La oportunidad para las comunidades de acelerar la transición hacia una sociedad sostenible

La oportunidad para las comunidades de acelerar la transición hacia una sociedad sostenible*

Erik Assadourian**

 

Los informes de la Evaluación de los Ecosistemas del Milenio (EM) y del IPCC (Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático) han dejado claro que si la sociedad humana no cambia rápidamente su curso, tanto la economía mundial como el bienestar humano corren serios peligros (EM, 2005; IPCC, 2007). Debido a la influencia política de los intereses que se benefician del status quo, ha resultado todo un reto lograr que se discuta sobre el cambio climático y otros temas urgentes relacionados con la sostenibilidad (Assadourian, 2006). Un recurso que normalmente se subestima en esta búsqueda de un cambio de sistema es la comunidad geográficamente arraigada: especialmente las aldeas, los edificios de apartamentos, las ciudades peque- ñas y los barrios urbanos y suburbanos. La movilización de tales comunidades podría facilitar simultáneamente diversas soluciones, por ejemplo: adoptar y ejemplificar mejores prácticas, sustituir el capital físico o financiero por el capital social, favorecer que las prácticas económicas estén más localizadas y sean más ecológicas, movilizar a los miembros de la comunidad para estimular cambios sociales más amplios a escala regional, y servir como recurso esencial y como factor de seguridad en caso de colapso ecológico o económico.

MODELOS DE SOSTENIBILIDAD

Un número creciente de comunidades, tales como las ecoaldeas, las comunidades de covivienda y hasta edificios de viviendas y barrios suburbanos han estado construyendo sistemas sostenibles de energía, provisión y depuración de agua y producción de alimentos (véase Cuadro 1). Estos sistemas han contribuido a reducir los respectivos impactos ecológicos; por ejemplo, en la ecoaldea de Findhorn, en el Reino Unido, la huella ecológica per cápita es la mitad de la correspondiente a un ciudadano medio de ese país (Tinsley y Goerge, 2006). Además, estos sistemas sostenibles pueden servir de modelo de mejores prácticas a las comunidades circundantes, estimulando a estas otras a construir sus propias turbinas eólicas, paneles solares, huertos o sistemas ecológicos de depuración de aguas.

EL FOMENTO DE LOS VÍNCULOS COMUNITARIOS

Cada vez son más las comunidades que explotan su «capital social» —es decir, el tejido de relaciones de confianza y reciprocidad que mantiene unidas a las comunidades— para alcanzar la sostenibilidad. Huertos comunitarios, grupos para compartir coche y almuerzos populares periódicos en base a alimentos cultivados localmente son algunas de las maneras en que la gente crea lazos vecinales fuertes y centrados en los valores de la sostenibilidad. Se pone énfasis en la utilidad de los vínculos sociales para lograr una vida de alta calidad con el menor impacto ambiental posible y, muy importante, con bajo coste financiero. Un estudio reciente ha demostrado que los residentes de ecoaldeas y comunidades de covivienda manifestaron niveles de satisfacción con su vida equivalentes a los de los residentes de Burlington, en el estado de Vermont, donde los ingresos son normalmente de más del doble (Mulder et al., 2007). La explicación: el capital social reemplaza determinados gastos –por ejemplo, cuando el pedir prestada una herramienta eléctrica al vecino evita tener que comprar una, o cuando la tarea de «canguro» se hace rotativamente entre varias familias y esto elimina la necesidad de pagar por tal servicio- al mismo tiempo que se logra una similar calidad de vida, se fortalecen los lazos sociales y se reduce el impacto ambiental.

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LOCALIZAR LA PRODUCCIÓN ECONÓMICA

Cuanto más local sea la actividad económica, más puestos de trabajo estables se generarán, además de reducir el consumo de combustible para el transporte y de incrementar la cuota de beneficios que permanecen dentro de la comunidad (Shuman, 2006). En muchas comunidades, cada vez es más popular la localización del sector alimentario, en parte debido a sus incuestionables beneficios ambientales: por ejemplo, en EE UU, las frutas y hortalizas cultivadas localmente generan entre 5 y 7 veces menos emisiones de carbono que aquellas provenientes de lugares lejanos (Pirog, 2001). Actualmente, los huertos comunitarios, los mercadillos de agricultores y la agricultura sostenida por la comunidad o CSA —mediante la cual los agricultores locales venden una participación de su producción anual directamente a los consumidores— son utilizados para promover la adquisición de alimentos locales. En Estados Unidos hay actualmente unos 4.300 mercadillos de agricultores (AMS, 2006) y unas 1.100 granjas que practican la CSA (Robyn Van En Center, 2006). Más allá del sector alimentario, las comunidades están trabajando para fortalecer el intercambio de bienes locales, descentralizar la propiedad de los comercios y proporcionar salarios decentes. En el Reino Unido, veintiún «municipios en transición» están esforzándose para localizar su economía, reducir su dependencia del petróleo y disminuir el impacto ecológico de sus economías.(1)

MOVILIZAR A SECTORES MÁS AMPLIOS

Las comunidades pueden también contribuir a animar a los barrios vecinos y a los municipios de los que forman parte para que potencien la sostenibilidad en la región. Algunas comunidades han promovido proyectos locales de recuperación ecológica, otras han organizado cursos para educar a los residentes locales en estilos de vida más sostenibles. Otras están fomentando un amplio trabajo de lobbying para promover modelos de desarrollo sostenible; algunas, impulsando la planificación dentro de sus regiones de acuerdo a criterios de «crecimiento inteligente», otras, como en el Reino Unido, presionando para lograr una legislación nacional que proporcione fondos a las comunidades para potenciar el comercio local y llevar a cabo proyectos locales de protección ambiental.

ASEGURARSE CONTRA EL COLAPSO

Aunque la principal finalidad sea utilizar a las comunidades para lograr sociedades más sostenibles y así evitar el colapso ecológico, debido a la lentitud con que se están adoptando las medidas para afrontar el cambio climático y otros inminentes problemas ambientales es posible que sea ya demasiado tarde para detener una importante transformación ecológica y su consecuente época de inestabilidad. Si tal posibilidad llega a hacerse realidad, una vez más las comunidades deberán abastecerse a sí mismas. El abastecimiento de alimentos locales, la producción local de energía y las tecnologías básicas requeridas para mantener la indispensable provisión de agua y un sistema seguro de depuración de aguas residuales pueden llegar a marcar la diferencia entre una elevada calidad de vida y la pobreza más abyecta. Por su propio bien, las comunidades deben esforzarse en lograr su propia autosuficiencia y, simultá- neamente, enseñar a otras comunidades a hacer lo mismo. Muchas ecoaldeas tienen ya programas educativos en esta línea; por ejemplo, The Farm, en Summertown, estado de Tennessee. Su centro de capacitación organiza decenas de talleres, desde cómo instalar paneles solares hasta cómo cultivar y construir con bambú.

MIRAR ADELANTE

Aunque hay muchas comunidades estableciendo proyectos piloto para lograr su propia sostenibilidad y la de la región en la que se encuentran, el reto para el futuro es conseguir que estos esfuerzos ya encaminados sean imitados y se reproduzcan en mayor escala. Por ejemplo, la Alianza de Negocios para Economías Locales Vivas (BALLE – Business Alliance for Living Local Economies) vincula a más de 15.000 empresas a través de 51 redes entre 26 estados y provincias de EE UU y Canadá, con la finalidad de promover el comercio sostenible local. Por su parte, la Red de Relocalización (Relocalization Network) coordina a 166 grupos de trece países, proporcionando un foro de enseñanza y enlaces on line a las comunidades que están trabajando para reducir su dependencia del sistema económico globalizado.2 Estos proyectos y redes más amplias serán esenciales para facilitar la transición a una sociedad sostenible. Puesto que la necesidad de esta transición es urgente, lograr comprometer en esta tarea a las comunidades, sean grandes o pequeñas, debería ser prioritario para todos aquellos que están trabajando a favor de un futuro sostenible.

BIBLIOGRAFÍA

Agricultural Marketing Service (AMS) (2006), «USDA Releases New Farmers Market Statistics,» press release, U.S. Department of Agriculture, 5 diciembre.

ASSADOURIAN, E. (2006), «Transforming Corporations,» in Worldwatch Institute, State of the World 2006, W. W. Norton & Company, pp. 171-189.

BEATLEY, T. (2007), «Circular Urban Metabolism in Stockholm,» in Worldwatch Institute, State of the World 2007, W. W. Norton & Company, p. 19.

CLERICO, E. (2007), «The Solaire—A Case Study in Urban Water Reuse,» en Business Sustainability: Planning for a Responsible Future, Conference Proceedings, Temple University, p. 6.

FARR, D. (2007), Sustainable Urbanism: Urban Design With Nature, John Wiley & Sons.

Intergovernmental Panel on Climate Change (IPCC) (2007), Climate Change 2007: Synthesis Report, Summary for Policymakers, noviembre.

Millennium Ecosystem Assessment (MA) (2005), Ecosystems and Human Well-being: Synthesis (Washington, DC: Island Press), p. 14.

MULDER, K. et al. (2006), «The Contribution of Built, Human, Social and Natural Capital to Quality of Life in Intentional and Unintentional Communities,» Ecological Economics, agosto, pp. 13–23.

PIROG, R. et al. (2001), Food, Fuel and Freeways: An Iowa Perspective on How Far Food Travels, Fuel Usage, and Greenhouse Gas Emissions, Leopold Center for Sustainable Agriculture, 2001.

Robyn Van En Center, online database, at www.wilson.edu/ wilson/asp/content.asp?id=1645, 2006.

SHUMAN, M. (2006), The Small-Mart Revolution: How Local Businesses Are Beating the Global Competition, Berrett-Koehler Publishers, Inc.,.

TINSLEY S. y GEORGE H. (2006), Ecological Footprint of the Findhorn Foundation and Community (Forres, U.K.: Sustainable Development Research Centre, agosto).

* Este artículo está basado en el capítulo 11 «Implicar a las comunidades en la búsqueda de un mundo sostenible» por Erik Assadourian, publicado en el informe del Worldwatch Institute «La situación del mundo 2008: Innovaciones para una economía sostenible». Para una versión más amplia, visitar www.worldwatch.org/stateoftheworld.

** Investigador Asociado, Worldwatch Institute (eassadourian@wo rldwatch.org)

1 Para más información, consultar www.transitiontowns.org.

2 Se puede encontrar más información sobre la BALLE en www.livingeconomies.org y sobre la Red de Relocalización en www.relocalize.net.

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