Los problemas medioambientales y la carestia de los alimentos en la base de las revueltas del Magreb

Hassan Ouabouch y Pascual Moreno*

 

Desde el fin de la colonización (Marruecos y Túnez, en 1956; Argelia 1962) la población en los países del Magreb ha crecido a un ritmo vertiginoso: de 25 millones se ha llegado a los 80 que lo habitan en la actualidad. Se ha triplicado largamente.(1) Durante años estos países crecieron a un ritmo entre el 2 al 3% anual, esencialmente en los años posteriores a la independencia y hasta los finales de los noventa del siglo XX, en que podemos decir que se inicia la transición demográfica, con crecimientos más pausados, encontrándose en estos momentos, sobre todo Túnez y Marruecos, cerca del nivel de otros países del sur del Mediterráneo (Turquía, Grecia, Chipre, etc). Este crecimiento demográfico ha tenido varias consecuencias entre otras un deterioro medioambiental por la ocupación de los espacios tanto urbanos como rurales, un déficit en productos alimenticios que no ha podido ser compensado por la producción nacional,(2) una llegada al mercado de trabajo de millones de jóvenes que no han encontrado posibilidades de ganarse la vida y que han recurrido a la emigración hacia Europa, o hacia otros países, cuando ésta ha sido posible.

EL DETERIORO MEDIOAMBIENTAL DE LOS PAÍSES DEL MAGREB

La colonización, esencialmente en Argelia y Marruecos, implantó una agricultura dual. Por una parte la agricultura agroexportadora que buscaba en los mercados de la metrópoli dar salida a la producción de los colonos allí establecidos, que se apropiaron de las tierras más fértiles, las roturaron y cultivaron intensivamente (cereal, olivos, cítricos, etc), y por otra, una agricultura de subsistencia de la que vivía la mayor parte de la población. Llegada la independencia, excepto en Argelia, apenas se varió de modelo. Se mantuvo una agricultura industrializada, que seguía buscando los mercados exteriores, que utilizaba masivamente riego, abonos químicos, pesticidas, mecanización y motorización agrícola, cultivos bajo plástico, etc, que pasó de los antiguos colonos a manos de la burguesía surgida en los nuevos estados, y …persistía la agricultura campesina,(3) que ante los aumentos de la población rural, ponía en cultivo tierras marginales o procedía a la deforestación de los bosques. Si tenemos en cuenta la fragilidad del medio mediterráneo que constituye las regiones costeras de estos países, y la imposibilidad de cultivar en las zonas semidesérticas cercanas al Sahara, y en el mismo desierto, podemos comprender la grave situación en la que se encuentran los espacios rurales del Magreb a causa de la extensión de las superficies de cultivo.

El caso de Argelia es especial. Tras la independencia se realizó una Reforma Agraria, se colectivizaron las propiedades de los colonos y se llevaron a término grandes campañas de roturación de tierras, de construcción de pueblos de colonización, de retorno al campo de los «felahas» que se habían desplazado a vivir a las ciudades, políticas que terminaron siendo un fracaso, lo que obligó al gobierno argelino, gracias a una economía dependiente del petróleo y del gas, a alimentar en gran medida a su población con importaciones procedentes del exterior.

El aumento indiscriminado de la expansión de la frontera agrícola, la deforestación, la urbanización, que como en otros muchos lugares del mundo ha ocupado las mejores y más fértiles tierras, la escasa capacitación agraria de los campesinos, las malas políticas agrarias en general, han provocado una serie de fenómenos inquietantes: erosión y pérdida de fertilidad de los suelos, desertificación, desaparición de los bosques,(4) algunos de ellos de gran valor natural y económico, agudización de esa agricultura dual en que los campesinos más desfavorecidos siguen tomando el camino del éxodo rural para intentar sobrevivir en los barrios de chabolas de las grandes ciudades como Casablanca, Rabat, Tánger, Orán, Argel o Túnez.

El clima de estos países, tal como decimos, es mediterráneo en sus zonas costeras y parte del interior, hasta llegar a los límites del Gran Desierto. Lo que significa que el régimen de lluvias es aleatorio, concentrándose por lo general las precipitaciones en el otoño y la primavera. Sus cursos de agua no son muy abundantes ni caudalosos, cosa lógica, todo lo cual ha provocado, con la urbanización y la mayor demanda de la población, que el déficit hídrico sea un problema de difícil solución.(5)

Las redes de saneamiento en general, excepto en algunas de sus grandes ciudades, son muy deficientes. Los pueblos y ciudades del Magreb están muy lejos de conseguir que sus aguas residuales no sean vertidas a los barrancos, a los ríos o al mar, sucias y sin depurar. E incluso aquellos países como Argelia donde en algún momento de estos últimos años se construyeron depuradoras, lo que significó un desembolso importante por parte del Estado, la falta de claridad y responsabilidad en la gestión (¿quién tiene que cubrir los gastos de su funcionamiento diario la comuna o el Ministerio correspondiente?) hacen que muchas de ellas estén paradas, lo que además de ser un grave problema ambiental constituye una pérdida de las posibles aguas depuradas así como de los lodos que podrían suministrar fertilidad a los suelos en su utilización agrícola.

Otro gran problema medioambiental son los basureros. Si se está resolviendo la recogida de basura en las ciudades, lo que queda pendiente es qué se hace con ella. Los plásticos invaden las calzadas, y las aguas de lluvia arrastran la suciedad y contaminan las capas freáticas.

A estas graves cuestiones medioambientales, que hacían difícil la vida de sus habitantes y que se agudizan con el paso del tiempo por la falta de voluntad y visión de sus gobernantes, hay que añadir los problemas derivados de la pérdida de soberanía alimentaria.

LA PRODUCCIÓN DE ALIMENTOS BÁSICOS

La política alimentaria en el Magreb está dirigida por sus gobiernos a asegurar la estabilidad interior a través de mecanismos de subvención para los productos básicos: en Argelia se subvenciona el pan, la harina, la sémola, la leche y el aceite; en Túnez, únicamente tres tipos de productos reciben ayudas, la leche, el pan y la harina; en Marruecos, sólo el azúcar y la harina de trigo blando.(6)

Los países del Magreb viven desde hace tiempo en una dependencia crítica de la importación de cereales. A pesar de los esfuerzos de modernización agraria (política hidráulica, mejoras en las parcelas), la producción no aumenta al mismo ritmo de las necesidades de una población, que como hemos dicho, ha tenido un fuerte crecimiento demográfico. Los países del Norte de África (desde Marruecos hasta Egipto) son muy dependientes de estas importaciones que en el período 2007-2008, acapararon el 19% de las importaciones mundiales de trigo, cuando la población que nos ocupa representaba únicamente el 2% de la población mundial.

Y esta dependencia no deja de crecer con el tiempo.

Insuficiencia en la producción de alimentos

En 2010 los datos de la FAO establecían para los países del norte de África, una producción total del trigo de 17,5 millones toneladas, es decir 11% menos respecto a la cosecha record del 2009, mientras que el volumen de producción de cereales se estimaba en 13,6 millones de toneladas, equivalente a un 14% menos que en 2009. Esta disminución fue consecuencia de los bajos rendimientos obtenidos y la irregularidad de las lluvias en las principales zonas productoras en Marruecos y en Túnez.

Pero si hacemos abstracción de los últimos resultados de las campañas agrícolas otra serie de factores serían los causantes de la cada vez más preocupante falta de capacidad de estos países para alimentar a su población. Por una parte el desarrollo acelerado de una agricultura capitalista, según el modelo heredado de la época colonial, que ha atraído a capitales extranjeros que, en connivencia con los nacionales, pretenden aprovechar los acuerdos de libre comercio que firmen sus gobiernos con la Unión Europea o los ya firmados con los Estados Unidos. Este es el caso del denominado Plan Marruecos Verde en que se pusieron en arriendo miles de hectáreas de las empresas estatales Sodea y Sogeta, y se van a ofrecer muchas más hectáreas de tierras comunales. Son en general tierras fértiles, con acceso al agua, que están siendo puestas en cultivo por multinacionales europeas y americanas, junto con capitalistas marroquíes, y cuya producción va a ser orientada al mercado exterior. Para la puesta en funcionamiento del Plan se piensan destinar en los próximos diez años 15 000 millones de euros.

El déficit hídrico del que hablamos se está agudizando con las prioridades dadas al turismo tanto en Túnez como en Marruecos. Conocidas son las urbanizaciones de la costa de Túnez que atraen desde hace años un turismo europeo de «bajos costes», y más reciente es la expansión turística del mediterráneo marroquí. El turismo tal como está concebido en las zonas balnearias es un gran depredador del agua, que se sustrae a la agricultura. Un aumento de los rendimientos en agricultura se consigue, en la medida de lo posible, con la utilización del riego para compensar la falta de precipitaciones. Y sobre todo es necesario facilitar esta irrigación a la agricultura «bour», a la pequeña agricultura de secano, cuyos rendimientos en cereal, en oleaginosas, en alimentos para el ganado, son deficientes.

Las importaciones agrícolas del Magreb no son únicamente de cereales, sino que se están extendiendo cada vez más a productos como lácteos, oleaginosas, carnes rojas, etc.

Aumento de los precios de productos los básicos

El precio de los cereales según la FAO aumentó en un año el 70%, y el de otros productos como el azúcar, oleaginosas, lácteos, aumentó un 32%. Aunque los países del Magreb tradicionalmente han subvencionado los alimentos básicos para impedir el malestar social, estos aumentos descomunales provocaron unos déficits presupuestarios difíciles de asimilar por los gobiernos, quienes reaccionaron lentamente a la evolución de los precios internacionales. La insuficiencia de la producción nacional para abastecer a los consumidores y su dependencia de los mercados exteriores, junto a la especulación, provocó una carestía de la vida muy sensible para los ciudadanos de las grandes urbes, pero incluso para los de las zonas rurales más empobrecidas, que tienen que competir con productos importados más económicos.

CONCLUSIONES

¿Hasta que punto el deterioro medioambiental, la subida de los precios de los alimentos y las difíciles condiciones de vida provocaron las revueltas del Magreb?

Es difícil saber con exactitud cual ha sido el peso de este componente en las revueltas del Magreb, que provocaron la caída del presidente Ben Alí, la de Hosni Mubarak, la del coronel Gadafhi y que hicieron tambalear la monarquía alauita llevando a Mohamed VI a revisar la Constitución y que el presidente Bouteflika tuviera por su parte que realizar ayudas de urgencia para la población. Pero es indudable, con la tradición de revueltas habidas en estos países en el pasado (la revuelta del pan de 1981 y otras revueltas posteriores), que la subida del precio de los alimentos y el deterioro de las condiciones de vida ha sido uno de los detonantes de la «primavera» árabe.

Si los países del Magreb no consiguen, quizás regionalmente, ser autosuficientes en su alimentación, no depender de las importaciones del exterior para alimentar a su población, no resuelven sus graves problemas medioambientales, las revueltas volverán a surgir, la convivencia seguirá deteriorándose y las relaciones con sus vecinos del Norte se encresparán.

REFERENCIAS BIBLIOGRAFICAS

BESSAOUD, O (2011), «Les politiques agricoles et rurales maghré- bines face aux enjeux du futur».

IAMM, CIHEAM. BLANC, Pierre (2010), «Abastecimiento y Seguridad Alimentaria», TerraMed, Agricultura, alimentación, pesca y mundo rural en el mediterraneo, Atlas.

CLEMENS, B; OLIVIER, E; PERRIHAN, A. (2011), «Économie du printemps arabe. De la révolution à la transformation et la sécurité alimentaire», Politiques alimentaires en perspective Nº 18 – Mai.

FAO (2010), «Perspectives de récolte et situation alimentaire», Nº 4 décembre.

* Hassan Ouabouch, economista (h.ouabouch@gmail.com) y Pascual Moreno, doctor ingeniero agrónomo (ptorregrosa@telefonica.n et) miembros del Grupo de Estudios sobre Agriculturas Africanas (GEsAA). Universidad Politécnica de Valencia.

1 El caso de Egipto, que no forma parte del Magreb el aumento ha sido mayor. De los 30 millones que se censaron en 1966 se ha pasado a los 83 millones actuales.

2 Déficit provocado en gran medida por políticas agrarias erróneas.

3 La población activa agraria en Marruecos es superior al 40%.

4 En el Rif marroquí en los últimos 30 años ha desaparecido el 40% de los bosques de la región. Los bosques de cedros, alcornoques, robles, etc, han sido eliminados para dar paso al cultivo de cereal o de cáñamo.

5 En muchas ciudades del Magreb el «racionamiento» de agua a la población es constante. Se achaca a una red de distribución que procede aún de la época colonial, a la mala gestión, a escasez de presas, etc, pero la realidad es que el suministro de agua de calidad es cada vez más difícil. El gobierno argelino ha procedido en los últimos tiempos, gracias a las rentas del petróleo, a construir desaladoras para abastecer de agua a pueblos y ciudades costeras.

6 En el caso de Egipto, los precios del pan y la harina se fijan por la Administración para intentar hacerlos accesibles al conjunto de la población, mientras que el arroz, el azúcar y el aceite dependen de la cartilla de racionamiento mediante la cual se modulan las subvenciones en función de la renta de los consumidores.

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