Fomentando la inversión europea en África… ¿A cualquier precio?

Iolanda Fresnillo*

 

La Unión Europea vehicula su política de cooperación internacional a través de varios instrumentos, entre los cuales el Banco Europeo de Inversiones (BEI) está tomando cada vez más relevancia. Recientemente se ha publicado un informe en el que se analizan las actuaciones del BEI en los países del Sur, los intereses a los que responden estas actuaciones.(1) Una de las principales conclusiones del informe es que el BEI está siendo utilizado para promover los intereses de las empresas europeas en el Sur, también en África, sin tener en cuenta los impactos económicos, sociales y ambientales de éstas inversiones sobre las comunidades locales. Este papel de promotor de las inversiones europeas en África se verá reforzado en el futuro con un nuevo Fondo de la Unión Europea para África, que será gestionado por el propio BEI.

LOS INTERESES DEL BEI EN EL SUR

Aun cuando la principal función del BEI ha sido, desde su constitución en 1958, contribuir al desarrollo económico y la cohesión de la UE (fronteras adentro), este organismo financiero se ha ido involucrando de forma creciente en operaciones de préstamo y fomento de la inversión fuera de las fronteras europeas, en particular en el sector privado. En los años sesenta el BEI empezó a financiar proyectos en el Sur de forma excepcional, y actualmente alrededor del 10% de sus actividades de financiación se realizan fuera de Europa. Aun cuando este porcentaje pueda parecer pequeño, hay que tener en cuenta que el BEI es la Institución Financiera Internacional (IFI) más grande del mundo, con un volumen de préstamos de unos 45 mil millones de euros anuales, cifra superior a la del propio Banco Mundial.

Según los objetivos de esta gigante organización financiera europea, estas operaciones, cuando se realizan en países empobrecidos, deberán responder a los mismos criterios que la política de cooperación de la UE. De hecho, según la propuesta de Constitución Europea, el BEI tendría la responsabilidad de promover el desarrollo sustentable y garantizar los beneficios para la población de los países dónde invierte. Pero la realidad es que hay una flagrante carencia de coherencia entre las operaciones del BEI en América Latina, Asia y África y los objetivos de reducción de la pobreza y desarrollo sostenible que dice apoyar y promover la Cooperación Europea. Tal y como denuncia el informe, «El BEI en el Sur, ¿en interés de quién?», «en la práctica, el BEI se ha convertido en una institución guiada por los intereses, la demanda y las necesidades de sus clientes, las empresas europeas, financiando únicamente proyectos con rendimientos económicos altos y garantizados, en lugar de priorizar la financiación de la lucha contra la pobreza o la protección del medioambiente». En definitiva, la mayor parte de las operaciones del BEI en el Sur están destinadas a grandes empresas, generalmente de origen europeo o vinculadas con transnacionales europeas, en proyectos de privatización de agua, industrias extractivas y grandes infraestructuras como presas, puertos o aeropuertos, entre otros. Más allá de la evidente alianza del BEI con la clase empresarial europea, el mismo informe muestra a través de varios estudios de caso (2) los impactos negativos que muchos de los proyectos financiados tienen sobre el bienestar de la población y el medio ambiente.

EL CRECIENTE INTERÉS DE ÁFRICA PARA EUROPA

En el continente africano, el BEI administra una parte importante del presupuesto para la cooperación al desarrollo de la Comisión Europea, y esta tendencia irá en aumento con la creación del nuevo Fondo Fiduciario de la UE en apoyo a las infraestructuras en África, que será parcialmente gestionado por el BEI. «La Comisión europea se propone movilizar hasta 60 millones de euros en subvenciones y el BEI hasta 260 millones de euros en préstamos» para inversiones prioritariamente en «redes de transporte transafricanas, energía, agua y tecnologías de la información y la comunicación» (Nota de Prensa del 9 de febrero de 2006 – IP/06/146 (3)), en los que seguro que las empresas europeas de servicios encontrarán la forma de participar.

Este interés europeo en las infraestructuras africanas, especialmente energéticas, no es nuevo. Hasta ahora los fondos del BEI han sido destinados de forma privilegiada al sector de la industria extractiva (petróleo, gas y minería), como en el caso del controvertido proyecto del oleoducto entre Chad y Camerún, financiado también por el Banco Mundial,(4) o el sector minero en Zambia (Según el informe El banco Europeo de inversión en el Sur ¿en interés de quien? «de 1994 a 2004, el BEI asignó un total de 205,7 millones de euros a Zambia: más de la mitad fueron destinados a proyectos energéticos de gran escala y al sector de la minería. Las minas de Mkubwa, Kansanshi y Mopani son ejemplos claros de incoherencia con las mejores prácticas y estándares reconocidos internacionalmente»). Según han demostrado la experiencia y varios estudios de reconocimiento internacional,(5) los proyectos en industria extractiva tienen nulos beneficios para las poblaciones más desfavorecidas a la vez que acostumbran a ir acompañados por graves impactos sobre el medio ambiente y violaciones de derechos humanos. Nada nos asegura que esto vaya a cambiar con este nuevo Fondo Fiduciario para las infraestructuras en África, o que éste no se siga utilizando como una vía más para la inserción de empresas europeas en África.

¿A QUÉ RESPONDE TANTO INTERÉS?

Además de apoyar a empresas europeas, subsidiando sus actividades en África (lo que tiene impactos muy negativos sobre los ya débiles tejidos industriales del continente) y facilitando su acceso a nuevos mercados, podemos identificar otras tres razones de peso para este renovado interés europeo en el continente africano: por un lado establecer lazos de teórico apoyo mutuo para frenar los flujos migratorios desde África al continente europeo; por otro construir efectivamente infraestructuras que mejoren las redes de comunicación africanas, con el objetivo de abaratar el coste de los recursos a importar desde Europa; y finalmente asegurar el acceso Europeo a las fuentes energéticas africanas (especialmente el petróleo y el gas) y así mejorar nuestra seguridad energética.

En esta misma lógica se inserta, por ejemplo, el Plan África lanzado por el gobierno español en mayo de este año (como reacción al incremento de llegadas de migrantes de África subsahariana a las costas españolas). En el documento de presentación del Plan África el gobierno español se mostraba más explícito que la UE o el BEI respecto a sus intereses en el continente africano al expresar su voluntad de «fomentar las inversiones, sin olvidar la creciente importancia estratégica de la región subsahariana, y en particular el golfo de Guinea, para nuestra seguridad energética y las oportunidades de negocio en el sector de hidrocarburos para las empresas españolas» (Plan África, mayo de 2006 (6)). En dicho documento el gobierno español se comprometía también a aportar recursos al Fondo de la UE para África y a incrementar sus aportaciones al Banco Mundial y al BEI destinadas al continente africano.

¿QUIÉN VIGILA AL BEI?

Una de las cuestiones que nos debe preocupar respecto al creciente papel del BEI en la financiación de inversiones en el Sur es la falta de democracia y control de esta institución. Según el BEI, sus actividades fuera de las fronteras europeas deben cumplir con las políticas y estándares ambientales de la UE, así como deben cumplir con las condiciones y leyes locales o, en ausencia de estas, las políticas y estándares del Banco Mundial. Pero, en la práctica, no existe ningún mecanismo o proceso de examen dentro del BEI para asegurar el cumplimiento de estos criterios. Además, el BEI no tiene ningún mecanismo independiente para procesar las quejas y alegaciones de las comunidades y personas que hayan sido afectadas negativamente por un proyecto financiado en un país fuera de la Unión Europea. Por otro lado, ni las ONG locales o internacionales, ni la población afectada, tienen acceso a la información sobre la evaluación de impacto ambiental, la evaluación social, la evaluación para medir el impacto en la reducción de la pobreza u otros instrumentos mencionados por el propio BEI en su «Declaración Social». A todo esto, se une la falta de control que la única institución democrática de la Unión Europea, el Parlamento Europeo, tiene sobre el BEI (el BEI tiene la obligación de mantener informado el Parlamento si éste lo solicita, pero sin ningún tipo de control real o efectivo, puesto que el Parlamento no tiene poderes para reprobar las actuaciones del Banco).

En definitiva, aun cuando el BEI gestiona dinero público y se presenta generalmente como «el Banco de Desarrollo de la UE» (algunos se han atrevido con el título de «Banco Mundial a la europea»), en la práctica éste no podría estar más distanciado de los objetivos de lucha contra la pobreza y protección del medio ambiente.

* Observatorio de la Deuda en la Globalización

1 El informe «El Banco Europeo de Inversiones en el Sur ¿en el interés de quién?» ha sido coordinado por Jaroslava Colajacomo, y publicado en enero de 2006 por Friends of the Earth International, Campagna per la Riforma della Banca Mondiale, World Economy, Ecology and Development y CEE Bankwatch, y se puede encontrar en http://www.foei.org/esp/ publications/pdfs/eibenelsur.pdf . Para más información sobre el BEI también se pueden consultar las páginas de la ODG dedicadas a esta institución: http://www.debtwatch.org/ paginacas.php?id=222.

2 El informe incluye estudios de caso sobre minería en Zambia (por Peter Sinkamba de Citizens for a Better Environment, Zambia), lo proyecto petrolero Chad-Camerún (por Korinna Huerta, de Environmental Defense, USA), el proyecto de Volkswagen México (por Domitille Delaplace, de Equipo Pueblo, México), el proyecto de Mexi-gas (por Domitille Delaplace, de Equipo Pueblo, México), la fábrica de pulpa de fruta Veracel en Brasil, (por Chris Lang, de World Rainforest Movement), privatización de agua a Jakarta (por P. Raja Siregar de WALHI/ Friends of the Earth Indonesia), privatización de agua en Filipinas (por Mae Buenaventura y Bubut D. Palattao, de Freedom from Debt Coalition, Philippines) y la presa Nam Theun II en Laos (por Gary Leo de TIERRA, Thailand).

3 «La Comisión Europea y el BEI lanzan un fondo fiduciario para la financiación de infraestructuras en África» http://europa.eu.int/rapid/ pressReleasesAction.do?reference=IP/06/146&format=HTML&aged= 1&language=ES&guiLanguage=e.

4 Para más información sobre este proyecto podéis consultar las páginas: • Exposición «Petróleo y Personas: El oleoducto Chad-Camerún» (ESF y MedicusMundi) http://catalunya.ingenieriasinfronteras.org/pipeline/ 00.htm (en español) • International Advisory Group (IAG) for the Chad–Cameroon Petroleum Development and Pipeline Project: http://www.gic-iag.org/ ehome.htm (en inglés) • Amigos de la Tierra Internacional: http://www.foei.org/esp/publications/ link/mining/26case.html (en español) • Bretton Woods Project: http://www.brettonwoodsproject.org/ article.shtml?cmd%5B126%5D=x-126-528278 (en español)

5 Uno de éstos es el Informe sobre Industrias Extractivas (Extractive Industries Report – EIR) encargado por el Grupo del Banco Mundial, realizado por un equipo independiente y presentado en 2004. Este informe analizaba el papel del BM en la financiación de proyectos petroleros, de gas y minería en los países empobrecidos. Este informe estuvo dirigido por un ex ministro Indonesio y comportó numerosas consultas con afectados, sociedad civil, sector privado, gobiernos y academia. El informe concluyó que la financiación de proyectos en industrias extractivas sólo podía favorecer la reducción de la pobreza en caso de que se cumpliesen una serie de condiciones (gobernabilidad pública en pro de las poblaciones empobrecidas, políticas sociales y ambientales mucho más eficaces y respeto por los derechos humanos). Las recomendaciones de este informe fueron ignoradas por el BM, y por otras IFI como el BEI, que siguen financiando proyectos de industrias extractivas en condiciones nefastas y con impactos muy negativos sobre la población y el medioambiente. Para más información sobre este informe podéis consultar la página del BM, http:// www.worldbank.org/ogmc/, o de Amigos de la Tierra Internacional http:/ /www.foei.org/ifi/ffm.html.

6 http://www.mae.es/NR/rdonlyres/C4C81869-0E32-470D-8D5F- 7A49AD84D5C0/0/planafrica.pdf

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