Editorial

Al finalizar este número de la revista Ecología Política, dedicado a los límites del nuevo extractivismo y las nuevas formas de «eliminación» de residuos, está también finalizando la Conferencia de Naciones Unidas de Medio Ambiente Río+20. Tendremos tiempo en números posteriores de analizar en detalle su resultado, pero parece evidente que nos encontramos ante un fracaso del sistema de Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente. Los indicadores principales desde 1992 no han cesado de deteriorarse (ya sea la concentración de dióxido de carbono en la atmósfera o la pérdida de biodiversidad). Parece que este encuentro acabará siendo llamado la Conferencia de Río-20, al constatar que el texto acordado apenas incluye ningún avance significativo. Nada se dice de justicia ambiental, no se reconocen las cada vez mayores deudas ecológicas y pasivos ambientales. Las Naciones Unidas no consigue más que producir retórica vacía cuando no defiende imprudentemente la inclusión de la naturaleza en el mercado.

A continuación señalamos algunos aspectos que pueden ayudar a analizar el texto acordado:

1. Algunos temas olvidados en el texto 

El texto en negociación desde el primer momento ha tenido dos ejes prioritarios: la economía verde y la gobernanza ambiental. Uno de los retos que se planteaba era ver qué compromisos concretos se establecían en cada uno de los ejes y cómo se definía la economía verde. A nuestro entender uno de los principales problemas ha resultado de la orientación general que se le ha dado al concepto de economía verde. Se ha hecho una equivalencia entre
economía verde = keynesianismo verde + eliminación de subvenciones perversas, pero en ningún momento se ha planteado la necesidad de llevar a cabo políticas decididas de limitación del consumo de recursos naturales, como un eje central de las políticas económicas del futuro (aunque hay numerosos estudios que señalan la necesidad de reducirlos). No se elogia la «yasunización». Todo lo contrario. Como consecuencia de esta orientación, el crecimiento «verde, inclusivo, y equitativo» sigue siendo el único eje central que se visualiza para la economía, sin dejar espacio a otras orientaciones económicas como el
decrecimiento o los modelos macroeconómicos de crecimiento nulo que van ganando espacio en el ámbito social y científico. Aunque Tim Jackson estuvo muy presente en las reuniones alternativas en Rio de Janeiro, no se recogen las promesas de una «prosperidad sin crecimiento». Las Naciones Unidas están atrasadas. Igualmente es destacable que en un entorno global la gobernanza se limite a las mejoras de gobernanza en el interior de Naciones Unidas y la generación de algunos indicadores más, pero ignore la necesidad de mejorar la gobernanza de las empresas transnacionales como actores principales de la economía global, unos actores que desde la anterior cumbre de Río, hace ahora 20 años, han ganado poder. Finalmente, tampoco se afronta la relación entre sistema financiero-sistema productivo-recurso natural, lo que elimina del enfoque la necesaria reconversión del sistema financiero, más allá de establecer sistemas que hagan más atractiva la inversión financiera en actividades «verdes».

2. Un acuerdo a base de reducir los compromisos 

Como es habitual en los encuentros internacionales el acuerdo se consigue mediante la reducción de los compromisos de los primeros textos de partida. Es la vía fácil y la más usual. Hay varias maneras de hacerlo: se pone entre paréntesis casi todo el texto para empezar, luego eliminan los aspectos que están en discusión, se cambia el vocabulario pasando por ejemplo de «deben» a expresiones como «deberían» o «podrán hacer», se eliminan las fechas del compromiso, se escribe de manera ambigua, o bien se escriben compromisos incoherentes entre sí. En este caso, este tipo de estrategias se han producido para
alcanzar el texto final, pero se ha llevado a tal extremo que prácticamente no establece ningún compromiso en firme que salga más allá de las fronteras de la propia institución de Naciones Unidas.

3. El sistema de gobernanza ambiental de Naciones Unidas ha sido reforzado… ¿pero será suficiente?

Uno de los aspectos en discusión más importante en este ámbito consistía en la posible conversión del Programa de Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente (PNUMA) en una agencia de Naciones Unidas (similar por ejemplo a la FAO de alimentación), lo que le permitiría más capacidad de maniobra y seguimiento de sus mandatos. En el texto acordado no se ha dado este paso adelante, aunque se han reforzado sus opciones como programa de Naciones Unidas y se han establecido algunos compromisos futuros de mejora de la gobernanza ambiental en Naciones Unidas (como la posible sustitución de la
Comisión de Desarrollo sostenible). Es decir, posiblemente la situación es mejor que antes de iniciarse el proceso preparatorio de la Cumbre, pero difícilmente será suficiente para abordar los problemas globales ambientales que debemos afrontar.

4. Muchos reconocimientos, algunos olvidos y muy pocas nuevas acciones

El documento acordado en Río es un texto lleno de reconocimientos a compromisos anteriores, y donde parece que los negociadores han dedicado un párrafo a cada uno de los grupos de interés diciendo que son muy importantes (agrupaciones
de estados, estados, regiones, municipios, jóvenes, mujeres, indígenas, ONG, empresas, agricultores, pescadores, ganaderos, científicos, etc.). Como estrategia para ligar apoyos es recomendable, pero no garantiza que lo acordado sea suficiente. Y de hecho, no lo es, como lo muestra que los compromisos en la mayoría de los casos son vagos y poco evaluables, y lo que es más grave aún, que se hayan decidido poquísimas acciones concretas que permitan alcanzar los objetivos planteados. Como prueba algunos datos: en el texto de acuerdo la palabra «anima» aparece 50 veces, «apoya» 99 veces, pero «nosotros haremos» sólo 5 veces. Se olvida el papel de las Organizaciones de Justicia Ambiental, y no se reconoce, entre tantos reconocimientos, los cientos de integrantes de movimientos del ecologismo popular que han sido asesinados desde 1992. Una plausible estimación de Global Witness los cifra en no menos de dos muertos por semana.

5. El océano, sí ha estado presente en la Cumbre, pero los resultados han sido irregulares

Los océanos eran uno de los ejes temáticos estrella de esta Cumbre. Se había puesto mucho énfasis en que se podía profundizar en la gestión de los mismos, y muy especialmente en la gobernanza de las aguas internacionales. Los resultados finales son irregulares, si por un lado se establecen (en muchas ocasiones se reiteran) una serie de compromisos en el ámbito de la mejora de la gestión pesquera y de la recuperación de los stocks, y se reafirma (eso sí, sin fechas) el compromiso de acabar con los subsidios que favorecen la pesca ilegal, no registrada y no regulada, así como la sobrecapacidad y la sobrepesca; no se han concretado las medidas necesarias para garantizar una mejor gobernanza en las aguas internacionales.

6. Se ha promovido el concepto de economía verde, pero no se ha dotado de contenido real

Más allá de nombrar en múltiples ocasiones, el texto finalmente no ha definido qué entiende por economía verde, y ha dejado su aplicación y definición a manos de cada estado. La presión de propio Achim Steiner, director de la UNEP, y de su colaborador Pavan Sukhdev, director del proyecto TEEB, para introducir en gran escala la valoración económica y el comercio de servicios ambientales ha sido resistida en multitud de reuniones paralelas en Rio de Janeiro (donde se ha denunciado los escándalos del mercado de carbono) y también por otras razones por algunas delegaciones gubernamentales. Sin interpretaciones muy distintas de lo que pueda ser la «economía verde», este difícilmente puede ser el mecanismo de cambio que se requiere para transformar en profundidad el sistema económico. Los que se resisten con razón a la mercantilización de la naturaleza tienen aliados incómodos en los que predican el crecimiento económico a toda costa (como la presidenta Dilma Rousseff, que recientemente ha estado de acuerdo en una modificación del Código Forestal brasileño que ayudará a aumentar más la deforestación). Entre medio, la Unión Europea se quedó bastante sola al lado de Achim Steiner.

7. ¿Nueva financiación para el desarrollo sostenible?

Se ha hablado mucho de la necesidad de establecer mecanismos innovadores de financiación, pero el resultado final alcanzado es de lo más decepcionante. No hay ningún compromiso nuevo más allá de crear una comisión internacional para reflexionar sobre el tema. El resto son principalmente reiteraciones de compromisos ya adquiridos previamente y principios expresados ya en otros textos de Naciones Unidas. No se recocen deudas ecológicas ni pasivos ambientales. Las empresas más contaminantes, como Vale (la multinacional minera brasileña) estaba muy presente con sus anuncios mentirosos dentro de
los recintos de la propia conferencia oficial de Naciones Unidas. Los gobiernos están siendo cooptados por las multinacionales.

Una vez más, ha sido en la calle donde podemos encontrar las propuestas más interesantes, en la «Cumbre de los pueblos» (rio20.net): justicia ambiental, buen vivir, decrecimiento, discusión sobre los bienes comunes, derechos humanos y de la naturaleza, etc. un completo muestrario de ideas que no han sido recogidas en el documento final del texto acordado. Otra oportunidad perdida.

Finalmente anunciamos que el próximo número de Ecología Política se publicará en diciembre de 2012 y tratará sobre Economía Verde.

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