Sobrevivir al desarrollo. De la descolonización del imaginario económico a la construcción de una sociedad alternativa

  • Sobrevivir al desarrollo. De la descolonización del imaginario económico a la construcción de una sociedad alternativa
  • SERGE LATOUCHE
  • Editado por: Icaria editorial
  • Año: 2007
  • Colección Más Madera
  • 110 pp.
  • Título original: Survivre au développement. Publicado en Francia en 2004

Crítico del libro
SÍLVIA CAÑELLAS

Serge Latouche, conocido últimamente por su rol en la difusión del concepto de «decrecimiento», plantea en este libro las bases de la crítica al concepto de desarrollo y a una visión economicista del progreso y de las sociedades. Enmarcado en la corriente intelectual del «posdesarrollo», la tesis principal del libro es la necesidad de superar el mito del desarrollo, que ha servido de justificación para imponer un sistema que no ha llevado una mejora del bienestar en todo el mundo sino que ha profundizado las desigualdades.

Para lograr la «descolonización del imaginario económico», como reza el subtítulo, el autor hace un repaso del significado, discursivo y en la práctica, que ha tenido el concepto de desarrollo a lo largo de la historia. Empieza recordando el origen del concepto, que sitúa en un discurso del presidente de Estados Unidos Harry S. Truman en el año 1949, en el cual calificó a gran parte del mundo como subdesarrollado, señalando que en EE UU el desarrollo se produjo con el aumento de la producción, y vinculando la actividad industrial con el aumento del nivel de vida. Así se identifica la modernización occidental y la industrialización como el camino del desarrollo, que se pretende implantar en todos los nuevos estados salidos de la colonización.

Así pues, el libro trata de desmitificar el desarrollo, que se basa en el crecimiento económico. El argumento central parte del cuestionamiento radical de la noción de desarrollo; que el autor sostiene que es un punto clave que divide al movimiento de crítica al capitalismo y la globalización entre aquellos que intentan salvar lo positivo del concepto, y aquellos que argumentan que hay que rechazarlo. Latouche se coloca en el grupo de los segundos, e intenta convencer al lector de que los primeros están engañados por el mito, pero que no se corresponde con la realidad. Así, en el segundo capítulo el autor expone cuál es el significado de desarrollo «en teoría», y «en la práctica», señalando que a veces son significados casi antagónicos: mientras que en el discurso sobre desarrollo se habla de mejoras para toda la sociedad, de bienestar, derechos, respeto a la tradición, a la historia, etc; en la práctica el desarrollo implica dominación exterior, mayores desigualdades, romper con las raíces, etc.

Para superar estas contradicciones, bienintencionadamente se le ha añadido al desarrollo apellidos para demarcar qué tipo de desarrollo, en qué debe centrarse (desarrollo social, desarrollo humano, desarrollo local, desarrollo sostenible, y hasta desarrollo alternativo, etc.). Para el autor esto ha servido para intentar «salvar» el concepto a nivel de discurso, pero en la práctica no ha funcionado, y critica fuertemente estos conceptos. Para Latouche, además, la globalización conlleva un agravamiento de las desigualdades, que hace más difícil el mantenimiento del mito. El concepto de desarrollo ha quedado ya totalmente obsoleto 152 ecología política en los últimos años, incluso para organizaciones como el Banco Mundial y el FMI.

Concluye, pues, que el desarrollo es una impostura conceptual, por su pretensión universalista, y una impostura práctica, por sus contradicciones profundas. A lo largo del libro Latouche expone numerosos y relevantes ejemplos basados en su extenso conocimiento de África. Como colofón a la argumentación del libro el autor utiliza una frase de Vandana Shiva que resume lo que sucede en realidad: «Bajo la máscara del crecimiento se disimula, de hecho, la creación de la penuria» (p. 63).

El último capítulo se dedica a las propuestas, que consisten en «salir del desarrollo». Esta es la parte menos desarrollada del libro y seguramente requiere y merece muchos otros libros y discusiones que permitan crear un discurso sólido. Para Latouche el posdesarrollo se dibuja distinto en el Norte y en el Sur, y a diferencia del resto del libro se centra ahora en el Norte. Plantea la necesidad de un decrecimiento, necesario por razones ambientales (los recursos son limitados) y por justicia social, y que no debe significar menos bienestar, sino al contrario. Las propuestas son sugerentes y los retos, grandes; sobre todo si pensamos en cuál puede ser el camino para la mejora de las vidas de aquellos que no pueden satisfacer sus necesidades básicas. Aún así, me quedo con la conclusión de Latouche: debemos «descolonizar el imaginario colectivo», que todavía cree que el crecimiento económico mejorará directamente el bienestar de todos, y deseconomizar nuestras vidas.

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