“Traficantes de dudas”: ciencia, expertos y controversias ambientales

  • Autores: Naomi Oreskes y Erik M. Conway
  • Merchants of Doubt*: How a Handful of Scientists Obscured the Truth on Issues from Tobacco Smoke to Global Warming
  • Editorial: Bloomsbury Press
  • Año: 2010
  • ISBN: 978-1-59691-610-4
  • Idioma: inglés
  • 355 pp.
  • Crítica del libro: Agustí Nieto-Galan**

En las últimas décadas, temas como el calentamiento global y el cambio climático, o las controversias medioambientales en un sentido amplio, han despertado un gran interés entre historiadores de la ciencia y los especialistas en ciencia, tecnología y sociedad (STS, en sus iniciales en inglés). Por un lado, se han convertido en ejemplos paradigmáticos de la progresiva dilución de las fronteras entre la ciencia, la tecnología, la política y la sociedad; por otro, se han erigido en prueba evidente de las dificultades crecientes de los expertos, científicos profesionales, a la hora de imponer su criterio, así como del notable poder de la esfera pública para modular y condicionar los discursos estrictamente académicos (Yearley, 1995). En pocas décadas, hemos pasado de una imagen heroica, objetiva e incuestionable de la ciencia y de sus profesionales a una nueva cultura científica en la que los problemas se perciben como más complejos y plurales, llenos de riesgos e incertidumbres, que debilitan inevitablemente la autoridad de los expertos (Collins, 2014).

Ante retos de la envergadura, por ejemplo, del cambio climático, autores como Mike Hulme han analizado esa complejidad, las causas de las actuales divergencias sobre su diagnóstico y las actuaciones necesarias destinadas a combatirlo (Hulme, 2009). Así, las cumbres sobre el cambio climático trascienden de la estricta opinión de los expertos y nos transportan a un universo de percepciones plurales del problema. Se convierten en sí mismas en campos de batalla para dirimir controversias y discrepancias científicas, en mercados para negociar con las toneladas de CO2 emitido, en foros diplomáticos entre estados, en agendas que estimulan el activismo ecologista (de manera análoga al papel que jugó la energía nuclear en los años sesenta), etc. Estaríamos, por lo tanto, ante un círculo perverso en el que se realimentan de manera caótica las posiciones de los diversos grupos implicados, y en consecuencia se debilitan los consensos mínimos de la comunidad científica.

Es precisamente en este contexto de debilidad del experto en el que, en las últimas décadas, determinados grupos de presión norteamericanos han cuestionado que el calentamiento global se origine a causa de la propia actividad humana, más allá de las oscilaciones naturales de temperatura, y que, en consecuencia, ese aumento de temperatura provoque a corto y medio plazo cambios significativos en las condiciones de vida de la Tierra. Científicos como Fred Seitz, William Nierenberg, Fred Singer, Robert Jastrow, colaboradores en proyectos nucleares y aeroespaciales durante la Guerra Fría, o instituciones como el George C. Marshall Institute, el Competitive Enterprise Institute, The Heritage Foundation, próximas al pensamiento conservador republicano, han lanzado una cruzada para sembrar la duda, avivar la controversia, promover la incertidumbre y cuestionar el consenso científico sobre el cambio climático, pero también sobre la lluvia ácida, el deterioro de la capa de ozono u otras cuestiones relacionadas con la salud pública, como las consecuencias sanitarias del consumo pasivo y activo del tabaco.

Esta es la impactante denuncia que Naomi Oreskes, historiadora de la ciencia en Harvard, y Erik M. Conway, historiador en el Caltech de Pasadena, publicaron en 2010, en su libro titulado: Merchants of Doubt, y significativamente subtitulado: How a Handful of Scientists Obscured the Truth on Issues from Tobacco Smoke to Global Warming[1], y cuyo éxito ha llevado incluso a la realización de un film en 2014, con el mismo título, dirigido por Robert Kenner y estrenado recientemente.

Merchants of Doubt dedica su primer capítulo a discutir el tema central de la “manufactura” de las dudas (“Doubt is our product”), otro capítulo reconstruye los detalles de la fundación y las actividades del George C. Marshall Institute y su relación con los think tanks conservadores. Los siguientes capítulos describen de manera rigurosa y ampliamente documentada las diferentes campañas de siembra de dudas relacionadas con la lluvia ácida, la capa de ozono, los efectos negativos del tabaco para la salud y la negación del cambio climático. Un último capítulo denuncia las campañas de estos mismos grupos de presión contra Rachel Carson (1907-1964), uno de los pilares del pensamiento ambiental moderno (Carson, 1962; Dunlap, 2008).

Publicado en 1962, Silent Spring (Primavera silenciosa), de Rachel Carson, fue una denuncia en toda regla de la toxicidad del DDT para la vida en la Tierra; contribuyó de manera decisiva a su prohibición como pesticida, y a la creación de una conciencia ambiental en la década de los sesenta y setenta. Sin embargo, los mercaderes de dudas —los protagonistas de la “ciencia a sueldo”, título de la versión en castellano del film de 2014— han revisado la obra de Carson en clave crítica. Han relativizado los efectos nocivos del DDT e incluso la han culpabilizado de la prohibición de aquel pesticida, que, según ellos, podría haber servido de eficaz agente contra la malaria en Tercer Mundo. La duda se ha extendido, por lo tanto, no solamente a las opiniones de los expertos contemporáneos, sino también al legado de una de las grandes figuras del movimiento ecologista, para cuestionar así las posibles lecciones que podemos sacar de su pasado.

De igual modo, Oreskes y Conway describen en su libro cómo la permanente exposición de estos temas ambientales en la esfera pública y en especial en los medios de comunicación, con su polifonía de voces, ha favorecido la difusión de dudas e incertidumbres, y ha orquestado una eficaz campaña de desprestigio del consenso académico de los expertos. De hecho, en términos de su potencial capacidad para influir en la intervención del estado y en la proliferación de regulaciones de la actividad empresarial privada, el pensamiento conservador neoliberal habría visto en el ambientalismo un nuevo peligro comparable al comunismo de la Guerra Fría, y habría redirigido sus armas de combate cultural desde el “rojo” hasta el “verde”.

Merchants of Doubt es un libro excelente, que difícilmente puede dejar indiferente a ningún lector. Nos interroga sobre la profunda naturaleza política del conocimiento científico y sobre la crisis de la autoridad de la ciencia académica, en particular cuando aborda cuestiones relacionadas con la complejidad del cambio climático u otros temas ambientales. Podemos discutir (como abona Hulme) hasta qué punto existe un verdadero consenso entre los diferentes grupos de expertos, o criticar una posible simplificación narrativa en el texto entre héroes (científicos académicos) y villanos (científicos mercaderes de dudas) (Howe, 2010), pero, en cualquier caso, Merchants of Doubt es el resultado de una magnífica investigación histórica, de un gran coraje intelectual, con datos abrumadores sobre el comportamiento más que discutible de determinados actores e instituciones, que solamente es posible sacar a la luz pública, e incluso llevar al cine, en sociedades con una notable madurez democrática. Veamos, si no, la miseria expositiva y la pobreza crítica de la mayoría de los discursos públicos actuales sobre ciencia.

Merchants of Doubt es, además, un ejemplo paradigmático del compromiso político de los historiadores con su presente, a partir del rigor de la propia investigación histórica académica (Oreskes, 2013). Nada mejor que un trabajo de primer nivel sobre Rachel Carson para aportar nuevas luces a los debates medioambientales del presente; nada mejor que un estudio riguroso y documentado sobre los mercaderes de dudas para alertar sobre la debilidad de la autoridad del científico profesional; nada mejor que una historia militante, comprometida y brillante como la que nos cuentan Oreskes y Conway para estrechar todavía más los lazos entre la historia de la ciencia, la historia ambiental y la ecología política.

Referencias

CARSON, R. (1962). Silent Spring. Londres: Hamish Hamilton.

COLLINS, H. (2014). Are we all scientific experts? Cambridge: Polity Press.

DUNLAP, T. R. (ed.) (2008). DDT, Silent spring, and the rise of environmentalism; classic texts. Washington: University of Washington Press.

HOWE, J. P. (2010). “The Stories We Tell”, Historical Studies in the Natural Sciences, 42 (3), pp. 244-254.

HULME, M. (2009). Why we disagree about climate change: Understanding controversy, inaction and opportunity. Cambridge: Cambridge University Press.

ORESKES, N. (2013). “Why I Am a Presentist”, Science in Context, 26 (4), pp. 595-609.

YEARLEY, S. (1995). “The Environmental Challenge to Science Studies”, en: S. JASANOFF et al. (eds.). Handbook of Science and Technology Studies, pp. 457-479. Londres: Sage.

* Merchants of doubt es también el nombre de un documental posterior, dirigido por Robert Kenner. Sony Pictures Classics, 2014. http://www.merchantsofdoubt.org/

** Profesor de Historia de la ciencia, Centre d’Història de la Ciència (CEHIC) Universitat Autònoma de Barcelona (UAB) (agusti.nieto@uab.cat)

[1] “Cómo un puñado de científicos falseó la verdad sobre temas como el consumo de tabaco o el calentamiento global.”

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