Trabajo y cambio climático: ¿Qué espacio hay para la investigación en ecología política?

Trabajo y cambio climático: ¿Qué espacio hay para la investigación en ecología política?*

Stefania Barca**

Traducción: Ester Jiménez de Cisneros Puig

 

Palabras clave: trabajo, cambio climático, ecología política, revolución ecológica

Para luchar contra el cambio climático “necesitamos a todo el mundo”, reivindicaba la Marcha Popular por el Clima de Nueva York en septiembre de 2014. Sin embargo, a quien más necesitamos es quizá a los trabajadores. Es preciso que los trabajadores, sus organizaciones y el movimiento obrero estén junto al movimiento por el clima. Esto puede parecer sorprendente e incluso obsoleto para algunos, porque nos hemos acostumbrado a pensar que el trabajo no importa. Tres décadas de políticas neoliberales, de discursos TINA (que son las iniciales de “There is no alternative”, ‘No hay alternativa’ en español) y de la innegable crisis del propio movimiento obrero nos han convencido de que el trabajo ya no importa en política ni en las ciencias sociales, y de que debemos prestar atención a otros sujetos, otras identidades, otros movimientos.

Esta tendencia fue una reacción a obsesiones anteriores por la clase trabajadora, a veces entendida de maneras bastante esquemáticas y dogmáticas, que confundían tanto como aclaraban. Ha llegado el momento de recuperar el trabajo, no como una identidad social y política predeterminada a convertirse en nuestro sujeto privilegiado, sino como una realidad eminentemente nueva, múltiple, diversificada y fluida. En las últimas tres décadas, las organizaciones obreras han sido violentamente sacudidas en su totalidad por la globalización capitalista, y su fuerza política —en caso de que la tuvieran— ha sido destruida con éxito mediante la guerra de clases. De hecho, mientras se nos convencía de que la lucha de clases ya no importaba, el capital siguió luchando y ganó.

Así pues, ¿por qué deberíamos los investigadores y las investigadoras en ecología política preocuparnos por el trabajo? En primer lugar, porque el trabajo es la interfaz fundamental entre la sociedad y la naturaleza. Todos los tipos de trabajo: productivo, reproductivo, de servicios, de atención, intelectual e inmaterial, presiden y regulan el metabolismo social, el intercambio de materiales y de energía que sostiene la vida humana. Sin embargo, no es el trabajo aquello que rige este proceso, sino el capital, de acuerdo con lo que los ecomarxistas llaman la segunda contradicción del capitalismo: la relación entre el capital y la naturaleza. Como resultado, los trabajadores y las trabajadoras a menudo se ven forzados/as a soportar todo tipo de empleos insostenibles, nada saludables y ecológicamente destructivos, con el fin de obtener un salario que les permita sobrevivir en la economía de mercado. Esta segunda contradicción tiene lugar en los cuerpos de los trabajadores y las trabajadoras, y en su entorno de vida y de trabajo (Barca, 2012).

Pero hay que considerar otros dos factores clave.

Tal como nos recuerda la economía política feminista, no todo el trabajo está controlado por el capital y el mercado. De hecho, estos están sólo en la punta del iceberg, compuesto en gran parte por el trabajo no alienado hecho fuera del sistema de trabajo asalariado capitalista, que incluye los servicios sociales, el trabajo doméstico, la comunidad y la familia, las cooperativas, las instituciones benéficas, los trueques y la moneda alternativa, así como la agricultura a pequeña escala o de subsistencia (Gibson-Graham, 2006).

Este es un punto de partida prometedor para una revolución ecológica, es decir, una revolución sobre la forma en que la producción, la reproducción y la conciencia interactúan entre sí (Merchant, 1987), tal como teorizan muchas estudiosas y activistas ecofeministas y agroecologistas, que consideran la autonomía alimentaria como el punto cero de la revolución (Federici, 2012). Por lo tanto, si la ecología puede convertirse en una plataforma para una nueva agenda (internacional) sobre el trabajo, y si este movimiento obrero puede convertirse en un sujeto líder de la movilización climática, entonces revertir la acumulación originaria sería un buen punto de partida. Históricamente, la acumulación primitiva ha llevado a la separación entre los trabajadores de la tierra y a la sobreexplotación de ambos. Se puede construir un nuevo tipo de sociedad mediante formas de trabajo no alienado que sostenga y mejore la vida en todas sus formas, empezando así a reclamar nuevas posibilidades y nuevas identidades para los trabajadores y las trabajadoras, con el propósito de subvertir la segunda contradicción del capitalismo. El objetivo es acabar con el trabajo insostenible y ecológicamente destructivo y abrazar nuevas formas de metabolismo social.

Es aquí donde el segundo factor clave entra en el debate, por incómodo que sea, a través del fracaso del experimento socialista en Europa del Este, China y otros contextos, que nos ha dejado un legado de destrucción e injusticia ambiental. Las razones de este fracaso radican en el hecho de que el “socialismo real” se ha basado principalmente en la industrialización forzada, en la colonización interna y externa, y en estrategias y tecnologías ambientales de “alto modernismo” (Scott, 1998) que compiten en “destrucción creativa” con aquellas utilizadas por los regímenes capitalistas.

Por lo tanto, no es suficiente reemplazar el capitalismo y reducir las desigualdades sociales. Es necesario abolir los modelos económicos machistas, el productivismo, el extractivismo, el crecimiento del PIB, la guerra, el racismo, el imperialismo, el colonialismo y todo lo que produce violencia contra las personas y su entorno. Habría que sustituirlos por un nuevo sistema de producción y reproducción basado no sólo en la igualdad, sino también en el respeto por la vida en todas sus formas. No hay otra manera de hacer una revolución ecológica. No hay ningún atajo a través del sistema actual.

Según el materialismo histórico, para construir un nuevo sistema, es necesario que la clase obrera esté organizada y sea consciente para tomar la iniciativa. Pero lo que quiero destacar aquí es que, para que la clase obrera se convierta en sujeto político de un nuevo sistema de relaciones ecológicas, debe surgir una nueva conciencia: una conciencia de clase ecológica, basada en un proceso de subjetivación renovado, múltiple, capaz de convertir a la clase trabajadora en un sujeto histórico líder hacia una revolución verde emancipadora y no opresiva. Con el fin de convertirse en el sujeto de esta revolución ecológica por venir, las organizaciones obreras deben transformarse profundamente de manera que la ecología sea el aspecto central de sus visiones y estrategias políticas. La cuestión es si este cambio en la política laboral es posible en el mundo actual.

Dicho esto, la siguiente pregunta es: ¿qué tipo de investigación puede ayudar a los movimientos obreros a convertirse en este nuevo sujeto político? ¿En qué tipo de investigadores/as deberíamos convertirnos para contribuir a abrir paso a esta nueva realidad? Este proceso requiere un proyecto de investigación transformador y autotransformador. Pues no son sólo los movimientos obreros los que necesitan transformación, y, de hecho, el trabajo no se transforma (ni puede hacerlo) en un vacío social. Se necesita un proceso emancipador de cambio cultural, más amplio, que permita establecer nuevas solidaridades y alianzas para reivindicar de nuevo el tema olvidado del trabajo más allá de la dominación/explotación. Algo parecido a lo que la película Pride recupera: una historia en la que activistas gays y lesbianas de Londres vinculan su lucha por el reconocimiento con la de los mineros del carbón de Gales del Sur. La historia pone de relieve la eficacia de pasar por alto muchas barreras y prejuicios culturales y de comunicación, a la vez que demuestra que siempre se pueden establecer nuevos tipos de política, sobre todo cuando las personas y las organizaciones no están atrapadas en la reiteración infinita de su “identidad”. Además, la película es un ejemplo de las políticas transformadoras que desafían las identidades y tiene una fuerte capacidad de liberación y revolución.

Después de décadas de políticas neoliberales, que casi han derrotado al trabajo en todos los frentes posibles, es necesario mejorar el potencial de los y las trabajadores/as para la autotransformación en nuevos tipos de organizaciones, con nuevas visiones y estrategias. Como no podemos construir una revolución sin ningún tipo de organización y de estrategia, debemos tratar de forjar las más adecuadas para la lucha.

La lucha contra el cambio climático es un desafío en el que los movimientos obreros deberían estar en primera línea, ya que los y las trabajadores/as ya están en primera línea del frente en la guerra del capitalismo contra el clima. Además de los movimientos obreros, también los pueblos indígenas, las pequeñas comunidades agrícolas, los desempleados y las mujeres de todos los grupos están en esta primera línea del frente. Por lo tanto, al organizarse para defenderse, defienden a toda la humanidad de la ruina ecológica. Este tipo de lucha requiere, evidentemente, una profunda transformación de las visiones y lemas tradicionales de los movimientos obreros y de la izquierda en general.

¿Cómo puede la investigación ser de utilidad para esta transformación?

  1. Contando una historia diferente

Como nos cuentan los y las estudiosos/as de las humanidades ambientales, “los seres humanos no pueden sino actuar sobre la base de la memoria colectiva, convicciones actuales y futuros anticipados” (Bergthaller, 2014). Por lo tanto, hay que construir una memoria colectiva alternativa y emancipadora de la relación entre trabajo y medio ambiente; una memoria colectiva que vaya más allá de la visión de conflicto entre trabajo y medio ambiente que dicta el sentido común. Aquí es donde la historia puede jugar su papel ayudando a desenterrar metafóricas “hachas de guerra”, es decir, rememorando cómo el movimiento obrero ha sido capaz, a lo largo de la historia, de luchar contra la segunda contradicción y de renegociar la lucha de clases, no sólo en términos de salarios, sino también en cuanto a la redistribución de los costes ecológicos, tanto en el lugar de trabajo como en el ámbito de la legislación ambiental y de la salud pública, para beneficiar a la sociedad en general. La tarea de los/as investigadores e investigadoras es recuperar estas historias de alianzas entre trabajadores/as y ambientalistas, rescatando las experiencias personales y colectivas obliteradas en los relatos convencionales de la historia, y dando rienda suelta a potentes contranarrativas y argumentos de liberación. En otras palabras, la investigación comprometida puede ayudar a descolonizar el conocimiento histórico de las visiones neoliberales sobre el “fin de la historia” y TINA (“No hay alternativa”), donde el chantaje ocupacional es un argumento básico (Barca, 2014).

  1. Ofreciendo instrumentos para la creación de nuevos tipos de organizaciones

En las dos últimas décadas, la investigación activista en comunicación, en tecnologías de la información y de la comunicación, así como en redes sociales, ha jugado un papel crucial en la transformación de las formas y las posibilidades de organizarse, mediante el movimiento Peer 2 Peer[1] y el proyecto Social Network Unionism[2] en general. Estos recursos no crean un poder de negociación directo, pero promueven visiones estratégicas y capacidad de hacer campañas. El sindicalismo virtual no puede remplazar el sindicalismo local o nacional, pero puede ayudar en su autotransformación y en su fortalecimiento.

Las nuevas formas de organización del trabajo y de creación de redes en investigación/activismo también incluyen publicaciones de acceso abierto, como Interface. A journal for and about Social Movements[3] o la revista Roar. Reflections on a Revolution[4]. Estos nuevos instrumentos han ayudado a transformar los movimientos obreros hacia una mayor incorporación de las cuestiones ecológicas y, sobre todo, a forjar nuevas alianzas. Además, han sido cruciales en la creación de las condiciones previas para la convergencia entre las políticas del clima y del trabajo. Algunos ejemplos incluyen: la Blue-Green Alliance[5] (Alianza Verde-Azul) y la One Million Climate Jobs Campaign (Campaña para un millón de empleos por el clima)[6]. Estas nuevas coaliciones han producido resultados visibles, tal como demuestran la presencia masiva de organizaciones sindicales en la Marcha Popular por el Clima de Nueva York, así como la incorporación de las cuestiones del cambio climático en la agenda de la Confederación Sindical Internacional (CSI) y de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) de las Naciones Unidas.

Naturalmente, este es un proceso complejo, no lineal, de transformación interna, con componentes diferentes e incluso contrarios, que a menudo encuentra resistencia en su seno. La investigación en ecología política podría entrar en el movimiento obrero como una perspectiva y un acercamiento a la comprensión de los conflictos y las luchas originadas por las contradicciones ecológicas. Cabe destacar que estas contradicciones a menudo entran en el movimiento obrero y lo dividen de distintas formas, como por ejemplo la división local/nacional/global, la división de género, la división Norte/Sur, la división del trabajo especializado / no cualificado, la división urbano/rural, junto con varios tipos de divisiones ideológicas y de identidad.

De esta manera, la lucha contra el cambio climático tiene significados distintos para los diferentes sindicatos. Para la CSI y la OIT, supone adoptar una estrategia de “empleos verdes” basada en un enfoque de economía ambiental y defender el crecimiento verde. Para los sindicatos antisistema como la Solidaridad Obrera española, en cambio, significa adoptar una agenda mucho más radical de “revolución ecológica”, basada en la reducción del tiempo de trabajo, la recomunización de los servicios públicos, la reducción del consumo innecesario de materiales y energía, la relocalización de la producción, el control democrático de la economía, los sistemas de energía descentralizados, y la participación de los sindicatos en las movilizaciones antifracking y similares de base, en el ámbito local (Ojanguren Flores et al., 2014).

La investigación en ecología política debe comprometerse con estas contradicciones internas entre la política sobre el trabajo y sobre el clima, y tratar de darles sentido abriendo la caja negra del trabajo como sujeto. Algunas de las maneras de hacerlo comienzan por comprender las diferencias y las identidades cambiantes, criticar los liderazgos burocráticos, posicionarse a favor de ciertas visiones y luchas específicas dentro del movimiento, con el fin de abrir paso a las transformaciones deseadas. Queda mucho trabajo por hacer en este sentido, así como nuevos métodos y herramientas con qué experimentar e inventar. Lo único que los investigadores e investigadoras en ecología política no deben hacer es mirar hacia otro lado e ignorar el trabajo, ya sea por considerar que no es relevante, o por sentirse impotentes ante sus muchas debilidades y limitaciones. Si lo ignoran, reforzarán de facto la idea de que no hay alternativa a su actual estado de defunción.

Referencias

BARCA, S. (2012). “On Working-Class Environmentalism. A Historical and Transnational Overview”. Interface. A Journal for and about Social Movements, 4 (2), pp. 61-80.

BARCA, S. (2014). “Workers and environmentalists of the world, unite!”, Roar. Reflections on a revolution, junio.

BERGTHALLER, H. et al. (2014). “Mapping Common Ground: Ecocriticism, Environmental History, and the Environmental Humanities”, Environmental Humanities, 5, pp. 261-276.

FEDERICI, S. (2012). Revolution at point zero. Housework, reproduction and feminist struggle, Oakland: PM Books.

GIBSON-GRAHAM, J. K. (2006). A Postcapitalist Politics. Minneapolis: University of Minnesota Press.

MERCHANT, C. (1987). “The Theoretical Structure of Ecological Revolutions”, Environmental Review, 11 (4), pp. 265-274.

OJANGUREN FLORES, A.; GALÁN SANZ, M.; CARRETERO MIRAMAR, J. L. “El sindicalismo debe estar dispuesto a promover una alternativa global hacia una sociedad poscapitalista”. El Ecologista, 80. http://www.ecologistasenaccion.org/article27798.html.

SCOTT, J. C. (1998), Seeing like a state: How certain schemes to improve the human condition have failed. New Haven: Yale University Press.

* Este es el texto de una conferencia pronunciada el 22 de enero de 2015 en la Universidad Autónoma de Barcelona durante un acto público sobre “Cómo la investigación entra en los movimientos sociales?”, organizada por la Red Europea de Ecología Política ENTITLE (http://www.politicalecology.eu/)

** Centro de Estudios Sociais, Universidade de Coimbra (Portugal); Fundación Pufendorf, Universidad de Lund (Suecia) (sbarca@ces.uc.pt)

[1]. Véase http://p2pfoundation.net/Main_Page.

[2]. Véase https://snuproject.wordpress.com/about/.

[3]. Véase http://www.interfacejournal.net/.

[4]. Véase http://roarmag.org/.

[5]. Véase http://www.bluegreenalliance.org/splash.

[6]. Véase http://www.campaigncc.org/greenjobs para el Reino Unido y http://climatejobs.org.za/about/ para Sudáfrica.

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