Erik Swyngedouw y la ecología política urbana (EPU)

Erik Swyngedouw y la ecología política urbana (EPU)

Joan Ramon Ostos Falder

 

Áreas de investigación

10Nacido en 1956, en Flandes (Bélgica) Erik Swyngedouw se graduó en 1979 en ingeniería agrícola en la Universidad Católica de Lovaina con un trabajo sobre el cambio agrario en la comunidad de Heers (en la provincia flamenca de Limburg), y en 1985 obtuvo un máster en Planificación Regional y Urbana, también en Lovaina. Desde 1988, y hasta su traslado en 2006 a la Universidad de Manchester, donde ejerce la docencia en la actualidad, fue profesor de geografía en la Universidad de Oxford (y miembro del St. Peter’s College), aunque realizó su tesis doctoral, The production of new spaces (Swyngedouw, 1991, ver tb. Swyngedouw, 1992), en la Universidad John Hopkins, en Baltimore, bajo la supervisión de David Harvey, que, como veremos, ejerció en él una notable influencia intelectual.

Su trabajo inicial sobre temas agrarios se fue orientando cada vez más hacia temas urbanos y globales, especialmente sobre los conflictos en torno al abastecimiento de agua (en la ciudad de Guayaquil o en España durante el franquismo) (Swyngedouw, 1995a, 1995b, 1996, 1997, 1999).

Según explica el propio Swyngedouw (“Prof.  Erik Swyngedouw – Research”), su trabajo de investigación se construye sobre dos perspectivas teóricas, la economía política geográfica y la ecología política, que se articulan a su vez sobre dos áreas empíricas, el agua y el ciclo hidrosocial, y la ciudad y el proceso urbano.

Su investigación sobre ecología política se centra en la política y la economía de los recursos hídricos y persigue fusionar teóricamente los procesos físicos y sociales, y formular una teoría socionatural políticamente progresista. Destacan, especialmente en este área, sus aportaciones sobre el agua en España (Swyngedouw, 2007, 2013a, 2014a; y un libro de próxima publicación, 2014b), que incorporan además de la historia ambiental, con un importante trabajo de archivo, el análisis de la ecología política.

A lo largo de la obra de Swyngedouw es recurrente la coexistencia de un enfoque teórico deliberadamente crítico, no neutro ideológicamente, con una voluntad explícita de contribuir a una práctica política alternativa y transformadora, línea en la que viene explorando en los últimos años los conceptos de posdemocracia y pospolítica y su relación con los temas ambientales (Swyngedouw, 2011, 2013b, 2013c), sobre los que está a punto de publicar un libro coeditado con Japhy Wilson  (Wilson y Swyngedouw, 2014).

Influencia intelectual en la obra de Swyngedouw

El enfoque de EPU del grupo de Swyngedouw recoge las críticas, especialmente de autores marxistas, a la lógica dualista cultura-naturaleza (o ciudad-naturaleza) que se impuso sobre todo a partir del siglo XVIII y está muy marcado por la comprensión del trabajo como un proceso transformador de la naturaleza. Pero la idea de Marx de que los procesos naturales y sociales ocurren inextricablemente unidos, solo ha calado recientemente en el mundo académico. Swyngedouw destaca, en este sentido, la aportación de Neil Smith (1984) sobre la noción de “producción de naturaleza”, que desafía la separación convencional entre naturaleza y sociedad.

Fue el capitalismo mismo el que empezó a desafiar esta división con el desarrollo de las ciudades modernas en el siglo XIX, que generó la aparición de las primeras críticas sobre su carácter “insostenible” y de diferentes soluciones y planes para remediar las desastrosas situaciones socioambientales creadas. Engels (1845) advirtió además de la relación entre las deprimentes condiciones sanitarias y ecológicas de las grandes ciudades inglesas y el carácter de clase de la urbanización industrial.

Erik Swyngedouw y David Harvey (Autor Felipe Milanez) IMG_9588

Swyngedouw recoge aportaciones de diferentes autores que, entre los años 1970 y 1990, analizaron diversas facetas de las estrechas interrelaciones entre los aspectos físicos, ambientales, sociales, económicos, culturales, de clase, etc., en los procesos de urbanización, como Lefebvre (1976), Bookchin (1979), Williams (1973), Cronon (1991), Davis (1996), o Jacobs (1996), pero remite especialmente a David Harvey (1996) para defender la tesis de que la actividad humana no puede ser vista como externa a la de los ecosistemas, y por lo tanto excluir las estructuras urbanas del análisis ecológico, sino que las ciudades son producto del uso de recursos naturales en su construcción y de procesos naturales mediados socialmente. De esta misma obra recoge los análisis en torno a los conceptos de justicia social y justicia ambiental.

Es también destacable la influencia en Swyngedouw del concepto de “urbanización del capital” (Harvey, 1985a, 1985b), resultante de aplicar al ámbito urbano la tesis, desarrollada en  la obra The Limits to Capital (Harvey, 1982), de que el desarrollo capitalista no se puede entender sin considerar la dimensión espacial como un elemento central de la acumulación de capital. A través de Harvey y otros autores marxistas también alcanzan un lugar central los conceptos de metabolismo y de circulación (Swyngedouw, 2006: 31).

Los procesos de acumulación de capital tienen un papel destacado en los procesos de urbanización moderna. En las ciudades capitalistas la naturaleza toma prioritariamente la forma de mercancías, cuya movilización a través de procesos metabólicos asociados a flujos de materiales y energía responde al predominio de las relaciones sociales mercantiles y capitalistas. Esta mercantilización de la naturaleza oculta las múltiples formas de dominación y explotación que alimentan estos procesos, y permite también imaginar una desconexión de los flujos de “naturaleza metabolizada, transformada y mercantilizada” de su inseparable fundamento físico (Heynen et al., 1996: 5-6).

La noción de metabolismo socioecológico es uno de los elementos centrales del enfoque de ecología política urbana propugnado por Swyngedouw (2006), como un desarrollo de la noción de metabolismo utilizada por Marx, que es la metáfora central de su análisis sobre las relaciones dinámicas y complejas entre la humanidad y la naturaleza, de forma que mientras que la naturaleza proporcionaría los fundamentos, la dinámica de las relaciones sociales y el trabajo humano producirían la historia natural y social (cf. sobre marxismo y ecología Grundman, 1991; Benton, 1996; Burkett, 1999; Foster, 2000).

Ecología política urbana

El propio Erik Swyngedouw (1996) fue el que acuñó la expresión ‘ecología política urbana’, como proyecto de investigación que recogía la herencia de diversas tradiciones teóricas (Heynen, 2013).

Roger Keil (2003: 732) identifica al grupo encabezado por Swyngedouw en la Universidad de Oxford como uno de los cuatro focos principales de desarrollo de la EPU, especialmente en el ámbito de la ecología política del agua, que ha tenido también continuidad en los numerosos trabajos de  Karen Bakker (p. ej. Bakker, 2003). Además,  asumiendo el reto lanzado por Neil Smith y David Harvey, Swyngedouw ha estado teorizando acerca de una ecología política urbana marxista, lo que en colaboración con Esteban Castro, Nik Heynen y Maria Kaika, ha resultado en un cuerpo teórico sólido (Swyngedouw et al., 2002; Kaika y Swyngedouw, 2000; Castro et al., 2003; Swyngedouw y Heynen, 2003) y en los libros Social Power and the Urbanization of Water – Flows of Power(Swyngedouw, 2004), sobre el abastecimiento de agua en Guayaquil, y en la colección de artículos In the Nature of Cities: Urban Political Ecology and the Politics of Urban Metabolism (Heynen, Kayka y Swyngedouw, 2006a).

Este enfoque de EPU parte de una crítica tanto a la teoría urbana del siglo XX, que a diferencia de los estudios de finales del siglo XIX no ha tenido en cuenta ni los fundamentos bio-físicos de los procesos de urbanización ni las injusticias socioambientales asociadas a los mismos (la Escuela de Chicago de ecología social urbana es vista desde esta perspectiva como una forma de análisis social “desnaturalizado”) como a gran parte de los estudios ambientales, que han prestado poca atención a la urbanización como motor de transformaciones sociometabólicas y al origen urbano de muchos de los problemas ambientales globales, así como a las relaciones de poder involucradas en la producción de lo ecológico.

Se pretende, por lo tanto, conseguir una teoría sintética que combine los conceptos de urbanización del capital y de producción de naturaleza urbana, con el doble objetivo de comprender la estrecha relación entre los procesos de urbanización y los fenómenos socio-político-ambientales y de ser útil en el ámbito del activismo político, para elaborar y perseguir políticas ambientales urbanas adecuadas.

Así, el mensaje central que emerge de la EPU es esencialmente político y emancipador, ya que se pregunta a través de qué procesos políticos se producen y reproducen las diferentes condiciones socioambientales urbanas, quién y para quién las produce y qué proyectos políticos democráticos se pueden proponer para conseguir una organización alternativa de los procesos que producen el medio ambiente urbano. Estos procesos socioecológicos desiguales generan a su vez todo tipo de activismo y de movimientos socioecológicos que desafían las formas dominantes de urbanizar la naturaleza, a la vez que esbozan formas alternativas y democráticas de hacerlo.

La EPU también implica una cierta ruptura con el foco predominantemente agrario de buena parte de la historia ambiental. Además, aunque existe un importante campo de literatura centrada en la historia ambiental urbana (Tarr, 1996; Hurley, 1997; Melosi, 2000; Schott et al., 2005),  la EPU reconoce más explícitamente que las condiciones materiales asociadas al medio ambiente urbano están controladas y responden a los intereses de las élites, a expensas de las poblaciones marginadas, y no son independientes de los procesos sociales, políticos, económicos y culturales que constituyen lo natural o lo urbano.

La comprensión de los cambios ambientales urbanos que está en el núcleo de la investigación político-ecológica debe hacerse en el contexto de las relaciones económicas, políticas y sociales que han provocado estos cambios. Es necesario considerar los procesos políticos y económicos que producen injusticias y no solo los “artefactos naturales” producidos a través de estos procesos sociales desiguales (Swyngedouw and Kaika, 2000).

La EPU recoge aportaciones de diferentes tradiciones de la teoría social radical y crítica (ecomarxismo, ecofeminismo, ecoanarquismo…), pero también de unas prácticas políticas de radicalidad democrática que “incorporan la liberación de las relaciones sociales con la naturaleza en el proyecto general de liberación de la humanidad” (Keil, 2003: 724).

Un objetivo central perseguido por la EPU es el estudio sistemático de las desigualdades en los procesos de cambio socioecológico urbano. En este sentido, Swyngedouw es crítico con la forma en que los estudios ecológicos han tratado la cuestión de la justicia social, especialmente a través del movimiento de justicia ambiental (Wenz, 1988; Bullard, 1990; Szaz, 1994; Dobson, 1999), ya que aunque mucha de esta literatura es sensible a la centralidad de las relaciones de poder social, político y económico en el proceso de modelado de las condiciones socioecológicas desiguales, a menudo falla en entender cómo estas relaciones son consustanciales al funcionamiento de un sistema político-económico capitalista. El movimiento de justicia ambiental, centrado en la distribución desigual de beneficios y daños ambientales, adopta según Swyngedouw, una perspectiva liberal, distribucional y “rawlsiana” de la justicia, basada en la asignación de estas externalidades ambientales.

En contraposición, la EPU parte de la asunción de que las condiciones socioeconómicas desiguales son producidas a través de formas capitalistas particulares de organización social del metabolismo de la naturaleza (Heynen et al., 2006: 9).

Desde la perspectiva construccionista de la EPU (considera el proceso de urbanización como una parte integral de la producción de nuevos ambientes y nuevas naturalezas, y ve la naturaleza y la sociedad actuando conjuntamente en un proceso de producción histórico-geográfico), no existe una ciudad insostenible en general, sino más bien una serie de procesos urbanos y ambientales que afectan negativamente a algunos grupos sociales mientras que benefician a otros, lo que requiere investigar quién gana y quién pierde y qué necesidades tienen que ser sostenidas y de quién y cómo, dado que los procesos de cambio socioambiental no son nunca ni social ni ecológicamente neutrales (Heynen et al., 2006: 9-11; cf. Swyngedouw and Kaika, 2000).

La EPU considera también los factores de género, etnicidad, etc., que intervienen en las transformaciones socioecológicas, y los procesos que capacitan y empoderan o discapacitan y desenpoderan a diferentes grupos sociales, de forma que la lucha contra las relaciones de explotación socioeconómica se fusione con las luchas para generar ambientes urbanos más justos.

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Swyngedouw rechaza fijar un marco conceptual para la EPU, pero defiende un decálogo de aspectos centrales en ella (cf. Swyngedouw, Kaika y Castro, 2002: 124-125; Swyngedouw, 2004: 23-24; Swyngedouw et al., 2006, p. 11-13), que pueden servir como punto de partida para el debate y como plataforma para la investigación futura. Básicamente resaltan la importancia de la codeterminación o coevolución de los aspectos sociales y biofísicos en los procesos de urbanización, y la importancia de las relaciones sociales y de poder en la creación de desigualdades, origen a su vez de conflictos y movimientos sociales que abren la posibilidad a configuraciones socioambientales alternativas mediante prácticas de democracia radical.

Pese a la asunción ya comentada de la noción de metabolismo social, Swyngedouw es crítico con los estudios del metabolismo urbano basados en los modelos input-output de flujos de materiales, propios de la ecología industrial, a los que reconoce el planteamiento del problema y la aportación de instrumentos para analizar cuantitativamente la urbanización de la naturaleza, pero a los que acusa de debilidad teórica al no considerar los procesos de urbanización como procesos sociales y de poder de transformación de la naturaleza (Swyngedouw, 2006: 35).

Roger Keil (Keil, 2005: 643; Keil y Boudreau, 2006: 43) amplía este análisis crítico señalando cuatro debilidades de este tipo de análisis metabólico, que la ecología política urbana debería tener en cuenta, añadiendo las correcciones necesarias a los estudios sobre metabolismo urbano: 1. escasa atención a los cambios políticos; 2. ausencia de una crítica fundamental a la economía capitalista, que subyace en los cambios económicos registrados; 3. escasa consideración de factores sociales (modos de regulación, hábitos de consumo, etc.); 4. visión relativamente estática de la naturaleza.

Keil y Boudrau (2006: 42) resaltan además, como aportación específica de Swyngedouw al campo de la ecología política urbana, los conceptos, influenciados por Marx y Latour, de socionature, hybridity y quasi-object (cf. Swyngedouw, 2004).

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