Deudocracia: Un sistema que «crece» es un sistema que se endeuda

Mariola Olcina Alvarado y Berta Iglesias Varela*

 

El sistema capitalista se basa en el endeudamiento. Desde el primer momento, la puesta en circulación del dinero genera una deuda que se va acumulando en todos los estadios de préstamo. Esta reflexión de Gunnar Skuli Armannsson, de ATTAC Islandia, apoyaba la idea general de que el pago de la deuda se ha convertido en la piedra angular de este sistema, con la voracidad y depredación que ello conlleva.

Este es el análisis en el que coinciden diversos activistas y expertos, procedentes de Islandia, Grecia, Irlanda, Portugal, Bélgica y el Estado español, que se dieron cita en Madrid en el Encuentro «Viviendo en deudocracia: la deuda en los países del Norte, aprendiendo del Sur», el pasado 7 y 8 de octubre. El evento, organizado por la Red por la abolición de la deuda externa «¿Quién debe a Quién?», con el apoyo del Grupo de Trabajo de Economía de la Acampada Sol, ofreció un espacio para el análisis de la crisis en sus distintas facetas. Economistas de la talla de Miren Etxezarreta, Lourdes Lucía Aguirre y Amaia Pérez Orozco, y activistas de distintos campos como el ecologismo, las finanzas o el sindicalismo, analizaron cómo la crisis afecta a las mujeres, al medio ambiente, a los derechos laborales o la exclusión social.

Esto fue el paso previo para contextualizar apropiadamente la coyuntura de endeudamiento en los países europeos. La deuda no es una cuestión meramente financiera. Es una herramienta de sometimiento y de expasión de políticas neoliberales altamente lesivas para el medio y los derechos sociales. Así, en las jornadas Eric Toussaint, presidente del Comité por la Abolición de la Deuda del Tercer Mundo en Bélgica (CATDM) y miembro de la Comisión de Auditoría Integral de la Deuda de Ecuador, mostró los paralelismos entre las medidas de austeridad que se están implantando en países del Norte derivadas de esta llamada Deudocracia y los programas de ajuste impuestos en los países del Sur, durante los últimos 30 años, como consecuencia de la deuda externa.

UNA DEUDA PRIVADA

En los países de la periferia europea y, muy especialmente en los denominados PIIGS —Portugal, Irlanda, Italia, Grecia y España— los gobiernos, para hacer frente al pago de la deuda, están aplicando fuertes recortes sociales presionados por instituciones internacionales (Fondo Monetario Internacional y Banco Central Europeo, agencias de calificación). Aunque en cada país el origen de dicha deuda es diferente, se puede afirmar que la mayoría es de origen privado y ha sido contraída especialmente por el sector bancario. Al mismo tiempo, la deuda pública —mucho menor— se ha acrecentado a causa de las medidas de apoyo y saneamiento de la banca, entre otras. La factura del rescate bancario en el caso español, por ejemplo, asciende a un mínimo de 100.000 millones.(1)

Un ejemplo de cómo una gran parte de la deuda pública proviene de la deuda privada es el de Irlanda. En 2008, poco después de que estallara la burbuja inmobiliaria producto del crédito irresponsable otorgado por los bancos, el Gobierno irlandés garantizó el 100% de los depósitos bancarios. Es decir, afirmó que, si el banco quebraba, la ciudadanía irlandesa asumiría el reembolso de todos los depósitos, que ascendían a unos 480.000 millones de euros. A continuación tuvo que nacionalizar el Allied Irish Bank inyectándole 48.500 millones (alrededor del 30% del PIB irlandés). A este respecto, Andy Storey, profesor de Política Económica y Desarrollo en la Universidad de Dublín, explicaba que:

Dos terceras partes de la deuda pública se debe a la nacionalización de la deuda privada, al rescate de los bancos. Sin embargo, el peso de esa deuda recae sobre la ciudadanía a través de los ajustes sociales.

UNA DEUDA IMPAGABLE

Esta deuda es impagable, por varios motivos. Primero, porque se trata de una cifra elevadísima y creciente. A pesar de que las ayudas de la denominada troika-Comisión Europea, el Banco Central Europeo y el Fondo Monetario Internacional —vayan siempre acompañadas de duros ajustes sociales, los países europeos siguen acudiendo al mercado financiero para refinanciar su deuda con las emisiones periódicas de bonos, cuyo valor lo marca el propio mercado con el asesoramiento, siempre interesado, de las Agencias de Calificación. La espiral de endeudamiento no tiene fin.

En segundo lugar, no puede asumirse el pago de una deuda creciente en un planeta con condiciones medioambientales que impiden el crecimiento ilimitado. Nerea Ramírez Piris destacaba que la economía se organiza de espaldas a la biosfera. El sistema de endeudamiento continuo obliga a un crecimiento también continuo en la extracción de materia y energía, muy por encima de la biocapacidad de la Tierra. Los ecosistemas no son capaces de absorber la ingente cantidad de residuos que producen las sociedades «desarrolladas» y no tienen el tiempo suficente para recuperarse de la vertiginosa extracción de recursos.

En tercer lugar, es una deuda que no ha generado la población, sino que es producto de la avaricia de la clase económica en connivencia con la clase política. La banca promovió el endeudamiento como respuesta a un exceso de liquidez. En el caso del Sur, el exceso de liquidez lo había sufrido la banca estadounidense a causa de los petrodólares depositados durante la década de los sesenta. En Europa, los bancos franceses y alemanes acaparaban el excedente de la balanza comercial de los dos países centrales de la UE. Como el dinero «quieto» no produce ganancias, no han dudado en hacer préstamos irresponsables, amparados en la casi completa desregulación financiera.

Luis Bernardo, de ATTAC Portugal explicaba este proceso. La concentración de la riqueza es resultado también de «la financiarización de la economía, donde el ámbito productivo se ve dominado por el ámbito financiero». Debido a que las reformas políticas, económicas y monetarias garantizan que las finanzas determinen lo productivo, en el país luso:

Tan solo 60 familias controlan el 40% de la riqueza y se benefician de paraísos fiscales como el de Madeira —y añadía que— por consiguiente, esta desproporcionada concentración de la riqueza produce un aumento de las desigualdades.

UNA DEUDA ILEGÍTIMA

La deuda es también impagable desde un punto de vista ético, porque es ilegítima e injusta. Tal y como señala Eric Toussaint:

La deuda en Europa es ilegítima. Su aumento se debe en buena parte a políticas fiscales regresivas y rescates del sector financiero, ambas profundamente injustas. La deuda responde al chantaje de los mercados e impone el ajuste social y la violación de derechos humanos.

Supone un trasvase de fondos desde las clases trabajadoras a manos de unos pocos. Los acreedores obligan al Estado a priorizar el pago de esta deuda, «por encima incluso de la obligación básica de responder a las necesidades sociales de la población», concluye Dani Gómez-Olivé, investigador del Observatorio de la Deuda en la Globalización. De ahí, la reciente reforma constitucional, realizada sin referéndum, que fija un límite al déficit público garantizando como prioritario el pago de la deuda. El nuevo texto constitucional determina también que los créditos que genera dicha deuda «no podrán ser objeto de modificación o enmienda», de manera que limita la capacidad soberana de negociar una reestructuración de la deuda o decidir su repudio.

Las privatizaciones son otra de las maneras de trasvasar recursos generales a las manos de unos cuantos. En las Jornadas se discutió sobre la necesidad de parar y revertir el proceso de privatización, generalizado en la UE, como antes lo estuvo en América Latina o África. Leonidas Vatikiotis, economista y periodista griego, se pronunciaba al respecto:

Las propuestas de los acreedores pretenden convertir a Grecia en una maquila, agudizar los recortes y las privatizaciones. Ante esto, nosotros decimos: no debemos y no pagamos, pero añadimos, no vendemos, nos oponemos al proceso de privatización más grande de toda Europa.

Además, la deuda es impagable e inmoral porque ahonda las desigualdades, especialmente las que se derivan del patriarcado. Los estados en crisis, por un lado, ingresan menos porque hay menos gente cotizando y, por otro, gastan más porque hay más gente cobrando la prestación del paro. Las privatizaciones y recortes consiguientes aumentan la presión sobre las familias y, con ello, sobre las mujeres. Amaia Pérez traía a colación numerosos recortes en partidas anteriormente destinadas a la promoción de la igualdad. A esto se une que, al disminuir las ayudas sociales, las mujeres acaban haciéndose cargo aún en mayor medida de trabajos no remunerados y de los cuidados. Asimismo, son sus empleos los primeros que sufren la precarización.

LA DEUDA ESPAÑOLA

En el caso de la economía española, según dos estudios elaborados por instituciones extranjeras,2 se puede estimar que a finales de 2009, el importe total de la deuda suponía aproximadamente un 400% del PIB. Si se da por válida esta estimación, en mayo de 2011, la deuda alcanzaba 4,25 billones de euros en números absolutos. Según el Banco Central, la deuda pública representa un 16% del total, mientras que el 84% ha sido adquirida por actores privados, siendo los bancos con el 32% y las empresas no financieras con el 31%, los principales causantes del sobrendeudamiento en nuestro país.

Pero, «el problema no solo es el alto porcentaje de deuda contraída por el sector privado, sino que radica en que gran parte está avalada por el Estado», afirma Dani Gómez-Olivé. Es importante evitar que en España se produzca un fenómeno de nacionalización de la deuda similar al que ha sufrido Irlanda. También señala que «la mayoría de acreedores son bancos franceses y alemanes, así que son ellos los que presionan para que la economía española esté lo más saneada posible».

¿Y SI NO PAGAMOS?

Durante las Jornadas se dio la oportunidad de revisar la reciente historia de Islandia. Gunnar Skuli Armannsson, de ATTAC Islandia, relataba cómo la presión ciudadana consiguió un rotundo «NO» al pago de la deuda a los bancos holandeses e ingleses en los referéndum y confesaba en su intervención que «el 15M había sido inspirador para los islandeses». Eric Toussaint recordó los no pagos de Ecuador, de Argentina, de Paraguay… países que no han sufrido los estragos con los que amenazan a los «rebeldes». Lejos de ello, han mejorado sustancialmente su situación.

Carmen Rodríguez, del Grupo de Trabajo de Economía de la Acampada Sol – Movimiento 15-M de Madrid, manifestaba el continuo esfuerzo del Grupo de Trabajo por denunciar el endeudamiento y sus consecuencia y por exigir, siguiendo el ejemplo de Ecuador, una moratoria de pago sin acumulación de intereses, mientras se realiza una auditoría integral de la deuda.

Esta idea, con precedentes tanto en el Sur como en el Norte (Grecia e Irlanda), estuvo en el centro de una jornada de trabajo el 9 de octubre, en la que más de 50 activistas pertenecientes a una veintena de organizaciones sociales y una decena de comisiones y asambleas locales del 15M de diferentes ciudades españolas, reflexionaron sobre la necesidad de construir alternativas a la crisis desde la sociedad civil. Se habló de lanzar una campaña estatal a favor de una Auditoria de la Deuda como proceso previo al repudio.

* Berta Iglesias Varela (bertaiglesias@yahoo.es) y Mariola Olcina Alvarado (mariola.olcina@gmail.com) miembros de Ecologistas en Acción y la Red ¿Quién debe a Quién?

1 ¿Quién debe a quién?; «Vivir en deudocracia», Icaria, 2001.

2 Datos extraídos de «Debt and deleveraging: the global credit bubble and its economical consequences», elaborado por McKinsey Global Institute, y «Between the austerity and default», editado por Research on Money y Finance.

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