Resigned Activism: Living with Pollution in Rural China

Anna Lora-Wainwright

Crítica del libro: Grettel Navas*

 

  • Año: 2017
  • Ciudad: Cambridge
  • Editorial: MIT Press
  • Idioma: Inglés
  • Páginas: 228

 

Imagen 1. Foto de la portada del libro. Fuente: https://mitpress.mit.edu.

 

Palabras clave: contaminación, activismo, tóxicos, salud

Keywords: contamination, activism, toxics, health

 

Este libro hace referencia a una de las problemáticas más relevantes de nuestra era: los efectos de la contaminación en la salud humana. Todas y todos enfrentamos cada día diferentes formas de contaminación. Sin embargo, no todas las personas estamos expuestas de la misma forma ni a los mismos niveles. Existen factores económicos, políticos y sociales que determinan estas inequidades.

Campos de estudio como la justica ambiental han abordado la raza, la etnia, el género o la clase social como variables que aumentan el riesgo de exposición a ambientes más contaminados. Este debate ha sido ampliado por la teoría de los movimientos sociales (Brown y Zavestoski, 2004), la ecología política de la salud y la enfermedad (Connolly et al., 2017) y la ecología política del riesgo (Firpo, 2012) en aras de entender la organización y las protestas de estos grupos para pedir justicia por los daños sufridos y las relaciones de poder a las que se enfrentan.

En Resigned Activism: Living with Pollution in Rural China, Anna Lora-Wainwright [1] aborda en profundidad estos factores e ilustra cómo en tres comunidades rurales chinas (Baocun, Qiancun y Guiyu) los vecinos se enfrentan a la contaminación producida por industrias extractivas (minería principalmente), producción de fertilizantes y manejo de desechos electrónicos. La autora aborda una cuestión que no parece haber interesado a los estudiosos de la justicia ambiental y los movimientos sociales: por qué personas que reconocen vivir en ambientes contaminados y son conscientes de sus efectos en su salud no despliegan estrategias de movilización o protestan para pedir justicia contra las empresas que contaminan. Con esto, la autora demuestra que la falta de acción política en escenarios de alta contaminación no siempre es consecuencia de un desconocimiento de la situación de riesgo en la que se vive.

La pregunta que subyace en esta obra es cómo y bajo qué circunstancias quienes viven en ambientes altamente contaminados dan sentido, entienden o interpretan la contaminación y sus efectos sobre su salud. Además, la autora analiza la complejidad a nivel local a partir de las respuestas ante la contaminación según la relación que se tiene con la industria contaminante (relación laboral) y las posibilidades económicas de cada uno (las personas con más dinero pueden protegerse mucho más y mejor de la contaminación o llevar a sus seres queridos a otros pueblos cuando los índices de polución son altos). Otro de sus aportes consiste en desagregar la expresión “comunidad local” para mostrar sus diferencias y divisiones. Por ejemplo, en Baocun conviven los migrantes, los vecinos, los empresarios, los trabajadores de la empresa, y cada individuo responde de manera distinta ante la contaminación.

El primer capítulo de este libro es una revisión teórica. La autora aborda los principales campos de estudio que median la salud, el activismo y la resistencia. Hace referencia a la difícil arena de disputa para encontrar justicia en las demandas por salud, al proceso de autorreconocimiento como víctima de la contaminación, a la vivencia del sufrimiento ambiental y a las complejidades en la construcción de la evidencia científica para mostrar causalidades entre afectación en salud y un tipo de contaminación específica. En este mismo capítulo, caracteriza los principales desafíos ambientales de China y da luces para entender lo que ella llama el “ambientalismo chino”, un fenómeno raro pero creciente (p. 166).

El capítulo II se basa en trabajos previos sobre “pueblos de cáncer” (Chen, 2013). La autora analiza cinco casos como fenómenos culturales, sociales, políticos y económicos (y no meramente médicos). En China la expresión “pueblos de cáncer” surgió en el año 2001. Se ubican principalmente en la zona costera y se definen como “pueblos en donde las tasas de cáncer son mucho más elevadas que el promedio normal” (p. 33). Debido a su gran propagación en 2013, el mismo Gobierno de China reconoció su incremento. Para entonces había unos 240 a lo largo de todo el país, y el Gobierno apuntó como principal causa la contaminación del aire y del agua. La autora indaga cómo las comunidades afectadas en los pueblos de cáncer sobreviven a la contaminación y cuáles son los factores que afectan la forma en que los individuos llevan a cabo sus estrategias de movilización. Un puente y un marco general del ambientalismo chino que la autora profundiza en los siguientes capítulos con tres estudios de casos.

Cada uno de los siguientes capítulos analiza un caso de contaminación: la producida por la minería de fósforo y por la producción de fertilizantes en Baocun (capítulo III), la provocada por la minería de zinc y de plomo en Qiancun (capítulo IV) y la derivada del manejo de desechos electrónicos en Guiyu (capítulo V). Estos tres casos demuestran que, con el tiempo, la contaminación se normaliza y se acepta con resignación, desesperanza, impotencia y negación: “No pensar en las cosas que no podemos cambiar” es una de las citas con las que comienza el capítulo III (p. 59). Así, las formas de sobrellevar la contaminación no siempre son acciones políticas y de organización social; también pueden ser formas de reinterpretar la salud y la enfermedad, de minimizar los impactos negativos de la contaminación, de aceptarla al valorar los beneficios económicos que genera (la empresa contaminante como fuente laboral), o bien de incorporar medidas paliativas en la vida cotidiana para escapar de ella, como cerrar las ventanas o comprar agua embotellada. A este proceso de normalización la autora lo denomina “activismo resignado”, lo que de entrada parece un oxímoron. El gran aporte de Lora-Wainwright consiste en entender la complejidad y la no linealidad con la que las comunidades locales viven la contaminación, la afectación y la acción política. Dos variables moldean este “activismo resignado”. En primer lugar, la cuestión de la salud, ya compleja per se en la medida en que la gran mayoría de las afectaciones en la salud pueden definirse como multifactoriales y demostrar la causalidad requiere tiempo, investigación y evidencia científica. En segundo término, el escenario rural en el que se enmarcan estas comunidades, lejos de redes y organizaciones de apoyo y económicamente muy dependientes de la industria contaminante. También hay que considerar las características del “ambientalismo chino”, con poco espacio para la participación política. El capítulo VI es una comparación de los tres casos precedentes y una presentación de conclusiones.

Este libro es una entrada para explorar formas de resistencia y activismo en donde estrategias particulares del Estado dificultan e impiden la movilización social. De una u otra forma, los afectados son conscientes de su situación desventajosa, al mismo tiempo que no tienen más opción que seguir en ella con un sentimiento de impotencia para transformar su realidad. Claro está que, para mejorar esta sustentación teórica, el debate debe ampliarse geográficamente con el fin de entender estas dinámicas en sistemas políticos distintos al chino, donde las bases tienen más oportunidades políticas y mayor red internacional, con organizaciones no gubernamentales y movimientos sociales regionales.

Personalmente, encontré este libro muy motivador a nivel teórico. La autora presenta nuevos lentes para entender el activismo, los movimientos sociales y la salud como un campo complejo de disputa entre diferentes actores. Un aporte para ampliar este debate, clave para entender los problemas de salud a nivel comunitario, sería la comparación de las perspectivas sobre la contaminación según el género. ¿Responden las mujeres que cuidan a sus hijos enfermos de igual forma que aquellos hombres que trabajan y reciben un ingreso de la industria contaminante? Un debate teórico con perspectivas como las de la ecología política feminista sería a mi parecer muy relevante. ¿Cómo se reconfiguran las relaciones económicas a nivel familiar cuando el hombre enfermo no puede ser parte de la fuerza laboral? ¿Qué pesos recaen sobre las mujeres y cómo ellas responden a estas transformaciones? Un punto que es muy visible en casos como el de la neumoconiosis en China (Liu, 2018, en este número).

 

Bibliografía

Brown, P., y S. Zavestoski, 2004. “Social movements in health: An introduction”. Sociology of Health & Illness, vol. 26 (6), pp. 679-694.

Chen, A., 2013. “Inward and outward perspectives on cancer villages”. Journal of Guangxi University for Nationalities Philosophy and Social Science, 3 (2), pp. 68-74.

Connolly, C., P. Kotsila y G. D’Alisa, 2017. “Tracing narratives and perceptions in the political ecologies of health and disease”. Journal of Political Ecology, 24 (1), pp. 1-10.

Firpo, M., 2012. Uma ecologia politica dos riscos. Principios para integrarmos o local e o global na promoçao da saude e da justiça ambiental. Río de Janeiro, Fiocruz.

* Institut de Ciència i Tecnologia Ambiental (ICTA), Universitat Autònoma de Barcelona (UAB). E-mail: grettelveronica.navas@uab.cat.

[1] Doctora en Antropología Social y Cultural de la Universidad de Oxford y profesora Asociada en la Escuela de Geografía y Medio Ambiente en el Área de Estudios Interdisciplinarios (SIAS) de la misma Universidad. También es autora de “Fighting for Breath: Living Morally and Dying of Cancer in a Chinese Village” (2013).

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