Cruceros: colosos del turismo masivo de alta contaminación

María García*

Palabras clave: turismo de cruceros, contaminación, salud, resistencia al turismo

 

El turismo internacional es uno de los sectores que viene experimentando un crecimiento constante con el proceso de globalización, destacando el turismo de cruceros por su acelerada expansión. De 9,3 millones de pasajeros en el año 2003 ha pasado a 23,2 millones en 2015, y proyecta alcanzar los 33,5 millones en el año 2026 (Cruise News, 2016).

Uno de los puertos que mejor reflejan este fenómeno es el de Barcelona. En pocos años, la ciudad condal se ha convertido en el primer puerto de cruceros de Europa y el cuarto a nivel mundial. Las políticas de turismo sin control que ha impulsado la ciudad y los cambios en las rutas tradicionales de cruceros en el Mediterráneo por la inestabilidad de algunos países, son dos de los factores que lo explican. El puerto y las navieras vienen publicitando la gran historia de “éxito” con estos récords, que, sin embargo, se confronta con la oposición social que bajo el lema #stopcreuers se viene movilizado para denunciar los impactos de este tipo de turismo masivo. La protesta cuestiona la supuesta repercusión positiva sobre la economía local y denuncia los costos sociales y ambientales asociados a esta actividad. Las vacaciones que ofertan estas grandes “ciudades flotantes” consisten en el “todo incluido”, a precios bajos y actividades de ocio en el mismo barco. El objetivo es que los pasajeros pasen el mayor tiempo posible a bordo. Durante las escalas, muchos pasajeros ni siquiera desembarcan, y los que lo hacen, contratan las actividades en tierra a bordo, con beneficios para las navieras, que pueden alcanzar el 50% de su coste. En un solo día pueden llegar a Barcelona varios cruceros con un total de 20.000 pasajeros (el máximo se alcanzó el pasado 11 de septiembre, con 28.110 cruceristas).[1] Las visitas invaden por unas pocas horas los ya masificados barrios cercanos al puerto y las zonas más turísticas, como la Sagrada Familia, ejerciendo presión sobre el espacio público, la movilidad y los servicios, y alimentando los procesos de transformación urbana y de gentrificación asociados al turismo de masas.

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