Capitalism Nature Socialism

Capitalism Nature Socialism*

Salvatore Engel-Di Mauro**

 

En 1988, bajo la guía de Jim O’Connor y Barbara Laurence, se formó un colectivo de profesores y profesoras y estudiantes que dieron vida a la revista Capitalism Nature Socialism (CNS). Esta publicación celebró hace poco su vigésimo quinto aniversario, tal como lo hace Ecología Política con el presente número, de cuyo éxito cronológico también me alegro mucho. Parece un momento muy propicio para retomar los enlaces que unieron las dos revistas desde sus inicios. En parte, Ecología Política nació como una revista hermana de CNS, porque esta contribuyó a su establecimiento. Además, algunos de los editores y editoras estaban involucrados en ambas revistas y también eran colaboradores estrechos en los primeros años noventa del siglo XX. En efecto, las dos revistas tienen una raíz común, ya sea en las motivaciones para fundarlas o en la superposición de las redacciones durante los primeros años.

Capitalism-nature-socialismCNS, una revista semestral y de izquierda antisectaria, fue el producto de un seminario desarrollado en la Universidad de California – Santa Cruz y de los éxitos de financiación a través de una organización sin fines de lucro, el Center for Political Ecology[1], propietaria oficial de la revista y fundada por O’Connor y Laurence. Lo que animó el seminario y la fundación de la revista fue la falta general de un enfoque y de teorización sobre las relaciones entre sociedad y medio ambiente en las izquierdas históricas, en los mundos académicos, sindicales y parlamentarios, que resultaban ausentes, si no contrarias, en las luchas ecologistas. El grupo de participantes en el seminario se propuso plantear preguntas sobre este tema y empezar el arduo proceso de revisión de los fundamentos de la mayoría de las izquierdas y también del marxismo. De estas discusiones y debates surgió la idea de establecer una revista en la que continuar este tipo de discursos porque durante ese periodo de tiempo todavía existían pocos espacios para un acercamiento que se proponía no sólo el desarrollo de un pensamiento socialista ecologista o marxista ecologista, sino también la formulación de nuevas ideas y de alternativas a las relaciones capitalistas (O’Connor, 1988). Algunos de los y las participantes estaban en organizaciones ecologistas: unos de los y las cuales, más en organizaciones socialistas o feministas, y otros, en instituciones puramente académicas, o bien en ambos mundos, de los movimientos e instituciones universitarias. Provenían entonces de diferentes contextos sociales y traían diferentes perspectivas. Algunos de ellos y ellas tenían conexiones en otros países o provenían del extranjero, así que también contribuyeron a la formación de enlaces y a la divulgación a escala internacional.

Al mismo tiempo, desde los primeros días, al colectivo se le agregaban también investigadores e investigadoras, tanto independientes como de ámbitos universitarios, de diferentes países, especialmente desde las Américas y Europa occidental. Fue a través de estos enlaces como a los pocos años de la fundación de la revista se establecieron revistas similares en otros idiomas, como la misma Ecología Política, y también Capitalismo Natura Socialismo (ahora bajo el título de Ecologia Politica – Ricerche per l’Alternativa) y Écologie Politique. Las motivaciones en los orígenes de estas revistas estuvieron en parte vinculadas con las que impulsaron CNS, pero también se organizaron al principio como una red de revistas colaborativas, dedicadas a temas similares. Pese a que con el paso del tiempo, por varias razones, se perdieran los lazos entre estas revistas, que en la última década se están retomando, CNS continuó su política de animar a la implicación de investigadores o investigadoras y activistas desde fuera de los Estados Unidos y de incluir temas y debates de importancia más allá del ámbito norteamericano. En este sentido, se estableció una serie de libros bajo el amparo de la editorial Guilford, en la que fueron publicados los trabajos de Enrique Leff y James O’Connor y también distintos volúmenes editados por miembros de los colectivos. Gracias a esta iniciativa, se propagaron por el resto del mundo las ideas en la revista de forma eficaz. Esta presencia internacional permanece como un aspecto clave de la revista, así como su visión internacionalista en la búsqueda de las alternativas al capitalismo y en los debates sobre las alternativas mismas.

El objetivo principal de la revista es el de reunir los acercamientos de los planteamientos de la izquierda  con los de los ambientalistas o ecologistas, tanto si forman parte de los movimientos como del mundo académico. En resumen, se trata de desarrollar marcos “rojo-verdes” para contribuir a la construcción de corrientes intelectuales capaces de responder a las mayores preguntas de este tiempo, como la cuestión de la degradación ambiental y la del papel de la izquierda en este ámbito. Este objetivo es más sencillo que las tareas complejísimas que comporta. Y es que en los movimientos de izquierda hay distintas historias y divergencias, así como incompatibilidades; y lo mismo se podría decir de los movimientos ecologistas. Es, por ejemplo, difícil imaginarse una alianza entre grupos de ecologistas con el enfoque de la ecología profunda (deep ecology) y grupos marxistas autonomistas. Pero el esfuerzo es importante y es uno de los primeros, por lo menos en el mundo académico anglófono, en acercar dos movimientos que hasta entonces casi no dialogaban, o se miraban con desdén. Poner las bases para un diálogo permanente entre esos grupos no era empresa fácil, y sigue sin serlo. Pero, a juzgar por los éxitos, se podría decir que la revista contribuyó a establecer un punto de referencia importante para los que reclaman un ecologismo izquierdista, y también a ampliar los horizontes de los propios movimientos de izquierda. Además, ha contribuido a dar apoyo a los grupos dentro de las distintas izquierdas que buscaban y buscan maneras de reinventarse frente a los retos ecologistas y al fracaso, tanto social como ecológico, de los socialismos de estado. De hecho, una de las ideas que animó la fundación de la revista fue la necesidad de explicar lo que ocurrió en países como la Unión Soviética.

Aunque los objetivos generales de la revista continúan siendo más o menos los mismos, hubo cambios considerables desde su fundación. Estas modificaciones se deben principalmente a tres factores: la pérdida de antiguos colaboradores y colaboradoras y el flujo de nuevas personas comprometidas en CNS, las recientes presiones de la industria editorial, y los procesos más amplios de los mundos de las luchas y de las corrientes intelectuales (Engel-Di Mauro, 2015).

Durante los primeros años, la estructura de la redacción divergió del usual tipo de organización editorial. En lugar de comités científicos, estaba organizada en grupos editoriales ubicados en varias ciudades estadounidenses y canadienses, y también en Inglaterra bajo el UK Red-Green Study Group. También hubo grupos editoriales que funcionaron más como redes de editores y/o editoras, como el grupo ecofeminista e internacional, con redactores esparcidos por todo el mundo. Pasada una década, aproximadamente, los grupos editoriales empezaron a desagregarse a causa de cambios en las vidas de sus miembros, que a menudo comportaban, tras lograr los estudios de doctorado, mudarse a otras ciudades donde encontrar trabajo. Pero también nuevas personas se unían a algunos grupos, permitiendo la reproducción de los mismos a través de múltiples generaciones, y al mismo tiempo un nuevo flujo de ideas y redes de contactos. Sin embargo, en la mayoría de los casos no hubo renovación, así que diferentes grupos desaparecieron, como el de Boston, el de la zona de alrededor de San Francisco y de la misma Santa Cruz, y también en Toronto y Nueva York.

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Hubo, también, dificultades en la gestión cuando O’Connor quedó incapacitado por una grave enfermedad que aún hoy le impide trabajar. Por estas razones, en 2003 hubo un cambio de dirección, cuando Joel Kovel tomó la responsabilidad de editor principal, que yo continué a partir de 2012 (Kovel, 2011). Tuvimos que reestructurar la revista, manteniendo y reforzando las agregaciones existentes cuando fue posible, y añadiendo una estructura más típica de una revista académica. A partir de 2010 se organizaron por primera vez unas listas de miembros de comités científicos. Durante este periodo de transición la revista perdió el contrato con la editorial Guilford y tuvo que encontrar otra, que fue finalmente el coloso Taylor & Francis. Con ese cambio la revista ganó una mayor difusión mundial y a la vez perdió su serie de libros, así como las subscripciones y accesibilidad por los individuos, dado que la empresa editorial obtiene más beneficio a través de las descargas en la red y de contratos institucionales con universidades. También aparecieron ocasiones para recolocar los fondos en otras actividades, como la introducción de mapas y de un formato cartográfico para la revista, la traducción de textos en inglés y otros idiomas, y también una mayor presencia en la red de manera menos académica y no oficial[2]. Recientemente, tras varios años de esfuerzos, logramos un contrato con la casa editorial West Virginia University Press para reintroducir una nueva serie de CNS: de libros breves y de actualidad.

Con el flujo de nuevos editores y editoras, cambiaron también algunos contenidos de la revista, como la introducción de una sección de poesía, una mayor presencia anarquista y la ampliación de las reseñas para cubrir también películas y otras formas de expresión sobre los temas tratados por la revista. Con el avance de los debates y de las teorías, y en un contexto de desarrollo de organizaciones mundiales de lucha como el Foro Social Mundial y Vía Campesina, volvió una visión algo diferente sobre el reto principal de la revista, tanto que introducimos un segundo nombre a la revista, añadiendo que se trata de una revista de ecosocialismo. En un periodo como el nuestro, de agitación reaccionaria y de guerras y robo capitalista a escala mundial, cada vez más intensos y desoladores, los temas de la revista tienen también que cambiar. De este modo, su contenido está reflejando temas actuales como los movimientos en contra de la megaminería, las alternativas energéticas, el fracaso total de las instituciones mundiales para afrontar la degradación ambiental, el concepto de decrecimiento, los retos ecológicos y sociales en China y en Venezuela y mucho más. Con la reciente difusión del concepto de ecosocialismo en los movimientos y también en algunos gobiernos, especialmente en las Américas, el papel de la revista toma una dimensión más enraizada aún en la sociedad, de manera que los debates promovidos y las ideas discutidas en su ámbito pueden finalmente contribuir a los objetivos principales de sus fundadores para desarrollar un marco teórico que impulse, en asociación con revistas como Ecología Política, la superación de los sistemas capitalistas y la construcción de mundos igualitarios.

 

Referencias

Engel-Di Mauro, S. (2015). “A more than twenty-fifth anniversary for more than a journal”, Capitalism Nature Socialism, 25 (1), pp. 1-9.

KOVEL, J. (2011). “An announcement”, Capitalism Nature Socialism, 22 (2), pp. 1-2.

O’CONNOR, J. (1988). “Prospectus. Capitalism, Nature, Socialism. A journal of socialist ecology”, Capitalism Nature Socialism, 1 (1), pp. 1-6.

* Revista académica, acceso mediante instituciones http://www.tandfonline.com/loi/rcns20

Comunidad online http://www.cnsjournal.org/

** Editor de Capitalism Nature Socialism; profesor asociado en el Department of Geography, State University of New York at New Paltz, EE.UU. (engeldis@newpaltz.edu)

[1] http://www.centerforpoliticalecology.org/.

[2]. Véase www.cnsjournal.org.

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