territorios y los seres vivos, cuestionando las fronteras de los dualismos jerárquicos modernos, como humano/no humano, sociedad/naturaleza y urbano/rural. A continuación, buscamos expandir este debate poco movilizado a partir del caso de las luchas urbanas por acceso al agua.
Contribuciones de la ecología política feminista latinoamericana a las luchas urbanas por el agua
En Brasil, los datos oficiales sobre el acceso al agua privilegian el porcentaje de cobertura de red y población atendida, lo que ignora las soluciones de infraestructuras alternativas de abastecimiento en lugares donde no existe un servicio formal (Empinotti et al., 2022). Además, esos datos no permiten adentrarse en la escala doméstica ni visibilizar los problemas cotidianos de acceso al agua, las experiencias y prácticas que afectan la rutina, el cuerpo, lo emocional, la salud y las relaciones afectivas de las personas que viven la inseguridad hídrica de manera diaria (Godoy, 2023).
Para abordar la escala doméstica, se propone observar el proceso de acceso al agua desde el concepto de inseguridad hídrica domiciliaria, que parte de la interacción entre: el acceso al agua, que representa la capacidad de tener agua para consumo, incluyendo el acceso físico, el costo accesible y la confiabilidad; la aceptabilidad de la calidad del agua, que incluye sus diversas características biofísicas, como su sabor, color y olor, en cuanto influyen en el uso del agua y la salud humana, y el afecto del agua, que corresponde a las experiencias emocionales, culturales y subjetivas relacionadas con ella (Jepson et al., 2017). Así, el acceso al agua se comprende como un proceso mediado por diferencias sociales, que moviliza e impacta las relaciones, afectos, culturas, valores, emociones y poderes (Godoy, 2023). Por ello, se consideran las dimensiones físicas y simbólicas del agua, sus prácticas culturales, identidades, normas, creencias y ontologías.
Más allá de la visión del agua como híbrido, las estudiosas y activistas feministas que trabajan en el campo de la ecología política abordan la crisis ecológica desde los estudios críticos del desarrollo y de escalas menos visibles, como la casa y el cuerpo, lo cual es útil para el concepto de inseguridad hídrica domiciliaria (Godoy, 2023). Estas introdujeron la dimensión de género frente a las cuestiones ambientales y reconocieron la interseccionalidad entre la dominación y explotación de la naturaleza y las desigualdades sociales en general. Tal perspectiva permite investigar las experiencias corporificadas relacionadas con el agua, tanto en sus condiciones materiales como en los discursos más complejos de diferenciación y exclusión social en las ciudades contemporáneas, así como comprender cómo las actividades cotidianas de acceso al agua constituyen subjetividades y otras dimensiones de desigualdad experimentadas en el cuerpo, conectándose con escalas más amplias de debate sobre derechos y oportunidades en los espacios urbanos (Truelove, 2011).
Apoyándose en el potencial de la multiescalaridad presente en el campo de la ecología política, la ecología política feminista trae las escalas menos visibles y sus interconexiones con escalas mayores. Reconoce que es en el nivel de la intimidad donde se producen y sostienen las relaciones de poder nacionales e internacionales (Wright, 2010). Con un feminismo corporal, la ecología política feminista no aborda el cuerpo como algo fijo y limitado, sino que considera los flujos entre y a través de los sujetos y entre las naturalezas humana y no humana (Elmhirst, 2017), una ontología relacional con conceptualizaciones de corporificación tanto material como simbólica, con enfoque en las dimensiones emocionales y afectivas, que revelan las experiencias de las dificultades y alivios en los conflictos por la gestión de recursos naturales, así como el poder de la emoción dentro de las luchas por injusticias socioambientales. De este modo, se combinan los entendimientos feministas de escala y corporificación con las cuestiones ambientales en temáticas extremadamente necesarias en el contexto actual de globalización, como la política migratoria y la gestión de recursos naturales.
Adoptar la corporificación para analizar las dinámicas de inseguridad hídrica en territorios periféricos urbanos es un enfoque insurgente sobre el acceso al agua y el territorio, en que se flexiona la escala primordial del cuerpo. Mujeres indígenas y campesinas organizadas en defensa de sus territorios ya utilizan esta concepción de «cuerpo-territorio» como herramienta de lucha en defensa del territorio como defensa de la vida misma, de su existencia en el mundo y de su ontología territorial (Cruz Hernández, 2016). Es una propuesta colectiva de lucha teórica y práctica desde una perspectiva decolonial, feminista y latinoamericana. En esta línea, Panez (2018) sugiere la concepción de «cuerpo-agua-territorio» para comprender las relaciones hidrosociales que ocurren durante los conflictos por el agua en los territorios de América Latina (Haesbaert, 2020). La batalla diaria de las personas para conseguir agua es indisoluble de la lucha por el territorio y por la vida. El trabajo individual de una persona está entrelazado con el trabajo colectivo de hacer que el agua circule en el territorio en el que se vive, un esfuerzo diario que lleva consigo la lucha política por el derecho a vivir dignamente (Pierobon, 2021).
Por lo tanto, mediante la clave de análisis de la ecología política es posible trazar un camino para retomar la concepción del agua como integradora de la vida y de las prácticas sociales, que incluye sus dimensiones simbólica y sagrada (Soares, 2009), siendo un híbrido de interacción reflexiva, dinámica y multiescalar entre naturaleza, tecnología y sociedad. Posee materialidad en el ambiente físico, pero también carga significados dentro de las relaciones sociales de poder (Swyngedouw y Boelens, 2018; Linton, 2010; Tsutsui y Empinotti, 2021), y desde la perspectiva de la ecología política feminista latinoamericana se comprende cómo las identidades y los cuerpos son constituidos mediante prácticas cotidianas para superar la inseguridad hídrica. De esta forma, la ecología política feminista latinoamericana se centra en las voces y experiencias de grupos sociales previamente ignorados, enfocándose en las actividades cotidianas y desarrollando ideas de corporificación para la comprensión de las relaciones de poder. Al trabajar escalas previamente no abordadas, se rompen dicotomías y se articulan los dominios público y privado mediante la multiescalaridad, para un análisis crítico del territorio y una comprensión de cómo las prácticas cotidianas están vinculadas a la construcción de escalas como el cuerpo, la casa y la ciudad en general (Truelove, 2011). Está comprometida con una perspectiva feminista de autorreflexividad, apertura a diversas formas de existencia y un canal potenciador de las voces de los pueblos frente a las injusticias socioambientales.
Conclusiones
La EPFLA nos ayuda a comprender y enfrentar las injusticias socioambientales que atraviesan los territorios periféricos urbanos, incluidas las relativas a la inseguridad hídrica. Al poner en el centro del debate las voces, los cuerpos y las experiencias de las poblaciones marginalizadas, la EPFLA no solo visibiliza las desigualdades urbanas y ambientales, sino que también propone caminos para la transformación social desde una perspectiva decolonial, interseccional y comprometida con la justicia ambiental.
La crisis hídrica vivida en las periferias urbanas brasileñas es un reflejo de las profundas desigualdades que marcan el proceso de urbanización en América Latina. Mientras las poblaciones más pobres luchan diariamente para garantizar el acceso al agua, enfrentando la precariedad de las infraestructuras y los impactos del cambio climático, las políticas públicas continúan privilegiando indicadores cuantitativos que ignoran las dimensiones subjetivas del acceso a este recurso esencial. La EPFLA, al adoptar un enfoque multiescalar y corporificado, permite comprender cómo la inseguridad hídrica afecta no solo la salud física, sino también lo emocional y las relaciones afectivas de las comunidades periféricas.
La noción de «cuerpo-territorio», traída por los feminismos comunitarios y territoriales, se revela como una herramienta poderosa para analizar las luchas urbanas por el agua. Al conectar el cuerpo individual con el territorio colectivo, esta perspectiva destaca cómo la defensa del derecho al agua es también la defensa de la vida y de la dignidad humana. La propuesta de «cuerpo-agua-territorio» amplía esta discusión, evidenciando que las prácticas cotidianas de acceso al agua son indisolubles de las luchas políticas más amplias por la justicia socioambiental. En este sentido, la EPFLA no solo contribuye a la comprensión de las dinámicas de inseguridad hídrica, sino que también fortalece las resistencias locales, ofreciendo herramientas teóricas y metodológicas para construir alternativas emancipatorias.
Sin embargo, es importante destacar que la EPFLA aún es poco explorada en los estudios de planificación territorial, especialmente en lo que respecta a las realidades urbanas. Esta brecha debe ser superada, ya que las ciudades latinoamericanas son escenario de conflictos socioambientales cada vez más intensos, agravados por el cambio climático. La EPFLA, con su enfoque en la multiescalaridad y la interseccionalidad, ofrece un camino fértil para integrar las dimensiones social, ambiental y política en la planificación territorial.
Ecos de una discusión profundizada por el ecofeminismo, la EPFLA nos invita a repensar las fronteras entre lo humano y lo no humano, lo urbano y lo rural, la teoría y la práctica. Al reconocer la interdependencia entre los cuerpos, el agua y los territorios, esta perspectiva nos desafía a construir nuevas formas de habitar el mundo, basadas en el cuidado, la solidaridad y el respeto a las diversidades. No solo ilumina los caminos para superar las injusticias socioambientales, sino que también nos inspira a soñar y construir un futuro más justo y equitativo para las periferias urbanas y para el planeta en su conjunto.
Referencias
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* Universidade Federal do ABC. E-mail: veridiana.e.godoy@gmail.com.
** Universidade Federal do ABC. E-mail: marinarago.m@gmail.com.
*** Universidade Federal do ABC. E-mail: v.empinotti@ufabc.edu.br.
[1] Aunque las expresiones medio ambiente y ambiente hayan sido criticadas desde la ecología política por referirse a una relación objetivante y mercantilista de la naturaleza, en ese momento las autoras mencionadas las usaban.
[2] En la década de 1990, el grupo Modernidad/Colonialidad desarrolló colectivamente una crítica del pensamiento eurocéntrico moderno basado en fundamentos coloniales, proponiendo la valorización de conocimientos marginados, como los de los pueblos indígenas y afrodiaspóricos. Autores como Aníbal Quijano, Walter Mignolo, Enrique Dussel y María Lugones destacan cómo el colonialismo persiste incluso después de la independencia, defendiendo la descolonización del pensamiento y alternativas al desarrollo occidental, como el buen vivir. Lugones desarrolla la propuesta de un feminismo decolonial (2008), basado en el concepto de colonialidad de género. Otras autoras latinoamericanas también hacen aportes importantes, como Rita Segato, Yurdekis Espinoza, Ochy Curiel, Silvia Cusicanqui.
[3] El concepto de neoextractivismo fue desarrollado inicialmente por Eduardo Gudynas (2009) como una comprensión del avance del extractivismo a gran escala que desplaza grandes cantidades de personas y sacrifica la naturaleza, sobre todo en el siglo xxi. Se entiende también como una tendencia incorporada por los llamados Gobiernos progresistas en América Latina que reproducen el pensamiento desarrollista de que es positivo para el país explotar al máximo sus bienes naturales para distribuir parte de ese crecimiento en programas sociales.
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