El Banco Mundial: una amenaza para el clima

El Banco Mundial: una amenaza para el clima*

Elena Gerebizza**

 

El cambio climático, la mitigación de la pobreza y el acceso a la energía son cuestiones cada vez más centrales en la agenda internacional. Los datos publicados en los últimos años han demostrado cómo el calentamiento global se está convirtiendo cada vez más en una situación de emergencia, con impactos ya evidentes en los países del Sur. El aumento de los desastres naturales, la mayor frecuencia de huracanes, fuertes lluvias e inundaciones en las zonas tropicales y de fuertes sequías y hambre en las franjas semidesérticas, están poniendo en riesgo el desarrollo económico y social de esas zonas del planeta donde vive la gran mayoría de los más pobres.

Si bien en los últimos años ya se han invertido cientos de miles de millones en la lucha contra la pobreza, el agravamiento de las condiciones climáticas de las zonas tropicales, semitropicales y desérticas del planeta está frustrando los resultados ya logrados por la comunidad internacional, por lo que es cada vez más difícil el acceso al agua y la seguridad alimentaria para dos tercios de la población del planeta. Según el Banco Mundial, hoy se necesitarían otros cien mil millones de dólares para lograr los objetivos de desarrollo de las Naciones Unidas, de aquí al año 2015. Más allá de esto, según la organización no gubernamental Oxfam, se necesitarían por lo menos cincuenta mil millones de dólares adicionales al año para la adaptación al cambio climático en los países más pobres (Oxfam, 2007).

La crisis financiera que afecta estos días a los EE UU y los mercados europeos, y que ya está teniendo los primeros impactos en las economías emergentes, pronto llegará también a los países más pobres. De hecho, la crisis alimentaria que ya ha afectado a las economías de los países del Sur en 2008 ha sido en gran parte causada por la especulación financiera, con la entrada de los fondos de inversión y los fondos de cobertura también en el mercado de los productos agrícolas y de materias primas. El mismo aumento de los precios del petróleo, que a finales de junio ha superado los 140 dólares por barril, es explicable sólo en función de una lectura más amplia de las cuestiones sistémicas hasta hoy no abordada, y que ha permitido la generación de la enorme burbuja especulativa finalmente estallada a principios de octubre con la caída de los mercados financieros.

Los gobiernos europeos, junto con los Estados Unidos, se encuentran entre las economías más grandes de la tierra y entre los mayores emisores de gases de efecto invernadero a nivel mundial. Para estos gobiernos, el G8 sigue siendo el lugar donde reunirse para debatir las cuestiones centrales de la agenda internacional, de la crisis alimentaria y la emergencia climática a la crisis financiera. Encontrar una solución pasa según ellos por las mismas instituciones financieras internacionales, el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, que con la imposición de políticas neoliberales, la financiación de proyectos para la extracción de combustibles fósiles y la promoción de un modelo agrícola industrial centrado en el cultivo intensivo de gran escala para la exportación y la desregulación de los mercados financieros internacionales, han contribuido a lo largo de los últimos veinte años a generar y agravar la crisis económica, financiera, ambiental y social que la comunidad internacional está viviendo en estos días.

CLIMA Y POBREZA

La publicación de los últimos informes del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) en 2007 son claras: el calentamiento global ya está teniendo lugar, y con consecuencias gravísimas en los países más pobres, que sufrirán los impactos más graves. Según el informe de la Comisión Mundial sobre el Agua para el siglo 21, más de la mitad de los grandes ríos a nivel mundial tienen un caudal más reducido y contaminado que en el pasado, con la consecuente degradación e intoxicación de los ecosistemas vecinos, amenazando la salud y la existencia de les poblaciones que dependen de sus aguas para beber, regar, desarrollar la economía (Consejo Mundial del Agua, 2005). Las consecuencias ambientales y sociales, ya evidentes, tienen mayores costes en ausencia de una respuesta inminente en términos de reducción de las emisiones en los países desarrollados, como los de la Unión Europea, y en la ausencia de intervenciones de adaptación y mitigación apropiadas en los países más pobres.

Según el economista Nicholas Stern, ex jefe del Banco Mundial y autor de un estudio encargado por el gobierno británico y publicado a finales de 2006, el 20% del PIB de los países más pobres estaría en riesgo debido al cambio climático, en comparación con el 5% en las economías desarrolladas. En particular, Stern advierte a la comunidad internacional y el gobierno británico sobre los costes de la inacción: según el estudio, de hecho, actuar de manera inmediata conviene incluso desde un punto de vista puramente económico y no sólo ambiental. Además, el informe confirma que los impactos más graves del cambio climático serán sufridos sobre todo por las poblaciones más pobres, las cuales viven en países cuyas economías son más dependientes de la agricultura y más sujetas a variaciones extremas de la temperatura, lo que lleva a un aumento de pandemias relacionadas con la escasez de agua y la migración inducida por las inundaciones y catástrofes ambientales. Según un informe de la organización no gubernamental Christian Aid, 185 millones de personas en África Sur Sahariana podrían morir antes de finales de siglo a causa de enfermedades directamente vinculadas al cambio climático (Christian Aid, 2006). El mismo informe se refiere al Informe de la Cruz Roja sobre los desastres naturales, según el cual el número de desastres naturales se habría por lo menos triplicado en los últimos años, pasando de 1.110 en los años 70 a 2.935 entre 1993 y 2002. Durante el mismo período, el número de personas afectadas por las tormentas e inundaciones habría pasado de 740 millones a 2.500 millones de personas (Christian Aid, 2006).

Ciento ochenta y cinco millones de personas en África Sur Sahariana podrían morir antes de finales de siglo a causa de enfermedades directamente vinculadas al cambio climático

Parece que hoy todavía falta la voluntad política y el compromiso de la comunidad internacional para hacer frente al cambio climático, en términos de reducción de las emisiones y una mayor eficiencia energética por un lado, pero sobre todo en la puesta en marcha de mecanismos vinculantes que puedan garantizar la financiación necesaria para hacer frente a la emergencia del clima.

EL MANDATO DEL BANCO MUNDIAL

Durante la cumbre del G8 en Gleneagles, los ocho países más ricos del mundo encargaron al Banco Mundial el trabajo de elaborar una estrategia de inversión para hacer frente al problema de acceso a la energía de los más pobres, teniendo en cuenta la emergencia del clima. Durante el año 2006 el Banco Mundial elaboró un programa de inversiones para la energía limpia y el desarrollo (Clean Energy and Investment Framework), presentado en la reunión anual del Banco Mundial celebrada en Singapur. En este marco se impulsaba las inversiones en energía hidroeléctrica y carbón, incluyéndolos en la propia definición de energía limpia del Banco Mundial. La estrategia del Banco fue fuertemente criticada por la sociedad civil e internacional, y siguió siendo papel mojado durante algún tiempo, aunque mantuvo el objetivo de ser finalizada en el G8 de 2008 que tuvo lugar recientemente en Japón.

En el marco de estas propuestas el Banco Mundial hizo un memorable paso atrás anunciando un retorno a la inversión en sectores, como las grandes presas y la extracción y uso de carbón, de los cuales la institución había salido durante los años noventa tras fuertes protestas de las comunidades locales y la sociedad civil que protestaban por la graves consecuencias ambientales y sociales de los proyectos apoyados. Las protestas y problemáticas habían quedado bien establecidas en los dos procesos multistakhoder más importantes que se habían realizado en los cuales había formado parte el mismo Banco: la Comisión Mundial sobre las Presas (2000) y el Extractive Industry Review (2004).

Este paso atrás quedaba aún más remarcado teniendo en cuenta que en 2007, durante la cumbre del G8 en Alemania, los gobiernos de las economías más grandes se comprometieron a aumentar la inversión en energías renovables. A finales de 2007, el Parlamento Europeo también aprobó con amplia mayoría una resolución en la que pedía «una discontinuidad del apoyo público, a través de los organismos de crédito a la exportación o los bancos de inversión pública, a los proyectos para la extracción de combustibles fósiles, y una duplicación de esfuerzos para aumentar la transferencia de tecnologías renovables y para la eficiencia energética». El Parlamento Europeo además pidió a la Comisión y a los Estados miembros «proponer legislación a fin de que el crédito a la exportación de los Estados miembros y el Banco Europeo de Inversiones tengan en cuenta las consecuencias del cambio climático de los proyectos financiados en la concesión de préstamos o garantías, imponiendo una moratoria sobre las concesiones de préstamos hasta que se disponga de datos suficientes, de conformidad con las recomendaciones de la OCDE, el G8 y del Extractive Industries Review» (Parlamento Europeo, 2007). También en diciembre de 2007 en la reunión de la Conferencia de las Partes de Bali se logró un importante resultado en la negociación sobre el clima, en el ámbito de la convención marco de la Organización de Naciones Unidas (Convención Marco de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, UNFCCC), con la creación de un Fondo de Adaptación para los países más pobres.

Sólo unos pocos meses más tarde, a principios de 2008, el Banco Mundial anunció, por sugerencia de sus tres principales donantes: los Estados Unidos, Gran Bretaña y Japón, la creación y gestión de nuevos Fondos para combatir el cambio climático. Los nuevos fondos deberían disponer entre 7 y 12 mil millones de dólares para financiar intervenciones de adaptación, transferencia de tecnología y protección de los bosques en los países más pobres.

LOS FONDOS DE INVERSIÓN SOBRE EL CLIMA

La primera propuesta de los fondos de inversión sobre el clima (Climate Investment Funds, CIFs) fue presentada por el Banco Mundial en la primavera de 2008, durante la reunión de primavera de las instituciones de Bretton Woods celebrada en Washington. La propuesta fue recibida con fuertes críticas de las organizaciones de la sociedad civil internacional y sobretodo de los gobiernos del Sur, que reunidos en el grupo G 24 pusieron en duda desde el primer momento la legitimidad de un proceso iniciado por gobiernos muy emisores, que por otra parte se negaban a asumir los compromisos vinculantes que estaban sobre la mesa de la negociación multilateral sobre el clima. El Banco Mundial además había redactado la propuesta consultando a los gobiernos beneficiarios sólo en la fase final, proporcionándoles una representación del todo insuficiente en los comités de gestión de los fondos y dejando sólo unos pocos días para las observaciones de la sociedad civil.

Durante la reunión de negociación de la Conferencia de las Partes en Bonn de inicios de junio, el G77 por un lado y la sociedad civil por el otro, atacaron duramente la nueva propuesta del Banco Mundial, que fue modificada solo en la forma después de las críticas recibidas, y lista para ponerse en marcha en la cumbre del G8 en Japón. La referencia a los principios rectores de la Convención Marco de Naciones Unidas (UNFCCC) y la introducción de una «cláusula de extinción» («sunset clause»), una cláusula según la cual los fondos dejarán de funcionar en el momento en que un mecanismo de financiación multilateral entre en vigor en la UNFCCC, garantizó el apoyo político del G8 a la iniciativa, que se puso en marcha en Tokio en el pasado mes de julio.

LAS CRÍTICAS A LOS CIF

La propuesta actual prevé la creación de dos fondos: un fondo de tecnologías limpias (Clean Technology Fund, CTF), que tendría por objeto recaudar entre 5.000 y 10.000 millones de dólares USA, para destinarlos a «acelerar la transformación hacia un bajo crecimiento de las emisiones a través de un bajo costo de mitigación de las emisiones de gases de efecto invernadero» (World Bank, 2008) y para mostrar cómo «incentivos financieros y otras formas se pueden utilizar para acelerar el despliegue, la extensión y la transferencia de tecnologías de baja emisión de carbono» (World Bank, 2008); y un Fondo Estratégico del Clima (Strategic Climate Fund, SCF), que debería contener varios programas específicos que los donantes pueden elegir de financiar directamente, ara este segundo fondo el Banco tendría por objetivo reunir hasta 500 millones de dólares USA. El primer programa que se establecerá es el programa piloto de recuperación de clima (Pilote Programa para el Clima Resiliance), mientras que en los próximos meses debería establecerse un fondo de inversión sobre los Bosques (Forest Investment Fund) (World Bank, 2008).

El riesgo de que la financiación para el clima canalizada a través del Banco Mundial se utilice para seguir apoyando a la industria extractiva es más que real

Entre las principales preocupaciones planteadas por la sociedad civil en una declaración enviada a los gobiernos de la cumbre del G8 el pasado mes de julio, firmada por 142 organizaciones de todo el mundo, se encuentra la falta de una definición del tipo de tecnología que el Banco y los gobiernos promotores de la iniciativa quieren financiar con los CTF. La CTF, en particular, se define como «tecnológicamente neutral»: en la descripción del fondo no se descarta la financiación de determinadas tecnologías, y no se menciona una especial prioridad para ciertas tecnologías, como las tecnologías de energía renovable. La referencia a la combustión limpia del carbón (que no ha sido eliminada en la reescritura de la propuesta) sugiere que nuevas centrales térmicas de carbón podrían entrar entre los proyectos financiados con el Fondo. Esta hipótesis fue confirmada por los directores ejecutivos europeos al Banco Mundial durante las recientes reuniones anuales del Banco, que confirmaron que no hay ninguna posición común europea sobre qué tecnologías deben ser excluidas o favorecidas. El riesgo de que la financiación para el clima canalizada a través del Banco Mundial se utilice para seguir apoyando a la industria extractiva es más que real.

Además, siendo gestionada por el Banco Mundial, la financiación de los gobiernos donantes a los fondos del clima pueden ser contados en el presupuesto de Ayuda Oficial al Desarrollo (AOD). Dada la dificultad a nivel internacional de alcanzar el objetivo de destinar a la cooperación el 0,7% del PIB, las organizaciones no gubernamentales y los gobiernos de los países más pobres que necesitan del AOD para hacer frente a las intervenciones en las infraestructuras básicas y para el cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo del Milenio de las Naciones Unidas, han pedido rápidamente a los gobiernos donantes que no se substraigan los aportes a los fondos CIF del presupuesto para la cooperación. A pesar de las promesas del Banco Mundial en este sentido, EE UU ya ha declarado que sus fondos no serán adicionales, mientras que otros gobiernos no se han manifestado al respecto, dejando margen para la duda de que una parte de la financiación se realice a expensas del ya de por sí insuficiente presupuesto para la cooperación al desarrollo.

EN CONFLICTO CON LA NEGOCIACIÓN UNFCCC

Las principales debilidades de los dos fondos derivan del hecho que se establecieron por iniciativa de algunos donantes, fuera de la negociación multilateral de la Convención sobre el Cambio Climático de las Naciones Unidas, la única institución reconocida y legitimada también por los gobiernos de los países del Sur para discutir los impactos y las responsabilidades de cada uno de los estados en la lucha contra el cambio climático.

Según los gobiernos de los países del Sur, reunidos en el G77, con el establecimiento de los CIF el Banco Mundial está reduciendo el peso de las negociaciones multilaterales. Es evidente que los donantes que el 26 de septiembre pasado, durante una reunión especial organizada por el Banco Mundial y el gobierno británico, se comprometieron a financiar los CIF por un total de 6.100 millones de dólares USA (World Bank, 2008), podrían ahora dedicar menos atención a la negociación multilateral, que se está haciendo más estricta en torno a las diversas propuestas para un mecanismo financiero multilateral en el ámbito de la UNFCCC. Esta interferencia según varios negociadores del Sur podría poner en peligro un éxito positivo de la negociación en vista del encuentro de la Conferencia de las Partes en Copenhague en 2009. Los CIF, efectivamente, se refieren a los principios UNFCCC como guía para la propia agenda política, pero no reconocen los mismos principios como compromisos vinculantes negociados a nivel internacional por los Estados miembros de la Convención, que deben ser respetados como tales.

Según el compromiso firmado sobre la mesa multilateral, y de conformidad con el principio de la responsabilidad común pero diferenciada —un principio aceptado en el ámbito UNFCCC—, los gobiernos donantes están legalmente obligados a proporcionar recursos financieros nuevos y adicionales a los países en desarrollo para hacer frente a los costes de las propias obligaciones derivadas del acuerdo. Según el Third World Network, los CIFs se han establecido en el no respeto ni de las exigencias de los países en desarrollo en el ámbito de la convención, ni de la exigencia de la Conferencia de las Partes en la que los recursos proporcionados por los países desarrollados fuera de la Convención, a través de canales bilaterales, regionales o multilaterales, sean compatibles con las políticas, programas, prioridades y liderazgo de la misma Conferencia de las Partes. Al contrario, el gobierno de los CIFs se mantiene fuera de la jurisdicción de la Conferencia de las Partes, en violación de los compromisos tomados a nivel multilateral por los mismos donantes (Third World Network, 2008).

Además, mientras el Banco Mundial presenta los CIFs como una medida transitoria, que dejará de funcionar cuando un mecanismo financiero multilateral se establezca en el ámbito de la UNFCCC, en realidad, la «sunset clause», introducida en la nueva propuesta, no hace referencia a una fecha específica para que los CIFs dejen de operar.

LA OBSESIÓN POR LOS COMBUSTIBLES FÓSILES DEL BANCO MUNDIAL

Sólo unos pocos días antes de la presentación de los CIFs el pasado mes de abril, la Junta de Directores Ejecutivos del Banco Mundial aprobó un financiamiento de 450 millones de dólares para la realización de una mega central de 4.000 megavatios de carbón en el estado de Gujarat, en la India, concedido por el IFC (la sección especializada en inversión privada del Banco Mundial) a la mayor empresa india, Tata. Un proyecto de 4.140 millones de dólares, en el que no se aplicarán las mejores tecnologías disponibles y aumentará la dependencia india de la importación de combustibles fósiles (el carbón que servirá para alimentar la central eléctrica no está disponible localmente, sino que será importado de Indonesia) y que causará la emisión de aproximadamente 700 millones de toneladas de CO2 . El IFC ha decidido financiar el proyecto en ausencia de una adecuada evaluación de los costes y beneficios del proyecto, y sin evaluar posibles alternativas, además de conceder un préstamo a una empresa con beneficios multimillonarios, que habría podido acceder sin problemas a créditos privados (SEEN/IPS, 2008).

El fondo, concebido como una medida temporal a fin de facilitar las inversiones del sector privado en las energías renovables, no se ha dejado de lado tal y como se había prometido.

La financiación del proyecto Tata Mundra confirma lo que se ha convertido en una tendencia para el Banco Mundial, la vuelta a financiar de forma masiva la extracción y el uso de carbón. El año pasado aumentó su financiación en este sector un 256% (Bank Information Center, 2008). Según los datos publicados por el Banco Mundial y elaborados por el Bank Information Center, entre 2007 y 2008, el Banco Mundial ha aumentado los financiamientos al sector extractivo (carbón, petróleo y gas) en un 94%, alcanzando un presupuesto total de alrededor de 3.000 millones de dólares USA. (Bank Information Center, 2008).

Al mismo tiempo que el Banco intenta aparecer cada vez como un organismo sensible a las cuestiones ambientales, la realidad inequívoca es que la institución multilateral para el desarrollo más grande del mundo siguen invirtiendo la mayor parte de su presupuesto energético en la extracción de combustibles fósiles, a pesar de los impactos negativos en términos de lucha contra la pobreza y el cambio climático.

Según un estudio realizado por la sociedad civil internacional en 2006, aproximadamente el 80% de las inversiones del Banco Mundial en proyectos de infraestructuras en el sector del petróleo están relacionados con la exportación de los recursos extraídos hacía los mercados de consumo europeo y estadounidense (BIC, BWP, CRBM y otros, 2006). Según un estudio de WWF UK, entre 1997 y 2007, el Banco Mundial ha financiado alrededor de 26 giga-toneladas de emisiones de CO2, alrededor de 45 veces las emisiones anuales totales del Reino Unido (WWF UK, 2008). Con un historial tan malo, parece absurdo posicionar el Banco Mundial en el centro de la arquitectura financiera internacional contra el cambio climático.

LOS BENEFICIOS DEL BANCO EN EL MERCADO DE LOS CRÉDITOS DE CARBONO

Para completar el dibujo, no hay que olvidar que el Banco Mundial es el mayor intermediario de créditos de carbono a nivel mundial. La participación del Banco en el mercado de créditos de carbono se remonta a 1999, con el lanzamiento de un prototipo de fondos de emisiones de carbono (Prototype Carbon Fund) antes de firmarse el Protocolo de Kyoto y establecerse el Mecanismo de Desarrollo Limpio (CDM por sus iniciales en inglés). El fondo, concebido como una medida temporal a fin de facilitar las inversiones del sector privado en las energías renovables, no se ha dejado de lado tal y como se había prometido. Al contrario, se ha reproducido en varias otras iniciativas años después y luego se ha canalizado en el CDM. Según la organización no gubernamental SEEN, a nueve años del establecimiento del Prototype Carbon Fund, 11 fondos de carbono se han establecido y la cartera de créditos de carbono administrado por el Banco ha llegado a 2.000 millones de dólares USA. (SEEN/IPS, 2008). Según los datos proporcionados por el mismo Banco Mundial, los progresos en la reducción de las emisiones, para los que el mercado de créditos de carbono debería haber contribuido, han sido limitados. Menos del 10% de los fondos recaudados por el mercado de créditos de carbono se invirtió en proyectos de energías renovables, mientras que la mayoría de la cartera de créditos de carbono (entre el 75 y el 85%) se destinó a la financiación de industrias del sector químico, del hierro y acero y del carbón (SEEN/IPS, 2008). El Banco fue el principal beneficiario de la expansión del mercado de créditos de carbono, ganando aproximadamente el 13% de comisiones sobre los fondos gestionados.

Incluso después de la creación de los CIF, el Banco tendrá un beneficio directo gracias a los costes administrativos a cargo de la gestión de los fondos fiduciarios. Basta decir que con los dos fondos fiduciarios por el clima el Banco tiene por objeto recaudar casi tanto como lo recaudado hasta hoy con el resto de los fondos fiduciarios administrados. Según la Third World Network, a finales de 2006, el grupo Banco Mundial administraba 926 fondos fiduciarios, por un importe total de 10.300 millones de dólares USA. (Third World Network, 2008). Según la misma fuente, pese a no formar parte de sus operaciones centrales, los fondos fiduciarios administrados por el Banco constituyen un gran porcentaje de sus activos, alrededor del 10 por ciento en 2005, casi el doble en comparación con el año 2000.

CONCLUSIONES

La financiación de grandes proyectos de infraestructuras para la extracción (y exportación) de combustibles fósiles por parte del Banco Mundial sigue siendo una de las mayores contradicciones de la institución. El año en que el petróleo ha alcanzado el precio más alto en el mercado internacional, el Banco ha seguido aumentando su presencia en el sector, utilizando fondos públicos para subvencionar a la industria minera internacional y sobre todo a las grandes multinacionales occidentales. Como declaró uno de los directores del departamento de energía del Banco durante las reuniones de la primavera de 2007, el sector extractivo, especialmente el del petróleo, trae enormes beneficios, y el Banco no dejará de financiarlo.

Es ésta la institución que tenemos delante, y es difícil imaginar que el mismo banco que ha financiado el oleoducto Chad-Camerún, el oleoducto Bakú-Tbilisi-Ceyhan, o el reciente gasoducto de Camisea / Perú LNG para la exportación de gas líquido, que ha abierto el camino para la perforación de dos terceras partes de la Amazona Peruana, pueda hoy contribuir en la lucha contra el cambio climático.

La asignación de un nuevo mandato al Banco no es nada más que el intento de algunos gobiernos para restaurar la legitimidad a una institución ya desacreditada y cada vez más irrelevante a nivel internacional, sin memoria institucional e incapaz de aprender de los errores del pasado. A pesar de la evidencia de las dramáticas consecuencias ambientales y sociales de los proyectos y las políticas neoliberales impuestas en los países más pobres, el Banco sigue aplicando la misma receta, a favor no de los más pobres si no de las grandes empresas. Con los fondos por el clima el Banco Mundial está entrando en una etapa tensa en las negociaciones multilaterales sobre el clima, ofreciendo una vía de escape para aquellos gobiernos que hace años que obstaculizan una conclusión exitosa de las negociaciones en el ámbito de UNFCCC. Un movimiento contra el planeta y contra el interior de la comunidad internacional que, una vez más, sirve para recordarnos que hablando de cualquier crisis, ya sea financiera, alimentaria o climática, el Banco Mundial, así como el Fondo Monetario Internacional, son más a menudo parte el problema que de la solución.

REFERENCIAS

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Bank Information Center, Bretton woords Project, Campagna per la Riforma della Banca Mondiale, CEE Bankwatch Network, Friends of the Earth International, Institute for Policy Studies, International Rivers Network, Oil Change International, Urgewald, (2006), «How the World Bank’s energy framework sells the climate and poor people short», http://www.bicusa.org/en/Article.2954.aspx.

Campagna per la Riforma della Banca Mondiale, (2008), «La Banca dei ricchi. Perchè la World Bank non ha sconfitto la poverta», Ed. Altreconomia, www.altreconomia.it/libri.

Christian Aid, The climate of poverty: facts, fears and hope, 2006, http://www.christianaid.org.uk/issues/climatechange/ resources/climate_poverty.aspx.

Extractive Industries Review, (2004), http://www.eireview.org.

Institute for Policy Studies/Sustainable Energy and Economy Network (SEEN), (2008), «World Bank:climate profiteer», http://www.ips-dc.org/reports/.

Oxfam Briefing Paper 104 (2007), «Adapting to Climate Change. What’s needed in poor countries, and who should pay», http://www.oxfam.org/en/policy/briefingpapers/bp104_climate_change_0705.

Risoluzione del Parlamento Europeo del 29 novembre 2007 sul commercio e il cambiamento climatico, (2007), http: //www.europarl.europa.eu/sides/getDoc.do?pubRef=-//EP// TEXT+TA+P6-TA-2007-0576+0+DOC+XML+V0//IT.

Third World Network, (2008), «No additionality, New conditionality: a critique of the World Bank’s Climate Investment Funds», http://www.twnside.org.sg.

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World Commission on Dams, (2000), http://www.dams.org

World Water Commission for the 21st Century, (1998), World Water Council, http://www.worldwatercouncil.org/ index.php?id=21.

WWF UK, (2008), «The World Bank and its carbon footprint: Why the World Bank is still far from being an environmental bank», http://assets.wwf.org.uk/downloads/world_ bank_report.pdf.

* Traducción de Maria Mestre. Development Finance Campaigner. Campagna per la Riforma della Banca Mondiale (www.crbm.org / egerebizza@crbm.org).

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