Capitaloceno y adaptación elitista

Omar Ernesto Cano Ramírez*

Palabras clave: Capitaloceno, crisis climática y ecológica, elitismo

 

Del Antropoceno al Capitaloceno

Desde que Paul Crutzen ─premio Nobel de Química─ propuso el concepto de Antropoceno en 2002 (Crutzen, 2002), su significado ha variado según el reduccionismo o la amplitud de los análisis, así como el uso político que se haga de él. Si bien el concepto de Antropoceno es útil para marcar un cambio en la historia geológica causado por las actividades humanas y mostrar los impactos negativos sobre el clima, carece de la precisión suficiente como para no ser manipulado y justificar más de lo mismo. Quienes ven en el Antropoceno la culminación del potencial humano para dominar y controlar la naturaleza difunden la idea de que el cambio climático y el calentamiento global no son sino males menores que pueden ser resueltos con más tecnología. Para ellos la humanidad, lo mismo que los ecosistemas, tiene la capacidad de adaptarse a cualquier nuevo escenario, por lo que no es necesario reducir el consumo material y el crecimiento industrial, todo lo contrario, “el planeta es más productivo que antes de ser alterado por los humanos”, y si fuimos capaces de adaptarnos a problemas anteriores, lo volveremos a lograr. En torno a esta noción está la idea de que el Antropoceno ha sido causado por nuestra naturaleza humana,[1] que es egoísta, individualista, nos impide ver más allá del corto plazo y nos impulsa a la conquista de la naturaleza. De esta manera, si todos tenemos la misma naturaleza, todos somos responsables de los problemas del Antropoceno. Una postura en consonancia con los Gobiernos y las empresas que prometen en cada crisis generar más riqueza y más consumo; agentes que mediante el uso de mecanismos legales y de propaganda hacen a todos responsables de la crisis actual (Vansintjan, 2016).

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