Entre huellas y deudas ecológicas, ¿qué ocurre con la huella alimentaria?

Beatriz L. Giobellina*

 

INTRODUCCIÓN

«Los derechos propios terminan donde comienzan los derechos de los demás», es un principio elemental que puede aplicarse a la equidistribución ecológica de los recursos limitados del planeta; esto es: vivir con lo que se dispone en el propio hábitat sin utilizar arbitrariamente los recursos ajenos, y en caso de necesitar más recursos, obtenerlos mediante intercambios justos. La Huella Ecológica (HE) extralimitada, o sea, aquella que supera la biocapacidad existente en un país o región, demuestra una utilización abusiva de biocapacidad de unos países y regiones sobre otros, en los que se ven disminuidas las posibilidades de desarrollo de sus poblaciones (personas y otros seres vivos).

En las últimas décadas observamos a nivel mundial una expansión del interés y preocupación sobre el «desarrollo sostenible». Sin embargo, ¿qué es lo que suele estar oculto cuando se habla de ello? Por ejemplo, la mayoría de la población de Europa no tiene consciencia de que su bienestar de las últimas décadas tiene un elevado coste social y ambiental fronteras afuera. Tampoco saben de dónde procede lo que consumen ni en qué condiciones se produce. No saben qué hacen grandes empresas de su país en otros países. No tienen visibilidad en la prensa (o aparecen como información aislada) miles de conflictos de «baja intensidad» -denominados por Joan Martínez-Alier (2009) conflictos ecológicos redistributivos o ecologismo de los pobres, con eliminación de pequeños productores, campesinos y pescadores y con desplazamientos forzosos de población que, en muchas ocasiones, se reprimen, produciendo, incluso, masacres. Además, la economía tradicional no contabiliza estos costes, ni tampoco una economía no declarada que tiene que ver con la reproducción de la vida y el mantenimiento de los ecosistemas. Los conceptos de desigualdad, abuso de poder o comercio injusto son pertinentes y necesarios para una valoración de la situación de insustentabilidad del modelo de desarrollo global. Las vulnerabilidades también son desiguales ante estos impactos negativos. La ciudadanía de los países enriquecidos no demuestra entender que pudiera estar ejerciendo un acto de dominación y opresión.

La alimentación es uno de los actos cotidianos en los que todas las personas toman decisiones, por lo que, avanzar en la comprensión y visibilización de la Huella Alimentaria (HA), puede generar presión hacia los políticos y decisiones cotidianas de compras responsables que contribuyan, desde la escala micro, a una reducción de la extralimitación en la escala macro.

HUELLAS Y DEUDAS ECOLÓGICAS

El indicador agregado de HE(1) (o del deterioro ecológico) lleva este registro en términos del área de tierra biológicamente productiva y del agua requerida para proveer recursos y servicios ecológicos —alimentos, fibra, y madera; tierra sobre la cual construir y suelo para absorber el dióxido de carbono (CO2 ) liberado con el uso de combustibles fósiles. La biocapacidad de la Tierra es la cantidad de área biológicamente productiva —tierras agrícolas, praderas, bosques y zonas pesqueras— que está disponible para suplir las necesidades de la humanidad. Desde que se dispone de estos indicadores, se puede observar cómo se incrementan en algunos países y cómo en otros se pierden sus recursos naturales de forma alarmante.

En los siguientes gráficos se comparan dos situaciones de países extralimitados, por ejemplo EEUU y España, y dos situaciones de países provenientes de continentes históricamente exportadores de biocapacidad en condiciones de intercambio desfavorables para sus pueblos.

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El tamaño de la deuda ecológica por persona tiene directa relación con la biocapacidad disponible de su país en relación a la población. Este aspecto tiene gran importancia, ya que con una HE menor, un habitante de España (HE = 5,4 hag/cap), tiene un comportamiento tan cuestionable como uno de EEUU (HE = 9,6 hag/cap), ya que la biocapacidad de la península pone un límite más bajo para su capacidad de consumo de recursos naturales.

Las poblaciones de ambos extremos podrían preguntarse: por un lado, ¿a quiénes pertenece la biocapacidad que usamos debido a nuestro modelo de producción y consumo extralimitado?; y, por el otro, ¿por qué perdemos nuestra biocapacidad si no mejoran nuestras condiciones de vida ni incrementamos nuestra HE?

HUELLA ALIMENTARIA. ¿CUÁL ES EL COSTE OCULTO DE NUESTRA ALIMENTACIÓN?

Centrándonos en la relación comercial de la UE27 con los países de donde provienen las principales importaciones extraeuropeas de tres tipos de productos vinculados a la alimentación, cuyo consumo extralimitado responde a un cambio relativamente reciente del modelo alimentario, se observa que muchos proveedores pierden altos porcentajes de biodiversidad, algunos, evidentemente, en una proporción mayor que el aumento de HE de su propia población, con lo que se puede inferir que hay una transferencia de biocapacidad hacia los países importadores. Estas tablas aproximan al complejo fenómeno del intercambio desigual, y si bien no son un método exacto de contabilidad, ayudan a comprender la situación y a cuestionar el espejismo de crecimiento y progreso basado en la exportación, sobre todo, de materias primas.

Con estos pocos lineamientos se pueden rastrear algunos impactos sociales y ecológicos de la huella alimentaria que los y las compradoras deberían conocer. Por ejemplo, la dieta con un componente excesivo en carne tiene un mayor impacto por kilocalorías comparada con el consumo de vegetales; y lo que es menos conocido es que la industria ganadera intensiva tiene consecuencias en hábitats naturales y en población pobre de América Latina. Un caso emblemático, por su magnitud, es el avance de la frontera agrícola de la soja transgénica asociada paquetes biotecnológicos de multinacionales en países como Brasil, Argentina, Bolivia, Uruguay y Paraguay. La producción sojera está destinada a exportación, en gran parte para alimentación de ganado (el 99% de los piensos llevan derivados de la soja transgénica). Sus impactos: deforestación de bosques, selvas y otros hábitats relevantes para la captura de CO2 ; problemas en la salud humana, degradación de suelos y pérdida de biodiversidad, debido a la contaminación con Roandup Ready (marca comercial del principal herbicida asociado a la soja transgénica de Monsanto); expulsión de pequeños productores y pueblos indígenas, con pérdida de seguridad alimentaria.

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O bien, el incremento del consumo de pescado y mariscos en los países ricos, también genera impactos en otras regiones del globo. Más consumo y sobreexplotación que reduce la fauna ictícola, son las causas fundamentales de la ampliación de la huella alimentaria pesquera hacia terceros países, por ejemplo, la costa de Somalía; o la explotación de bancos pesqueros del pueblo Sarahuies, mediante convenios bilaterales con Marruecos; la sobreexplotación de recursos marinos de la costa del Pacífico de Chile y Perú; la introducción de la especie exótica Perca del Nilo en el lago Victoria en África…

REDUCCIÓN DE LA EXTRALIMITACIÓN (O DECRECIMIENTO), RECUPERANDO LA COMIDA DE LA ABUELA Y LAS HUERTAS PERIURBANAS

La palabra Footprint (de Ecological Footprint), significa Huella de pie o pisada. ¿A quiénes estamos pisando con nuestras decisiones de compra? La HE de España relacionada con los cultivos agrícolas está en torno al 30% de la huella total (más 6 a 7% de las áreas pesqueras). El metabolismo español entre 1955 y 2000 muestra el pasaje de ser «netamente abastecedora del resto del mundo en materias primas agrícolas, a demandar crecientemente recursos y territorios de terceros países.» (Carpintero, 2005: 371-372). Como señala E. García (2009), en España se come más de lo necesario, y de lo recomendable, desde el punto de vista de la salud, en proteína animal y grasas. La tendencia a finales del siglo XX ha sido la pérdida progresiva de los guisos de olla, la cocina de la abuela, la comida familiar, la dieta mediterránea… y su sustitución, por la carne y el pescado a la plancha, la comida rápida que pueda consumirse directo tipo «abre fácil», sin procesamiento o, eventualmente, platos preparados calentados con microondas, acorde a la falta de tiempo en la acelerada sociedad contemporánea. A esto se le suma la deslocalización y desestacionalización de los productos, y la estandarización de aspectos y tamaños propios de la cultura masificada industrialista: todos los tomates iguales, del mismo color y brillo, que luzcan bien en la bandeja y atraigan al consumidor…

Para avanzar hacia modelos más sustentables es necesario volver a cambiar el modelo alimentario recordando lo que hacía la abuela, recurriendo a dietas que puedan abastecerse con productos locales y en las cantidades y proporciones que los ecosistemas propios puedan aportar manteniendo sus tasas de renovación ecológica (biocapacidad disponible). Es necesario, también, cambiar el modelo de producción de alimentos, donde los/as campesinos/as y pequeños/as productores/as, en alianza con las comunidades locales, definan culturalmente su alimentación y conserven la soberanía sobre ella, y donde se garanticen relaciones de justicia laboral, social y ambiental entre todos los agentes del sistema, tanto a nivel local como internacional. Desde el punto de vista ambiental, las Huertas periurbanas podría tener un rol importante en la disminución de esa Huella Alimentaria, aportando alimentos frescos de proximidad y esa relación directa entre quien produce y quien compra lo producido. Traer alimentos de lejos, implica un uso intensivo del transporte, agrava el daño al medio ambiente y al clima por las emisiones de CO2 y el consumo de energía, y aumenta la extralimitación de la HE de las sociedades industrializadas en perjuicio de las menos desarrolladas, que no logran salir de su histórico rol de proveedores materias primas con poco valor añadido.

REFERENCIAS

CARPINTERO, Ó. (2005), El metabolismo de la economía española. Recursos naturales y Huella ecológica (1955-2000), colección Economía vs. Naturaleza, Fundación César Manrique, Lanzarote, Islas Canarias.

EUROSTAT (2007), External and intra-European trade, Statistical yearbook — Data 1958-2007, European Commission.

GARCÍA, E. (2009), «Sobre algunos costes sociales y ecológicos de la alimentación actual», en Pérez Rubio, J.A. (ed.): Sociología y desarrollo: El reto del desarrollo sostenible. Editorial Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación. Serie Estudios, Madrid.Pp. 479-496.

GIOBELLINA, B. (2011), La defensa del suelo agrícola de calidad como recurso finito y estratégico para la soberanía alimentaria y la sustentabilidad local y global. El caso de la Huerta del gran Valencia. Tesis Doctoral Universidad Politécnica de Valencia.

MARTÍNEZ-ALIER, J. (2009), El ecologismo de los pobres.Conflictos ambientales y lenguaje de valores, Icaria-Antrazyt, Barcelona.

PNUD (2008) Informe sobre desarrollo humano 2007/2008, La lucha contra el cambio climático: solidaridad frente a un mundo dividido, Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo.

WWF (2006) Living planet report, http://assets.panda.org/ downloads/living_planet_report.pdf.

* Investigadora asociada Cátedra Tierra Ciudadana de la Universidad Politécnica de Valencia (b.giobellina@gmail.com).

1 Elaborado en los años noventa por el geógrafo William Rees, desarrollado por Mathis Wackernagel, y actualizado por el WorldWatch Institute.

2 Estas tablas están confeccionadas con datos de EUROSTAT (2007: 61), de WWF (2006: 28-29), y de PNUD (2008: 240-242). Datos de importación en M. Ecuo/euro.

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