El Foro Social Mundial después del 26 de enero

Josep Maria Antentas y Esther Vivas*

 

El pasado 26 de enero tuvo lugar la jornada de acción internacional convocada por el Consejo Internacional del Foro Social Mundial (FSM). La decisión de no realizar el año 2008 otra edición del Foro Social Mundial, como se ha venido realizando anualmente desde 2001, y llevar a cabo una jornada internacional descentralizada, obedecía a la constatación de que un ritmo tan elevado de foros sociales (al FSM hay que añadirle las ediciones continentales y varias iniciativas temáticas) suponía una inversión de esfuerzos y energías excesivas por parte de las organizaciones implicadas, con lo cual se corría el riesgo de sacar fuerzas de luchas y campañas concretas y de contribuir a una creciente desconexión entre el proceso internacional del Foro Social Mundial y las luchas reales.

LA JORNADA DEL 26 DE ENERO

El alcance e impacto de la jornada fue muy desigual a escala mundial, si bien en términos generales el balance general de la misma es modesto, como por otra parte ya se vislumbraba previamente. La diversidad de situaciones nacionales respecto al estado de los movimientos y las luchas sociales y al arraigo del proceso del Foro (el grado de utilidad y relevancia del proceso del Foro para la dinámica de los movimientos sociales ha sido muy variable país por país), explican el carácter desigual de la jornada y de la tipología de acciones realizadas (algunas muy simbólicas y con pocas pretensiones, otras más significativas).

La jornada del 26 de enero llegó en un contexto marcado por crecientes incertidumbres acerca del futuro del Foro. Después de una primera etapa de ascenso, de aumento de su visibilidad y de creciente capacidad de atracción, el Foro atraviesa en la actualidad una crisis de perspectivas y se encuentra en situación de impasse. El FSM no ha quedado al margen del reflujo experimentado en los últimos cuatro años por el movimiento «antiglobalización» y por las protestas internacionales en motivo de las contra-cumbres. Aunque no haya perdido poder de convocatoria estrictamente, ha experimentado un decrecimiento de su impacto e influencia y de su condición de referente internacional.

 

La última edición del FSM en Nairobi constituyó un toque de atención donde muchos de los problemas que éste ha venido arrastrando en ediciones anteriores se acentuaron y multiplicaron.

El Foro necesita afrontar importantes debates sobre su porvenir para evitar caer en un proceso de repetición y rutinización, entrar en una dinámica de declive marcado, y mantener su funcionalidad en tanto que espacio de discusión y articulación de campañas y movilizaciones. Uno de sus riesgos es simplemente aparecer como algo cuya utilidad es decreciente, que se mantiene por inercia, en un momento donde el efecto novedad ya pasó y donde la etapa de «crecimiento lineal» del movimiento «antiglobalización» también. En este contexto, el Consejo Internacional del FSM decidió abrir formalmente un proceso de debate estratégico sobre el futuro del proceso y los cambios que éste necesita.

EVOLUCIONES Y TENSIONES EN EL PROCESO DEL FORO

Desde el comienzo del proceso han existido visiones distintas sobre el Foro. Éste, como todo espacio de referencia, se ha convertido en un campo en disputa entre distintas perspectivas políticas sobre lo que debe ser el FSM y para qué debe servir. ¿Un Foro como espacio o como movimiento? ¿Un FSM movimentista u «oenegeizado»? ¿Qué modelo de Consejo Internacional y con qué funciones?

Dentro de las instancias organizadoras del Foro han ido aumentando progresivamente en el último período las tensiones internas entre su polo más institucionalista y moderado y el más anticapitalista y orientado a la acción. El primero ha ido ganando peso y espacio en el proceso del Foro, en un contexto donde la pérdida de empuje del movimiento «antiglobalización» y la dispersión y fragmentación de las protestas ha generado brechas crecientes entre el proceso del FSM y las luchas reales, cuyo vínculo se hizo prácticamente de forma automática en el período inicial del Foro.

De hecho, la última edición del FSM en Nairobi constituyó un toque de atención donde muchos de los problemas que éste ha venido arrastrando en ediciones anteriores se acentuaron y multiplicaron. En particular: las tendencias a la mercantilización del evento, a la institucionalización y «oenegización,» y el alejamiento de los movimientos sociales de base. Nairobi constituyó, desde este punto de vista, una advertencia preocupante de algunas evoluciones de fondo del proceso del Foro y, en particular, de sus instancias decisorias como el Comité Internacional (Antentas y Vivas, 2008b).

PERSPECTIVAS Y RETOS

La fórmula «foro social» presenta carencias y vive momentos de incertidumbre pero la existencia de los Foros permite satisfacer la necesidad objetiva de articular convergencias y solidaridades frente al neoliberalismo, para intentar revertir las dinámicas de fragmentación impulsadas por éste. Desde su nacimiento en el año 2001, los foros sociales han actuado como un espacio de convergencia de solidaridades. Si bien éstas son aún frágiles, a menudo poco duraderas y en muchos casos limitadas al terreno simbólico. Los foros no han generado automáticamente un refuerzo de las luchas concretas contra el neoliberalismo, aunque sí que han sido un referente para algunas de las mismas y han servido para inspirar iniciativas diversas, contribuyendo a crear un clima más propicio al trabajo en común en los lugares donde se han celebrado.

A pesar de sus límites, los Foros Sociales han mostrado su utilidad y siguen teniendo una función. Sin embargo, es necesario recordar que los foros sociales no son un fin en sí mismos, sino un instrumento al servicio de la discusión y la articulación de campañas y movilizaciones, y deben ser vistos y concebidos como tales. Tienen sentido si ayudan a avanzar en esta dirección, cuestión que hay que tener muy presente en el actual debate sobre el futuro del FSM y al hacer balance de su trayectoria.

La vitalidad y autoridad simbólica del FSM se ha derivado del hecho de ser percibido como la mayor expresión de las luchas contra la globalización neoliberal. Un Foro desvinculado de las mismas entraría irreversiblemente en declive o sería cooptado por parte del poder político y económico a modo de escaparate de los discursos de «globalización con rostro humano», que han tenido sus exponentes más extremos en operaciones como por ejemplo la de «Make poverty history» (la campaña lanzada coincidiendo con la cumbre del G8 en Gleneagles (Escocia) en el año 2005 con el apoyo de pop-stars y empresarios de dudoso compromiso político, en el marco de la iniciativa internacional «Llamado Mundial a la Acción contra la Pobreza»).

Conviene, pues, trabajar para mantener un Foro ligado a las resistencias sociales y para dar un segundo aliento a un proceso que ha sido, y es, una referencia (aunque con grados de implicación e identificación variables) para gran parte de las organizaciones y movimientos que se oponen a la globalización neoliberal.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

AAVV (2008), El futuro del Foro Social Mundial. Icaria, Barcelona. ANTENTAS, J.M. y VIVAS, E. (2008a), «26E: empujando las luchas» en Diagonal nº 71. — y VIVAS, E. (2008b), «El Foro Social Mundial en perspectiva» en América Latina en Movimiento ALAI,) nº 429, febrero.

* Josep Maria Antentas es Profesor del Departamento de Sociología de la UAB. Miembro de la redacción de la revista Viento Sur (www.vientosur.info) . Email: josepmaria.antentas@uab.cat; y Esther Vivas es Miembro del Centre d’Estudis sobre Moviments Socials (CEMS) de la UPF y de la redacción de la revista Viento Sur (www.vientosur.info) . Email: esther.vivas@pangea.org.

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