Energías extremas, expresión del Capitaloceno

Tatiana Roa Avendaño* y Hernán Scandizzo**

Palabras clave: energías extremas, fracking, bienes naturales, tecnologías, petróleo

 

En 2016, el paso del huracán Matthew sobre el Caribe dejó una estela de muertos, más de 1600, miles de desplazados, siembras y poblados destruidos. Los daños materiales provocados, se cree, superan los 10.000 millones de dólares. Pero Matthew no es un hecho aislado; las imágenes de huracanes, ciclones, sequías, inundaciones y otros fenómenos llamados naturales se reproducen con más frecuencia y agresividad, y transforman y aceleran dinámicas naturales y sociales. El recrudecimiento de estos fenómenos hace evidente una crisis climática que es resultado de la quema intensa de combustibles fósiles: carbón, petróleo y gas, desde la llamada Revolución industrial, iniciada a mediados del siglo xviii. Construir alternativas requiere replantear las relaciones no solo entre los seres humanos, sino también las de la sociedad con la naturaleza, una propuesta que se encuentra en las antípodas del modelo de energías extremas.

El desarrollo capitalista, sustentado en el petróleo, incrementó considerablemente el metabolismo social, acelerando los flujos de materia y multiplicando el consumo energético per cápita, lo que se tradujo en un aumento exponencial de las emisiones de gases de efecto invernadero. Esto provocó una profunda transformación de la biósfera, que ha alterado la constitución y el funcionamiento de los ecosistemas (Equihua Zamora et al., 2016), caracterizada como una crisis climática planetaria.

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