Memorias sertanistas: cien años de indigenismo en Brasil

  • Autor: Felipe Milanez
  • Memorias sertanistas
  • Editorial: Edições SESC São Paulo
  • Año: 2015
  • ISBN: 978-85-7995-177-0
  • Idioma: portugués
  • 424 pp.
  • Crítica del libro[1]: Eduardo Góes Neves[2]
  • Traducido por: Ana G. Gutiérrez

Palabras clave: indígenas aislados, Sertanistas, Amazonia

 

El estado de Acre es ahora un movimiento indígena organizado con terreno aprobado en todo su territorio. En la década de 1970, sin embargo se decía que no habían indígenas en Acre. ¿Qué ha pasado desde entonces? ¿Cómo hicieron los indígenas de Acre para pasar de la invisibilidad a la legalidad? Esta es sólo una de las muchas historias que se aprenden durante la lectura del libro Memorias sertanistas: cien años de indigenismo en Brasil, escrito por Felipe Milanez y publicado por Ediciones Sesc.

Memorias sertanistas es un libro denso, pero de lectura rápida gracias al exquisito trabajo de edición y sobre todo a la gran variedad de historias que relata en su contenido.  Si no fuera tan trágico, se podría decir que se trata casi de un libro de grandes aventuras relatadas por sus narradores: flechas, amenazas de muerte de los indios y los no indios, emboscadas… todo está ahí, en ese lejano  oeste contemporáneo donde ocurre la historia reciente de Brasil.

El libro está organizado a partir de testimonios. Participan dos pensadores indígenas: Afukaka kuikuro y Paul Supretaprã Xavante y  otros diez sertanistas que trabajan o trabajaron en Funai en diferentes regiones de la Amazonia: Afonso Alves da Cruz, Porfirio Carvalho, Fiorello Parise, Odenir Pinto, Sydney Possuelo, Wellington Figueiredo, José Meirelles, Marcelo dos Santos, Altair Algayer y Jair Candor. Estas declaraciones están precedidas por un hermoso prólogo de la antropóloga Betty Mindlin y dos textos un poco más extensos de Felipe Milanez que contextualizan y explican los 100 años de las  acciones indígenas en Brasil.

La brillante idea de reunir  estos relatos vino del mismo Felipe, siendo el una figura única, difícil de clasificar. Con un pie en la academia y el otro en la militancia, Felipe actualmente es profesor de la Universidad Federal de Recôncavo da Bahia y miembro de la red ENTITLE. Formado como abogado, tiene también una maestría en ciencias políticas y un doctorado en ecología política en la Universidad de Coimbra, pero construyó su carrera sobre todo en el periodismo, profesión en la que ejerció en diferentes ámbitos incluyendo en Funai, donde editó la revista Brasil Indígena. Esta formación híbrida, la trayectoria de la Funai y su camino en la investigación y la intervención en toda la Amazonía, principalmente en la región que va desde el sur del estdao de Pará hasta el estado del Acre a oeste – el “arco de deforestación” como lo relata Felipe a través de este libro donde busca reconstruir el puente entre el mundo académico y sertanismo , siendo este un tema muy importante para aquellos que se preocupan por el futuro de la Amazonía y los pueblos tradicionales sean indígenas o no.

Al igual que Felipe, los sertanistas que prestaron su testimonio en el libro tienen también cada uno su propia trayectoria y formación: Afonso Alves da Cruz nació en una fecha desconocida en una plantación de caucho en el río Xingu, Jair Candor proviene de Parana, pero también fue cauchador en Rondônia, ciudad donde su familia se mudó cuando el tan solo era un niño.  Altair  Algayer es de Santa Catarina y también se mudó con su familia a Rondonia cuando era jove, donde trabajó inicialmente en el campo como labrador y como como maderero  antes de iniciarse a en los movimientos indígenas. Sydney Possuelo leía las historias de los hermanos Villas Boas cuando era un niño y fue a través de él que comenzó a trabajar con los indígenas. Wellington Gomes Figueiredo era el brazo derecho de Possuelo en el Departamento de Indígenas Aislados.  José Meirelles se retiró de la ingeniería para participar en un concurso en Funai. Fiorello Parise, italiano de nacimiento abandonó su doctorado en antropología en París para poder hacer el curso en indigenismo de la Funai y posteriormente trabajar en Maranhao.  Odenir Pinto es hijo y nieto de sertanistas y se crió en una aldea Xavante. Marcelo dos Santos se graduó en biología antes de ingresar a la Funai.  José Porfirio Carvalho comenzó a trabajar con los Waimiri Atroari en la década de 1960.

El libro narra en primera persona sus fracasos y logros en un sincero y escalofriante testimonio.  Lo más impresiona es que algunas de las historias  de la violencia inenarrable han ocurrido recientemente hace no más de 20 años, cuando Brasil ya estaba viviendo en un régimen democrático. Es dura pero cierta la triste verdad detrás  de las declaraciones durante la transición hacia la democracia, donde no se representó una mejora en las condiciones de vida para los habitantes de pueblos indígenas, y tampoco en a sea en las condiciones de trabajo en la Funai.

Memorias sertanistas no tiene índice de nombres, pero si tuviera es problable que “masacre” fuera la palabra más común de la obra. El libro muestra la ambigüedad del estado brasileño en sus relaciones con las cuestiones indígenas. Percibe que muchos de los avances realizados en las últimas décadas son el resultado de más luchas de los mismos indígenas sucedidas por la perseverancia de estos hombres sertanistas que a menudo trabajan casi por su cuenta  en  vez de ser parte de políticas públicas sustentadas.  Por ejemplo, para la reanudación casi subversiva de lo que se convirtió en Tierra Indígena Caramuru-Paraguaçú en Pataxó al sur de Bahia o para a las historias de entablamiento de contacto con los grupos “no contactados” como los Arara de la carretera Transamazónica, Awa-Guajá en Maranhao, el grupo aislado “indios de los botones” en el valle del Javari y los diferentes grupos del sur de Rondônia, como  los aislados de Omerê y un individuo que vivió durante años solo, rechazando cualquier forma de contacto con otros humanos: el “El indio del agujero”.

Son comunes en los relatos, referencias a la presión de los líderes políticos, sobretodo los terratenientes y madereros, para conducir a un recorte de los sertanistas para lejos de donde luchan y trabajan y para proteger sus intereses contra los derechos de los indígenas, pero también hay historias de éxito como la intermediación realizada entre Porfirio Carvalho y Eletronorte, asegurando una fuente de ingresos para los Waimiri Atroari y los Parakanã en señal de compensación por la inundación en gran parte de sus tierras por las plantas hidroelectricas de Balbina y Tucuruí. También es inspirador el ejemplo de la alianza entre los sin tierra y las poblaciones indígenas en el sur de Rondonia mientras se vivían momentos de extrema violencia en los años 1980 y 1990, publicados por Marcelo dos Santos en su testimonio.

La obra cuenta historias que pocos conocen, pero los acontecimientos en los  testimonios escritos en el libro siguen y seguirán ocurriendo en el transcurso de la historia, por ejemplo, en el estado del Mato Grosso do Sul, en los rios Tapajós y Xingu o en las afueras de la mega ciudad de São Paulo. Es un libro de memorias, pero por desgracia hoy en día revela la condición dramática en la que Brasil se ha ido formando como nación, a través del sacrificio de sus habitantes más antiguos.

A partir de relatos en primera persona, Memorias sertanistas organizadas por Felipe Milanez muestra que la lucha por la preservación de los pueblos indígenas siguen siendo violentas a pesar de la democracia.

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Afonso Alves da Cruz en el contacto con los Arara, en 1987 (Fuente: archivo personal)

[1] La versión original de este texto ha sido publicado en portugués en el 25 de enero de 2016 en la página web de Ediciones SESC: http://www.sescsp.org.br/online/edicoes-sesc/383_FRENTE+DE+BATALHA#/tagcloud=lista

[2] Eduardo Góes Neves es arqueólogo, profesor titular de Arqueologia Brasileira do Museu de Arqueologia e Etnologia da Universidade de São Paulo y especialista en la investigación en la Amazonía.

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