Repensar, reiniciar y aferrarnos a lo que tenemos. Entrevista a Madhuresh Kumar

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Daniela Del Bene*

Traducido por Claudia Jana Sinibaldi Bento

 

Palabras clave: movimientos sociales, alianzas, desarrollo, solidaridad

 

Madhuresh Kumar es el coordinador de la Alianza Nacional de Movimientos del Pueblo (NAPM, por sus siglas en inglés) en India.

Imagen 1. Madhuresh Kumar. Fuente: Flickr Joe Athialy.

 

La NAPM es una plataforma de coordinación nacional para los movimientos sociales indios. ¿En qué asuntos trabajas? ¿A qué tipo de actividades y proyectos te dedicas hoy?

Fundada en 1992, la NAPM es un proceso político que reúne diversos movimientos populares de base, grupos comunitarios y colectivos, activistas de derechos humanos, académicos y otros. En su seno cada uno conserva su autonomía y su identidad. También ha trabajado de forma colectiva para llevar al centro de la escena política y la vida pública la lucha por un desarrollo de verdad sostenible, orientado hacia las personas e inspirado en los valores constitucionales básicos y la igualdad y dignidad de todos los seres humanos.

El proceso de unir movimientos y apoyarse mutuamente en temas, análisis, estrategias, luchas, acciones legales y políticas ha continuado a través de campañas nacionales. Algunos ejemplos son la campaña Desh Bachao, Desh Banao (“Salvemos a la nación, construyamos la nación”) en 2003; el proceso Sangharsh en 2007; Jan Sansad en 2010, o Lok Shakti Abhiyan (“Campaña Popular”) en 2012. También integramos varias redes específicas como la Campaña del Derecho a la Alimentación, la Campaña Nacional por el Derecho del Pueblo a la Información, el Foro Nacional de Trabajadores Pesqueros, la Pension Parishad, la Coalición para el Desarme Nuclear y la Paz, la Alianza Nacional de Movimientos Antinucleares, el Foro Popular de India-Pakistán para la Paz y la Democracia, el Movimiento por los Derechos de la Tierra Bhumi Adhikar, el Movimiento por la Salud Popular, el Comité de Coordinación de la Lucha de los Agricultores de India, la Confluencia de Alternativas, el Foro de los Derechos de las Mujeres Agricultoras, etc.

Trabajamos en estrecha colaboración con los partidos y procesos políticos a favor de la gente, como Samajwadi Jan Parishad, el Partido Socialista, el Frente Político Popular y Lok Rajneeti Manch, para establecer la soberanía y el derecho al desarrollo y el autogobierno del pueblo, desafiar políticas corruptas, insensibles y criminales y establecer una política limpia y honesta. Continuamos luchando contra el imperialismo global. Consideramos al botín corporativo nacional y al fundamentalismo religioso de derecha como las barreras duales que atentan contra el derecho constitucional de las personas a la vida, al sustento y a la dignidad.

 

¿Cuáles son los desafíos políticos que vislumbras en el futuro para la NAPM y otros movimientos en India?

El desafío de los movimientos indios actuales es múltiple, a la luz del ataque sin precedentes del capital corporativo respaldado por el Estado, que opera dentro de un vacío ideológico mayor. En primer lugar, es necesario revisar nuestra visión y plantearnos cuestiones ideológicas acerca de por qué luchar, qué es el desarrollo sostenible o la cuestión más amplia de qué tipo de sociedad queremos construir. Decir simplemente que queremos una sociedad socialista no es suficiente ya que no se ven muchos modelos. En el pasado los experimentos socialistas fallaron, el surgimiento de un nuevo modelo en los países de América Latina fue efímero y la región ha vuelto a caer en el caos y el gobierno de las oligarquías y las fuerzas de derecha. En ausencia de una idea lógica y una ideología coherente, ahora se discute acerca de una sociedad posideológica, pero no está claro qué sería eso. En ausencia de un referente, los movimientos y las luchas en la India se han centrado sobre todo en el constitucionalismo, en sus demandas o en la interpretación de sus propias luchas en torno a los principios consagrados en la Constitución; a esto se han limitado su imaginación y sus aspiraciones.

Del mismo modo, construir nuestras políticas principalmente como oposición a las políticas derechistas actuales, no como una ideología de pleno derecho, nos condena a no crear un movimiento más amplio dentro de la sociedad. Esto nos preocupa sobre todo ahora que son totales el acuerdo y la aceptación de la narrativa del desarrollo dentro del Estado, el Poder Judicial, los partidos políticos, los medios y las clases medias, y por lo tanto es completa la apatía frente a los problemas del desplazamiento y la pérdida de sustento e identidad, por ejemplo. Si no logramos inspirar otros valores y expectativas, así como construir un modelo alternativo, entonces no podremos generar un apoyo más amplio para un cambio social genuino.

Otro problema al que nos enfrentamos ahora es que los movimientos de hoy en día son muy espontáneos y de estrecha comprensión ideológica; presentan una visión de túnel en lugar de un enfoque a largo plazo, y luchan en batallas inmediatas. Hay razones para esto, pero también representa un desafío para nosotros. Nuestra dificultad para definir una visión más holística de alguna manera está impidiendo acercar a los movimientos y superar esta tendencia de luchas del tipo “no en mi patio trasero” (NIMBY, por sus siglas en inglés).

Además de estos problemas internos, dos de los principales desafíos políticos que enfrentamos hoy están vinculados al Estado, por un lado, y al nexo entre el Estado y las corporaciones, por otro lado. Por ejemplo, actualmente presenciamos deliberadas violaciones de las leyes por parte del Estado y una muy grave falta de responsabilidad de los actores públicos. Para los movimientos, significa que no podemos confiar en las legislaciones progresivas por las que hemos luchado en las décadas anteriores. La lucha por la implementación de la Ley de Derechos Forestales y las Áreas Programadas de Extensión de Panchayat solo puede librarse a nivel local. Este caso es similar al derecho a la información, la seguridad alimentaria, el acceso a la salud y la educación: tenemos las leyes, pero no hay voluntad en el Gobierno para implementarlas porque estas leyes rompen la relación feudal. Con su implementación, el Estado otorgaría poder a las personas y se debilitaría, por lo que no le conviene hacerlo. Esto es visible en todas las demás leyes, por ejemplo, las directrices de DK Basu para detenciones[1], las de Visakha[2] para garantizar la justicia de género en el lugar de trabajo, la ley de salarios mínimos y otras; todas requieren una estrategia proactiva del Estado.

Por último, a pesar de todas las resistencias, el Estado responde mucho menos a las luchas populares, presenta su propia versión de las leyes o impone proyectos. Aquí se ve un cambio en las prioridades: el capital corporativo ahora es respaldado y favorecido por el Estado a costa de las personas y las comunidades.

 

Además de los desafíos políticos, la sociedad civil de la India también enfrenta otros de tipo estructural, que no siempre dependen de la situación política o del partido en el poder. ¿Podrías reflexionar sobre esto?

Los primeros se refieren a la dinámica entre los diferentes interesados, ya sean movimientos entre ellos o movimientos y ONG, por ejemplo. La configuración de organizaciones a lo largo de líneas de castas, afiliaciones ideológicas u orígenes geográficos sigue siendo un factor de fragmentación. El posicionamiento frente al Estado o las evoluciones dentro del ámbito de la sociedad civil también pueden generar tensiones. Por ejemplo, algunas organizaciones están experimentando el impacto de la ONGización, con el surgimiento de un sector de “desarrollo” o “social” estrechamente relacionado con la profesionalización de las escuelas y departamentos de trabajo social. Una consecuencia práctica es la falta de recursos humanos para los movimientos, ya que cada vez nos llegan menos personas impulsadas por el compromiso ideológico de trabajar con nosotros. Esto también ha influido en muchos cambios de los movimientos de hoy, ya sea en el liderazgo o en el sistema de apoyo. Otra dificultad que surge de este proceso es que algunas ONG han variado su enfoque de gobernabilidad o se han convertido en extensiones de agencias gubernamentales. Entonces su interacción con los movimientos de base conduce a la dilución de su agenda original y también a un embotamiento de la militancia en los movimientos.

Los movimientos mismos también pueden enfrentar problemas al trabajar juntos y extender solidaridades, a menudo debido a la visión de túnel que ya he mencionado, pero también por la naturaleza urgente y vital de sus luchas. Los movimientos de los campesinos, por ejemplo, luchan por sus medios de subsistencia y la satisfacción de sus necesidades inmediatas, en un contexto actual en el que la agricultura es una empresa deficitaria para la mayor parte de la población. Como resultado, incluso los intentos de tratar de proteger el medio ambiente o promover movimientos por los derechos a la tierra a través de plataformas y campañas intersectoriales se vuelven difíciles de organizar, ya que el movimiento de agricultores se halla contra la pared y realmente no está en condiciones de enfrentar los problemas.

El segundo desafío que quiero subrayar se relaciona con la falta de estructuras de apoyo y construcción institucional. Hoy se necesita una red de organizaciones de apoyo en todo el país, y se la debe construir con mucho cuidado y con tiempo para poder brindar ayuda a las personas sobre el terreno. Sin embargo, a lo largo de los últimos años ha tenido lugar la lenta desaparición y la muerte de varias organizaciones de apoyo ubicadas más allá de Delhi y ciertas capitales de los estados. Eran centros de apoyo que antes ayudaban a los movimientos con sus actividades legales, de investigación y documentación, promoción y difusión mediática, y reunían a profesionales, como académicos y otros, para respaldar a los movimientos. Pero han desaparecido rápidamente. Esto significa que los movimientos carecen de apoyos fuertes, una situación muy diferentes a la del último cuarto del siglo xx. Cualquier batalla hoy se librará solo si la gente está dispuesta a aferrarse a lo poco que tiene y si recibe un mayor respaldo. Los que siguen el camino hoy no pueden desafiar los esfuerzos organizados del Estado y las corporaciones. Por lo tanto, hay que mantenerse en el terreno y se debe hacer lo que sea necesario para hacerlo posible, reunir a los actores que movilizan diferentes habilidades o repertorios de acciones. También se precisa que los movimientos cultiven y creen alianzas con las clases profesionales, ya sean abogados, investigadores o periodistas.

 

A pesar de estos desafíos, ¿ves evoluciones positivas a la luz de los nuevos movimientos y alianzas que han surgido, especialmente en los últimos cinco años, desde el crecimiento sin precedentes del Partido Bhartiya Janta en todo el país?

En primer lugar, un número creciente de personas comparten el diagnóstico que acabo de exponer: estamos reflexionando, debatiendo, identificando nuestros defectos y debilidades, y trabajamos para abordarlos.

Por ejemplo, la coordinación y la colaboración entre los movimientos ha crecido mucho hoy en día, en realidad impulsadas por el aumento del poder y la fuerza de la Administración. A la continuación de la lucha por la implementación de las leyes, se suman nuevas colaboraciones que están surgiendo con las siguientes estrategias:

  1. Las coaliciones específicas para cada tema, ya sea en torno a la tierra, cuestiones agrícolas, de desplazamientos, bosques, etc.
  2. La movilización y la unión para luchar contra la creciente tendencia hindutva[3] en la vida y los espacios públicos.
  3. El deseo de conseguir una intervención efectiva en las próximas elecciones generales.
  4. La necesidad de cambiar el discurso y construir una narrativa alternativa en torno a los valores constitucionales.

Asimismo, creemos que el desarrollo más importante en la actualidad es el surgimiento de algunas de las organizaciones pertenecientes a los nuevos movimientos dalit[4] liderados por Jignesh Mevani, Chandrashekhar Ravan y Ginni Mahi, o la nueva ola de movimientos estudiantiles en los campus. No solo están movilizando a las generaciones más jóvenes y utilizando medios sociales de forma estratégica, sino que también desafían las fronteras más tradicionales de los movimientos al involucrarse tanto en cuestiones de identidad y afirmación política como en otras de justicia social, a la vez que utilizan expresiones culturales y hablan un nuevo idioma más fresco.

Estas tendencias están obteniendo un impacto importante que se traduce en movimientos autónomos y organizaciones de masas partidarias que se reúnen en diferentes plataformas y aprenden a trabajar juntos. Estamos presenciando algo parecido a lo que ocurrió con el Foro Social Mundial 2004 en Bombay, en que varios grupos se unieron. Pero esta vez ha ido más allá y está traspasando el nivel nacional, ya que existe un deseo genuino de entrelazar esa coalición a nivel regional y provincial.

Otra evolución positiva que se observa es que, en general, las personas son mucho más conscientes de sus derechos y de las leyes, en comparación con tiempos anteriores. Entonces, incluso si las autoridades apenas responden, la gente sigue luchando y los movimientos están encontrando maneras de aumentar su propio poder. Nos estamos esforzando para fortalecer nuestras luchas y crear condiciones para que las luchas de los pobres y sus derechos no sean vilipendiados por los medios corporativos, porque eso moldea la opinión sobre las luchas y los problemas de un público más amplio, lo que a su vez impacta en el Estado y el poder judicial.

Finalmente, como organización y plataforma a nivel nacional, estamos tratando de reforzar nuestra estructura y nuestros vínculos, de modo que podamos actuar como catalizadores para ayudar a construir colaboraciones entre los actores, facilitar los intercambios y contribuir a superar los factores de fragmentación. En resumen, vivimos tiempos interesantes, en los que revisamos nuestras estrategias y estructuras, algo que tendrá un impacto mucho mayor en los tiempos venideros.

* Institut de Ciència i Tecnologia Ambiental, Universitat Autònoma de Barcelona. E-mail: d.delbene@gmail.com.

[1] Estas directrices intentan asegurar con más contundencia los derechos de las personas arrestadas, y su integridad en estado de custodia o detención.

[2] Las directrices Vishakha regulaban el procedimiento para denunciar y perseguir acosos sexuales en el lugar de trabajo. Fueron promulgadas en 1997 por la Corte Suprema de la India, después de un caso de violación de una funcionaria pública. A partir del 2013 fueron convertidas en ley: Sexual Harassment of Women at Workplace (Prevention, Prohibition and Redressal) Act, 2013.

[3] Hindutva indica el hinduismo nacionalista en la India, ampliamente representado en el partido al gobierno hoy en día, el Bharatya Janata Party. Se caracteriza por promover la supremacía de la religión hindú sobre las demás y la homogenización de los demás grupos que conforman la sociedad y las espiritualidades de la India. Este tipo de nacionalismo ha inspirado incluso grupos fascistas violentos y xenófobos, que han perpetrado crímenes por odio racial y religioso.

[4] Los ‘intocables’, grupos de población discriminada y excluida de muchas actividades económicas y productivas.

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