Asamblea de Oilwatch

Tatiana Roa Avendaño*

 

Quito, Ecuador, 23 al 25 de octubre de 2006.

La última década ha sido una lucha por la sobrevivencia. Una lucha contra la voracidad de la hegemonía petrolera; contra la degradación ambiental y social; contra la avaricia humana, el egoísmo; contra los vampiros que clavan sus colmillos en las venas de nuestra tierra y chupan la sangre —el crudo— y han dejado heridas abiertas para que nosotros y nuestros niños caigamos dentro.

NNIMMO BASSEY

El 25 de octubre terminó la Asamblea de la Red Internacional de Resistencia a la Actividad Petrolera en los Trópicos —Oilwatch—, al tiempo que celebrábamos los 10 años de su constitución.

Quienes tenemos la suerte de haber estado desde sus inicios, observamos con satisfacción el crecimiento cuantitativo y cualitativo de la Red. La Asamblea, realizada en Quito entre el 23 y 25 de Octubre del 2006, fue antecedida de varios eventos: un bici toxi tour entre Lago Agrio y Coca; un Tribunal contra la Texaco, y, finalmente, el Foro internacional Petróleo, Derechos Humanos y Reparaciones.

Oilwatch está constituida por organizaciones ambientalistas y locales de África, Asia y América Latina, con una Secretaría Internacional que durante estos 10 años fue asumida por Acción Ecológica de Ecuador.

A continuación mencionaré algunos de los temas que en esta década han fortalecido la construcción de la Red y el fortalecimiento de nuestra identidad. El primero es haber enfatizado nuestra resistencia en la lucha contra las actividades de la industria hidrocarburífera y las trasnacionales petroleras. El segundo tiene que ver con la construcción de la Red basada en una perspectiva desde el Sur, lo que ha contribuido a que exista una Red con voces propias y autónomas que no estén mediadas desde el Norte, fundamentado una comunicación directa entre organizaciones y procesos del Sur, comunidades indígenas y campesinas, ambientalistas, habitantes de regiones afectadas, entre otros. Finalmente, en la necesidad de desarrollar estrategias globales para las comunidades locales.

Así, se ha logrado que algunos debates impulsados por Oilwatch se posicionen en el contexto internacional e impregnen la agenda del movimiento social internacional: la moratoria a la exploración de combustibles fósiles; la crítica al comercio de emisiones; la relación racismo y combustibles fósiles y la Campaña mundial contra la civilización petrolera, entre otros.

La Asamblea se inició el 23 con un recorrido llamado «la Ruta del Agua», en el que más de 80 personas de más o menos 40 países, atravesamos la Cuenca Alta del Amazonas Ecuatoriano, para conocer la gran riqueza hídrica de esta región, la cual habíamos visto deteriorada en la parte baja durante los días previos en el toxi tour, y que además constatamos con testimonios de indígenas y campesinos que habían llegado al Foro Internacional y al Tribunal.

La alegría de encontrarnos nuevamente entre amigas y amigos nos animaba para abordar los aspectos políticos y organizativos de nuestra Red. En esta reseña haremos énfasis en algunos de esos aspectos.

¿QUÉ SIGNIFICA LA NACIONALIZACIÓN DE LOS HIDROCARBUROS?

Con la reciente experiencia de nacionalización de los hidrocarburos en Bolivia, por parte del gobierno del presidente Evo Morales, era imposible que este tema no fuera central en las discusiones de la Red. Aunque es cierto que en algunos países hay una ola nacionalizadora, en otros se desmantelan y privatizan las empresas estatales.

La pregunta es: ¿beneficia la nacionalización de la industria hidrocarburífera a estos procesos de resistencia? La mayor parte de los asistentes consideramos que aunque la nacionalización de la industria hidrocarburífera no resuelve los conflictos que genera el petróleo, sí contribuye a enfrentar el modelo neoliberal y permite a los Estados recuperar cierta soberanía sobre este patrimonio natural. También se consideró que mientras el Estado tenga el control de esta industria estratégica, es más probable impulsar un pacto social que redistribuya en la sociedad los excedentes del petróleo y pagar así la deuda social y ecológica. No sin dejar de mencionar casos en los que estos excedentes lejos de contribuir a esta redistribución, han sido destinados a incrementar el armamentismo (como en El Congo) o para el pago de la deuda externa.

Además, se señaló que cuando el Estado tiene el control de la industria petrolera, es más fácil pensar en definir políticas nacionales que lleven hacia una transición energética hacia una economía post petrolera. Aunque no dejamos de advertir experiencias como las de Brasil, donde la empresa Petrobrás busca la autosuficiencia energética a través del desarrollo masivo de biocombustibles y se entrañan nuevos problemas ambientales.

No fue un tema de consenso, la nacionalización del petróleo sigue generando polémica en varios de los asistentes, que encuentran resistencia en sus países cuando el Estado tiene el control sobre este patrimonio natural.

DEMOCRACIA Y MILITARIZACIÓN

La amenaza del uso de la fuerza en zonas con importantes yacimientos petroleros es constante, y es la mecánica utilizada para socavar de manera directa las movilizaciones, tomar el control sobre los recursos y mantener el sistema neoliberal. Con el argumento de la seguridad energética, Estados Unidos ha justificado la militarización en varias regiones petroleras.

Se consideró entonces que las estrategias para combatir la militarización deben estar fuertemente unidas a la defensa de una democracia radical, en la que los pueblos tengan el control sobre sus territorios y sobre el uso del patrimonio natural. La defensa y lucha por la democracia debe basarse en la recuperación de las diversas prácticas democráticas propia de las comunidades locales, para recuperar la autonomía y la soberanía.

En este sentido, Oilwatch continuará apoyando programas de formación y de movilización de las comunidades en defensa de sus territorios y construyendo alianzas con movimientos sociales para crear y recrear nuevas formas de democracia global.

¿ES TIEMPO DE UNA CIVILIZACIÓN POSPETROLERA?

El mayor reto para la red será fortalecer su campaña por una civilización pospetrolera, en un mundo que hoy se mueve por los ríos de petróleo que a diario brotan de la Tierra, y que destruyen pueblos y ecosistemas, y esclavizan seres humanos. El consumo desaforado de este energético ha vuelto adicta a esta sociedad. En ella, el petróleo está ligado no sólo en la generación y la producción de energía sino también al transporte, a la producción de polímeros (plásticos), ha servido para consolidar el modelo industrial y agrícola de la revolución verde, donde fertilizantes y plaguicidas son derivados del petró- leo, creando así sociedades dependientes de este bien natural.

Y mientras el mundo quema diariamente toneladas de hidrocarburos, las crisis ambientales planetarias, como el cambio climático y la contaminación, crecen a ritmos exponenciales sin que se asuman, responsablemente, salidas reales de parte de los gobiernos y países del Norte que consumen más del 50% de la producción del Planeta.

Así también, la concentración del poder y el control de las fuentes petroleras en el mundo por parte de las transnacionales y los gobiernos del Norte, ha provocado la violación de las soberanías nacionales y los derechos de los pueblos.

Lamentablemente, las alternativas que se plantean no cuestionan esta concentración, y son propuestas que involucran meros cambios tecnológicos, por ejemplo a través del uso de biocombustibles y otras energías como la nuclear, que en lugar de encontrar soluciones sólo acrecientan los conflictos y no trasforman las estructuras de poder sobre las que se basan.

En este contexto, Oilwatch inicia la campaña contra la civilización petrolera e invita a dejar la ruta del petróleo y caminar hacia la construcción de un nuevo paradigma, desarrollar criterios y elementos que definan cómo debe darse un tránsito energético, definiendo así el rol que jugarían las llamadas energías alternativas y el propio petróleo, fortalecer la propuesta de moratoria a la ampliación de nuevas fronteras petroleras, ahondar en el discurso de la soberanía energética y ligarla a la soberanía alimentaria, territorial, ecológica, sociedades democráticas y en la que se descentralice el poder.

EL CAMINO A SEGUIR

Mientras avanzamos hacia consolidar este nuevo paradigma, decidimos continuar acompañando a los pueblos que sufren, que claman por justicia, que utilizan acciones de resistencia para mantener el control sobre su territorio, que interponen acciones legales como juicios a las transnacionales, que reclaman la reparación integral y la restauración de los ecosistemas afectados. No obstante, tienen claro que nada es suficiente para recuperar los impactos que el desarrollo petrolero ha ocasionado a culturas, ecosistemas y territorios.

Terminando la reunión era preciso definir también cómo continuar nuestro proceso organizativo, así iniciaremos una nueva fase en la que la Secretaría Internacional pasará de Ecuador a Nigeria; Environmental Rights Action, ERA, asumirá esta responsabilidad durante los próximos años.

La última jornada llegó, el debate nos había nutrido, el encuentro con amigas, amigos, compa- ñeros y compañeras de lucha había sido inspirador para nuestras propias luchas, nuevos retos y compromisos nos animaban a retornar a nuestros países.

* Censat Agua Viva – Amigos de la Tierra Colombia (petroleo@censat.org)

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