Reseña del libro “J. C. Kumarappa. Mahatma gandhi’s economist”, de Mark Lindley

J. Kumarappa

  • J.C. Kumarappa. Mahatma Gandhi’s economist
  • MARK LINDLEY
  • Editado por: Popular Prakashan
  • Año: 2004 223 pp. (+ índice)
  • Crítico del libro: JOAN MARTÍNEZ ALIER (joan.martinez.alier@uab.es)

 

 

 

El libro sitúa la vida de J.C. Kumarappa (1892-1960) en dos contextos diferentes: el desarrollo internacional de la economía ecológica, y la lucha de Gandhi en la India contra el colonialismo y a favor de una agricultura aldeana sostenible y una industria en pequeña escala.

Kumarappa, un cristiano de una aldea de Tamil Nadu, inicialmente había comenzado una exitosa carrera como contable, llegando a residir durante algún tiempo en EE UU. Obtuvo un master en economía por la Universidad de Columbia, siendo discípulo de E.R. Seligman y H.J. Davenport. Su tesis fue sobre las finanzas públicas en la India, cuantificando la plusvalía que los británicos obtenían del país. En 1930 envió su tesis a Gandhi, que había regresado a la India quince años antes, después de descubrir el poder de la resistencia civil no violenta en Sudáfrica, a favor de los inmigrantes indios. Gandhi publicó inmediatamente la tesis de Kumarappa. Este regresó de Nueva York y se unió a Gandhi y sus seguidores, manteniendo su fidelidad a los ideales más allá de la muerte de Gandhi en 1948; los últimos años de su vida los pasó retirado en una choza de un poblado, en su región natal. Lindley ha hecho investigaciones en ese preciso lugar, donde se conservan algunos libros y escritos de Kumarappa, mientras que el resto se encuentra en la Nehru’s Memorial Library de Nueva Delhi.

Lindley analiza la influencia de otros economistas sobre Kumarappa, destacando también la ausencia de autores a los que podría haber leído, como Pigou. Encuentro interesante que haya leído atentamente el libro de Patrick Geddes, Ciudades en evolución, en 1915. Geddes, un planificador urbano, culpaba a los economistas ortodoxos de ignorar el rendimiento de la energía y los materiales en la economía. Gandhi también leyó a Geddes. Tanto uno como otro admiraban la obra de Ruskin A este último (Unto this last), con su famoso lema, «no hay riqueza, sino vida».

La experiencia de Kumarappa en contabilidad y economía, además de su concienzudo trabajo sobre la economía agrícola de la India, contribuyeron a que se convirtiese en «el economista de Gandhi». Pensaba y vivía como un gandhiano. Más aún, Lindley lo sitúa entre los precursores de la economía de «sistema abierto», oponiendo esta línea de pensamiento a la de los economistas ortodoxos y a la economía marxista. Los economistas ecológicos ven la economía como un sistema abierto. No aspiran (sólo) a internalizar las externalidades negativas o positivas en el sistema de precios. Sino que (también) reconocen a la economía como un sistema abierto al acceso de energía y materiales, y a la salida de desechos. Los efectos externos son tan penetrantes e importantes que la noción de internalización de externalidades es insuficiente para describir las relaciones entre la economía y el medio ambiente.

Al regresar a la India y comenzar a trabajar con Gandhi, Kumarappa se hizo cargo de las investigaciones rurales y de la All Village Industries Association, convirtiéndose en un experto en nutrición y agricultura, además de pasar varios años en la cárcel antes de la independencia de su país. Escribió un libro titulado La economía de la permanencia, reeditado en varias ocasiones, donde distingue explícitamente entre una economía basada en recursos renovables y la que se fundamenta en recursos agotables. Los combustibles fósiles son transitorios, mientras que el agua que fluye y la madera brindan servicios permanentes. Kumarappa fue mencionado brevemente en el libro de Scumacher Lo pequeño es hermoso (1973) pero, según Lindley, Schumacher no reconoció suficientemente la influencia de Kumarappa.

A Gandhi le hubiese agradado contar con Kumarappa como miembro de su gabinete en la India ya independizada, pero después del asesinato del primero, Kumarappa fue dejado de lado en la India de Nehru, aunque siguió participando activamente en el bando perdedor durante los debates sobre la descentralización de la industria, las tarifas y los subsidios, y lo que posteriormente sería conocido en el comercio internacional como seguridad alimentaria, tecnologías adecuadas y cadenas de materias primas. La noción de aparigraha, la autocontención en el consumo, estuvo presente tanto en la teoría como en la práctica de vida de Kumarappa.

El libro cuenta con una excelente bibliografía y un índice muy detallado, pero algunos capítulos habrían merecido una edición más meticulosa antes de ser publicados. De todos modos, los objetivos de Lindley están logrados, tanto la descripción de la vida y obra de Kumarappa, como su recuperación —y la de la economía gandhiana— dentro de la historia de la economía ecológica. En su percepción de las cuestiones ambientales, Kumarappa se adelantó a otros economistas que serían relevantes para la India, como Gunnar Myrdal y Amartya Sen (de quien se dice que aún «sigue dándole largas a la economía ecológica»). No obstante, el crucial tema del crecimiento demográfico escapó a su atención (y a la de Gandhi). Desde la época de Kumarappa, la población se ha cuadruplicado en lo que entonces era la India, y que ahora son la India, Pakistán y Bangla Desh.

El nexo entre la obra de Kumarappa y la actual economía ecológica ha sido percibido e investigado también por otros académicos, especialmente por Deepak Malghan, del Indian Institute of Management, en Bangalore (y Ph.D. por la Universidad de Maryland, bajo la supervisión de Herman Daly). Pero el libro de Lindley es el primero sobre esta cuestión, aunque no la primera biografía de Kumarappa.

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