Berta Cáceres y el mortal costo de defender la tierra y la vida

Jennifer Homand*

Palabras clave: globalización, conflictos, justicia ambiental, crimen contra activistas, derechos humanos

Introducción

La creciente competencia por los recursos naturales a nivel global está impulsando un dramático crecimiento de la violencia contra los activistas medioambientales. El caso de la muerte, el pasado 3 de marzo, de Berta Cáceres (1971-2016), militante ecologista y dirigente del Consejo Cívico de Organizaciones Populares e Indígenas de Honduras (COPINH),[1] ha vuelto a poner la amenaza contra los activistas medioambientales en el primer plano del escenario mundial.

Berta nació en la ciudad de La Esperanza, en el departamento de Intibucá. Era lenca, la principal etnia indígena de Honduras. Creció durante la etapa de violencia que se propagó en Centroamérica en los años ochenta. Su madre, que era, también, una activista social, dedicó una parte de su vida a cuidar refugiados de la guerra civil de El Salvador que llegaron a Honduras. A través de sus acciones, la madre de Berta les enseñó a sus hijos la importancia de defender a los pueblos desposeídos.

En 1993, Berta cofundó el COPINH como un instrumento de lucha para defender el medio y para el rescate de la cultura lenca y la calidad de vida de los habitantes de la región. El COPINH refleja una característica importante que también estaba presente en Cáceres: una concepción distinta de la política, relacionada con todos los aspectos del vivir diario. Como dice el COPINH (2008): “[…] la política abarca cada aspecto de la vida cotidiana. Está explícita en sus demandas, propuestas, relaciones, solidaridades, voces, estrategias, alianzas, objetivos, sus debates, crítica y autocrítica. Es, sobre todo, una política que tiene que ver con su propia construcción de conceptos y conocimientos, que son afines a su cultura e identidad y con la cual buscan empoderarse y alzarse contra la injusticia.”

Esta visión ha llevado al COPINH a tener una postura de “tensión, confrontación y de denuncia permanente” contra el estado ante políticas que han afectado grandemente a las comunidades indígenas hondureñas (COPINH, 2008).

En 2015, Cáceres fue premiada con el prestigioso Premio Ambiental Goldman[2] —considerado el equivalente “ambiental” del premio Nobel de la paz. Cáceres fue asesinada por su lucha contra la destrucción ambiental de su comunidad, y en particular contra proyectos hidroeléctricos que amenazan el acceso al agua de centenares de indígenas lenca. Desde hace veinte años, Cáceres es conocida no solo por haber defendido con energía los derechos del movimiento campesino e indígena en Honduras, sino también por haber sido una extraordinaria militante social, influyente al nivel regional y continental en su lucha por la justicia social y medioambiental. Habiendo claramente identificado los tratados de libre comercio como uno de los mecanismos que asegura la impunidad de los multinacionales, Berta ha llevado un combate por la salud y la tierra, contra el sistema de patriarcado y la violencia. Se opuso al golpe de estado del 28 de junio de 2009, que, para ella y el COPINH, ha puesto la violencia al servicio de las multinacionales a fin de facilitar el pillaje de los bienes comunes y la represión de las organizaciones sociales de la oposición. En una entrevista realizada por Claudia Korol en junio de 2011,[3] Cáceres denunciaba que “se han puesto al servicio de las transnacionales y del poder oligarca —en bandeja de plata— todos los bienes naturales, las riquezas de este país, prácticamente subastándolos a través de eventos como el llamado «Honduras abierta para los negocios», donde se entregó prácticamente a todo el país: privatización de agua, de proyectos de educación públicos, de salud. Se concesionaron territorios de los pueblos indígenas y negros para hacer hoteles de montaña, privatizando cordilleras para hacer desde discotecas gigantes flotantes frente a los pueblos garífunas, hasta bases militares, puertos para grandes cruceros de lujo, ciudades modelo que ya van a construir —dicen ellos”.

Cáceres creía firmemente en la integración de las luchas anticapitalista, anticolonial, antipatriarcal y antirracista y que al centro de estas luchas estaba el objetivo de “alimentar nuestras esperanzas con la construcción y búsqueda de alternativas dignas, humanas y justas, revalorizando las formas propias comunitarias e indígenas, que son alternativas ante el sistema de muerte” (COPINH, 2008). Además de la ya conocida lucha contra el proyecto Agua Zarca y otros proyectos hidroeléctricos en territorio lenca, Cáceres y el COPINH lucharon contra la tala ilegal, las grandes agroindustrias y las bases militares norteamericanas, y abogaron por los derechos de las mujeres y la comunidad LGBT (lesbianas, gays, bisexuales y transexuales), así como por los derechos del pueblo lenca. Esta visión integradora de las luchas refleja una concepción político-ecológica en la que los problemas ambientales están ligados a las múltiples formas de opresión y marginación en nuestra sociedad. Además, Cáceres cuestionó la imposición de visiones imperialistas sobre lo que es la política y la democracia y promovió una visión de democracia directa, desde, por y para las comunidades. Decía: “La democracia, es una palabra traída, que se ha aplicado por mucho tiempo y para diversas cosas, y tenemos cuidado con eso, porque ¿bajo qué concepto de define la democracia?, ¿la democracia del Norte?, ¿la gringa?, ¿la europea?, ¿la de la ONU?, ¿la del BM-FMI y demás hierbas? Son quienes han querido que aceptemos que son los únicos autorizados para definirla, imponerla y «aplicarla». Nosotros queremos practicar la que bajo nuestros conceptos entendemos, y así nos esforzamos por aplicarla, con horizontalidad, transparencia, con capacidad de crítica, reflexión y debate, y por ello en nuestros métodos organizativos, estratégicos, mantenemos, desde que surgió el COPINH, esa idea y esfuerzo por aplicar de manera constante en todos los niveles de las estructuras del COPINH, como en las asambleas generales, comunitarias, departamentales, con reglamentos y estatutos que nos marquen la coherencia al respecto. Obviamente tenemos retos y por ellos el proceso de formación política, la construcción de la equidad, la inclusión y de principios es clave en el COPINH” (citada en COPINH, 2008).

Una amenaza compartida

Si bien el asesinato de Berta Cáceres ha tenido proyección internacional, lamentablemente no es un caso aislado. Cada año, muchos activistas pierden la vida por defender sus comunidades y el medioambiente, como han demostrado informes recientes (Global Witness, 2014; García López, 2016; González Hidalgo, 2015). Honduras es el segundo país en el que más activistas ambientales son asesinados cada año (109 entre 2002 y 2014). Pero actualmente Honduras tiene la peor tasa per cápita de violencia en el mundo contra los activistas medioambientales.

La Comisión Interamericana de los Derechos Humanos (CIDH) puede pedir a los Estados poner medidas precautorias, exigiéndoles dar protección policial a los activistas en peligro. Pero el problema es que no se implementa en la práctica. Cáceres no tenía protección en el momento que fue asesinada, a pesar de haber recibido muchas amenazas. Este fue también el caso de Nelson García, otro activista del COPINH, asesinado dos semanas después de Cáceres. En Honduras, la ley para proteger a los activistas ha sido redacta, pero no aprobada. En un informe lanzado el pasado febrero por la CIDH en Honduras, el presidente de la comisión, James Cavallaro, sostiene que está particularmente preocupado de que “esos niveles de violencia e inseguridad estén agravándose por la falta de políticas públicas para abordar la desigualdad y la exclusión social que afectan a largos segmentos de la populación.” El informe dice que los altos niveles de violencia encarados por la sociedad hondureña tienen un impacto particular sobre los defensores de los derechos humanos y los indígenas.

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Imagen de Berta Cáceres y sus colegas, en una ceremonia por los activistas asesinados en Honduras. (Fuente: Global Witness.)

Honduras, el país más letal del mundo para los activistas medioambientales

La demanda rapaz de los países desarrollados por los recursos naturales alimenta el conflicto sobre las tierras indígenas en el mundo entero. Pero en Honduras la desigualdad incontrolada, el sistema judicial débil, el crimen organizado, la inestabilidad política, la creciente vigilancia policial, además de su total impunidad y corrupción, han creado una crisis particularmente aguda. Desde el golpe de estado del año 2009, que destituyó al presidente democráticamente elegido, Manuel Zelaya, el Gobierno de derecha ha promovido agresivamente las inversiones y el desarrollo en la explotación minera, la industria agraria y los proyectos de infraestructura hidroeléctrica. Ha privatizado la tierra, los recursos en agua, y ha quitado barreras para desarrollar proyectos de gran escala, frecuentemente en detrimento de los indígenas, las comunidades y los campesinos. Se supone que Honduras ha firmado el Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) sobre los pueblos indígenas y tribales que requiere la consulta libre, previa e informada de las comunidades indígenas, así como su consentimiento para cualquier tipo de proyecto que impacte en sus territorios tradicionales. Pero el país tiene unos antecedentes débiles en mantener esos derechos. Según George Redman, el director de la ONG Oxfam en Honduras, no es raro para las comunidades tomar conocimiento de una concesión recién en el momento en que la compañía aparece en la tierra para destruir el terreno. En los últimos años, el Gobierno hondureño ha acelerado el proceso de aprobación para los grandes proyectos, ignorando los derechos indígenas.

Recientes investigaciones han estimado que la mayoría de los ataques y de las matanzas de defensores de los derechos humanos en Honduras permanecen sin esclarecer. Desde el asesinato de Cáceres y Nelson García, la presión internacional ha crecido contra el Gobierno hondureño para que realice acciones más decisivas para fortalecer la protección de los activistas y la defensa de los derechos indígenas. El hecho de que una persona como Cáceres fuera asesinada indica el grave riesgo que afrontan los otros activistas hondureños con menor reconocimiento.

No obstante, denunciar las condiciones de países como Honduras no es suficiente para entender estas violencias ambientales (García López, 2016). Para tener una explicación clara sobre lo que está pasando ahora, hay que mirar más allá del nivel local porque los conflictos y violencias locales nunca son locales (Milanez, 2016) y abarcan otros responsables usualmente escondidos tras su poder y su dimensión internacional.

El caso de los indígenas de la comunidad lenca del Río Blanco es ilustrativo de estos puntos. Uno de los proyectos hidroeléctricos que se intentaban instalar en el territorio lenca era Agua Zarca. El proyecto, iniciado en 2011, es responsabilidad de Desarrollos Energéticos Sociedad Anónima (DESA) y ha contado con financiamiento del Banco Centroamericano de Inversión Económica (BCIE), el Banco Holandés para el Desarrollo (FMO) y el Fondo Finlandés para la Cooperación Industrial (Finnfund). DESA, a su vez, habría contratado a la multinacional china Synohydro para el desarrollo del proyecto. El proyecto Agua Zarca había sido aprobado aunque violaba los tratados internacionales sobre los derechos indígenas. La resistencia de las comunidades al proyecto de Agua Zarca no se hizo esperar, pero a la par de la resistencia creció la militarización del territorio, poniendo en evidencia la complicidad de las fuerzas militares-policiales que actúan defendiendo intereses corporativos. Sin entrar más en los detalles de cada responsable “oculto”, quisiera usar el testimonio de Gustavo Castro, el único testigo del asesinato de Berta Cáceres, que denuncia la gran amenaza de las represas hidroeléctricas.

Según él, no es así solamente en Honduras, sino también en Guatemala, México, Chile, etcétera. Una de las razones es que las represas implican la inundación de grandes territorios de selva, de bosques, y de territorios indígenas y campesinos. Y esto genera una reacción muy fuerte de los pueblos, porque son miles y miles los desplazados violentamente. Por un lado, uno de los mayores negocios en este momento es la venta de energía eléctrica, especialmente en América Latina, porque los tratados de libre comercio están abriendo grandes inversiones a las empresas transnacionales. Así, la venta de la energía es un negocio más rentable para el gran capital. Pero implica enfrentarse en una disputa por el territorio con las comunidades campesinas e indígenas. Por otro lado, el Protocolo de Kyoto creó la falsa idea de que las represas generan energía limpia, por lo que los países del Norte invierten más en las represas. Castro declara que hoy en día “casi todos los países de América Latina tienen tratados de libre comercio con los Estados Unidos, Canadá, Europa, y algunos también en Asia. Significa que tienen que modificar su constitución, sus reglamentos ambientales que rigen el agua, la energía y la inversión extranjera, para adoptar los nuevos marcos de libre comercio”. Pero para los gobiernos es más fácil y, sobre todo, más barato reprimir que pagar las indemnizaciones que los tratados de libre comercio les obligan a otorgar a las empresas. Si los gobiernos quieren tener en cuenta los reclamos de derechos humanos de los pueblos, deberían pagar millones y millones de dólares que no tienen. Por eso no es fácil de resolver, por lo que, siempre, los gobiernos van a preferir criminalizar el derecho a la movilización pacífica.

“¡Berta vive, la lucha sigue!”

Berta Cáceres fue asesinada, pero deja un gran legado. Ese legado nos habla de una Cáceres luchadora, aguda en su cavilar, pero sobre todo una Cáceres valiente. Por eso, como dice Gioconda Belli, Cáceres no morirá jamás. Cáceres decía que la resistencia no empezó con el golpe de estado militar-empresarial, sino que la resistencia ya llevaba quinientos años de lucha de los pueblos indígenas. Pero el golpe de estado recrudeció fuertemente la situación de represión y persecución sobre el pueblo hondureño, al reforzar las estructuras militares para avanzar sobre los territorios indígenas, entregando los bienes comunes al capital internacional. Hablar de Berta es hablar de todas esas luchas, porque ella entendió las luchas por liberación de los pueblos de manera integral.

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Imagen de una manifestación en las calles de Honduras el día 8 de marzo. (Fuente: Página Facebook del COPINH.)

Asesinar a Berta no va a acabar con la lucha social y popular. Por el contrario, “esta tragedia va a multiplicar el compromiso y el espíritu de lucha en miles de personas” como dice Miriam Miranda, la referente de Organización Fraternal Negra Hondureña. De momento, la lucha sigue sobre todo con las varias manifestaciones en Honduras, pero también con el periplo europeo y estadounidense de dos de los hijos de Berta: Laura Cáceres en Estados Unidos y Berta Zúñiga Cáceres en Europa. En efecto, el pasado 23 de marzo, Laura Cáceres pidió en el Congreso de EEUU una investigación internacional dependiente para aclarar el asesinato de su madre y el cese de la financiación en seguridad al Gobierno “corrupto” de Honduras. Los fondos que Honduras recibe de países extranjeros “se absorben en corrupción, en represión y en la venta del país (de sus recursos) sin escuchar a la población”, denunció la hija de la líder. Exigió, también, la “cancelación de forma definitiva” del proyecto de la represa hidroeléctrica Agua Zarca, que es “una fuente de riesgo que no se debería permitir”. En su comparecencia en el Congreso, Laura Cáceres estuvo respaldada por Gaspar Sánchez, también miembro del COPINH, que recordó que, junto con Berta Cáceres, estaban desarrollando un “proyecto en energías alternativas” —cuyo el apoyo de 40 millones de dólares por el Banco Europeo de Inversiones fue quitado algunas semanas después del asesinato de Cáceres. Además, la otra hija de la líder, Berta Zúñiga Cáceres, viajó a Europa para involucrar también a las instituciones europeas en la resolución del crimen de su madre y en la adopción de compromisos europeos en la lucha de la plataforma para paralizar el proyecto hidroeléctrico de Agua Zarca. El pasado 2 de mayo, Berta Zúñiga Cáceres fue recibida en Barcelona, en el consistorio de la capital catalana, por la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, y el primer teniente de alcalde, Gerardo Pisarello. Pidió ayuda al gobierno municipal y a los distintos grupos parlamentarios para presionar a los bancos europeos para que dejen de financiar proyectos contrarios a los derechos humanos. Berta Zúñiga Cáceres sigue con mucha esperanza porque según ella, su madre “ha trascendido su muerte, ha permitido que se nos abrieran muchas puertas. La indignación mundial con su asesinato ha sido muy importante”.

Conclusión

A través de su incansable lucha y de su defensa de los derechos humanos, Berta ha dejado un mensaje fuerte sobre la persecución y la violencia durante la ceremonia de premiación: “¡Despertemos! ¡Despertemos, humanidad! Ya no hay tiempo. Nuestras consciencias serán sacudidas por el hecho de estar sólo contemplando la autodestrucción basada en la depredación capitalista, racista y patriarcal. […] La madre tierra —militarizada, cercada, envenenada, donde se violan sistemáticamente derechos elementales— nos exige actuar. Construyamos entonces sociedades capaces de coexistir de manera justa, digna, y por la vida. Juntémonos y sigamos con esperanza defendiendo y cuidando la sangre de la tierra y de sus espíritus.”

Quedan en la memoria colectiva las acciones constantes de Cáceres por la protección del territorio ante la implementación de proyectos hidroeléctricos y mineros y las denuncias por las sistemáticas violaciones de los derechos indígenas. Como deben quedar en nuestra memoria los casi mil líderes ambientales muertos en la última década en todo el mundo en el nombre de lo que llaman “desarrollo” y “progreso”.

Referencias

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Cultura Nuestra (2016). “Berta vive, la lucha sigue en cada una de nosotras, en todos los pueblos de Abya Yala”, Cultura Nuestra, http://laculturanuestra.com/berta-vive/, consultado el 5 de mayo de 2016.

GARCÍA LÓPEZ, G. (2016). “¿Quién mató a Berta Cáceres?”, 80 Grados, http://www.80grados.net/quien-mato-a-berta-caceres/, consultado el 2 de mayo de 2016.

GONZÁLEZ HIDALGO, M. (2015). “Ambiente mortal”, Ecología Política, 49 (Soberanía Local), pp. 112-115.

KOROL, C. (2011). “Fortalezcamos la unidad de los movimientos sociales y los pueblos en poner fin al golpe en Honduras y al saqueo de nuestramérica”, Confraternizar Hoy, http://wwwconfraternizarhoy.blogspot.com.es/2011/06/fortalezcamos-la-unidad-de-los.html, consultado el 19 de mayo de 2016.

KYTE, B. (2015). “How many more?”, Global Witness, https://www.globalwitness.org/fr/campaigns/environmental-activists/how-many-more/, consultado el 4 de mayo de 2016.

KYTE, B. (2016). “Those who ordered Berta Cáceres murder must be held to account, not just the triggermen”, Global Witness, https://www.globalwitness.org/fr/press-releases/those-who-ordered-berta-caceres-murder-must-be-held-account-not-just-triggermen/, consultado el 5 de mayo de 2016.

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La Vanguardia (2016). “Ayuntamiento de Barcelona exige que se aclare el asesinato de Berta Cáceres”, La Vanguardia, http://www.lavanguardia.com/vida/20160502/401518894497/ayuntamiento-de-barcelona-exige-que-se-aclare-el-asesinato-de-berta-caceres.html, consultado el 5 de mayo de 2016.

MILANEZ, F. (2016). “Violence and Capitalism: When money drains blood”. En: M. J. BELTRÁN, M. J., GARCÍA-LÓPEZ, P. KOTSILA, G. VELEGRAKIS e I. VELICU (eds.). Political Ecology for Civil Society. ENTITLE. Pp. 59-65.

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TRUCCHI, G. (2016). “Asesinaron a un alma indomable”, Rel-Uita, http://informes.rel-uita.org/index.php/sociedad/item/asesinaron-a-un-alma-indomable, consultado el 5 de mayo de 2016.

* Máster en Estudios Internacionales de Paz, Conflictos y Desarrollo, Universitat Jaume I (homangue@gmail.com)


[1] Véase https://www.copinh.org/.

[2] Véase http://www.goldmanprize.org/recipient/berta-caceres/.

[3] Véase http://wwwconfraternizarhoy.blogspot.com.es/2011/06/fortalezcamos-la-unidad-de-los.html.http://wwwconfraternizarhoy.blogspot.com.es/2011/06/fortalezcamos-la-unidad-de-los.html

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