“Nunca más un México sin nosotras”. La participación de las mujeres en el proyecto político del Congreso Nacional Indígena

Amiel Aketzali Moreno Reyes*

Palabras clave: defensa territorial, organización en red, feminismo anticapitalista

 

Resumen

El artículo presenta algunos aspectos sobre la participación de las mujeres en la defensa comunitaria y territorial dentro de las organizaciones y comunidades articuladas en el Congreso Nacional Indígena (CNI). En un contexto de extractivismo, colonialismo interno y violencia patriarcal, el trabajo de las mujeres en las tareas de organización y representación de las comunidades es central en la articulación del CNI descrita como anticapitalista “desde abajo, por la izquierda y con la tierra” (Escobar, 2016). El CNI se ha propuesto conformar un Concejo Indígena de Gobierno (CIG) que tenga como vocera a una mujer indígena, como símbolo del cuestionamiento, la denuncia y la ofensiva contra las estructuras coloniales tanto clasistas como racistas y patriarcales.

La guerra en los territorios

En su diagnóstico político-económico, el CNI reconoce el despojo y la guerra como elementos configuradores del capitalismo actual. El capitalismo en su fase expansiva va ocupando territorios y expulsando o integrando de forma subordinada las formas diferentes de socialización. En la instalación de mineras a cielo abierto, aeropuertos, hidroeléctricas o presas, se ignoran las afectaciones a la naturaleza y a los modos de vida de los pueblos. En México los territorios de los pueblos originarios y afrodescendientes son concedidos a empresas o controlados por criminales. Se trata de una guerra atravesada por la contradicción capital/vida. En esa guerra, las mujeres han levantado la voz y forman parte de la defensa comunitaria y territorial que los pueblos emprenden.

Pero la guerra contra los pueblos y las mujeres no es nueva. Los 21 años recorridos por el CNI son resultado de 525 años de luchas de culturas que se han resistido a desaparecer y se organizan para no ser aniquiladas. Las mujeres de las bases de apoyo zapatistas y las comandantes del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) han explicitado las condiciones de dominación y explotación de las mujeres indígenas durante cerca de quinientos años bajo un régimen colonial (EZLN, 2015). Muchas son las cosas que han cambiado desde 1994 a raíz de los procesos de educación llevados a cabo en el interior de las comunidades zapatistas. Así lo explicó la comandante Rosalinda (EZLN, 2015):

Desde la clandestinidad llegó un día en que las compañeras fueron reclutadas, y esas reclutadas fueron reclutando a otras compañeras pueblo por pueblo […]. Poco a poco fuimos perdiendo el miedo y la vergüenza, porque ya entendemos que se tiene el derecho de participar en todas las áreas de trabajo. La revolución se tiene que hacer entre hombres y mujeres.

Imagen 1. Mujeres. Autor: Juan Jacobo del Castillo.

En octubre de 1996 la comandante Ramona se convirtió en la primera zapatista en salir del cerco militar, situado en Chiapas, rumbo a Ciudad de México. Como delegada del EZLN, participó en el primer CNI el 12 de octubre de 1996. El eco de sus palabras más emblemáticas en aquella asamblea se sigue sintiendo en las luchas que emergen de esa red: “Nunca más un México sin nosotros”. El mensaje es claro; se trata de un grito de resistencia y de ofensiva.

Frente a las estrategias de despojo territorial, explotación y exterminio, el CNI se ha establecido como una red de redes plural y flexible compuesta por organizaciones, redes de organizaciones y redes de comunidades. Los miembros del CNI afirman: “Somos asamblea cuando estamos juntos y red cuando estamos separados”. En los espacios de asamblea, se reflexiona y se toman decisiones por consenso. Como red, se despliegan mediante mecanismos de apoyo mutuo para fortalecer y respaldar las múltiples y particulares luchas en los territorios a nivel comunitario, regional y nacional.

Ante un Estado que se niega a reconocer las culturas y las formas propias de gobierno, las reivindicaciones de autonomía y libre determinación se dan por la vía de los hechos mediante la gestión colectiva y comunitaria de aspectos como la educación, la salud, la seguridad, la justicia, la comunicación, el medio ambiente, etc. Si en un principio fue la exigencia del cumplimiento de los Acuerdos de San Andrés lo que convocó y articuló políticamente a los pueblos originarios, en la actualidad los Acuerdos se aplican de facto en la organización de la vida y el trabajo.[1]

En un espacio social configurado bajo la estructura colonial, patriarcal y capitalista de un país como México, ser mujer y ser indígena significa sufrir una triple opresión. Racismo, clasismo y patriarcado son algunas de las configuraciones sociales que las mujeres y los hombres del CNI han denunciado a partir de sus reflexiones colectivas. Así lo expresó la comandante zapatista Esther (2001): “De nosotras, las mujeres indígenas, se burlan por nuestra forma de vestir, de hablar nuestra lengua, nuestra forma de rezar y de curar, por nuestro color, porque somos del color de la tierra que trabajamos”. Tales reflexiones han ido acompañadas de iniciativas para enfrentar las relaciones de dominación, incluso al interior de sus propios procesos comunitarios. La Ley Revolucionaria de Mujeres es una de esas iniciativas que han devenido en la inclusión política de las mujeres indígenas.[2]

El CNI es una red de redes que articula comunidades con representación de mujeres y redes de solidaridad entre mujeres de carácter nacional y regional. Las mujeres pueden ser voceras, delegadas, comisionadas, defensoras del territorio y partícipes en los espacios de decisión. El género es uno de los temas transversales de su propuesta política. Las organizaciones y las redes de solidaridad de mujeres ponen énfasis en los derechos sexuales y reproductivos, la educación y la participación política y económica de las mujeres. Entre las más importantes se cuentan la Coordinadora Nacional de Mujeres Indígenas (CNMI) y la Asamblea de Mujeres de la Asociación Nacional Indígena Plural por la Autonomía (ANIPA). La CNMI es una red nacional de mujeres y se constituyó en 1997. Es una de las redes a nivel nacional que ha establecido espacios de formación política de mujeres indígenas. Se trata de una formación integral y anclada en la perspectiva comunitaria.

Imagen 2. Mujeres zapatistas. Autor: Juan Jacobo del Castillo.

La defensa del territorio y la lucha por la vida

La territorialización capitalista promueve mercantilizar los bienes naturales y negar la vida digna con proyectos de muerte. En contraposición a esos proyectos, el CNI ha articulado lenguajes de valoración distintos a la racionalidad capitalista (Martínez Alier, 2004). En los pueblos originarios es frecuente encontrar formas integrales de entender la vida. La igualdad de mujeres y hombres es tan importante como fortalecer sus sistemas normativos, promover la agroecología, reconocer los saberes medicinales y espirituales, etc. La relación con la que llaman Madre Tierra configura las relaciones sociales.

En esa valoración de los pueblos, las mujeres han sido partícipes directas de los procesos de resistencia. En Chiapa de Corzo, el movimiento de mujeres zoques por la defensa y dignidad de la tierra exigió la clausura de un basurero a cielo abierto que llevaba años contaminando el medio ambiente de la región. Las mujeres de Tepoztlán, del istmo de Tehuantepec, de Xochicuautla, por señalar algunos lugares, han defendido los bosques, el agua y la tierra, así como la flora y la fauna locales. Se protege el territorio como espacio de la comunidad y de la reproducción de la vida. Por todo el país se extienden las exigencias de consultas libres e informadas y, con ellas, un gran movimiento de resistencia y autonomía.

Las mujeres que han liderado esta lucha por la vida en momentos críticos se han enfrentado a la violencia propia del capitalismo. El proyecto suicida de un aeropuerto internacional para México D. F. en una zona agrícola activó en 2006 la resistencia de mujeres y hombres en la región de Texcoco. La respuesta fue la represión a la población opositora en San Salvador Atenco, pero de forma particular se ejerció tortura sexual contra las mujeres detenidas. El caso llegó a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) y puso a la luz que el Estado mexicano niega y encubre la violencia contra las mujeres.

No está de más resaltar que los asesinatos de mujeres son frecuentes en espacios militarizados o donde el crimen organizado opera con la aprobación cómplice de algunos poderes estatales (Segato, 2016). El pueblo mazateco de Oaxaca ha denunciado un incremento de los feminicidios a la par que se busca despojarlos de su territorio.[3]

Imagen 3. “Que retiemble en sus centros la Tierra”. Autora: Amiel Aketzali Moreno.

Más allá de los pueblos indígenas

Las mujeres indígenas del CNI han hablado de una situación de triple opresión. Se trata de la condición de ser mujer, indígena y pobre. María de Jesús Patricio Martínez se presenta como símbolo de esa triple opresión, pero también como vocera de los modelos de resistencia colectiva. Con todo el sistema hegemónico en contra, la posibilidad de insertarse en lo que llaman “la política de arriba” emerge de un respaldo colectivo. Se trata, por tanto, de un proceso de democracia directa que puede socavar los cimientos clasistas, patriarcales y racistas. Con la estrategia de insertarse en los mecanismos sistémicos, como las elecciones, se pretende visibilizar las amenazas a los modelos de vida comunitaria.

La interseccionalidad de la propuesta permite la inclusión de diversos sectores a la convocatoria. La vocera afirmó frente a las instalaciones de la institución electoral que la propuesta es un llamado a la organización contra el sistema capitalista, patriarcal, racista y clasista. Hasta la fecha se han conformado numerosas redes de apoyo territoriales y sectoriales del campo y la ciudad. Estudiantes, campesinas y campesinos, sindicalistas, académicas y académicos, etc., se aglutinan alrededor de la ofensiva anticapitalista. A corto plazo, se planea aprovechar la coyuntura para visibilizar la guerra de exterminio contra los pueblos y las mujeres. A medio y largo plazo, generar epicentros de autonomía y organización en el campo y la ciudad.

La simpatía del movimiento de mujeres del Kurdistán Komalên Jinên Kurdistan (KJK) hacia el CIG y particularmente hacia su vocera es indicadora de la globalidad de la propuesta, que sobrepasa una agenda local o nacional. Las ideas anticapitalistas, feministas, democráticas y ecológicas forman parte del sentido común de las buenas prácticas de diversos grupos en todo el mundo. Para KJK (2017), el CNI es fuente de inspiración por “sus experiencias de autogobierno, de buen gobierno y de comunalismo; la compañera Marichuy no es solo la voz de los indígenas de México, es al mismo tiempo la de todas las mujeres del mundo”.

Imagen 4. Marichuy en Palenque. Autora: Amiel Aketzali Moreno.

Bibliografía

Comandante Esther, 2001. Mensaje del EZLN en el Palacio Legislativo de San Lázaro. Disponible en: http://www.jornada.unam.mx/2001/03/29/per-indigena.html

Escobar, A., 2016. “Desde abajo, por la izquierda y con la Tierra”. Contrapuntos (blog). Disponible en: https://elpais.com/elpais/2016/01/17/contrapuntos/1453037037_145303.html

EZLN, 2015. El pensamiento crítico frente a la hidra capitalista, vol. I. México, EZLN.

González Casanova, P., 2003. “Colonialismo interno (una redefinición)”. Conceptos y Fenómenos Fundamentales de Nuestro Tiempo, octubre. Disponible en: http://conceptos.sociales.unam.mx/conceptos_final/412trabajo.pdf, consultado el 26-10-2017

KJK, 2017. Carta a María de Jesús Patricio Martínez, vocera del Concejo Indígena de Gobierno, 7 de junio. Disponible en: https://www.centrodemedioslibres.org/2017/06/19/carta-del-movimiento-de-mujeres-de-kurdistan-a-maria-de-jesus-patricio-martinez-vocera-del-consejo-indigena-de-gobierno-cig-cni/

Martínez Alier, J., 2004. El ecologismo de los pobres. Conflictos ambientales y lenguajes de valoración. Barcelona, Icaria.

Segato, R., 2016. La guerra contra las mujeres. Madrid, Traficantes de Sueños.

[1] Los Acuerdos de San Andrés se firmaron en 1996 y fueron producto del diálogo entre el Gobierno Federal y el EZLN. Para más información, véase: komanilel.org/BIBLIOTECA_VIRTUAL/Los_acuerdos_de_San_Andres.pdf

[2] Fue promulgada en 1993. Para más información, véase: http://enlacezapatista.ezln.org.mx/1993/12/31/ley-revolucionaria-de-mujeres/

[3] “Que retiemble en sus centros la Tierra”. Disponible en: http://enlacezapatista.ezln.org.mx/2016/10/14/que-retiemble-en-sus-centros-la-tierra/, consultado el 25 de octubre de 2017.

* Instituto de Investigaciones Sociales, Universidad Nacional Autónoma de México. E-mail: amielaketzalireyes@gmail.com. Twitter: @Amielaketzali.

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