Sobre ecología y lujos sencillos

Jorge Riechmann*

 

En dos días consecutivos del pasado febrero, dos novelistas que no se han caracterizado hasta ahora por la intensidad de sus preocupaciones ambientales publicaron en el diario El País sendos escritos de opinión donde abordaban la terrible crisis ecológica en que nos hallamos: José Ángel Mañas («Ecological way of life», 18 de febrero de 2007) y Eduardo Mendoza («Lujo», 19 de febrero). Me parece significativo –un indicio de que la conciencia de la crisis llega a estratos sociales antes muy reacios a mirar de frente la realidad— y a la vez preocupante, por la orientación de ambos textos.

Dejemos de lado lo accesorio (el flirteo de Mañas con las tesis negacionistas –respecto del calentamiento climático antropogénico— de Claude Allègre: no es científicamente serio, no perdamos tiempo en ello) y vayamos a lo esencial. Uno puede simpatizar con la vaga tesis antropológica de Mendoza (en el caso de los seres humanos, lo lujoso es lo verdaderamente necesario: ya lo dijo Ortega hace tres cuartos de siglo, y yo me lo creo) y negarse al triple salto mortal que supone concluir, a partir de esa tesis, que nada puede hacerse para reconciliar economía y naturaleza, porque resulta no sé si metafísicamente imposible, o al menos contrario a la naturaleza humana, «ahorrar energía a base de cambiar el minipimer por el pasapurés o el aire acondicionado por un paipay».

Nos hacemos humanos rebasando el nivel de las necesidades básicas hacia lo lujoso, de acuerdo: pero hay que reparar en que tan lujoso –o más— resulta gozar de la ceremonia japonesa del té como desplazarse en un automóvil de lujo de tres toneladas de peso. La cuestión no es si deberíamos censurar los «lujos» –más allá de las necesidades básicas de subsistencia y relación— que nos humanizan y hacen que la vida valga la pena (pues queremos vivir bien, y no meramente sobrevivir). La cuestión de importancia, a mi entender, es si debemos o no discriminar entre diferentes clases de lujos, de acuerdo con criterios de sostenibilidad.

El movimiento ecologista no defiende un puritanismo enemigo de la vida refinada y los placeres razonables, pero desde luego cuestiona que la persecución de lujos insostenibles para unos pocos cercene las posibilidades vitales de la mayoría, ahora y en el futuro. Refinamiento existencial no es sinónimo de sobreconsumo de materiales y energía: lo último se asocia más bien con la irresponsable actitud de «nuevos ricos» que por desgracia se halla tan difundida en nuestro país.

La cuestión, a mi entender, es que algunos lujos podemos permitírnoslos en un mundo cuya atmósfera se va saturando de dióxido de carbono, y otros no: el refinamiento del cante flamenco sí, pongamos por caso, pero el refinamiento del exceso de vuelos interoceánicos no. Se puede vivir bien –lujosamente, si se quiere: con lujos más sencillos pero no menos intensos– con menos, a condición de producir, trabajar y consumir de otra manera. Y ello no va a producir ninguna debacle económica, Mañas puede tranquilizarse al respecto.(1) Escribí hace poco un poema que me animo a citarles (enlaza con la desdichada sugerencia de Mendoza sobre abanicos y aparatos de aire acondicionado):

Los humoristas gráficos/ parecen incapaces de abordar la conflictiva/ política de aguas del país/ sin hacer chistes malos a costa del botijo// Humilde barro/ pariente de la carne/ humilde:/ humus de lo humano// Pero también/ una proeza técnica: la solución/ al problema de mantener fresca el agua/ bajo calores tórridos, sin gasto alguno eléctrico,/ sin contaminación/ ni durante el proceso productivo/ ni cuando acaba la vida útil del objeto/ que acompaña al sujeto// Irreflexivamente dibujan el botijo/ como un símbolo del atraso/ sin reconocer la insuperada maravilla técnica/ que realmente es// El día/ que los hoteles de lujo ofrezcan agua en botijo/ en vez de embotellada en minibar/ estaremos de verdad aproximándonos/ a la sociedad ecológica(2)

* Poeta, presidente de Científicos por el Medio Ambiente, investigador en ISTAS y autor de Biomímesis y de Gente que no quiere viajar a Marte (jriechmann@istas.ccoo.es)

1 Lo argumenta espléndidamente Manfred Linz, investigador del Instituto Wuppertal, en http://www.wupperinst.org/Publikationen/WP/ WP157.pdf; para los no lectores de alemán he traducido este texto, ahora en prensa —junto con otros capítulos— en Vivir (bien) con menos, editorial Icaria (N. del a.)

2 Óscar Carpintero ha reunido mis poemas de temática ecológica en Con los ojos abiertos (Ed. Baile del Sol, Tenerife, en prensa). (N. del a.)

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