doi.org/10.53368/EP69AYEP02
Carlos Walter Porto-Gonçalves: pensador global-local de los principales problemas, conflictos y desafíos de nuestro planeta[1]
Milson Betancourt-Santiago*
Resumen: Carlos Walter es un pensador global-local que, desde el pensamiento decolonial, la geografía crítica y la ecología política de Abya Yala-América Latina, hace aportes esenciales para comprender los principales conflictos, problemas y desafíos civilizatorios del presente y construir un futuro viable y digno.
Su obra plantea un análisis global-local de la conflictividad territorial de nuestro planeta, haciendo uso de la triada analítica «territorio-territorialidad-territorialización», para comprender las tensiones entre Sures y Nortes Globales, su colonialidad y sus reexistencias.
Dignificar su legado es continuar las luchas por la reexistencia territorial y superar las múltiples fragmentaciones teórico-políticas que nos impiden construir una real sustentabilidad de la vida y dignidad para todos los seres en su gran diversidad.
Palabras clave: territorio, conflictividad, reexistencia, sustentabilidad, comprensión global-local
Abstract: Carlos Walter is a global/local thinker who, through decolonial thought, critical geography, and the political ecology of Abya Yala/Latin America, makes essential contributions to understanding the main conflicts, problems, and civilizational challenges of the present and building a viable and dignified future.
His work proposes a global/local analysis of territorial conflicts across the globe, using the analytical triad «territory-territoriality-territorialization» to understand the tensions between global Souths and Norths, their coloniality, and their r-existences.
Keywords: territory, conflict, r-existence, sustainable, space, global-local understanding
Introducción
Carlos Walter[2] no es solo un luchador de la Amazonía o un intelectual militante de la geografía brasilera, tal como se ha interpretado su legado en Brasil. Entender sus aportes de esa manera no hace honor a su compleja trayectoria. ¿Por qué un escritor europeo o estadounidense, con algunas lecturas de Occidente y algún viajecito al Tercer Mundo, puede rápidamente ser considerado un pensador global? Todo pensador «local» puede ser un pensador «global». Pero, para la colonialidad del saber, algunos locales (y sus relaciones de poder) son más globales que otros. No interpretemos el legado de Carlos desde la colonialidad del saber y la academia jerarquizada. No le hagamos esa injusticia epistémica, pues toda injusticia territorial es una injusticia epistémica, y viceversa.[3]
Carlos, más allá de la geografía y de Brasil
Carlos demuestra en su amplia literatura (Porto-Gonçalves, 2001, 2002, 2003, 2008ª, 2008b, 2009, 2014 y 2021) que es un pensador global-local, que trasciende la geografía brasilera y la geografía como disciplina, pues tiene repercusiones en campos tan variados como la antropología, la sociología, los estudios culturales, la salud pública, la filosofía, la ética, la economía, la ingeniería en general, la ingeniería ambiental y la hidrología, entre otros. Reducir a Carlos a la geografía es no reconocer su inmensa sensibilidad social, cultural, política, ambiental, ética y epistémica,[4] que atravesó su escritura amplia y variada. Tiene una trayectoria en Abya Yala-América Latina y desde sus inicios se aproximó a comprender la conflictividad territorial panamazónica/global, aunque siempre desde la perspectiva de los pueblos, comunidades y grupos sociales subalternizados, en tensión con el bloque capitalista-moderno-colonial.
Quizás su libro más claramente global es La globalización de la naturaleza y la naturaleza de la globalización (2008b, Premio Casa de las Américas al Mejor Libro de ese año), poco difundido en lenguas diferentes al portugués. Esta es una obra urgente que debe publicarse con un alcance latinoamericano, y ojalá se la traduzca a otras lenguas, pues es una de sus obras fundamentales. Otra obra con una clara perspectiva global-local de los problemas de nuestro planeta es A nova des-ordem mundial (Haesbaert y Porto-Gonçalves, 2006), en donde analiza el desorden mundial desde una perspectiva multidimensional.
Carlos tiene textos sobre cuestiones que por su naturaleza no distinguen fronteras nacionales. Como sus trabajos sobre la energía, la lucha por la tierra y la cuestión del agua, que nos deja «Água enquanto disputa epistêmica e política para além dos três estados da agua» (Porto-Gonçalves, 2020), uno de sus últimos textos, en donde, con una perspectiva global-local compleja, desafía lo escrito hasta hoy sobre la «crisis del agua» incluso desde enfoques ambientalistas críticos.
También dejó textos sobre otros países, como el libro que escribimos sobre la crisis civilizatoria en el conflicto del TIPNIS en Bolivia (Porto-Gonçalves y Betancourt-Santiago, 2014). Su perspectiva y marco teórico-político son globales desde el principio, y están más allá de la geografía y del contexto brasilero. Su escritura dedicada a otras regiones del mundo estaba comenzando. Carlos decía que, con la llegada a su grupo de investigación (Laboratorio de Estudios de Movimientos Sociales y Territorialidades, Lemto) de estudiantes de varios países de América Latina, que buscaban su orientación, se sentía motivado a escribir sobre estos y a pensar conjuntamente cómo sus propuestas teórico-políticas se podían aplicar a sus procesos de conflictividad territorial, que para nada consideraba nacionales, sino como otra configuración espacio-temporal de la misma conflictividad.
Si bien Carlos no llegó a escribir mucho sobre otros continentes, sí aparecen en sus textos muchas referencias a ejemplos de materialización de sus teorías en otras regiones. Estábamos trabajando en unas lecturas sobre los procesos africanos y asiáticos, pues nos interesaba mucho entender la configuración de las diferentes regiones de África y sus procesos de conflictividad-conflicto. Esta extensión de su obra estaba en pleno auge en su pensamiento, pero su muerte dejó estos proyectos inconclusos.
En todo caso, sus propuestas teóricas básicas (la tríada analítica territorio-territorialidad-territorialización, comprendidos conjuntamente en sus dinámicas globales-locales entre diferentes actores; su propuesta de diferenciar conflictividad de conflicto; la cuestión del poder, el espacio y el saber; las epistemologías imbricadas y en tensión entre distintas territorialidades, sus acumulados y reactualizaciones en cada tiempo-espacio) son principios teórico-políticos aplicables a los procesos y dinámicas globales en cualquier lugar del mundo para analizar los conflictos, violencias y problemas desde su historicidad, geograficidad y sociabilidad.
Además, Carlos tiene un fértil y crítico diálogo con pensadores globales, como Marx, Gramsci, Arrighi, Wallerstein, Scott, Thompson, Castoriadis y Morin, a los que integra, aunque con su propia perspectiva epistémica territorial global-local.
Precursor de ideas para superar múltiples fragmentaciones del pensamiento moderno-colonial
Las dinámicas del planeta no se dividen entre la modernidad de Occidente, por un lado, y la incivilización, el atraso, el subdesarrollo y la no competitividad del Sur, por el otro. Por el contrario, modernidad y colonialidad están integradas en sus relaciones territoriales dominantes, conformadas en el marco de la economía de mercado capitalista y de sus procesos de producción, transformación, distribución y consumo. Como veremos, las propuestas teóricas de Carlos Walter son muy útiles para trascender las fragmentaciones en las ciencias sociales y naturales con el fin de comprender las contradicciones territoriales y civilizatorias de las políticas de desarrollo, civilización y progreso implantadas en el mundo. Mantiene geográficamente (lo que significa material y simbólicamente) unas contradicciones que están en la base de la crisis de nuestra civilización y la necesidad de reinventarnos desde los territorios, trascendiendo divisiones del pensamiento que nos separan en la comprensión de las crisis que vivimos y que, en la realidad política, acaban en divisiones de los movimientos y del carácter de sus reivindicaciones sociales, que siempre son territoriales también.
La fragmentación disciplinar y lo territorial como propuesta integrativa
La propuesta teórico-política de Carlos para analizar tanto causas, dinámicas e impactos de la conflictividad-conflicto como las necesidades urgentes de reinvención son muy útiles para desafiar las fronteras disciplinares que abordan el estudio de lo social (sociología), lo político (ciencias políticas), lo económico (economía), lo cultural (antropología) y lo ambiental (estudios ambientales), como fragmentos separados. Si bien estos cinco ámbitos tienen sentido para los separatismos disciplinares en la academia, no lo tienen desde la perspectiva territorial integral, pues desde esta perspectiva estos ámbitos están siempre interrelacionados.
Si estos ámbitos están imbricados y se retroalimentan, ¿qué sentido tiene analizar si las causas, dinámicas e impactos de un conflicto, problema o violencia son económicos, políticos, culturales, sociales o ambientales? En cada lugar, en cada conflicto y violencia operan todos los ámbitos. Esclarecer si las violencias contra los mundos comunitarios rurales y la naturaleza no humana son causadas por el modelo económico o se trata de un problema cultural (racismo y discriminación) o político (exclusión de estas ciudadanías) nos lleva a falsos dilemas, tensiones teóricas y fracturas en los movimientos sociales.
Todos estos ámbitos están relacionados con la reproducción de las dosis de violencia simbólica y física que han sufrido los pueblos, grupos sociales y naturalezas subalternizadas. La devastación humana y ambiental es solo una. La violencia no es entre humanos, por un lado, y sobre la naturaleza, por otro, sino que la devastación es conjunta, contra la naturaleza (humana y no humana) subalternizada y colonizada (Betancourt-Santiago, 2025). La colonialidad territorial[5] como concepto es útil para entender las problemáticas, pues, atadas a la comprensión de lo territorial, muchas de las fragmentaciones disciplinarias se vuelven obsoletas.
La fragmentación derivada del mito moderno del tiempo lineal ascendente
Se producen también fragmentaciones en la comprensión de los desafíos civilizatorios, desde los arcos temporales de análisis. Existen acercamientos historicistas que no reconocen la dinámica fluida y presente de lo territorial en la configuración social, y que no consiguen develar la trialéctica del ser (Soja, 1993; 1997) reconociendo la espacialidad y su importancia teórica al mismo nivel que la historicidad y la sociabilidad de la vida humana (Soja, 1997). Esto dificulta reconocer los procesos histórico-geográficos totales y acumulados que producen estos fenómenos de devastación social y ambiental, procesos que señalan permanencias de larga duración y continuidades de fondo que interactúan siempre con las dinámicas abiertas del presente en cada momento y lugar.
Carlos sugiere entonces comprender las relaciones entre conflictividad de larga duración y los conflictos de cada momento, en una relación entre conflictividad-conflicto que dé cuenta de acumulados, continuidades y discontinuidades (Betancourt-Santiago, 2017). La conflictividad es la continuidad histórica de la tensión territorial, mientras que los conflictos son los procesos específicos de oposición y contradicción entre diferentes actores, que van variando según las circunstancias de cada tiempo y lugar.
Harvey (1998: 230) señala que las teorías sociales provenientes de las tradiciones de Marx, Weber, Smith y Marschall suelen privilegiar el tiempo sobre el espacio. El espacio se convierte en «un aspecto contingente y no fundamental para la acción humana». Harvey, partiendo del concepto de Lefebvre del espacio como una construcción social, se propone construir desde el marxismo un «materialismo histórico-geográfico» que explique la creación y la organización del espacio en el capitalismo.
Harvey (1998), siguiendo a Lefebvre, sugiere que «el dominio sobre el espacio constituye una fuente fundamental y omnipresente del poder social sobre la vida cotidiana». Sin embargo, es necesario ir más allá e «investigar más en profundidad cómo esa forma del poder social se articula con el control sobre el tiempo, con el dinero y otras formas de poder social». La geografía debe dar cuenta de la producción del espacio en las diferentes escalas geográficas. Para Foucault, «los años que corren y los que vendrán serán los de la revalorización justa del espacio como variable de primer orden en la estructuración de la sociedad» (Foucault, 1984: 239)
El enfoque territorial de Carlos se sustenta tanto en el giro espacial (Foucault, 1984; Lefebvre, 1991; Soja, 1993; Giddens, 1995; Harvey, 1998) como en el giro territorial latinoamericano (Santos, 1978; Porto-Gonçalves, 2021; Machado, 2014; Haesbaert, 2021; Betancourt-Santiago, 2023). El giro espacial es el movimiento que revindica la importancia de lo espacial en las ciencias sociales, y afirma que no es posible entender la dinámica social sin el referente espacial. El giro territorial resalta la centralidad de las condiciones territoriales de existencia para la vida, el poder y las transformaciones urgentes. El giro espacial es un movimiento académico que reivindica la centralidad del espacio para la comprensión del todo. Se trata de un movimiento teórico, epistémico y político, no solo académico, que defiende la centralidad de los saberes enraizados de las culturas locales y sus reexistencias para la comprensión y transformación del todo.
La idea de un solo tiempo lineal para la humanidad y el planeta, que avanza hacia la civilización-progreso-desarrollo, es un mito moderno y un error epistémico de las ciencias sociales y naturales, que las teorías de Carlos Walter (Porto-Gonçalves, 2008 y 2021) nos ayudan a superar. Este tiempo lineal además ha servido para subalternizar a todos aquellos que el tiempo dominante denominó «atrasados» (incivilizados, subdesarrollados). Carlos decía que todos somos contemporáneos del tiempo que vivimos, y que la colonización comienza por la imposición de un tiempo dominante a otros.
En el libro sobre el TIPNIS, para comprender múltiples temporalidades y territorialidades en un mismo territorio, integramos la concepción del «espacio como acumulación desigual de tiempos» (Santos, 1978) y rescatamos la categoría de Rivera Cusicanqui (2010) sobre «contradicciones diacrónicas» o «no coetáneas» (Bloch, 1982) para explicar elementos del pasado, pero actuantes en el presente. Así, buscamos superar la fragmentación que a nivel teórico y político produce la visión historicista lineal en las ciencias sociales y naturales, y también hacer justicia a los sujetos subalternizados como «atrasados». Sus epistemologías, temporalidades y territorialidades, saberes y haceres, son actuales porque son actuantes en el presente y forjadores de futuros, frente a las temporalidades-territorialidades dominantes, moderno-colonial-capitalistas.
La fragmentación entre ciencias sociales y naturales
La apuesta integrativa de nuestro enfoque territorial sirve para superar la separación de lo social y lo natural, otra separación de las que tanto irritaban a Carlos, ya que dificulta la comprensión de los fenómenos del planeta como un todo que incluye todos sus seres vivos, entre ellos, los humanos. Si lo social se separa de lo físico-natural, no se logran entender las dinámicas del todo integrado. Esta separación existe en todas las disciplinas y es un error epistémico que dificulta la comprensión de los principales desafíos planetarios y civilizatorios.
En mi última visita a Carlos, dos meses antes de su muerte, cuando poco hablaba, en un momento me dijo irritado: «Ya no puedo decir la palabra naturaleza, porque inmediatamente se entiende como una cosa externa a los humanos. Hoy me gusta más hablar de la physis aristotélica, o de Gaia, o de la Pacha, pues son el todo integrado e interrelacionado del cual formamos parte».
Todas las disciplinas de las ciencias sociales y naturales se fragmentan entre enfoques «materialistas» y «sociales», como si no debieran comprenderse conjuntamente. Los trabajos de Carlos ayudan a superar estas fragmentaciones en los análisis de los problemas, conflictos, violencias y desafíos del planeta, y a construir una apuesta integrativa, por lo menos en los siguientes ámbitos: lo social con «lo natural» como apuesta transversal para integrar ciencias sociales y naturales; la integración de las dimensiones simbólicas o subjetivas de cada disciplina, y también de las dimensiones físicas u objetivas pues, a partir de las categorías de territorio, territorialidades y territorializaciones, es posible analizar la construcción conjunta de estos aspectos (físico-sociales, simbólico-materiales) de la realidad.
Así, no existen un mundo físico, por un lado, y un mundo humano, por otro, sino relaciones complejas en todos los ámbitos (social, económico, político, cultural, ambiental y epistémico), siempre simbólicas y materiales, que todos los sujetos-actores tienen. Esta relación está mediada por el poder, por el saber y por la acción de todos los agentes-sujetos individuales y colectivos. Esta concepción de lo espacial no como receptáculo donde sucede lo social, sino como aspecto de toda realidad, que interactúa con todos los ámbitos de la vida (no hay sociedad, economía ni cultura sin territorio, existir es habitar un espacio y desplegar una relación simbólica y material con este), ha enriquecido en los últimos cincuenta años la teoría social y la investigación sobre la conflictividad, los problemas, las violencias y los desafíos de nuestro planeta.
Uno de los aportes de este enfoque territorial consiste en poder analizar y comprender a todos los sujetos en su materialidad territorial, no solamente el mundo campesino o indígena, como «sujetos de territorio», sino a todos los sujetos, pues todos tienen conexiones territoriales físicas que los sustentan. Si consideramos que indígenas y campesinos necesitan territorio, también lo necesitan los urbanos, pues su metabolismo social suele requerir incluso mucho más territorio. El metabolismo social de todos los sujetos, sus territorialidades, debe entrar en el análisis para revelar las tensiones de territorialidades y la injusticia ambiental, que es siempre una injusticia territorial.
La fragmentación entre cuestiones sociales y naturales dentro del pensamiento moderno, con teorías y métodos diferenciados, ha generado una abismal separación que es urgente trascender. Es curioso que el sueño moderno haya sido emanciparse del estado de naturaleza, sin advertir que los seres humanos nunca dejamos de ser naturaleza y estamos en relación permanente con toda ella. Este mito es el fundamento de violencias y procesos de subalternización de la naturaleza como objeto de dominio y control, y de aquellos que fueron considerados como más próximos de ella y, por tanto, menos civilizados-desarrollados (campesinos, indígenas, mujeres), grupos subalternizados por esta diferenciación.
La colonialidad territorial, las tensiones de territorialidades, las reexistencias territoriales comunitarias, son útiles para no separar (ni en su comprensión ni en su transformación) la violencia contra las personas y la violencia contra la naturaleza. Lo territorial hace referencia a una relación sociedad-naturaleza y toda violencia transforma esas relaciones. El patrón de dominación, explotación y subalternización no solo se ha aplicado a los pueblos, comunidades y personas víctimas de esta matriz de violencia, sino que se ha venido aplicando para violentar, dominar, subordinar y explotar la naturaleza y sus elementos esenciales.
Toda la naturaleza, la naturaleza humana (fuerza de trabajo, saberes y prácticas) y la no humana y sus elementos (agua, tierra, minerales, energías, aire, biodiversidad), ha sido sometida de manera progresiva, expansiva y cada vez más intensiva al mismo patrón de dominio, explotación y subalternización, y por tanto de permanente y creciente explotación. Un territorio devastado es un territorio violentado tanto para las personas como para el resto de los animales, seres vivos y entes que lo habitan. Separar la violencia contra las personas de la violencia contra la naturaleza es invisibilizar las fuertes relaciones en sus causas, procesos y efectos. La emancipación del ser humano solo será posible en y con el resto de la naturaleza no humana.
Otra fragmentación común es la que opera con la «casuística», los estudios de caso. Son numerosos los estudios que abordan casos aislados, con variadas miradas disciplinares y además desde enfoques diferenciales (género, etnia, edad). Estos trabajos suelen ser descriptivos de lo que ocurre en el espacio; relatan lo sucedido en una actividad económica, un pueblo o una comunidad, en un país o municipio determinado. Generan excelentes descripciones y análisis, pero no suelen privilegiar miradas que conecten las múltiples economías extractivas (que siempre están conectadas), que trasciendan los casos locales, las interpretaciones nacionales[6] o su visión como problemas de modelos extractivos, desligados de su dependencia del modelo productivista.
En fin, las múltiples fragmentaciones para abordar la comprensión y transformación de los problemas, conflictos, violencias y desafíos originados en la fragmentación por disciplinas, temas, enfoques, temporalidades, casos y sujetos, son variadas y complejas, pero limitan sustancialmente las posibilidades de transformación y transición. Es necesario trascenderlas por lo menos en cuatro niveles: 1) los campos disciplinares, 2) los enfoques desde una visión del tiempo lineal, 3) los análisis que separan lo social de lo natural y 4) la separación casuística de casos por temas o tipo de grupos subalternos. Para esto el enfoque territorial integrativo de Carlos es tremendamente útil, para comprender y orientar transformaciones hacia un horizonte de sentido posible y digno para la naturaleza (humana y no humana) en toda su diversidad.
Carlos demostró una profunda preocupación por los conflictos, violencias y problemas fundamentales de la vida. Su obra muestra que están conectados y en el fondo son el mismo problema, aunque con diferentes expresiones en cada tiempo y lugar. Si bien yo tenía una experiencia amplia en territorios diversos de Abya Yala-América Latina y había recorrido varias disciplinas de las ciencias sociales, no había logrado integrar estas dimensiones y aristas de las violencias y conflictos que estudiaba.
Me hacía falta un marco de comprensión compleja y conjunta, que Carlos me ayudó a construir. Los textos que escribimos juntos nos aproximaron en experiencias, visiones y perspectivas. El libro sobre Bolivia me permitió tomar conciencia del poder integrativo del abordaje de Carlos. Había pasado tres años en Bolivia antes de ir a trabajar con Carlos y me había ido frustrado por los obstáculos de la transformación y los desafíos analíticos que el proceso boliviano implicaba. Carlos me ayudó a atar cabos para trascender mi capacidad de comprensión.
Conclusiones: tareas pendientes para dignificar su legado
Carlos era un pensador y orador lúcido, que escribía desde la pasión y la necesidad. En sus últimos años tenía la intensión de organizar su obra para facilitar la aprehensión de su legado. No le alcanzó el tiempo. Hoy es necesario ayudar a sistematizar su obra y reivindicar sus aportes para el mundo. La mayor parte de su obra solo está disponible en portugués y eso genera limitaciones de acceso. Ojalá este documento sirva como invitación amorosa para que podamos avanzar en este propósito.
Es esencial continuar las luchas por la reexistencia territorial en todas las trincheras en donde nos sea posible, comprendiendo la experiencia humana, sus contradicciones acumuladas y la necesidad de tejer otros horizontes de sentido, distinguiendo entre saberes-prácticas de la emancipación y saberes-prácticas de la dominación, que se actualizan en cada lucha.
Finalmente, es clave mantener y fortalecer la pedagogía teórica, política y práctica. Geografiar otros mundos, como decía Carlos, pues la geografía es una acción permanente, que se expresa mejor en colectivo y desde abajo, si queremos mantener contrahegemonías y topos (no utopías)[7] reexistentes en defensa de la vida. Además, seguir el ejemplo de coherencia teórica y práctica, alegre, apasionada y amorosa de la vida en toda su diversidad.
Referencias
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* Docente de la Universidad Nacional de Colombia. E-mail: betancourt.milson@gmail.com.
[1] Este artículo reseña la conferencia que ofrecí en la Universidad de São Paulo en una mesa denominada «Carlos Walter Porto-Gonçalves: um intelectual militante da Geografía», invitado por la Asociación Brasilera de Geógrafos en el VIII Congreso Brasilero de Geografía en julio de 2024. * Docente de la Universidad Nacional de Colombia. E-mail: betancourt.milson@gmail.com.
[2] Este texto es muy significativo para mí y no es solo mío: lo escribo con Carlos, por eso hablo de él en el presente. Cada palabra me recuerda los días y años que pasamos juntos en su casa en Itaipú o en medio de un territorio en conflicto en la profunda América Latina. Los viajes de retorno a Niterói eran especialmente marcantes para los dos, pues reflexionábamos sobre lo vivido y sufrido junto con las reexistencias. Eran momentos de muchos aprendizajes.
[3] Este no es un texto académico rígido; es un ensayo que resalta los principales aportes para el pensamiento y las transformaciones urgentes globales y locales de nuestro tiempo, inspirado en muchos diálogos con Carlos. Pertenezco a la tradición oral campesina, igual que Carlos. Por ello no habrá mayores citaciones a su obra escrita, que conozco bien. Sus palabras vivas y apasionadas hacen más eco en mi memoria que su palabra escrita.
[4] Usaré el presente, pues, como afirmamos con la gran familia carloswalteriana en la mesa en su honor en el Congreso de la AGB, Carlos no murió, él está presente en todos nosotros, en nuestro corazón y pensamiento. De hecho, está más vivo que nunca. ¡Carlos Walter está presente, viva su legado!
[5] «Colonialidad territorial» y «desordenamiento territorial de la vida» son conceptos de síntesis, que he desarrollado después de mi estancia doctoral con Carlos, pero que beben totalmente de sus teorías y de nuestros diálogos.
[6] Sassen (2015) ha afirmado que estos estudios que privilegian las explicaciones «nacionalistas» muchas veces ocultan más de lo que muestran.
[7] Referencia a uno de sus últimos artículos (Porto-Gonçalves, 2021), en donde cuestiona cómo la teoría crítica se ha planteado horizontes desde las utopías (los lugares que no existen), dejando a un lado los topos (los lugares que sí existen).
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