Las comunidades de pescadores artesanales en el siglo XXI

Las comunidades de pescadores artesanales en el siglo XXI*

Brian O’Riordan**

 

En muchos países, la pesca en pequeña escala es esencial para la seguridad alimentaria y la reducción de la pobreza. Pese a ello, la pobreza y la inseguridad alimentaria son habituales entre los pescadores en pequeña escala y en las comunidades cuya subsistencia depende de las pesquerías costeras. Según el informe de la FAO Pautas técnicas para la pesca responsable: «La mayoría de los pescadores en pequeña escala viven en los países en desarrollo y muchos de ellos pertenecen a comunidades caracterizadas por la pobreza y la inseguridad alimentaria. Estas comunidades se enfrentan a una serie de problemas graves, entre los que destacan la sobreexplotación y el agotamiento de los recursos, la falta de fuentes alternativas de empleo, el rápido crecimiento de la población y la emigración de parte de ellos, su desplazamiento de las zonas costeras debido al desarrollo industrial y el turismo, la contaminación y la degradación ambiental y los conflictos con las grandes empresas pesqueras.»

Se requiere un cambio radical para conseguir mejorar la vida de los pescadores en pequeña escala y de las comunidades costeras, además de perfeccionar la gestión de las pesquerías, los controles de acceso y la asignación de los recursos. En ningún otro sitio esto es tan evidente como en los países de América Latina, y el taller sobre Pesquerías Sostenibles y Subsistencia en América Latina, organizado por el ICSF y CeDePesca en marzo de 2005 aportó numerosas evidencias al respecto.

La pesca artesanal y en pequeña escala, al utilizar aparejos selectivos, es menos perjudicial para los ecosistemas marinos que la pesca en gran escala, porque se utiliza menos cantidad de equipo y más diversificado. Con frecuencia son artefactos pasivos y selectivos, adecuados para la captura de los recursos disponibles en las pesquerías según las estaciones. Si se considera su potencial para contribuir a la sostenibilidad a largo plazo de los recursos pesqueros y la protección de los hábitats de la vida marina, además de su importante contribución al fomento del empleo, los ingresos y la seguridad alimentaria, queda claro que es un sector vital para el desarrollo sostenible de las comunidades costeras y para alcanzar las Metas del Milenio, especialmente en lo relativo a la erradicación de la pobreza extrema y el hambre y para asegurarar la sostenibilidad ambiental.

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La pesca artesanal o en pequeña escala entra en una amplia categoría intermedia entre la pesca de subsistencia, por un lado y la pesca industrial, por otro. Pero actualmente, este sector muestra una fuerte tendencia polarizante, evidenciando los dos polos extremos: el de la pobreza y el del exceso.

En un extremo, las actividades intensivas en tecnología y capital, modernizadas, semi industriales y orientadas a la exportación generan enormes beneficios para los propietarios de los barcos y grandes ganancias en moneda extranjera. Esta categoría puede incluir a la pesca semi industrial (con pequeños barcos arrastreros y pequeñas redes de cerco) y muchos ven a este sector como potencialmente atractivo para las inversiones. Esto ha significado que en algunos contextos haya habido importantes inversiones en el sector, que han derivado en un exceso de capacidad y en la sobreexplotación, afectando negativamente las relaciones laborales, las remuneraciones de los tripulantes y una distribución equilibrada de los beneficios dentro del sector. Todo esto dificulta alcanzar los objetivos de desarrollo social y económico (seguridad alimentaria, reducción de la pobreza, creación equitativa de riqueza, etc.) a los que aspira Naciones Unidas y sus Metas del Milenio.

En el otro extremo, hay muchas comunidades al borde del abismo, luchando por sobrevivir mediante la pesca de subsistencia en pequeña escala. De todos los pescadores censados por la FAO, el 20% vive en la pobreza, con ingresos inferiores a un dólar diario. En Perú, según el presidente de la Asociación Nacional de Empresas de Pesca Artesanal (ANEPAP), José Luis Bernuy, sólo el 60% de la flota está activa en la actualidad. Los demás barcos están paralizados debido a la falta de medios de los pescadores; medios insuficientes para el mantenimiento de las embarcaciones y menos aun para adquirir nuevos barcos. Esa carencia de capitales se ve exacerbada por la disminución de las reservas pesqueras que comenzó en 1996. Tradicionalmente, las capturas artesanales aportaban el 80% del pescado consumido en el país.

En muchas regiones del mundo la naturaleza comunitaria de la pesca en pequeña escala ha cambiado radicalmente. Los flujos estacionales de mano de obra de la agricultura y de otros sectores a la pesca ahora se han convertido en permanentes; las comunidades rurales han marchado hacia las grandes urbes.

Cada vez más, las comunidades de pescadores artesanales y en pequeña escala deben competir con otros intereses para acceder a los recursos costeros y acuáticos. Especialmente el turismo y los proyectos de acuicultura suponen tanto oportunidades como riesgos. La acuicultura familiar, en pequeña escala, representa una contribución cada vez más importante a la seguridad alimentaria de las áreas rurales y el ecoturismo tiene un potencial para complementar los ingresos provenientes de la pesca. No obstante, en ambos casos, el desarrollo de la acuicultura y el turismo a gran escala han obstaculizado el acceso de las comunidades de pescadores a sus zonas tradicionales de captura, han degradado el medio ambiente costero y ocupado las tierras habitualmente utilizadas por las comunidades para sus asentamientos y para las actividades costeras relacionadas con la pesca. Tanto en Chile como en Perú, la expansión relativamente incontrolada de la acuicultura está teniendo un impacto profundamente negativo sobre la salud de las pesquerías artesanales y el bienestar de las comunidades costeras.

EL PAPEL DE LAS MUJERES

En un contexto en el que fundamentalmente se identifica el desarrollo con la explotación de los recursos naturales y donde la pesca está principalmente asociada con los hombres, el trabajo y la presencia de las mujeres se vuelve invisible. En Chile por ejemplo, fue sólo a partir de 2001 que el factor género se incorporó como una variable en el registro oficial del sector pesquero. El Registro Chileno de Pesca Artesanal no reconoce las actividades de apoyo realizadas generalmente por las mujeres, entre las que destacan poner el cebo en los anzuelos, el procesamiento de alimentos y la venta directa de sus productos. Más aun, sólo 4.105 mujeres están inscriptas oficialmente en el registro de pesca artesanal como personas directamente involucradas en el sector; una cifra completamente ajena a la realidad, ya que sólo equivale al 10-18% de la mano de obra femenina asociada a la pesca.

Generalmente las mujeres juegan un papel clave en las pesquerías, además de preservar la familia y las comunidades. Pero siguen siendo mantenidas en el anonimato, sin que se reconozca su importancia. Una de las mayores fortalezas de las comunidades de pescadores artesanales consiste en las redes sociales sobre las que se asientan y que son preservadas gracias al trabajo invisible de las mujeres. Son ellas las que establecen vínculos entre las comunidades y constituyen el capital social y la identidad cultural de las comunidades de pescadores, con sus antiguos y profundos vínculos con el medio ambiente y los recursos que este proporciona. Esos elementos, en ocasiones muy visibles como en el caso del apoyo mutuo practicado por los pescadores en el mar, otras veces ocultos, aportan una red de seguridad que hace posible la permanencia y la existencia misma de las comunidades costeras.

Los hombres y mujeres de las comunidades pesqueras de todo el mundo afrontan nuevas realidades y deben enfrentarse a las nuevas exigencias originadas en los cambiantes contextos demográficos, económicos, de recursos, comerciales y políticos que surgen con la globalización. Cada vez más son necesarias nuevas formas de organización para afrontar los temas y exigencias surgidos de esos nuevos contextos, en los que con demasiada frecuencia la agenda organizativa viene impuesta desde fuera.

En muchos casos, eso tiende a favorecer ciertos intereses (de los poseedores del capital, los armadores, empresarios, comerciantes, etc.) sobre los del resto (tripulaciones, mujeres comerciantes y otros trabajadores), para imponer cambios en la forma en que están estructuradas las relaciones dentro de las comunidades de pescadores (entre hombres y mujeres, entre empleadores y empleados, entre pescadores y quienes no lo son). Todo esto tiene implicaciones sobre la distribución equitativa de los beneficios de las actividades relacionadas con la pesca y sobre la continuidad de las comunidades de pescadores y la subsistencia de quienes dependen de las pesquerías.

En Chile, las organizaciones de pescadores artesanales nacieron para unir a los pescadores y para defender sus derechos. En la actualidad se les requiere cada vez más que gestionen las cuotas de pesca y se involucren en el comercio internacional, funciones estas que demandan una transformación fundamental de sus características, pautas de funcionamiento y razón de ser, exigiéndoles habilidades, enfoques, relaciones y métodos de gestión sumamente diversos.

Paralelamente, se están estableciendo nuevos regímenes de gestión asociada de las pesquerías y de acceso restringido a los recursos. Tales métodos tienden a reconocer a los pescadores y a los propietarios de barcos (fundamentalmente hombres) como los principales actores «profesionales», privilegiando así a los propietarios como únicos administradores del derecho de acceso a los recursos en detrimento de los trabajadores del sector y marginando aun más a las mujeres.

La liberalización del mercado pesquero internacional y la cada vez mayor demanda de especies de alto valor para la exportación también contribuyen a cambiar el modo en que se comercializa el pescado, favoreciendo la entrada de nuevos actores. Las exigencias de los mercados internacionales afectan la forma en que se organizan las operaciones de captura (buscar pescado de calidad y mantener los niveles de calidad), el modo en que se desembarca (en factorías centralizadas que cumplan con las normativas internacionales) y se manipula (envasado y con frecuencia despachado por avión). Estos métodos tienen un impacto negativo sobre la seguridad alimentaria de las familias, pues disminuye la cantidad de pescado destinada a los mercados locales y afecta a las mujeres que abastecen a esos mercados.

UNA AGENDA PARA LA ACCIÓN

Las comunidades y organizaciones de pescadores están intentando hacer frente a estas nuevas realidades coordinándose a nivel local, nacional e internacional. Las organizaciones de pescadores artesanales de Chile (la CONAPACH representa a unos 60.000 hombres y mujeres del sector) y de Perú (la FIUPAP tiene cerca de 80.000 afiliados) han establecido un amplio acuerdo para cooperar en la promoción del desarrollo sostenible de las pesquerías artesanales de sus respectivos países y en las zonas costeras del Pacífico sur. De especial importancia ha sido la creación de un Comité de Defensa para la protección de la franja de cinco millas reservada a la pesca artesanal.

Para más información:

http://www.conapach.cl/ – http://www.ecoceanos.cl/ http://www.sonapesca.info/ – http://www.fiupap.org/ http://www.oannes.org.pe/ – http://www.cedepesca.org.ar/ http://www.cedepesca.org.ar/foroclara/

REFERENCIAS

Banco Mundial (1980), Repensar el desarrollo de las pesquerías en pequeña escala: Conceptos occidentales, experiencias asiá- ticas. Emmerson, D.K. Informe de trabajo Nº 423 para el personal del Banco Mundial, octubre de 1980. Banco Mundial, Washington DC.

— (1991), Pesquerías en pequeña escala: Necesidades de investigación, Documento técnico Nº 152 del Banco Mundial, Serie sobre pesquerías, Publicaciones del BM, Washington DC.

CFFA (2005), El Acuerdo de Asociación UE-Chile y el sector de pesquerías y acacultura en Chile: Interrogantes que se abren. Un informe de Juan Carlos Cárdenas N., Patricio Igor Melillanca y Patricia Cabrera D. Centro Ecocéanos, Chile.

FAO (1982), Conceptos de gestión de pesquerías en pequeña escala: Aspectos económicos y sociales. Panayotou, T. Informe Técnico Nº 228 de la FAO, Roma. — (2005), Incrementar la contribución de las pesquerías en pequeña escala en la reducción de la pobreza y la seguridad alimentaria. Pautas técnicas para las pesquerías responsables, Nº 10.

ICSF (2005), Declaración de Santa Clara. Del taller organizado por ICSF-CeDePesca sobre el imperativo de reconocer los derechos de acceso a los recursos pesqueros para lograr pesquerías sostenibles en América Latina.

KURIEN, J. (1996), Hacia una nueva agenda para el desarrollo sostenible de las pesquerías en pequeña escala.

MATHEW, S. (2001), «La escala cuenta: Perspectivas de la gestión de las pesquerías en pequeña escala basada en un enfoque ecosistémico». Ponencia presentada en la Conferencia de la FAO en Reykiavik sobre Pesquerías Responsables en el Ecosistema Marino, Reykiavik, Islandia, 1-4 de octubre.

*Traducción al español por Ángelo Ponziano.

** Secretario del ICSF (Colectivo Internacional de Apoyo a los Pescadores), en la oficina de Bruselas (briano@scarlet.be)

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