La responsabilidad de la economía española en el calentamiento global

  • Autores: Jordi Roca Jusmet (Coord.), Vicent Alcántara, Iñaki Arto, Emilio Padilla y Mònica Serrano.
  • Editorial: Los Libros de la Catarata, Madrid
  • Año: 2013
  • ISBN 978-84-8319-849-0
  • 160 pp.

Crítica del libro: Jesús Ramos Martín, Departament d’Economia i Història Econòmica, e Institut de Ciència i Tecnologia Ambientals (ICTA). Universitat Autònoma de Barcelona.

 

La responsabilidad de la economía española en el calentamiento global hace un análisis exhaustivo de las emisiones de CO2 de la economía española, aplicando diferentes metodologías y llegando a resultados muchas veces sorprendentes. Se trata de un muy buen ejemplo del enfoque cuantitativo que está creciendo en el ámbito de la economía ecológica o bioeconomía.

Los autores distinguen el periodo analizado en dos tramos, uno anterior a la crisis económica (1990-2007) que recoge las consecuencias ambientales del boom económico, y otro posterior (2007-2011) en el que se demuestra que la caída de emisiones no se debe tanto a las buenas prácticas o a las políticas activas de los gobiernos, como bien indican los autores (p. 44): “solo la crisis ha comportado la reducción de emisiones”.

Destaca la diversa utilización de metodologías de cálculo, desde simples pero efectivas descomposiciones factoriales a análisis input-output. Las metodologías están convenientemente explicadas o referenciadas, lo cual aporta un valor añadido al libro pues permite ser utilizado como punto de partida de futuras investigaciones.

En cuanto a los principales resultados, se destaca a menudo en el texto que el principal motivo del crecimiento de las emisiones totales es el aumento de las emisiones per cápita. Esto enlaza con el propio título que nos habla de la responsabilidad diferenciada. Los españoles tenemos una responsabilidad creciente y esto debería ser motivo de preocupación por sí solo. Así, por ejemplo, en 2010 las emisiones de la economía española representaron un 0,92% de las emisiones globales, cuando su población solo era un 0,68% del total. Como los autores muestran, el aumento en las emisiones en el conjunto del periodo analizado se debe, a su vez, a un aumento del PIB per cápita, lo que muestra la estrecha relación que existe entre actividad económica y consumo de energía.

Un par de factores han mejorado, no obstante. Por un lado, se ha descarbonizado algo la generación de electricidad, pues ha caído el consumo de carbón y ha subido el de gas natural (con menores emisiones). Por otro, ha bajado la intensidad energética, la cantidad de energía necesaria para producir una unidad de PIB. Ahora bien, como dicen los autores, esta bajada se ha debido más a la caída de los niveles de actividad de sectores altamente intensivos como la construcción y no tanto a un cambio de modelo productivo.

Mientras las emisiones en la UE tienden a bajar, en España aumentan en todos los sectores, con el transporte como fuente principal, con un 57,5% de crecimiento en el periodo, muy por encima de la media de la economía, del 25,4%, que lo convertirán –de continuar la tendencia– en el principal sector emisor.

Una de las novedades importantes del libro es el cálculo de las emisiones del comercio exterior según la responsabilidad del consumidor. Según los acuerdos internacionales, las emisiones se calculan en base a su territorialidad, allí donde se han generado. Esto hace que países exportadores de productos intensivos en energía, como China, se vean perjudicados, pues se les contabilizan las emisiones responsables de la producción de bienes que son consumidos en otros países como España. Así pues, algunos países desarrollados estarían reduciendo sus emisiones simplemente trasladando su producción a terceros países. Con el cálculo que nos ofrecen los autores se corrige este efecto y podemos imputar al consumo las emisiones derivadas de sus actos. Con este cambio, las emisiones en España en 2007 hubiesen sido un 31% superiores a lo reportado. Además, la diferencia entre las emisiones producidas dentro del territorio y las que se derivan de nuestro consumo va en aumento, lo que se explica porque estamos trasladando al exterior las actividades intensivas en energía e importamos directamente los productos sin tener que producirlos, reduciendo el impacto en nuestro territorio, pero trasladándolo a otros territorios.

El libro también se adentra en el análisis del metabolismo de los hogares, es decir, los patrones de consumo del sector doméstico. Los autores analizan las emisiones directas (generadas en el consumo de bienes como gas natural o gasolina) e indirectas (generadas en la producción de los bienes consumidos) correspondientes a los hogares en función de su gasto. Las emisiones derivadas del transporte son las principales, seguidas de las derivadas de la alimentación. El resultado quizás más llamativo es que las emisiones crecen en paralelo con el nivel de gasto. Se podría pensar que llegados a un nivel de gasto, las emisiones no tendrían por qué seguir subiendo, sin embargo, éstas lo hacen, y esto se debe a que los patrones de gasto son diferentes en función del nivel de gasto. Cuanto más alto es el gasto en un hogar, menor es la proporción de gasto destinada a alimentación y mayor la destinada a transporte, que es muy intensivo en emisiones. Este resultado es crucial desde un punto de vista de políticas públicas, pues como muestran los autores, el transporte es casi el primer responsable de las emisiones, y son los hogares de mayor gasto (y probablemente de mayor renta) los mayores responsables de ese aumento de emisiones.

En conclusión, a pesar de que la crisis económica ha provocado una reducción en el consumo de energía y con ello una reducción en las emisiones de gases de efecto invernadero, no se ha producido en España un cambio de modelo de uso del suelo, ni de transporte y movilidad e incluso se ha dado una regresión en materia de energías renovables, hechos que hacen prever que el consumo de energía y las emisiones de gases contaminantes crecerán de nuevo cuando se reactive la actividad económica. Los poderes públicos son los responsables de cambiar las políticas que afectan a todas estas variables. Con este libro cuentan, además, con herramientas y análisis profundos que deberían ser utilizados en la formulación de las mismas.

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